viernes, 25 de marzo de 2011

Dos años esperando a Mónica Janeth Alanís Esparza: desaparecida















La conocí hace casi dos años. Y ahora la veo sentada, moviendo entre sus manos una servilleta que ha convertido en pañuelo. Son las lágrimas de la espera.

Es viernes, 25 de marzo. La víspera de aquel 26 de marzo del 2009 que recuerda:
Son las 3 de la tarde. Mónica Janeth Alanís Esparza tiene 18 años (ahora, ya 20). Sale de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez. Es la primera en la familia en acceder a la educación superior: cursa administración de empresas.

La señora Olga Esparza ha llegado de su chamba: cuida niños. Su hija mayor no está en la casa. No contesta el celular. Va a buscarla para ver si Mónica Janeth está con su novio. Pero no.

Pasan las horas. La angustia. Ella no regresa. Pasan los días. Los años:

-?Qué es lo más duro?, le pregunto.

-"Pues todos los días, cada momento para mí es duro. No tenerla.. su comida. Simplemente ayer, yo estaba aquí sentada y ella siempre (me decía): "mamá yo te hago un cafecito... ".
Es muy duro recordarla a diario porque uno no la olvida, ni un momento siempre estoy recordándola. Lo más duro es todos los días, el no abrazarla, el no tenerla. Es muy cruel".

Hace un año le tocó sobrevivir este aniversario de la desaparición en la Ciudad de México, detrás de una pista sobre su hija. Desea que el día pase, no recordar. Aunque en la mañana tiene una reunión con miembros de la ONU que están realizando un nuevo informe sobre las desapariciones.

"Intentaré no estar aquí, en la casa, salir a distraerme en algo, y es un día demasiado gris para uno... demasiado triste y doloroso. Nunca me imaginé estar así en esta situación, de no poder hacer nada, de estar con los brazos cruzados, que uno no sabe uno de impotencia salir corriendo y gritar: ?dónde estás hija? Es algo que a veces quisiera mejor uno no estar, y dormir y no despertar, o dormir y despertar y tenerla a un lado".

Hay días en los que Olga quisiera no tener memoria. Son los que duelen más. Pero ella siempre está en las protestas, con los retratos de su hija, con folletos para que no la olviden. En este tiempo, calcula que ha empapelado Ciudad Juárez con más de 5 mil.
Muchas tardes, unas diez madres que comparten la misma espera, se reúnen en su casa. Se ayudan para seguir adelante en lo anímico y en lo material: algunas de ellas, no tienen para comer ni para la rutera. Comparten lo poco que tienen para seguir vivas, en todos los sentidos.

-Siempre la veo sonriendo, señora Esparza. ?Cómo lo hace?, pregunto.

-El dolor le hace a uno levantarse y tengo esa energía de ayudar a otras madres. De verdad yo misma me sorprendo que yo esté bien, dentro de que no duermo en la noche, que me tengo que tomar pastillas, que tengo la presión alta.. Yo doy gracias a Dios en cuanto me despierto. Gracias por darme fuerzas Padre, y por estar aquí de pie. Y voy caminando hasta la salida de la casa para agarrar al camión al trabajo...".

De las autoridades, no tiene muchas palabras. A ellas acude para preguntarles cómo están las investigaciones y le responden preguntándole si ella ha encontrado pistas del paradero de su hija. Con la expresión más desgarradora que he visto en el rostro de la mamá de Mónica Janet Alanís Espaza, concluye:

"Las autoridades.... son unos ineptos, de veras".


**** En estos dos últimos años, los crímenes se han disparado en Ciudad Juárez por la llamada guerra contra el narcotráfico del presidente Calderón, y la contínua desaparición de mujeres ha quedado en un segundo plano.

Ricardo, el padre de Mónica Janeth, ya no puede trabajar: su espera se convirtió en un dolor agudo en su columna vertebral y ha sido incapacitado para laborar, sin recibir ningún tipo de compensación económica por el Seguro Social o la fábrica maquiladora que lo despidió.

La abuelita materna de Mónica Janeth murió el pasado 10 de abril sin poder ver a su nieta desaparecida como desde hace 18 años: bajo el imperio de la impunidad y comisiones gubernamentales ineficaces.

*En la foto que tomé podéis ver a Olga Esparza con su hija: en un retrato por su quinceañera y en sus manos: en un folleto de búsqueda.
Cuatro personas fueron asesinadas esta noche. Mañana habrá más. Pero aquí la noticia es la muerte de dos agentes de tránsito por el virus de la influenza. Como si vivir muriendo fuera normal: en un paisaje de secuestros, extorsiones, robos de carros con violencia. Y balas. Balas que matan el presente y el futuro. Bajo las metralletas de las fuerzas de la (in) seguridad.

ACTUALIZACION: Es sábado, ya el mero día en que desapareció Mónica Janeth Alanís Esparza. Olga y Ricardo están agotados. Se han reunido con las mamás de otras desaparecidas: Janira Frayre, Idaly Juache Laguna, Silvia Arce, Brenda Berenice Castillo y Griselda Murúa. A Griselda la acabo de ver, en una foto, que está en San Judas Tadeo, en la Catedral de Ciudad Juárez.

No durmieron mucho la noche pasada: esta vez sus noches de insomnio, de espera las convirtieron en un poema. Escrito a cuatro manos, con dos corazones que se quiebran. Olga me pidió que lo compartiera con vosotros, mis geniales lectores, en este blog. Aquí está "No más lágrimas de una madre". Así que aquí estoy, cumpliendo (con mucho gusto) órdenes. El poema desgarra en esta tarde de sábado en el que van surgiendo los cadáveres, cinco por ahora, en una Juaritos de carreteras desiertas, en la que familias entierran a sus asesinados, buscan a sus hijas desaparecidas o intentan sobrevivir a los muertos. Ojalá lo leyeran las autoridades y que su corazón se conmoviera un poquito, pensando que Mónica Janeth y tantas más pudieran ser sus hijas, para que hicieran su chamba:

Llueve sobre mi alma, llueve.

Se fue mi hija sola, a la eternidad. Mi corazón vacío, sólo queda nieve, ya no existe nadie tan sola en la ciudad.
Siento el olor de su ropa, aunque sólo son sábanas despobladas de su cuerpo, escarbo yo entre ellas, medio loca..y no encuentro sino el vacío... el vacío entre sus ropas...
Y llueven mis ojos lágrimas y ríos de amargura, no encuentro consuelo y hasta a veces desvarío, creo escucharle a ella... ¡Pero estoy sola!

Ay, mis ojos sin su imagen, la mirada perdida entre tantas madrugadas llorando a solas; esperando verla aparecer... Ya no viene, aunque siento su ternura se me hace más leve la tortura de esperar lo inesperado...
¡ Aquel verano tan frío... !,tan frío fue aquel verano
Aquel extraño verano, lleno de flores, lleno de verdes colores tan profanos...
Pero ella ya no estaba... ¡ Ay mi niña adolescente... ! Ya te has ido para siempre.
Para siempre ya tu ausencia, para siempre, para siempre...
Te busco por todas partes y no te encuentro...

¡Ay mi vida mutilada...!Te busco en mi cuerpo; adentro, dentro de mi vientre y tampoco encuentro nada¡¡¡ Y sigo en mi soledad sintiendo tu fortaleza que me viene... ¡tan callada!
Y me siento tu mitad hijita mía mi amada niña... mi niña amada. Me tortura mi existencia, siempre sola, y me invento tu presencia con la esencia de algún beso que me llega de la nada, mientras que como un perro herido, yo me lamo las heridas de mi alma, con lágrimas derramadas por la hija tan querida, que reposa... ¡qué descansa¡

Cariño mío, hija mía, inolvidable y amada hija: tú sabes el vacío que has dejado en mi corazón, tú sabes, preciosa que dolor tan intenso siento al no tenerte conmigo, tú sabes que soy una especie de muerta-viva que no encuentro consuelo en nada ni en nadie, tú sabes que no quiero hacer demostraciones de dolor, tú sabes los esfuerzos que hace tu madre por sobreponerse y por no causar lástima en los demás, sólo tu hija mía, sólo tu mi niña sabes de que forma te extraño, donde vaya, donde esté, siempre estás en mi pensamiento y en mi corazón, dentro de mí... Sólo tú y yo sabemos, sólo tú y yo... ¡ Qué intenso es este dolor... !

Que pena de mi vida, que pena de mi niña, que pena que no podamos hablar las dos, que pena que no puedas sentir mi amor por ti... ¡ porque ya no estás!

Todo se ha desmoronado bajo mis pies, me hundo y siento que no existe el suelo y no me puedo sostener... Si estuvieras aquí, todo sería diferente, pero no puedo, sólo me queda escribirte cartas sin destino, cartas que no tendrán respuesta, solo me responde al amor, el inmenso amor que queda en mí de ti, que tú bien sabes que eso no se fue contigo, quedó aquí, dentro de mi para siempre...

Toda tú estás en mi, porque ¿sabes hija? con la materia no muere el amor...

El dolor viene al saber que ya nunca volveré a verte, nunca podré abrazarte...

Pero, ¿acaso mi vientre no albergó un día a mi niña?...¡ Pues llama loca a tú madre! Te diré que siento que estoy gestándote, si gestándote todavía... o de nuevo, siempre dentro de mí, aunque ahora ya no podré parirte a la vida, te guardaré siempre en mis entrañas, te sentirá respirar y moverte dentro de mi vientre, y pondré todas mis fuerzas en amar la vida y mientras eso pase... ¡ tú vivirás en mí... ! Mi carne será tu carne, mi sangre tu sangre, mi vida será tu vida, mi alma será tu alma, mi amor será tu amor, ¡ todo en mi será vida para tu vida ¡tú no has muerto cariño mío, preciosa, mi niña... ¡ tu no has muerto¡

Tú no has podido morir y yo seguir viviendo, eso no es posible... yo no podría vivir sin ti... ¡¡¡ No sería posible... tú vives, porque vives en mi...!!! Yo lo sé porque te siento a veces creo que te mueves en mi vientre, y siento que mi corazón salta, es... es... como si otro corazón latiera dentro de mí... y creo que mientras siento esos latidos es que algo me dice que el tuyo no se paró un día... porque si pensara por un instante que tu corazón ya no late... ¡ no comprendería que el mío siguiera latiendo sin ti ¡... Me volvería loca...

Siempre que escribo para ti... siento una paz interior que me hace sentir que estás recibiendo mis cartas... siento tu ternura, y la completa seguridad de que estás aquí, es como si dictaras lo que tengo que escribir... y también siento que me dices: madre, madre no sufras que yo vivo en ti... que desde que me fui siento latir la vida que tu me das madre...
Sé que es una defensa, pero también sé que es lo que siento mi niña, y así quiero sentir, solo así dentro de esta locura, seré capaz de seguir viviendo...

Allí donde tu estás...Allí estaré yo, mi niña querida.

¡ Ojalá pudieras contestar...! Tú sabes bien cual es mi destino, mientras tanto ya sabes que me vuelvo a las nubes..

domingo, 20 de marzo de 2011

Griselda pensó que la mataban como a su hermano: o cómo sobrevivir a un secuestro



































-¿Qué quieren?, pregunté. Pensaba que iban a asaltarme o a pedirme la cuota. Llegaron al negocio armados.

-Venimos a por tí.

Estaba con tres empleados. Fue cuestión de segundos. No da tiempo a pensar nada. Directo a su carro. Desde ese momento me taparon los ojos. No quería perder la calma. Me dijeron que iban a pedir un rescate por mí. No sé cuánto fue. Mis padres no me lo han querido decir.

Estoy con Griselda o la hija del pastor evangélico Lalo García, como es reconocida por la comunidad. Hace diez días que salió de cautiverio. Accede a hablar conmigo, la primera vez que lo hace con un periodista "porque ya escribiste sobre mi hermano Abraham". Su hermano fue asesinado el 15 de octubre de 2009, a los 24 años de edad. En presencia de su hijo, un bebé, y su esposa.

-He aprendido que uno debe de vivir su vida, cada día como si fuera el último día de mi vida... Desde la muerte de mi hermano así lo vi, y con esto se me reafirmó. Que uno debe de apreciar la vida que tenemos.

Casada. De 38 años. Mamá de tres pequeños, de 8, 6 y 3 años. Bellísima.

-En el secuestro viene todo a tu mente, viene toda tu familia, sobre todo tus hijos, que tal vez ya no vas a salir de ahí, quieres que pase el tiempo rápido.. y yo lo que hice es estar clamando a Dios: Señor cuida mi vida, trata con estas personas, con estos muchachos, ablanda sus corazones.

No los ve. Pero sabe que son cuatro: olor a marihuana. Escucha sus pasos, y cómo esnifan cocacína. Tres noches. Dos días.

-Me dijeron que me iba, me dijeron la hora y a qué hora me iban a soltar. Me dieron instrucciones de cómo me iban a dejar, qué tenía que hacer .... Esas horas se me hicieron eternas. Llegó el pensamiento que me iban a matar todavía cuando me dejaron, pues hasta aquí llegué, me dije. Y me levanté (del suelo) y comencé a temblar. Daba gracias que estaba viva pero al mismo tiempo no podía creer lo que estaba pasando.

Griselda pidió ayuda: un teléfono para poder llamar a sus padres. Se dirigió a un negocio.

- Yo le dije lo que me había pasado y no me creía. La persona con la que llegué sintió miedo. Me decía si me venían siguiendo y no me dejó entrar. Ahí me sentí angustiada, nadie me va a creer, quién me va a ayudar. Lo que hice fue caminar y seguí caminando, y en ese momento ya venía mi papá.

Calle 16 de septiembre con Bolivia, una de las más concurridas de Ciudad Juárez. El Pastor Lalo García ya ha recibido la llamada de los secuestradores. Sabe que su hija estará por esa zona.

"Cuando la miré y estaba en esa calle, corrí y ella corrió. Los carros se pararon, no pitaron. Nos abrazamos. Fue un abrazo que posiblemente no le había dado desde que era una niña", recuerda el padre de Griselda.

Pasan los días. El celular del pastor Lalo García suena. Su corazón se altera. Son los recuerdos de aquel 8 de marzo, cuando recibió la primera llamada de los secuestradores de su hija:

-"Yo estaba en mi trabajo... Señor García, tengo a su hija. Empiece a moverse, queremos tal y cual cantidad. Nosotros somos la autoridad. Le hablo más tarde".

Llegan los porqués. Cuál será la mejor estrategia.

"Si es verdad o mentira (que son la autoridad) no sé, pero son tantos los casos...
El temor mayor de nuestra sociedad es que hay muchas autoridades coludidas, que están en bandas, dentro, es el temor más grande que se puede tener".

El pastor no duerme, no come. Está pendiente a un sonido: el del celular.

-El mayor enemigo de uno es tu propio pensamiento que te la van a matar, porque ha habido casos en que pagas tu rescate y los matan. Yo creía saber las cosas, pero es muy frustante, muy pesado por dos razones: atrás tienes a la familia, y enfrente tienes a los secuestradores.. El mayor temor de una persona que negocia es: ¿y si fracaso?, voy a ser responsable. Negocié con tres personas. Los secuestradores por un lado presionándome y la familia esperanzada que hiciera una buena negociación.

Pregunto a Lalo García, padre de tres hijas y un hijo (asesinado), qué ha aprendido tras sobrevivir al secuestro de su hija:

"Abracen a sus hijos, porque puede ser que mañana no los abracen".

****FOTOS: Aquí puedes ver a Griselda, de espaldas, recibiendo un abrazote de su padre. Griselda es una ciudadana estadounidense criada en Ciudad Juárez. Con su secuestro, decidió dejar su vida y refugiarse en El Paso, Tejas.
Su padre, el Pastor Lalo García, continúa con su labor en Juaritos. Dice que no puede dejar a su ciudad, a su pueblo. Y ayuda a otras familias a negociar secuestros y a superar la pérdida de sus asesinados.