sábado, 20 de abril de 2013

Dos semanas: con su hija enterrada, amenazas e intentado huir para proteger al resto de sus hijos

Yadira y Moisés con tres de sus cuatro hijos, vivos. Y María Guadalupe de la Cruz, víctima de feminicidio, en una foto.

La última vez que supe de ellos fue el día del entierro de su hija. Hoy, dos semanas después, regresé a su colonia, la Azteca, una de las más azotadas por la violencia, ahora entre los recuerdos de los que no están: delante del hogar de la familia de María Guadalupe de la Cruz Francisco han sido asesinadas dos personas, detrás una, en la esquina, otras tres.... Es como si cada calle tuviera una historia de balazos, cadáveres e impunidad. La suya tiene además una desaparición, la de su hija, a los 17 años de edad, que se desenlazó en un feminicidio. Y una iglesia, abandonada. En un paisaje de arena que se levanta con el viento y que intenta ser una carretera en pendiente.

Poco antes, dos agentes investigadoras del ministerio público acababan de llegar al lugar. Preguntaron por Yadira, la mamá de la adolescente desaparecida y asesinada, pero ésta se encontraba fuera en una reunión con otras señoras cristianas. Así que hablaron con Moisés, el papá de María Guadalupe. Tres niños de 14, 10 y 2 años correteaban en el patio de la casita de un solo cuarto que no tiene cocina ni refrigeradora, en la que apenas caben tres colchones en los que duermen. En uno de ellos, había una Biblia.

"Queríamos hablar con ella porque ya no vamos a regresar", recuerda que las agentes le comentaron.
Las oficiales decidieron preguntarle a él sobre la cicatriz que tenía su hija, operada del apéndice. "Vayan mejor al Seguro Social y le van a dar toda  la información...(les dijo). Me dí cuenta que realmente esas personas están desviando la investigación, no se están enfocando a investigar quiénes asesinaron a mi hija".

De un pequeño espejo roto, colgado en la pared, surge la foto con la que María Guadalupe de la Cruz fue velada. Es la única foto que tienen reciente de ella y se la tomó cinco meses antes de desaparecer el pasado 4 de febrero. Una vecina se la obsequió para ponerla en el ataúd. Con ella intentan acostumbrarse a su ausencia aunque su hermano de 10 años no asume aún que su María Guadalupe esté muerta. "No quiero a mi hermana así, yo la quiero viva". Y su hermana de 14 años, la recuerda realizando comentarios de las cosas que hacía, de cómo era, de cómo le gustaba cocinar carne molida.

Han decidido que se quieren ir de Ciudad Juárez, la ciudad a la que Yadira y Moisés emigraron hace dieciséis años desde Oteapan, en el estado de Veracruz, buscando el sueño de trabajar en una fábrica maquiladora. Tienen miedo por sus vidas y sobre todo, quieren proteger a la hermana adolescente de esta víctima de feminicidio cuyos restos aparecieron tirados en un terreno baldío detrás de la maquiladora Electrolux, el 26 de febrero.

El matrimonio ha solicitado el apoyo de la Fiscalía Especializada en Atención a Mujeres Víctimas de Delito por Razones de Género -para proteger a sus hijos de las amenazas de muerte y del temor a que su hija de 14 años desaparezca también- trasladándose toda la familia a Veracruz. Necesitan los boletos de autobús y asistencia para encontrar un lugar adonde llegar con sus cuatro hijos y comenzar a vivir mientras encuentran un trabajo.
Las autoridades les aseguran, ahora, que podrían ayudarles pero sólo con los pasajes del bus aunque para esto el padre de familia tendría que quedarse en Juárez "hasta que se resuelva el caso". Pero ellos no quieren desintegrarse como familia. Incluso, por el momento, prefieren quedarse en México para seguir las investigaciones de su hija que pedir asilo político a Estados Unidos.

"Gracias a Dios nos hemos sentido fortalecidos, no es lo mismo cuando falta uno de la familia pero desgraciadamente hoy nos pasó esto. Pero lo que más quisiera yo es que la autoridad de Ciudad Juárez se pusiera a trabajar, han pasado veinte años que han desaparecido jovencitas en Juárez cuando en Estados Unidos cuando hay un delito, encuentran a los culpables como en la masacre de Boston. Lo que me da a entender es que las autoridades de Ciudad Juárez no están haciendo su trabajo y buscan a chivos expiatorios como en muchos casos se han dado. Si realmente hay agentes especializados, dónde están las desaparecidas o realmente a quién protegen... dónde está la justicia entonces", dice Moisés de la Cruz, un guardia de seguridad desempleado, de 41 años, la edad en donde en esta ciudad es difícil conseguir un trabajo en una fábrica maquiladora.

"Realmente estas personas o no hacen su trabajo o para quién están trabajando porque si trabajaran para brindar seguridad a la comunidad, realmente mi hija estaría hoy viva. Ya aportamos los testigos y no han ido a verlos. Aquí el gobierno de Chihuahua lo que quiere es tapar el sol con un dedo y decir que no pasa nada. Quieren que entre más economía a Ciudad Juárez, para que puedan invertir y haciendo un lado lo que está afectando a la comunidad, las desapariciones, los feminicidios, los asesinatos es lo que realmente se debe de enfocar el gobierno, de dar seguimiento y dar con los culpables".

Comienza a atardecer en Juárez, con su magia de ocres y rojizos en un cielote inmensamente hermoso, y Yadira, de 39 años, regresa de la reunión con su grupo cristiano:

"Nunca pensé que nos iba a tocar, que a mi hija le fuera pasar esto".
http://juarezenlasombra.blogspot.mx/2013/04/tres-dias-en-bus-para-encontrarse-con.html



***Esta noche fueron asesinadas tres personas. El horror, vivo en los niños que sobrevivieron al ataque ocurrido en una fiesta infantil en la calle Salvador Dalí, de la colonia Parajes del Sol. De dos de ellos, se saben sus nombres. Leobardo Roberto Javier tenía 38 años de edad y Oscar Humberto Campos Cano, 44 años. 
La noticia, en el universo informativo, sigue siendo el ataque, el lunes, al maratón de Boston: con sus tres asesinados, los 184 heridos y los dos asesinos localizados tras una búsqueda protagonizada por más de 9 mil agentes. De las más de 30 personas muertas en Somalia por coches bombas y los heridos -unas horas antes de la tragedia en Boston- apenas hay información en medios italianos y británicos, de los que fue colonia, ni en los medios francófonos que se destacan por una mayor cobertura del continente africano. 
Hay días en los que me pregunto qué hay que hacer para que todos los muertos (y los que sobreviven a sus asesinados) cuenten. Y la historia trágica no vuelva a repetirse.

sábado, 13 de abril de 2013

Cuando las balaceras se dispararon, el colectivo de artistas JellyFish "disparó" la alegría por vivir de los juarenses

Aquí están los miembros de JellyFish: de izda. a dcha, Pika, Kukui, Atenas y Pilo. Falta, Alfonso. 

Afuera, las luces y un cartel que dice JellyFish. Dentro, un mundo de rosas, naranjas, azules, verdes y amarillos brillantes. Es viernes noche. Y en una casa tipo hacienda rentada para la ocasión, donde se realizan eventos como quinceañeras, van llegando decenas de jóvenes. Casi doscientos.

Un antiguo pupitre de madera se convierte en un conejito: un espacio atrayente en el que todos los niños estudiarían. Invasiones extraterrestres surgen de pinturas transformadas en un huracán de sensaciones. Carátulas de discos modificadas con personajes mexicanos. El graffiti pop art. Diseños con los elementos del cómic. Es el absurdo. La vida con los matices que caracterizan a los juarenses: la alegría y más alegría.

Es la exhibición: "personas sin convicciones", la primera retrospectiva que realiza el colectivo JellyFish en sus tres años de vida. Una muestra de una sola noche, con música y visuales en la terraza de una casona de Ciudad Juárez, donde se deslumbra la magia de una exposición en el bohemio barrio de Williamsburg en Nueva York pero mucho más chidotota: con la vida, la fuerza, la calidez humana y el espíritu guerrero de los juarenses.




Las balas comenzaban a golpear con fuerza a Ciudad Juárez. Y los JellyFish empezaron a encerrarse en su paraíso artístico: de creaciones con los colores de la vida. Lo llevaron a las colonias más azotadas por la pobreza y la violencia. Lo compartieron con niños y jóvenes que habían visto varios asesinatos en su corta edad. Les descubrieron el mundo del arte con talleres: para olvidar y reaccionar ante su realidad con las armas de la creación.

"Muchos artistas se enfocaron en la violencia y no nos interesa mucho ese tema: hay una ciudad, la alegría, los colores, lo que somos...", dice Ricardo Herrera "KuKui", de 38 años de edad.




Son cinco -tres diseñadores gráficos, un arquitecto y un experto en animación- y todos trabajan en cada una de las obras que realizan. La influencia del diseño permea en sus obras. Tienen un estudio y han constituido una asociación civil llamada Taller de Creación Gráfica (TACGRAF) desde donde imparten talleres de arte urbano con el apoyo de varias instituciones.

Todo comenzó con Leonel Portillo "Pilopida", de 25 años, y una tesis que debía de realizar para completar sus estudios en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ). Decidió hacerla sobre la inserción social del diseñador gráfico, realizando talleres de arte urbano a niños en colonias vulnerables. Pensaba en cómo "lograr un cambio desde las raíces de Juárez que son los niños los jóvenes. Si cambiamos a los niños y jóvenes en un futuro van a ser mejor ciudadanos".

En la aventura le acompañó Atenas Campbell, de 25 años. Después, se fueron incorporando Ricardo Herrera "Kukui", Francisco Chávez Flores "Pika" y Alfonso de la Cruz. La serigrafía, pintura, la ilustración tradicional y digital, el graffiti y el diseño gráfico de sus creaciones convivió con los murales animados que comenzaron a realizar por varios muros de Juárez. Proyecciones que combinan la animación, el graffiti y la ilustración para crear murales efímeros. Sus expresiones artísticas se unieron a su responsabilidad social.

"De los talleres aprendí que a los niños se les tiene que enseñar las cosas porque el talento ahí está, no conocía su realidad. Se les tiene que dar las herramientas para expresarse de otra manera", dice Atenas, que como todos los miembros del colectivo es hija de profesionistas.




Una Juaritos que expresa su magia a través del trabajo de colectivos como JellyFish. Porque, como dice el dicho, "el que bebe agua de Juárez, aquí se queda":


"Yo viví cuatro años en el DF, la gente de aquí es fantástica aunque esté la ciudad como esté. Me gusta el DF pero para vivir, ya no", apunta Ricardo Herrera "Kukui".



**** Os dejo con más fotos que tomé de esta muestra, para que podáis viajar por JellyFish:









***** Actualización: si queréis disfrutar de una noche como la que se vivió en Juaritos con los JellyFish, podéis hacerlo cruzando a El Paso, Tejas, el jueves 25 abril a las 7pm en la galería Purple Pop-Up. No será igual, pero presiento que será mágica.

sábado, 6 de abril de 2013

Tres días en bus para encontrarse con su hija desaparecida María Guadalupe de la Cruz Francisco, de 17 años: en huesos





Habla despacio. Toma aire profundo para poder pronunciar unas tres o cuatro palabras seguidas. Es un hombre robusto. Ahora con una hija en un ataúd. Con lo que queda de ella: algunos huesos.

"Vengo desde Cárdenas, Tabasco de enterrar a mi difunto padre, me quedé un rato... para recibir... para recibir la mala noticia de que a mi hija la habían asesinado. Fue el peor golpe que nunca me imaginé recibir, primero mi padre muere de muerte natural y luego mi hija.... "

Llora.

Moisés de la Cruz Guillén tiene 41 años. Es guardia de seguridad: hace cuatro meses perdió su empleo. Está en una funeraria de la colonia Azteca, muy cerquita de la calle donde vive en una casita de un solo cuarto y tres camas para su esposa y cinco hijos. El miércoles supo que su hija desaparecida "desde el 4 de febrero" fue encontrada el 26 de febrero en un terreno baldío situado detrás de la fábrica maquiladora Electrolux. Lo único que quedaba de ella era parte de su esqueleto cubierto aún con algo de tejido lo que hizo posible una identificación más rápida por DNA.

"Me avisó mi mujer por teléfono... Por causa de esa información me cayó como una especie de... me duele  la cabeza... me dio algo y vengo tomando medicinas y fue a partir de ese día que recibí un golpe tan grande".

La Fiscalía le pagó el viaje de regreso a Juárez. En bus. Fueron 4 mil pesos (unos 330 dólares), el doble que un billete de avión. Y tres días de viaje en dos autobuses: uno desde Tabasco a la Ciudad de México y el otro, rumbo a Juárez. El papá de María Guadalupe de la Cruz no había podido regresar antes a su hogar porque en el estado sureño de Tabasco no había podido encontrar chamba para poder pagar su boleto de vuelta. Acaba de arribar.

"Si viera lo que yo quería era llegar y por más que yo quería... Yo digo que cuando las cosas se empeoran y quiere uno llegar se empeoran, aún más".



El ataúd de María Guadalupe de la Cruz Francisco es blanco. Tenía 17 años de edad. Soñaba con estudiar estilismo y le gustaba dibujar, "era alegre, era la única que me hacía relajos (bromas)". Criada en una familia cristiana, donde no se permiten los bailes, tres meses antes de desaparecer se fue a vivir con una vecina y sus dos hijas adolescentes de 14 y 16 años de edad.  Una semana antes de su desaparición, regresó a su hogar. Yadira, su mamá pensaba que había aprendido la lección cuando ella le pidió que si la buscaban, les comentara que no estaba.

"Quería libertad, yo le decía que los bailes no son buenos y ella me decía: 'tu mamá estás loca porque ves mucha televisión´".

Lo dice cargando al menor de sus hijos, una niña de dos años, acariciando el féretro de su hija. De la que recuerda la última vez que la vio:

"Ella salió el 4 de febrero a las 5 de la tarde a poner recarga al celular y ya no regresó. Le hablé porque no llegaba y me dijo que estaba con una amiga. Le estuve marcando y marcando y de repente se me desaparece como si se la hubiera tragado la tierra. Llevaba una blusa rosa, un pantalón de mezclilla negro, unos botines y un calcetín blanco con rayitas como de tenis".

Comenzó a buscarla. Y asegura que el 8 de febrero levantó el reporte de desaparición.

El teléfono sonó el miércoles 3 de marzo. Le llamaban de la Fiscalía. "Me dijeron que me iban a buscar en la casa y me iban a llevar para hacer unos papeles. Y en ese momento me llamó la psicóloga y me dijo que ya la habían encontrado y que con el  ADN que me hicieron coincidía con el de ella".

"Lo más duro es que me hayan quitado a mi hija, pues sí.  Más que nada siento coraje por la muerte de mi hija, por los asesinos que no tienen misericordia que matan sin piedad".


Hace dieciséis años, Yadira y su esposo Moisés emigraron a Ciudad Juárez desde un hermoso pueblo del estado de Veracruz llamado Oteapan, cerca del mar. Llegaron al desierto en busca de trabajo en una fábrica maquiladora. Con la desaparición y el asesinato de su hija, quieren regresar al sur de México. Quieren prevenir que a sus otras hijas les ocurra lo mismo.

"Te voy a decir algo y espero  que estoy no traiga represalias. Aquí el peor caso es que aquí el delincuente tiene más apoyo que una gente normal, y está más protegido por la autoridad que una gente buena que se dedica a trabajar", dice el papá de María Guadalupe de la Cruz.

"Pero primero antes de regresar quisiera que los que hicieron esta maldad recibieran su justo pago, ser castigados por la ley misma, es lo que yo más quisiera en la vida, que su muerte no quedara impune (como el 97% de los crímenes en Juárez), sino que se hiciera justicia"

Unos días previos de que a Yadira, de 39 años, le entregaran un ataúd cerrado con los restos de su hija, tuvo dos sueños, donde su hija le tranquilizaba con un: "Ya no me busques, estoy en un lugar muy especial".
"Entonces eso me da fuerzas de que un día voy a ver a mi hija (en el cielo). Ella no está muerta, le mataron el cuerpo está destruida toda, pero el alma vive".

Mari García, mamá de Jessica Leticia Peña, desaparecida a los 15 años en el centro de Juárez y encontrada
en una fosa clandestina con los restos de doce desaparecidas en el Valle de Juárez, no conocía a Yadira, mamá de María Guadalupe de la Cruz Francisco, de 17 años. Al saber de su tragedia,  esta mamá desempleada tomó dos rutas por casi dos horas para acompañarla.

****ACTUALIZACION: María Guadalupe de la Cruz Francisco, de 17 años de edad, fue enterrada el domingo en la intimidad. Tras celebrar un servicio cristiano, su féretro salió de la humilde funeraria del Carmen III rumbo al panteón de San Rafael. 
En la mañana del lunes, Yadira y su esposo Moisés se dirigieron a la Fiscalía. Querían ver algo de que quedó de su hija, ahora muerta y enterrada, al menos acariciar las ropas que encontraron junto a los huesos que les entregaron en un ataúd cerrado. "Pero nos dijeron que no podían, que era imposible, que podía afectarnos... ¿más de lo que estamos?". 
Con el agente del ministerio público que tiene la carpeta de investigación de su hija, levantaron una denuncia contra de "Lupe", la mujer con la que vivió su hija, detrás de su casita. 
"El domingo que enterramos a mi hija, me sentí mal, y le dije a mi hijo el mayor que me acompañara a la farmacia y una señora que es mamá de las muchachas... me amenazó y me dijo: "ahora sigues tú, guey". 
Y comenzaron a sentir más miedo. A desear huir lo antes posible a Veracruz. Como no tienen dinero para comprar los boletos del bus y comenzar una nueva vida en su estado de origen, pidieron ayuda a la trabajadora social que atiende a víctimas en la Fiscalía. La respuesta fue negativa. 
Ahora sobreviven atrapados  en la ciudad a la que emigraron en busca de trabajo y donde perdieron a su hija. Ahora sin trabajo y sin uno de sus cinco hijos.

jueves, 4 de abril de 2013

La niña de Nancy Navarro cumple tres años de edad de edad: el segundo cumpleaños sin su mamá, desaparecida



Esta mañana, Lucy se levantó con un sueño. Abrazó a su nieta Brianita -la pequeña de Nancy Navarro -desaparecida en el centro de Juárez el 13 de julio de 2011-, la vistió aún más hermosa y fueron a misa. La niña cumple hoy tres años de edad: dos de ellos sin saber dónde está su mamá.

"Siempre acostumbré a llevar a mis hijos a la iglesia para dar gracias a Dios porque están bien. Cuando Nancy se alivió, a la semana de recuperación, también la llevé".

Al entrar en la iglesia Santa Cecilia, situada en una zona donde han desaparecido diez niñas y jovencitas en los últimos tres años, Lucy escribió una petición en un papelito que después sería leída en la celebración eucarística. En ella, pedía que su hija regresara.


"Yo sigo con la esperanza de que mi hija esté viva y que algún día la voy a ver. Aunque las autoridades no hagan nada, yo tengo la esperanza de que vaya a haber alguien que me dé una señal de mi Nancita. Sigo confiando en Dios, para las autoridades hay cosas imposibles porque no quieren, y para Dios no hay nada imposible. Sueño con tenerla en casa y decirle cuánto la quiero y cuánto la extrañé, abrazarla...".

Desayuno, con pancakes: hay que mimar a la festejada. En la tarde, cuando sus tres tíos -también niños- salgan de la escuela, tendrá su pastel de chocolate.

"Brianita tenía un año y tres meses cuando su mamá Nancy desapareció. Ella dice que cuando le hagamos su fiesta quiere que venga su mamita, me lo dice con una ilusión, con una ternura que me remueve todas las entrañas".

La casita de la familia Navarro Muñoz, que está incrustada en una colina de arena desde la que no se ve la calle más cercana, es un museo para Nancy. Aunque no la he conocido aún -comencé a descubrir su mundo a los dos días de su desaparición- se siente su presencia. Están sus fotos de bebita, su quinceañera, embarazada descubriendo su barriguita, con su hija en brazos. Recuerdos que brillan sin una mota de polvo en un tierra desértica donde las ventoleras pueden convertirse en cotidianas. Es como si con sus recuerdos, se mitigara su ausencia del hogar. Y su Brianita fuera creciendo rodeada de su mamá, sin que ella esté presente.

"Yo digo que mi gorda nunca se va a olvidar de su mamá Nancy. Todas las noches me dice que le cante todas las canciones que sepa, de animalitos, del Angel de la Guarda. Brianita nos trae la energía positiva. Me pregunta quién le daba chichita (pecho), le digo que su mami Nancy, y ella me dice: ¿y cuando venga me la va a dar? Sí mi amor, te va a dar".

El sábado 20 de abril, Brianita tendrá su fiesta. Con piñata.

"Yo quisiera que mi Nancita estuviera presente. Se supone que era el deseo de mi hija, cuando la niña cumpliera tres años, bautizarla".

***Esta es Nancy Navarro, en la primera nota que escribí sobre su desaparición, a los dos días, cuando todavía las autoridades no habían activado el protocolo Alba de búsqueda:   http://juarezenlasombra.blogspot.mx/2011/07/desaparecida-nancy-navarro-18-anos-sin.html

Lo hicieron tras una protesta de la familia de Nancy a los diez días de no saber dónde estaba.

lunes, 1 de abril de 2013

Desde que su hija Diana Rocío Ramírez desapareció, a su hijo lo torturan y encarcelan. Y su esposo, huye a Estados Unidos


Rosa, en busca de su hija Diana Rocío Ramírez Hernández

El la dejó: no pudo aguantar el dolor y huyó a los Estados Unidos. Ella se quedó en Juárez buscando a su hija desaparecida Diana Rocío Ramírez Hernández: 18 años. Más dos años de espera.

Hay días como hoy en los que el que fuera su esposo le llama por teléfono para saber si hay alguna noticia de su hija. Desde hace diez meses, también pregunta por su hijastro Luis Manuel Morales Hernández -al que crió desde que era un niño- y que un 25 de mayo de 2012 "lo sacaron de la casa los policías municipales.... Leyzaola (el teniente coronel que actualmente es el secretario de Seguridad Pública de Ciudad Juárez) fue el que entró en la casa con todos encapuchados. A los niños, a todos nos encerraron en el baño. Lo golpearon, lo torturaron con toques, agua, lo axfisiaron con una bolsa y a las tres horas lo presentaron ante los medios junto a dos menores y otros dos chavos que no conocía acusándolo que lo detuvieron en un vehículo por la colonia Chaveña  -cuando fue en la casa y en la colonia Felipe Angeles- y que en la revisión del automóvil encontraron (tres) fusiles de asalto, una granada, cartuchos y (seis) dosis de cocaína. Le han sentenciado a 11 años y dos meses. Es inocente".

En dos años, Rosa ha sufrido la desaparición de su consentida Diana Rocío, la separación del padre de sus dos hijos y que imputaran "injustamente" a su hijo Luis Manuel, un trabajador de la construcción de 26 años y padre de dos niños de 5 y 2.

"Es un día difícil, muy pesado, muy tenso, muy agobiante, muy triste... y tuve hasta dos errores en mi trabajo, porque no me podía concentrar", dice Rosa, una auxiliar administrativo de 46 años de edad, en el segundo aniversario de la desaparición de su hija.

La última vez que vio a Diana Rocío Ramírez Hernández -que estudió un semestre de Ingeniería en Tecnologías de la Información y Computación en el Instituto Tecnológico (el Tec de Juárez) y estaba pensando en iniciar la licenciatura en psicología- fue el 1 de abril de 2011. Esta salió al mediodía de la casa para encontrarse con una amistad en la zona centro de Juárez. Para las cuatro de la tarde, Diana Rocío no contestaba sus llamadas, su celular estaba apagado.
Desde aquel instante, Rosa comenzó a averiguar dónde estaría su hija, primero entre amistades, la buscó por hospitales hasta la madrugada.
A las ocho de la mañana del día siguiente se dirigió a la Fiscalía, a Previas para interponer una denuncia por la desaparición de su hija. Pero las autoridades le indicaron que tenía que "esperar 72 horas". "En lugar de activar el protocolo Alba (de búsqueda) fue todo lo contrario: 'debe de estar con el novio, al rato aparece... Se metió a bailar' ".

Hace unos días, que a Rosa le asignaron a un nuevo agente ministerio público que llevará el caso de su hija. El cuarto. "Al primero, a los tres meses lo mandaron a un curso por tres meses y me atendía quien estaba disponible".
Cuando Rosa llegaba con pistas sobre el paradero de su hija, asegura que la segunda agente investigadora del ministerio público le decía: "es que ustedes nos quieren decir cómo hacer nuestro trabajo".

En este tiempo, ha recibido llamadas amenazantes. Incluso, dejó su casa por dos semanas. "Tenemos miedo", afirma. Pero éste lo supera para seguir buscando a su hija y demandando justicia para su hijo encarcelado. Y rogando fuerzas para no derrumbarse. Esta tarde lo hizo con una misa desde la Misión franciscana de Nuestra Señora de Guadalupe, una joya arquitectónica del siglo XVII, situada en la zona centro: donde desaparecen niñas y jovencitas, como su hija.

Antes de entrar a la misa, tomé esta foto a algunos familiares de desaparecidas que acompañaron a la mamá de Diana Rocío. De izda. a dcha. podéis ver a las mamás de Esmeralda Castillo Rincón, Griselda Murúa, Jessica Ivonne Padilla, el papá de Esmeralda y las mamás de Perla Ivonne Aguirre y Janeth Paola Betancourth.  Todas invirtieron una media de hora y media para llegar en el casi inexistente y pésimo transporte público. En la foto, faltan las mamás de Mónica Janeth Alanís Esparza,  Idalí Juache Laguna y Brenda Berenice Castillo García, que se incorporaron minutos más tarde. 


Eduardo Hayen Cuarón, sacerdote: "Las autoridades no han hecho todavía lo que les corresponde (en los casos de desaparición). Es alarmante lo que ha sucedido en Juárez durante los últimos años".  El sacerdote, bendiciéndolas.