martes, 24 de noviembre de 2009

lunes, 23 de noviembre de 2009

Las muertas de Juárez, en segundo plano por los asesinatos cotidianos: 2,300 en este año.



Una campana sonaba el lunes 23 de noviembre en Ciudad Juárez como si en cada sonido estuviera el rostro del dolor de las que murieron o siguen desaparecidas bajo el imperio de la impunidad. La campana había salido 13 días antes desde la Ciudad de México en una caravana por 10 estados del país llamada: "Exódo por la vida de las mujeres" que finalizaba en Ciudad Juárez, la ciudad más violenta del mundo, según el Reporte Uniforme de Crímenes (CRU) del FBI, dado a conocer hoy.

Un grito de justicia que llegaba a la ciudad de la muerte sin respiro. En donde los 2,300 asesinatos en este año -dentro de la controvertida guerra contra el narcotráfico del presidente Felipe Calderón- han dejado en un segundo plano la muerte de unas 500 mujeres desde el 93, un tercio de ellas por crímenes seriales.

La campana sonaba en aquel mismo campo algodonero donde un día fue descubierta hecha un cadáver el cuerpo de la hija de Irma Monreal, junto con otras 7 jóvenes hace 8 años. Donde un día hubo unas cruces rosas con sus nombres. Y ahora se levanta un hotel en construcción con el que algunos intentan borrar el pasado. E Irma Monreal, madre de Esmeralda Herrera Monreal, de 15 años cuando desapareció un 29 de octubre del 2001, se derrumba con el recuerdo. Con la herida que nunca cerró la impunidad.

"Tengo miedo por lo que nos puede llegar a pasar cuando la Corte Interamericana emita oficialmente los detalles de la sentencia, en la que culpa al gobierno mexicano por los feminicidios de mi hija y otras dos más", comenta Monreal, de 48 años, madre de 6 hijos y abuela de 7, que cada día va a limpiar casas a El Paso, Texas, ciudad fronteriza con Ciudad Juárez.

Y Sagrario González, la mamá de Paula Flores, desaparecida hace 11 años, le abraza para intentar contener su llanto. También, Berta Alicia García Ruiz, que lleva buscando a su hija Brenda Berenice Castillo García, desde el 6 de enero de este año.

"Ayúdenme a buscar a mi hija", afirma la mamá de Brenda.

El mismo grito de dolor. Como desde hace 16 años.

Un centenar de personas, entre jóvenes, mujeres y niños, gritan: "Ni una más". Como el emblema de ocho pequeñas cruces que un grupo de artistas de Ciudad Juárez ha preparado para no olvidar, que aquel lugar donde se encontraron los cuerpos, es un lugar sagrado. Y las incrustan de nuevo en tierra de aquel campo donde se encontraron.

"Es nuestra forma de voltearnos a que nos miren, para que nos escuchen", dice la cantante Oveja Negra, de 25 años, vestida con una máscara de la muerte en su rostro y una minifalda de tela militar que dice "Juárez no es un cuartel". "Quieren borrar la historia. La campana es un llamado de alerta por la violencia que estamos sufriendo, un llamado a la unidad y entre todos exigimos al poder que cumpla con su trabajo", subraya.

La caravana, que llegó a Ciudad Juárez por el kilómetro 20, recorre la ciudad por varias horas. Al frente, van las mamás. Unas veces, encaramadas en un carrito con la campana, en otras ocasiones, caminando. Mamás de Ciudad Juárez y de la ciudad de Chihuahua, del grupo Justicia para Nuestras Hijas, fundado por Norma Ledesma, cuando perdió a su hija Paloma Escobar, un 2 de marzo de 2002 en Chihuahua a los 16 años.

Ahí está Patricia Cervantes, mamá de Neyra Azucena Cervantes que desapareció el 13 de mayo del 2003 en la ciudad de Chihuahua, la capital del estado del mismo nombre y a unas 4 horas al sur en automóvil de Ciudad Juárez. A Patricia le ha regresado la sonrisa. Acaba de ser abuela.

-"Judith nos acompañó en el rastreo en Los Cuernos de la Luna", así me presenta Cervantes a otras madres. Fue en el verano del 2003. En esa montaña altísima de la ciudad de Chihuahua donde Patricia sentía que su hija estaba. Y la encontró. Hecha un esqueleto.

Con ella está Hortensia Enríquez, la mamá de Erica Noemí Carrillo Enríquez, desaparecida el 11 de diciembre del 2000.

"El 10 de noviembre cumplió 28 años mi hija", dice Hortensia, de 65 años. "Le mandé hacer una manta con un girasol y adentro está su rostro. También, le pusimos una felicitación en el periódico, le decíamos que la extrañábamos, que sabíamos que alguien se la robó. Le compré sus flores: girasoles y rosas. Las puse en su cuarto".

Y Hortensia mira hacia el suelo y dice: "Mi esposo se ha muerto sin nunca saber".

*** Hoy Ciudad Juárez batió otro récord de la muerte. Superó los 2,302 muertos en este año: 9 muertos más en un día. El pasado, finalizó con 1,607. Las madres siguen buscando a sus hijas. A otras, ya sólo les queda pedir justicia.

sábado, 21 de noviembre de 2009

Revolución mortal, 99 años después


Manejando por una de las calles de la ciudad, el historiador Pedro Siller detiene su coche para contarme con pelos y señales un asesinato que vio ahí, en el estacionamiento del concurrido centro comercial Río Grande:

–Cada vez que paso por aquí, busco a la mujer de negro que ese mediodía estaba arrodillada junto al hombre asesinado. Desde entonces, hace casi un año, las cosas han empeorado. Se ha acentuado la banalidad del mal, esa naturalidad con que vemos hoy la violencia cotidiana. Hay que pasar por los lugares y recordar. La desmemoria es nuestro peor enemigo.

Una carretera sin pavimentar (como el cincuenta por ciento de ellas en la ciudad), rodeada de casitas construidas con los desechos de las fábricas maquiladoras, nos lleva a uno de los lugares míticos de la Revolución mexicana. Aquí estuvo la Casa de Adobe, utilizada como comandancia general por el ejército libertador. Ahora sólo quedan ruinas, basura y un busto de Francisco I. Madero que se asoma entre las ramas caídas de un árbol.

Estamos en el triángulo de la franja fronteriza de Ciudad Juárez, donde colindan Chihuahua, Nuevo México y Tejas. El paisaje del desierto es ferozmente bello: sus montañas peladas acarician el azul intenso del cielo. A unos metros, el río Bravo –en México–, el río Grande –en Estados Unidos–, se encarga de establecer la división entre Chihuahua y Tejas.

Pedro Siller me cuenta la historia con tanta emoción que sospecho que de pronto aparecerá galopando Pancho Villa:

–Debemos recordar y celebrar que hubo personas que tuvieron la valentía de soñar y pelear para cambiar las cosas. Ojalá hoy tuviéramos esa valentía. La violencia es parte de la historia de Ciudad Juárez, pero nunca fue tan fuerte como ahora. A principios del siglo pasado, tan violenta era Ciudad Juárez como El Paso. En ambos lugares dominaba una especie de “ley del Oeste”, pero ahora la violencia sólo ocurre del lado mexicano.

Atardece en esta ciudad donde a la gente se le arrebata su dignidad bajo la excusa de la guerra contra el narcotráfico, se le secuestra o se le tirotea bajo el imperio de la impunidad, la indiferencia de las autoridades y la presencia omnipotente del Ejército. Los rojos dan paso a los ocres para convertirse en los naranjas que juegan con la noche. Es hora de rendirse ante un coctel margarita en el mítico bar Kentucky, en el centro de la ciudad.

Poco queda de aquella Juárez de la Segunda Guerra Mundial a la que estrellas como Frank Sinatra, Elizabeth Taylor, John Wayne o Richard Burton venían a divertirse o divorciarse. Donde reinaba un ambiente de fiesta, con música en vivo y casinos abiertos de día y de noche. En el Kentucky, testigo de todo aquello, no hay nadie en una tarde de sábado: ni mexicanos y menos gringos, a pesar de los atractivos precios.

Hago una última pregunta a Pedro Siller:

–¿Cómo vive un historiador como usted la realidad cotidiana de Ciudad Juárez?

–Sin duda, la ves con ojos distintos. Las calles, los edificios, la Casa de Adobe, el edificio de la ex Aduana, el destino trágico de la ciudad... Todo esto es un reto para el historiador, ya que no sólo debe saberlo sino comunicarlo, hacerse entender. Esto es muy difícil cuando todos los demás sólo intentan sobrevivir, un día más, y luego volver a intentarlo el día siguiente.

**** Este es un extracto de un reportaje que publiqué en la edición de mayo de la revista mexicana Letras Libres (http://www.letraslibres.com/index.php?art=13767). Hoy, viernes 20 de noviembre, que se celebra en México el 99 aniversario de la Revolución, pensé en aquel recorrido mágico con Pedro Siller de hace sólo unos meses. En la Ciudad Juárez de antes y en la de ahora. También, en la que conocí hace 12 años. Y en sus pobladores: varios de mis entrevistados han sido asesinados. Otros, han huido. Leí el texto y llamé al maestro Siller como si quisiera encontrar una esperanza. Hoy mataron a 13 personas: seis en el día y siete en la tarde noche.
Las gorditas del establecimiento que ven en la foto, El Puerco Loco, guardan el sabor auténtico de Ciudad Juárez. En las paredes de las casas de Juaritos no hay vírgenes de Guadalupe ni el cuadro de la última cena como en otras zonas del país. Hay panchos villas revolucionarios, o zapatas. A veces, moribundos como éste de la foto. Como la realidad cotidiana de Ciudad Juárez.

jueves, 19 de noviembre de 2009

Con la mamá de Claudia Ivette González: culpa Corte a gobierno de México por 3 feminicidios en campo algodonero


Cuando llegué a la casa de Claudia Ivette González (atrás, en la foto de este mediodía)-desaparecida, muerta y aparecida hecha un esqueleto en un campo algodonero de Ciudad Juárez -, su hermana Mayela, de 32 años y madre de tres niños, salía de la casa para tomar el camión que le llevaría a su trabajo en una maquiladora. Hasta la 1 de la madrugada. Por las calles sin pavimentar, sin alumbrado público, de la colonia Leyes de Reforma de Ciudad Juárez.
Como su hermana Claudia Ivette hasta un 11 de octubre del 2001.

"Le hecho mis bendiciones. Me da mucho miedo que desaparezca como Claudia Ivette pero estuvo mucho tiempo sin trabajar....", me comentó Josefina González Rodríguez, de 55 años, mamá de cuatro hijos (dos ya muertos: Claudia Ivette y Jesús, por cáncer en el mismo año que aparecieron los huesos de su pequeña), abuela de 10 y bisabuela de una niña de 3 meses.

Ocho años después -hoy, jueves 19 de noviembre- parece que la justicia comienza. Al menos, por presión internacional. La Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) declaró culpable al Gobierno de México de tres feminicidios en el campo algodonero, donde aparecieron 8 cuerpos de mujeres, según uno de los abogados del caso, Emilio Ginés. La sentencia no es aún oficial y transcendió al finalizar la sesión del organismo dedicada a estos crímenes de mujeres impunes.

Josefina me recibió con dos mujeres llamadas Sonia Torres e Ivonne Mendoza, de la Red Ciudadana de No Violencia y Dignidad Humana, que habían llegado minutos antes de mi visita para comentarle a la mamá que "las únicas que tenían contacto directo con la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) eran ellas" y que todavía "no había ninguna sentencia en el caso del campo algodonero, que ellas serían las primeras en saberlo. Es muy irresponsable que ese abogado español (Emilio Ginés, defensor de las familias de las víctimas y miembro del Comité Europeo de Prevención de la Tortura) esté dando esas declaraciones tan irresponsables ".

La mamá de Claudia Ivette me miraba cómo para pedirme explicaciones a su alegría que había durado sólo unas horas. Esta mañana, llamé a Josefina para comentarle si me podría pasarme por su casita y entrevistarla por la resolución de la CIDH. La mamá no sabía nada. Y le expliqué lo poco que hasta entonces se sabía. "Qué alegría! Voy a bailar jarocho tapatío! ", exclamó.

Al ver su cara, todavía llena de tristeza y profundo desconcierto a pesar de esta condena histórica, pensé en la leyenda negra que nunca se cuenta de los grupos que surgen para defender, supuestamente, a las mamás de las desaparecidas y muertas. De las supuestas líderes del movimiento que van viajando por el mundo, a costa de donaciones internacionales, sin ser líderes de nada. Y me pregunté cuándo dejarán a las mamás vivir su alegría.

Y pensé en Emilio Ginés, en su pasión arrolladora por este caso, y en su asombro cuando hace poco más de un año vino por primera vez a Ciudad Juárez, a preparar toda la documentación para este caso. Fui la única periodista invitada como experta a las reuniones junto con otros expertos en el caso y madres. Nunca escribí nada sobre ese encuentro, en donde recorrimos la ciudad con guardaespaldas. Ginés venía desde Madrid acompañado por una actriz suiza, el director del Comité de Prevención contra la Tortura y Dominique, un camárografo divertídisimo de su organización.

Las cruces rosas con los nombres de las 8 jóvenes desaparecidas y muertas son sólo un recuerdo en fotos de archivo de periódicos. En el campo algodonero donde Oscar Máynez investigaba la aparición de las 8 osamentas -entre ellas las de Claudia Ivette González, Esmeralda Herrera Moneral, Laura Berenice Ramos Monárrez –hay ahora un hotel en contrucción. Es la zona del nuevo Consulado de Estados Unidos en Ciudad Juárez, la única área de la ciudad en donde el progreso no se detiene en un paisaje de terror con más de 2,356 ejecuciones en este año, dentro de la llamada guerra contra el narcotráfico del presidente de México Felipe Calderón.

Máynez –quien fuera jefe de periciales y medicina legal del estado de Chihuahua en Ciudad Juárez, por año y medio hasta su renuncia en enero del 2002- analiza la sentencia con la prespectiva del que trabajó en el caso y tuvo que renunciar por negarse a implantar evidencia falsa en los restos de las jóvenes, y convertir a dos inocentes en culpables. Y recibir amenazas. Es el pago a los funcionarios honestos."En México no existe el estado de derecho y sí, la sentencia del CIDH va a tener repercusiones. Quizá incluso tengan que sancionar a algunos funcionarios del pasado, como el actual Procurador de la República, Arturo Chávez Chávez", explica el experto.

Aunque la Procuradora del Estado de Chihuahua, Patricia González Rodríguez prefirió no hacer un comentario sobre la resolución hasta que sea oficial, señaló que la condena tiene un impacto negativo para el gobierno de México porque se hace un "señalamiento muy serio".

La vida continúa en Ciudad Juárez. Con su muerte sin respiro. Ahora no sólo es partrimonio de las jóvenes, pobres y bellas, sino de toda la sociedad. Es el precio de la impunidad.

-¿Me deja poner este cartel en el carro?, me pregunta una joven.

(El cartel dice: "Ayúdanos a localizarla!! Edad: 18 años. Mide: 1,60 mts aprox. Ojos: café. Extraviada desde: 11/12/09.

-Es nuestra prima. Leslie Gonzales.

Vanessa y Karen Muñoz, de 30 y 21 años, se pierden entre las calles de Ciudad Juárez, buscando una respuesta. Como otras. Desde hace 16 años.

*En Ciudad Juárez, México, frontera con El Paso, Tejas unas 500 mujeres han muerto -un tercio de ellas, por crímenes seriales. El resto de la lista que comenzó a confeccionarse en 1993 por Esther Chávez Cano, fundadora de Casa Amiga, es por violencia doméstica-. En estos crímenes seriales, como los del campo algodonero, el gobierno del estado de Chihuahua ha encarcelado a inocentes. Los abogados de éstos han sido asesinados. Sus muertes están impunes.

Hoy, por ahora, fueron asesinados dos policías ministeriales y dos de estatales, de la Cipol. Más otro hombre. Otros tres fueron acribillados en la colonia Melchor Ocampo, a eso de las 4 de la tarde. Por unos 30 casquillos. Charlie, uno de los testigos del hecho, me comentó que fueron dos camionetas con chicos de unos 20 años, sin cristales polarizados, los que acribillaron a los heridos. Charlie, que en el momento del tiroteo estaba limpiando un carro, tuvo suerte. Se lo dijo su padre: "No te toca cabrón".

miércoles, 18 de noviembre de 2009

El segundo grito del día: acaban de matar a tres niños, quizá a una bebita

Acaban de ejecutar a tres adolescentes de 13, 14 y 15 años, junto a un hombre adulto.. quizá su padre, que caminaban por la Tizoc. Los siguieron en una camioneta desde la que salían las ráfagas mortales. Uno por uno. Una niña de dos años que se encontraba en los brazos de su mamá en una cerrajería, se debate entre la vida y la muerte. Fue poco antes de las 2 de la tarde de hoy miércoles en el fraccionamiento Del Real.

No sé cómo me siento. Yo no vi la masacre.

Estaba este mediodía, cuando ocurrió, investigando la supuesta culpabilidad de unos sicarios confesos bajo torturas indiscriptibles. Aunque todavía no he tenido los recursos para realizar una investigación completa, el glorioso Ejército mexicano se ha empeñado en seguirme -yo creo que me han confundido con una estrella de cine o tal vez, con una narco o sicaria... porque encontrarlos es su chamba, no? ni modo, ni modito-. Hoy me grabaron de nuevo. Mientras los sicarios mataban a estos niños en la otra punta de Ciudad Juárez.Y huían. Como siempre.

Me pregunto qué pensará en este preciso instante el presidente Felipe Calderón -que ayer estuvo en la capital del estado, en la ciudad de Chihuahua, inagurando una maquiladora-, que evitó hablar ni una palabra sobre Ciudad Juárez y su guerra contra el narcotráfico que la está borrando del mapa. Con los 2,354 asesinados en este año, una cifra que puede cambiar en un segundo.

Esperemos que con la presión social que surja de esta nueva masacre no busquen rápidamente a inocentes para convertirlos en culpables, mientras los verdaderos asesinos siguen matando con la complicidad de la ineptitud las autoridades. Como en los casos de las muertas de Juárez. Y en muchos más. Todo sigue igual. Peor. ?Hasta cuándo?

Grito de auxilio

_ ¡¡¡Ah!!! ¡¡mamá!!! ¡¡¡ayúdame!!!!! ah! ah! ah!!! me tienen en una camioneta, dando vueltas.

-(No contesto. No puedo creer lo que escucho. Miro por las ventanas para ver si hay alguna camioneta, algún vehículo dispuesto a robar la casa, rodeada de rejas, alambres, púas y alarma de seguridad. ?Será una trampa?)

-¡¡¡Ah!!!!!!!! ¡¡¡ayúdame!!!!!!!!

-Te has confundido de teléfono.

La chava cuelga. 8,40 de la mañana en Ciudad Juárez. Miércoles 18 de noviembre. Estoy saliendo para una reunión con el alcalde de la ciudad, José Reyes Ferriz (PRI)y los empresarios de Ciudad Juárez, dispuestos a pedirle cuentas: o que haga su chamba o que salga de su puesto. Muchos de ellos, como el alcalde, viven en Estados Unidos. En El Paso, Tejas. Nada más cruzar uno de los puentes fronterizos que separan y unen a las dos ciudades. Por la inseguridad. Y la muerte constante. El alcade se resiste a salir de su puesto y presentará un programa de seguridad con cámaras con denuncia anónima, mientras va recogiendo premios internacionales por su labor. Las cámaras instaladas por la ciudad, instaladas bajo fuerte presión social por la desaparición de mujeres, nunca han podido captar una desaparición. De repente, en ese preciso momento, todo se vuelve negro.


Y me quedo con mil preguntas. Con un vacío en el estómago. Pensando en esa chava. Por su voz, parece muy joven. Pero la voz con lloros y gritos puede engañar a la edad. ¿Dónde estará? ¿En la cajuela de un vehículo o con sus captores? ¿Qué habrá pasado? ¿Pudo haberse comunicado al final con su mamá o el equivocarse de número le habrá costado la muerte? No quiero pensar. En cierta manera, me siento culpable. Como si al haber contestado el teléfono fijo de la casa, la chava hubiera perdido la oportunidad de ser libre.

Me acuerdo de mi conversación ayer martes con Héctor Padilla, decano de Ciencias Políticas de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, una de las punteras de México que ya ha perdido tres profesores, ejecutados desde que comenzó la guerra contra el narcotráfico del presidente Felipe Calderón, hace 20 meses.

-Dáme tu número de celular para que conteste cuando me llames. Si no reconozco el número, no responderé. Esta es una medida de protección contra las extorsiones, los secuestros.


*Todavía no hay "muertitos" hoy en Ciudad Juárez. Ayer ejecutaron a 8 e hirieron a un chico de 16 años, hijo de uno de los acribillados. 2,348 asesinados, con sus viudas, viudos y sus hijos, en este año. De los extorsionados, secuestrados, robados no hay una cifra certera oficial. Pocos se atreven a denunciar. O para qué, piensan otros. No pasa nada. No investigan. O las autoridades infiltradas en el crimen organizado te dan el peor de los sustos. Lo extraño en Ciudad Juárez es no haber vivido una de estas experiencias. El cielo azul brilla con fuerza. Es el sol del desierto.

martes, 17 de noviembre de 2009

Pregúntale al sicario por qué mató a mi tío


-?Cómo se llama el sicario que conociste? Te voy a mandar su foto y sí es el mismo, pregúntale por qué mató a mi tío.

Francisco (que prefiere guardar su nombre en el anonimato) me mira fijamente y, de pronto, su expresión dulce se convierte en un huracán de dolor.

-Lo mataron en agosto. No puede ir al funeral. Todavía no he podido decirle a mi tía que lo siento. Es un tema que no hablamos en la casa.

Este es el por qué de todos los días. En Ciudad Juárez. El por qué del peligro de muerte cotidiano a pesar de la abrumadora presencia militar, dentro de la llamada guerra contra el narcotráfico del presidente Felipe Calderón. Una guerra con un saldo en sólo esta ciudad fronteriza con El Paso, Texas, de 2,2336 asesinados en este año. Hasta hace un segundo.

-Me temo que no habrá una respuesta. Que en ese hombre que mató a mi tío no está la raíz del profundo problema que nos llevó a estar en esta situación. El gran problema de Ciudad Juárez, de México, es la corrupción, la impunidad, la falta de líderes políticos y de un sistema de derecho que funcione, que sancione al que no cumpla con su trabajo y que permita desarrollar planes a largo plazo. La desigualdad social. La pobreza en la riqueza. ?Crees que el hombre es malo por naturaleza? ?Qué le lleva a un hombre a matar, a robar, a extorsionar?

Francisco me mira. Y después, busca con sus ojos a los cinco guardias de seguridad que lo protegen día y noche. Unos 20 mil dólares al mes.

-Tengo suerte. Yo puedo pagarlos. Pero no sé si mi vida tiene un precio más alto. Si un día me traicionarán. Y resto de la ciudadanía... ?qué hace? Nos estamos quedando con una ciudad fantasma. De niños huérfanos. Un México sin futuro, mirando siempre a Estados Unidos, para emigrar, para suministrar drogas. Y comienza en Ciudad Juárez. ?Dónde está el Presidente Calderón? Su guerra no funciona. La ciudadanía dejó de confiar en los militares. Vivimos en miedo constante. Sorteando la muerte.


domingo, 15 de noviembre de 2009

Barricadas contra secuestros y asesinatos



En la calle donde vive el empresario juarense Jorge Contreras sólo quedan él y su familia. El resto, son casas en venta. Letreros que buscan un comprador que nunca llega.
Contreras decidió regresar a Ciudad Juárez, tras unos meses en El Paso, Texas. No podía ver desde la distancia cómo su ciudad, militarizada, se desmoronaba bajo el imperio de la impunidad y la corrupción en la llamada guerra contra el narcotráfico del presidente Felipe Calderón.
Y tomó sus precauciones: guadaespaldas armados que lo siguen. Barricadas en los accesos a las calles de la colonia donde vive, la colonia Campestre una de las más exclusivas de la ciudad fronteriza con Estados Unidos. En tres meses, a Contreras le ha tocado intervenir en 17 secuestros de su colonia de 160 familias, ahora de unas 80.
Este domingo quedé con él. Lo que le costó, según me contó después, una gran discusión con su esposa temerosa a que al salir en domingo lo asesinaran. Contreras me mostró su amor con mucho dolor por Ciudad Juárez. Se arriesgó en domingo. Uno de los días más peligrosos en la ciudad, donde nadie sale, donde las calles y restaurantes están vacíos. Tampoco sale por las calles más peligrosas del mundo el alcalde de Ciudad Juárez, José Reyes Ferriz, que vive en Estados Unidos.

En domingo sólo están llenas las funerarias, las iglesias y los cementerios. Hoy, 15 de noviembre, Ciudad Juárez enterró en la mañana a Raúl Jasiel Ramírez, un niño de 7 años que durante la semana estudiaba en El Paso, Texas, y que fue asesinado junto a su padre. En la tarde, el entierro fue para el catedrático de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, José Alfonso Martínez Luján, de 38 años. Algunos de los otros 12 ejecutados del viernes siguen esperando un examen del forense para poder descansar en un ataúd. A veces, la espera es de hasta 8 días.

Hay días en que la esperanza tiene nombre de empresario. Las calles de la Ciudad Juárez se han convertido en muros y barricadas de los vecinos con los que intentan ahuyentar a los sicarios, extorsionadores, secuestradores. También a los militares, que ahora no se pasean por las avenidas principales de la ciudad -donde se cometen la mayor parte de las ejecuciones- sino por las pequeñas calles donde los retenes son constantes.

***Por ahora, mataron a tres personas en un campo de béisbol. Son ya 2,233 las familias que lloran a sus muertos, en lo que llevamos de año. Antes de acabar el día serán más.


sábado, 14 de noviembre de 2009

Tranquilidad, tras 20 prisioneros muertos en motín

Al llegar al módulo de alta seguridad del Cereso estatal de Ciudad Juárez - la sección de la prisión donde el 4 de marzo murieron 20 reos en una reyerta entre pandillas- los internos me dieron la espalda.

Poco a poco, pude ver sus rostros. Me acerqué y al presentarme supe que el chico joven, guapetón, sin el dedo índice y pulgar de la mano derecha pertenece al Cártel de Sinaloa.

Cerquita de él, está un sicario de La Línea, el brazo armado del Cártel de Juárez, que me contó su mayor preocupación: no poder abrazar a su pequeña, que cumple años este domingo 15 de noviembre. Lo hizo mientras miraba a la Santa Muerte, dibujada por él. Según las autoridades, Jesús Echeverría Vaquera ha matado a 36.

El gran problema de Javier Sida, nacido en Los Angeles de padres juarenses hace 29 años y perteneciente a la pandilla de Los Sureños, son sus tatuajes. Más que el homicidio que cometió. Las huellas de su piel contienen símbolos de las dos pandillas rivales en la prisión del Cereso: los Aztecas y los Mexicles. No es tan peligroso. "Sólo" mató a una persona. Pero en este módulo, aislado del universo carcelario, está más seguro. Del resto de los 650 prisioneros.

En el interior de las cárceles de Ciudad Juárez se decide el presente de un exterior en caos. El negocio del narco menudeo. El horror de los 20 muertos fue obra de 16 integrantes de Los Aztecas. Más de 600 agentes reestablecieron el orden. El motín fue al día siguiente de que se anunciara la llegada de más efectivos militares para combatir el narcotráfico. "Me siento más seguro aquí que en Ciudad Juárez", afirma Alfredo J. García, subcoordinador de seguridad en el Cereso estatal. Antes, fue vendedor de burritos.


"Les tengo una mala noticia: acaban de matar a nuestro maestro"


El celular de Sergio Peneros (centro, en la foto) irrumpió en la esperanza: la reunión semanal de varios universitarios del Plan Estrátegico de Juárez, que se resisten a ver morir a su ciudad.

-"Les tengo una mala noticia. Acaban de matar a nuestro maestro Alfonso Martínez", dijo Peneros con la cara desencajada.

Silencio. Es viernes. 13 de noviembre. Son las 6 de la tarde. Silencio. Dos de los jóvenes se levantan de la reunión: "?Cómo??".

La muerte le llegó al profesor de economía Alfonso Martínez Luján a los 38 años. Acompañado de su esposa y de su cuñado en el fraccionamiento Paseos del Alba. A manos de unos sicarios. A eso de las 4 de la tarde. El tercer catedrático asesinado de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez tripulaba un automóvil Dogdge New York modelo viejo y se encontraba haciendo un alto en un semáforo de las avenidas Gómez Morín y Jilotepec, dos de las más conocidas de Ciudad Juárez, muy cerquita de la estación de policía Benito Juárez. Cuando el semáforo se puso en verde, uno de los sicarios a bordo de una camioneta negra Jeep Grand Cherokee le disparó a corta distancia, y se dieron a la fuga, según testigos.

Termina la reunión de los sueños y soluciones para Ciudad Juárez y ya nadie quiere salir de copas. Ni por la zona más exclusiva de entretenimiento de la ciudad, la Plaza Cantera. El sábado pasado mataron a dos jóvenes, primos, hijos de empresarios. Hay miedo. Mucho miedo. Ya son más de 2,222 muertos en este año. Más los extorsionados, los secuestrados. Todo lo que no se denuncia por temor. Por no saber quién está con la ciudadanía que sufre la llamada guerra contra el narcotráfico del Presidente Calderón con el Ejército.

El peligro en Ciudad Juárez está en estar vivo. Está en cada segundo. Al salir de tu casa, al estar en ella, en el trabajo, en la universidad, en el restaurante, el bar. En el teléfono donde vienen las amenazas, las extorsiones. El peligro tiene a veces uniforme de militar, que entra en tu casa para robar lo que encuentran, desde la nevera, las joyas, el dinero. Todo. Lo mismo en los retenes por las calles. Es la ciudad sin ley, la tierra de la impunidad. Donde cualquiera puede tomar la justicia por sus manos aprovechando este caos mortal.

Algunos ya no lo resisten. Huyen. La ciudad es un paisaje de casas y negocios abandonados que va perdiendo cada día su población estimada en millón y medio de personas. Más de 120 mil viven en El Paso, Texas, nada más cruzar uno de los puentes fronterizos, según las autoridades estadounidenses. Monserrat de la Vega, nacida hace 21 años en Guanajuato, no quiere irse. En Ciudad Juárez se sintió libre e hizo las mejores amistades del universo. Pero el sábado pasado -al perder a su amigo Humberto Caballero Moreno, de 25 años, y la prima de éste Rocío Casandra Heras Caballero, de 27, en el bar Ghost- decidió que había que huir. La noticia del asesinato del maestro Martínez subraya su decisión:

"Si mi mamá pasara por algo similiar a lo que he visto en estos días, me moriría. El dolor que siento es tan grande, ver a la ciudad que amas en una situación tan desfavorable. La gente quiere el cambio pero no nos podemos alzar en armas. El poder lo tienen unos cuantos y no sólo es un sicario, sino gente que tiene un arma, que después de matar dejan a una familia destrozada, a una sociedad destrozada. Yo creo que Juárez va a salir adelante por la gente que tiene, hay que reestructurar el sistema, hacer que todos cumplan con su trabajo".

*** El viernes fueron asesinadas 15 personas en Ciudad Juárez. Una de ellas, un niño de 7 años.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Soldado tras mi nombre


Pensé que me iba a regañar. Por hablar con los testigos, antes de que dos camiones del Ejército y dos de los Policías Federales llegaran al lugar del asesinato. Pero no. El soldado que se dirigía directamente hacia mí -con un folio y bolígrafo en mano- sólo quería saber mi nombre. El medio para el que trabajaba. Lo que me contaba Pablo Adrián, un joven de 20 años, trabajador de una maquiladora, parecía ajeno a su universo.

Este chavo vio todavía vivo al hombre que se encontraba ahí, tirado en el suelo, en un charco de sangre, al lado de su bicicleta, en la puerta de un casa. En las calles Plan de Ayala y Bolivia, en la colonia obrera El Barreal de Ciudad Juárez. En la tarde del miércoles 11 de noviembre, Pablo Adrián llamó al 060 con la esperanza de que las autoridades llegaran al rescate de aquel hombre. Pero estas tardaron hora y media en llegar, según el testigo. Es más, el chavo vio cómo de un coche verde, un neón sin placas, cuatro jóvenes dispararon cuatro veces con una 25, una pistola. "Se siente bien feo", repetía y repetía el joven.

Al soldado no le gustó nada que no le diera mi nombre. "?Para qué lo quiere?", pregunté. "Tengo que reportar a mis superiores". Le comenté que aunque sus jefes me conocían, no se lo iba a dar porque esta táctica iba en contra de la libertad de prensa.

Estaba cansada. Lo admito. En la mañana un militar se había dedicado a fotografiarme mientras intentaba hacer mi chamba. Seguro que somos un peligro, pensé. Como los sicarios.


*** Seis hombres fueron asesinados el miércoles 11 de noviembre y otros tres resultaron heridos. Al parecer, el Ejército mexicano no pudo obtener los nombres de los sicarios ni para qué Cártel trabajan. Ni sus fotos. Al menos, tienen las mías.

El narcocorrido que anuncia la muerte


A eso de las cinco de la tarde del martes 11 de noviembre, la radio de la policía municipal de Ciudad Juárez fue interferida por un narcocorrido. Por unos segundos. Esta vez no pude alcanzar a distinguir si éste era uno preferido por los del Cártel de Juárez o los de Sinaloa, que se disputan esta codiciada zona para el negocio de las drogas hasta en las ondas policiales. Lo único que supe es que la muerte se acercaba. Media hora después la calle Senderos de Pamplona, en una colonia pobre de la ciudad, se convirtió en un espectáculo de horror.

Los narcorridos en la radio de la policía de Ciudad Juárez anuncian la muerte.

Cuando llegué un cuerpo estaba tendido al lado de una camioneta blanca Avalanche último modelo. El otro, estaba dentro de la camioneta Pontiac negra.

Los primeros detalles me los contaron un grupo de niños. Fueron los primeros testigos: salían de la escuela cuando se encontraron con unos tres vehículos persiguiendo con metralletas a otros dos. Para Claudia, una niña de 5 años, esta fue su quinta ejecución. El sábado vio otras tres. Cerquita de su casa.

Los nuevos "muertitos" son Mario Sariñana y su padre, Juan Pedro Sariñana. Según, Amparo de la Luz Alvarez, su cuñada, que observaba desde la distancia la muerte, con un cigarro en sus labios. Al parecer, se dedicaban a la venta de autos.

Llegaron los militares. Llegaron los Policías Federales. También la SEMEFO, para recoger los cadáveres. Me fui con una sola imagen. Con las sonrisas de las decenas de niños. En la muerte cotidiana.

*El día hoy fue tranquilo. La muerte, en este martes soleado, no llegó hasta la tarde. Tres muertos: dos acribillados y un cuerpo que se encontró en un canal.
Y una revelación de las autoridades: la indentidad de un torso, brazos y manos cortadas descubiertas por un niño encima de la tapa de un drenaje, el pasado 8 de octubre. Los restos eran de Gilberto Ontiveros Mejía, de 39 años, el hijo de Gilberto Ontiveros Lucero, "El Greñas", el gran capo de la droga del Cártel de Juárez antes de Amado Carrillo Fuentes. Son datos de la Subprocuraduría de Justicia de la Zona Norte. "El Greñas" salió hace menos de dos años de la cárcel.

lunes, 9 de noviembre de 2009

El cuarto ejecutado de la mañana: 8 acribillados hoy, por ahora

Han pasado unos minutos de que lo acribillen, junto a sus dos amigos de la infancia, a la puerta de su hogar, en la colonia obrera Ampliación Aeropuerto de Ciudad Juárez. Los vecinos asisten a la ceremonia de las ejecuciones en familia. Todo es como en las salas de cine, pero sin palomitas para el público presente. Desde bebés a adultos.
Los familiares de uno de los jóvenes, todavía vivo, trasladan en su propio vehículo al herido.
El silencio de la muerte se rompe con los gritos de una de las esposas, abrazada a cinco personas que le impiden ver a su esposo -el de la foto- en un charco de sangre. Llegan los militares con la policía municipal. Acordonan la zona bajo los gritos de la hermana de uno de los asesinados: "?Para qué están aquí?Por qué no hacen su chamba (trabajo)? !!!!!Mi hermano ya está muerto!!!!!!!!!!!!!!".

Es lunes, 9 de noviembre. Son las 2 de la tarde. El cielo azul y soleado de hoy en Ciudad Juárez lanza proyectiles de horror. Como todos los días. Desde hace 19 meses que comenzó la guerra contra el narcotráfico del presidente Felipe Calderón en Ciudad Juárez, la tierra del Cártel de Juárez y paso de la cocaína de Colombia a los consumidores de Estados Unidos. La de los huracanes de color en el desierto. A eso del atardecer.

*** En 9 días, 68 personas han sido ejecutadas en este mes de noviembre en Ciudad Juárez. Y en este año, 2. 194. Unos 10 mil niños huérfanos lloran a sus padres, en espera eterna por las autoridades preocupadas en recoger y enterrar muertos. El futuro huele a violencia arrolladora.

Actualización: fueron ayer lunes 10 los "muertitos". 4 por la mañana y 6 por la tarde. El último en el centro nocturno "Alice and Charlie". 12 disparos de dos hombres lo mataron, según fuentes policiales. El día está todavía hoy tranquilo en Ciudad Juárez. Son las 8,30 de la mañana. Todavía no hay "muertitos". Los sicarios, libres.

domingo, 8 de noviembre de 2009

Un paraíso sin miedo en Ciudad Juárez


Con las puertas abiertas. Sin rejas. Ni guardias de seguridad. Hasta las 11 de la noche. Conversando sobre literatura. Unas 60 personas. En la Cafebrería, el único paraíso sin miedo de Ciudad Juárez.

Viernes 6 de noviembre. Presentación del libro "La pequeña Estambul", de Javier García-Galiano, una de las joyas de la literatura mexicana. Los antros, cantinas y restaurantes que rodean a la Cafebrería ya están cerrados. Es el precio de la cuota del crimen organizado. Las calles de Ciudad Juárez están desiertas. Unos 8 mil soldados. Retenes.

Pero aquí, en este espacio mágico, uno recupera la libertad. Y la esperanza. Este es el grito de la ciudad que quiere volver a vivir. Intensamente. Alejada de la muerte. De los secuestros. Extorsiones. Robos. De la impunidad, el mejor caldo de cultivo para el fin.

Mil gracias, Súper Claudia Edith Soto. Por tu valentía. Por ofrecernos un espacio de libertad en esta prisión que es ahora Ciudad Juárez. Bajo la ceguera de las autoridades de Chilangolandia. Y de Gringolandia.

Olor a muerto en las fosas comunes


Los cadáveres que nadie quiere huelen más fuerte. También, pesan más. Ramón Andiano Vargas, enterrador de 66 años, del Panteón Municipal San Rafael, en Ciudad Juárez intenta huir de ellos. Y de ellas: las fosas comunes donde esta ciudad mexicana -que se resiste a morir- se derrumba con sus muertos cotidianos, algunos desconocidos. Le dan tristeza. Y miedo.

Ramón Andiano teme a enfermarse con tanto olor a muerto en espera de ser identificado. Congelado. Descongelado y finalmente, inhumado con la única compañía de otros cadáveres desconocidos. Los entierra con dos únicas protecciones: un sombrero blanco contra el infernal sol y un buzo blanco, que acabó enterrado, al término de su chamba, junto a uno de los muertos.

El jueves, 5 de noviembre, le tocó enterrar a 16 de ellos: 14 muertos por la llamada guerra contra el narcotráfico del presidente Felipe Calderón y dos, por muerte natural. Todos hombres. Fallecidos entre agosto y septiembre.
Lo hizo con sus manos al descubierto, junto a otros tres compañeros , y bajo la supervisión del hombre de la camiseta negra y una palabra en blanco: CADAVER. Es el señor Ramos, un perito de la Procuraduría de General del Estado.
Lo hizo por 1,400 pesos (unos 120 dólares) a la quincena. Por sus 9 hijos.

Los muertitos de las fosas comunes huelen. A nada chido. Como el futuro de la ciudad de los muertos en la que cada día nacen los nuevos sicarios del futuro. Y los nuevos muertitos. Hoy ya llevamos.....

*** 139 personas no identificadas o cuyos familiares prefieren dejar sus cuerpos en el Servicio Médico Forense han sido enterrados por las autoridades en la fosa común de Ciudad Juárez en los últimos 19 meses, según datos de la Subprocuraduría de Justicia en la Zona Norte.


Manejo de armas de fuego: primera clase para periodistas


Al llegar este sábado al curso sobre "criminalística y periodismo de alto riesgo", organizado en Ciudad Juárez por la Secretaría de Seguridad Pública Estatal de Chihuahua (SSPE) y la Federación de Asociaciones de Periodistas Mexicanos (FAPERME), me pregunté si no me había equivocado de clase.
La primera lección: "manejo de armas de fuego", impartida por Jesús David Castañeda, Instructor de la Escuela Estatal de Policía. Castañeda -un chavo de 30 años que antes de ser policía fue militar- explicaba con pelos y señales cómo se disparan las armas y otros detalles, como su mecanismo y clasificación. Las armas que uno ve en Ciudad Juárez tras los más de 3,600 asesinatos en los 19 meses desde la llamada guerra contra en narco del Presidente Felipe Calderón, llegaron hasta una sala de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez.
El Secretario de Seguridad Pública, el juarense Víctor Valencia de los Santos, me explicó que este curso, pionero en el país, surgió tras varios incidentes de los militares con los periodistas. El objetivo, en resumen, entenderse. Esperemos que sin "chayote".
La sala estaba casi vacía. Y llena de colegas desconocidos. Ninguno de los que tuvieron esos incidentes. Jesús Meza, el presidente de la Asociación de Periodistas de Ciudad Juárez, me comentó, con grabadora abierta, que los periodistas de Ciudad Juárez quieren formase pero que no se sentían cómodos con esta convocatoria del gobierno. Pero el periodista Roberto Piñón Olivas, el presidente de la FAPERME, deslumbraba alegría. Sobre todo, tras la clausura, con militares interpretando el himno de México con las autoridades presentes, como Héctor García, el delegado de la PGR. Este curso, según él, servirá para salvar muchas vidas de los periodistas y no hacer tonterías, como las de Brad Will.
Para los colegas que se perdieron esta sesión, tranquilos. Porque al parecer el próximo viernes, 13 de noviembre, habrá un curso similiar en la Ciudad de México. Aquí, en la ciudad que se resiste a morir, recordaremos el primer año del asesinato -bajo el imperio de la impunidad- del periodista Armando Rodríguez, al salir de su casa, y tras escribir unas notas que vinculaban con el narcotráfico a familiares de la Procuradora del Estado de Chihuahua. Lástima que Armando no estuvo en este curso. "Quizá, con él, hubiera estado vivo". Son palabras literales de Piñón Olivas.

***En México han sido asesinados 39 periodistas, desde 1992. Cinco de ellos este año. Y siete están desaparecidos desde el 2005. La mayoría de ellos informaba sobre crimen organizado o corrupción gubernamental. Son datos del Comité de Protección de Periodistas (CPJ), con sede en Nueva York.

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