miércoles, 15 de junio de 2016

Un cumpleaños marcado por la desaparición de dos jovencitas en el centro de Ciudad Juárez: Brianda Cecilia Martínez y Nancy Navarro Muñoz



Luz Elena con su hija desaparecida Nancy Navarro Muñoz en imágenes: en unos aretes de corcholata, una camiseta y una foto de su quinceañera en la casita donde vive en la colonia obrera Francisco I. Madero.  @Judithtorrea 
Se levantó entre los rojizos de un amanecer hermoso. La foto de su hija Nancy Navarro Muñoz surgía aún más linda de un altar que creó desde que la joven desapareció. Recordó cómo tan sólo hace unas horas, a las 12 de la noche, su esposo, tres de sus cuatro hijos y nietecita le cantaron las mañanitas, siguiendo la tradición mexicana. Y su Nancita, de nuevo no estaba: su cuarto cumpleaños deseando el mismo regalo, que aparezca como en las películas con final feliz nada más soplar las velas y pedir un deseo. Pero en este cumpleaños ni tuvo un pastel (no había con qué: era el día de descanso de su esposo, de su trabajo como mesero en un restaurante, en donde lo que gana cada día en propinas se convierte horas después en alimentos para su familia).

Pensó en cómo se sentiría hoy don Juan -que vive a unos veinte minutos caminando de su casita-. Porque la hija de éste, Brianda Cecilia Martínez Gutiérrez, que desapareció a los 16 años de edad un 15 de junio, cumple hoy cinco años de desaparecida.

Lo que cumple Lucy, la mamá de Nancy Navarro, son 42 años de edad. Y celebrar, que se diga celebrar, con una hija sin saber dónde o cómo está y pensando en otra que, sin conocerla con el tiempo ha pasado a ser parte de su vida es más que complicado. Hay días en Juaritos en que la celebración de haber nacido coincide con el que una niña haya desaparecido.

"Le digo a don Juan, mira qué triste el día de mi cumpleaños desapareció su hija. Somos una familia de dolor todas las mamás, porque todas estamos sufriendo lo mismo, lo que nos pasa con nuestras hijas, y desafortunadamente en estas circunstancias nos conocimos".

Lucy se siente de la patadota. Este fue "un día corriente. Para mí todo lo que sucedió desde la pérdida de mi hija es como si fuera ayer, conforme pasa el tiempo uno se va decayendo por dentro".

Pero sonríe, está de pie: por los que quedan y porque sabe que debe de estar fuerte para seguir buscando a la mayor de sus hijas, que desapareció a los 18 años de edad: http://juarezenlasombra.blogspot.com/2011/07/desaparecida-nancy-navarro-18-anos-sin.html. Porque sabe que a pesar de las adversidades de su vida hay momentos únicos y maravillosos que ella tiene la capacidad de descubrir, transformando cada palabra en la dulzura amorosa de quien ha aprendido a transformar la dureza en positividad.

Cocina unos tacos de papa: cuece las patatas y las machuca estilo puré. Antes, para almorzar, se consintió con unos chilaquiles verdes y rojos,                                                                                                                                             para así pensar que puede elegir de unos y de otros, porque "ni por ser el día de mi cumpleaños, me merezco una coca (cola)", comenta bromeando.

Desde que era una niña de 4 años de edad, Lucy ha vivido su cumpleaños en un segundo plano. Ese día, su hermanito José Guadalupe, de 5 años murió de cáncer de estómago. Desde hace 38 años, su madre toma cuatro rutas para ir al panteón con flores. Como en esta ocasión cuando Lucy la llama para invitarla a almorzar chilaquiles: "Yo ya voy para acá, para donde está tu hermano". Y le felicita, tímidamente.

Lucy sabe de Brianda Cecilia Martínez todo lo que el padre de esta adolescente le ha contado. Los pequeños detalles de su vida y también los más obvios: su desaparición un 15 de junio del 2011 cuando fue a su nuevo trabajo en el centro de la ciudad, un puesto de dulces regentado por Manuel Vital Anguiano. Éste cumple en la actualidad condena por participar en una red de desaparición y feminicidio de 11 jovencitas encontradas en huesos en el Arroyo del Navajo, en el Valle de Juárez. Las autoridades no han investigado quiénes están detrás de esta red que operaba sin problemas en una zona custodiada por soldados y policías federales enviados durante llamada guerra contra el narcotráfico.

La casita donde vive don Juan es un cuarto grande alargado distribuido en tres zonas (la cocina, su cama y la de su hija Leslie con sus dos niños y esposo) en el que se siente la ausencia de una Brianda Cecilia alegre y bella. Hoy, este obrero serio y de pocas palabras, prefiere la soledad del silencio: la que golpea su vida esperando que se encuentre a su hija viva.


Pegados a la televisión, Juan Manuel Martínez, 47 años, con su hija Lesliie y los hijos de ésta, intentan buscar pistas que le lleven a encontrar a  Brianda Cecilia Martínez en la casita en la que viven de la colonia Periodista. @JudithTorrea

Brianda Cecilia Martínez Gutiérrez tenía 16 años cuando desapareció hace cinco años. Foto de foto @Judithtorrea
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martes, 7 de junio de 2016

"Cuando Jazmín venga" : ¿por qué la mamá de Patricia Jazmín Ibarra Apodaca lleva cinco años sin saber dónde o cómo está su hija?




Cuando tomé esta foto, Rosa María sólo quería mostrar lo que no tiene desde hace cinco años: a su hija mayor, Patricia Jazmín Ibarra Apodaca: desaparecida a los 18 años en Ciudad Juárez un 7 de junio del 2011, en plena vigilancia con retenes de las fuerzas de seguridad enviadas para la llamada guerra contra el narco. @JudithTorrea 

Entre la regadera y sus lágrimas: escondida en uno de los dos cuartos de su hogar. La noche llega en la casita de Rosa María Apodaca. Llora con furia; mira la hora, el día, los mensajes en su celular. Sin noticias.
Los rayos del sol ya no se incrustan sobre su casita de bloque en la colonia Senderos de San Isidro. Aquí casi todas las calles y terrenos baldíos tienen una historia de una persona que fue asesinada, bajo el imperio de la impunidad. Es el silencio de lo que se convierte en cotidiano.
Las autoridades y empresarios de Ciudad Juárez le llaman "reconstrucción", "recuperación". Es su discurso oficial: despojado de la realidad profunda, que poco a poco va calando en la opinión pública hasta que les toca de cerca un nuevo asesinato, una masacre o una desaparición. Y se preguntan si algo de verdad ha cambiado desde antes de la llamada guerra contra el narcotráfico, además de que ahora en el paisaje no hay una avalancha de retenes del Ejército y la Policía Federal que con su llegada -para oficialmente combatir el narcotráfico y la violencia-  consiguieron lo contrario: que se dispararan los asesinatos, las extorsiones, las desapariciones y los secuestros. Si en el año 2007- antes de que comenzar la llamada guerra contra el narco hubo 317 personas asesinadas-, al año siguiente subió a 1.623; en el 2009, 2.754; en el 2010, 3.111; en el 2011, 1.997; en el 2012, 749.

De la ciudad más peligrosa del mundo a la ciudad dolor: bajo la pobreza de los que trabajan como operadores en fábricas maquiladoras con el temor de que sus hijos adolescentes -abandonados de programas educativos gratuitos, de oportunidades de ocio constructivas, de transporte público, de calles pavimentadas o agua corriente- se conviertan en adictos a las drogas y encuentren en un Cártel la única salida para seguir sobreviviendo.

Los que quedaron vivos a sus muertitos se resisten a morir, con la esperanza golpeada, preguntándose para qué. Para qué sirvió en Ciudad Juárez que murieran más de 11 mil personas en la llamada guerra contra el narcotráfico del ahora ex presidente Felipe Calderón (PAN). Si todo está peor de cuándo comenzó. En el mayor paso de  drogas -que van viajando desde del sur, desde Colombia, para poder cruzar hacia EE.UU- que "resurge" a ritmo de negocios, muchos de lavado de dinero del narcotráfico.  En un paisaje de cruces negras bajo un fondo rosa que intentan recordar espontáneamente que aquí siguen desapareciendo y matando a niñas y jovencitas como desde hace veintiún años, hasta que las borran: del mapa, de la pintura, del recuerdo. Aquí no existen y es más, las autoridades pregonan que son las más chingonas de México encontrándolas (en trocitos, en huesitos). Los que han estado encerrados en una ciudad donde el peligro era estar vivo y tienen con qué, salen (entre menos asesinados) a restaurantes, bares y centros comerciales cansados de vivir en una ciudad en guerra durante cinco años.

Cuando la luz nítida del sol pasa a convertirse en una caricia para los sentidos, llegan los colores: los ocres que se funden sobre los naranjas, en un firmamento de posibles. Unos minutos de hermosura. Y Rosa María, madre de cinco, respira. Hay que seguir.

Él juega entre fotos de una hermana de la que nunca ha podido disfrutar ni de un abrazote. Está desaparecida, Patricia Jazmín Ibarra Apodaca:
Un 7 de junio como hoy, pero de hace cinco años. Sale a las 9 de la mañana a su nuevo trabajo en el centro de la ciudad. Todavía no ha regresado.
En ese mismo mes, Rosa María se embaraza. Piensa que Dios le ha enviado un ángel de la guarda. Y llama Ángel al menor de sus cinco hijos y único varón, de ahora 4 años de edad.

Hoy se derrumbó. Los recuerdos, con los porqués, le apagaron su sonrisa de dolor.
"Me dio como una crisis, me encierro en mi habitación, no quiero que me vean los niños", me dice la mamá de Patricia Jazmín Ibarra.

Se aferra a los detalles. Y a una pequeña Biblia que la mayor de sus hijos cargaba en su bolsa cuando desapareció. A los 16 años de edad, la joven se convirtió al cristianismo. Fue bautizada en una comunidad de la colonia Galeana donde había comenzado a vivir con su abuelita materna.  Tres días antes de desaparecer, decidió que leería también la Biblia en el puesto de telefonía móvil Telcel en el que había comenzado a trabajar.  Sería una buena manera para no aburrirse mientras esperaba la llegada de clientes.

En la calle Oro y la 16 de septiembre, donde consiguió el trabajo - una zona donde desde hace veintiún años van desapareciendo niñas y jovencitas- las cámaras de vigilancia parecen grabar aunque no graben nada crucial. Los policías municipales la recorren como si estuvieran de paseo, simulando que hacen su chamba. Es el punto principal de conexión irremediable para las personas con menos recursos que usan las viejas rutas de transporte público: camiones que hace más de cuarenta años se retiraron del transporte público estadounidense, que circulan sin regulación ni horarios fijos.
Escaparse de esta zona, si uno es pobre, es difícil. Las tiendecitas de baja calidad en sus productos conviven con prostíbulos baratos, bares y el narcomenudeo. Desde esta zona del centro, en donde se encuentra la Catedral y la Misión de Guadalupe, los que tienen una mica u otro tipo de documentos migratorios estadounidenses pueden cruzar por el puente fronterizo de Santa Fe hacia El Paso, Texas.

El que fuera su novio y ahora padre de un niño con otra pareja, llamó a Patricia Jazmín Ibarra Apodaca a eso de las 11 de la mañana. Jairo, también cristiano, se había enojado la víspera con ella y decidió no llevarla a su trabajo. Al parecer, ella le comentó que el señor del local en el que trabajaba no había abierto el puesto. Así que iba a reunirse con otra persona para otra entrevista de trabajo. Poco después, su teléfono sonaba apagado.

Su madre se sentía inquieta. La llamó también, sin suerte. Hacia las 10 de la noche, el novio de Patricia Jazmín se acercó a la casita de Rosa María. Le comentó lo que más temía: que no había regresado con su abuela. Comenzó a buscarla por los hospitales, por calles cortadas por retenes policiacos o asesinatos.  Ninguno de ellos había visto nada. ¿Cómo era posible que su hija hubiera desaparecido con tanta vigilancia?, se preguntaba. A las 2 de la mañana llegó a la Fiscalía para interponer una demanda.

Esperó a que los rayos del sol salieran. Tomó la rutera y fue a la casa de la abuela. Avisó a su esposo, guardia de seguridad en una maquila, que se encargara de los niños. Llamó a una sobrina para que ésta también estuviera pendiente. Rosa María estaba dispuesta a encontrar a su hija ese mismo día. Pidió permiso en la maquila donde trabajaba como operadora y comenzó la búsqueda. Se acordó de que un mes antes "se le estuvo acercando un veracruzano para que trabajara de modelo. Una de sus amigas me dijo que él se quiso propasar con ella". En ese entonces trabajaba en el Instituto Vértice, en la colonia de las Haciendas de las Torres, inscribiendo a los estudiantes a la escuela. "No quisieron enseñarnos nunca las cámaras de seguridad del (supermercado cercano) Soriana y la escuela "

De las autoridades "nada en estos cinco años, voy y me salen con lo mismo. Me desespero de ver que pasan los años y sigue uno igual,  a escuchar de lo que ellos dicen y a esperar. Ya uno qué más puede hacer", afirma.

Es una búsqueda con sus días, sus noches y años. Con sus ausencias en cada uno de los momentos de celebración de la familia y en las despedidas. Como la de Ofelia Granados, abuelita de la desaparecida. Las últimas palabras que alcanzó a decir antes de fallecer el pasado año por un infarto fueron "Jazmín, Jazmín".
Desde "que se perdió" sus frases comenzaban siempre con un "cuando Jazmín venga".

Hay esperanzas en Juaritos que se marchitan con los años. Con el desgaste de permanecer invisibles en un discurso político que maquilla y minimiza los problemas de fondo: como las desapariciones y feminicidios desde hace veintiún años o las consecuencias brutales de la llamada guerra contra el narcotráfico (tan sanguinaria como ineficaz) que las autoridades pretenden que se olviden con campañas mediáticas para lavar la imagen de la ciudad -como lo han conseguido con las desapariciones y los feminicidios- para así seguir dominando una realidad en la que impera la desigualdad socioeconómica y el poder, de los que tienen y aplastan a los más pobres en un México inmensamente rico.
El rostro de Rosa María Apodaca se derrumba en unas manos curtidas por el trabajo en una maquila por 800 pesos a la semana (unos 43 dólares), el frío en su casita sin calentón, el calor del desierto sin aire y la agonía.

"Cuando nació Jazmín le dije a Dios que me diera otra oportunidad, y sí me la dio. Batallé mucho con ella, estuvo dos semanas en el seguro. Nació prematura, de 8 meses, muy chiquita, como de dos kilos. Y ahora me la roban...", recuerda.

Cinco años buscándola: sin noticias.

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martes, 8 de marzo de 2016

Otro 8 de marzo buscándolas o cómo en este Día Internacional de la Mujer se cumplen 5 años desde que Gabriela Espinoza Ibarra desapareció

Algunas mamás de niñas y jovencitas desaparecidas en Ciudad Juárez conmemoran el Día Internacional de la Mujer con una protesta en la Fiscalía, bajo el símbolo del gobierno estatal del PRI, "Chihuahua Vive", una campaña gubernamental en respuesta a la realidad de desapariciones y asesinatos bajo el imperio de la impunidad. @JudithTorrea

La temperatura bajó y el azulote del cielo dejó paso a nubarrones: en uno de los pocos días del año en el que los rayos de sol no sorprenden con toda su fuerza, como ocurre incluso en el frío invierno del desierto juarense.

En esta ciudad donde por veintiún años siguen desapareciendo niñas y jovencitas, donde las madres lloran a sus hijos asesinados en la llamada guerra contra el narcotráfico y otras muchas se han convertido en esperanza obligada para los 14 mil niños huérfanos de la guerra, la celebración del Día Internacional de la Mujer parece mostrar los matices de los grises: hasta en el firmamento.

Dos chavas bailan. Contornean su vestido blanco como un abanico que destella esperanza. Lo hacen al son jarocho -baile típico del estado mexicano de Veracruz-, entre las lágrimas y las sonrisas de unas mamás de desaparecidas que se han congregado en la puerta de la Fiscalía Especializada en Atención de Mujeres Víctimas de Delito por Razones de Género.

Intentan recordarles a las autoridades que las desapariciones y los feminicidios no son "una leyenda negra que aprovecharon empresarios y promotores extranjeros para echar tierra a este municipio, con el propósito de evitar que las fábricas se instalaran en una urbe que competía favorablemente con países enteros", como afirmó Enrique Serrano, el que fuera alcalde de Ciudad Juárez hasta diciembre cuando pidió una licencia para buscar la candidatura por el PRI a la gobernatura del estado de Chihuahua.


Ninguna autoridad de la Fiscalía salió para conversar con las mamás, sólo un joven de la Fiscalía que, sin presentarse y enfundado en un traje, comenzó a fotografiar a todos los presentes. @JudithTorrea

Algunas mamás, como Juanita Ibarra,  de 46 años, ven en a esas dos jovencitas danzando el rostro de sus hijas desaparecidas. Hoy Juanita descansa de su nueva chamba en una fábrica maquiladora: ensambla arneses para carros, desde las tres y media de la tarde hasta las doce y media de la noche. Por 500 pesos (unos 30 dólares) a la semana. Regresa a la madrugada a su casita, en una rutera para después caminar -por calles sin pavimentar y carentes de alumbrado público- buscando la luz de la luna y las estrellas.

Cuando su hijo mayor tenía 9 años de edad, Juanita aprendió a leer y escribir. Tenía 27 años. Después, esta madre de cinco, se graduó de la prepa con una puntuación de 9.8, de un máximo de 10.
 "Sentí mucha emoción, nadie te hace tonta. Hasta entonces, no sabía qué decía ahí o en la tienda, no más preguntaba".
Ahora, con diecinueve años más, emplea sus conocimientos para buscar a su hija Gabriela Espinoza Ibarra, que desapareció un 8 de marzo de hace cinco años: http://juarezenlasombra.blogspot.mx/2013/03/huyo-de-la-violencia-de-juarez-y-su.html

En el ranchito de Santa Rosa, en el estado de Coahuila, cercano a la población de San Pedro, Juanita aprendió desde niña a quitar el algodón de la mata.

"Vengo del campo, de sufrir, descalza, sin comer, sin estudios", dice.

A los 17 años emigró a Ciudad Juárez para trabajar en una fábrica maquiladora. Aquí conoció también a un amor que le golpeaba desde su primer embarazo, a los 18 años, y del que enviudó cuando su ahora hija Gabriela Espinoza, desaparecida, tenía 2 años de edad. La misma realidad de violencia doméstica comenzó a padecerla su hija desde su primer embarazo a los 15 años de edad y viviendo en la casa de la madre de su compañero maltratador.

Gabriela tenía 19 años cuando desapareció hace cinco. De pronto, su niño Luis Leonardo, de 2 años y Karen Gabriela, de 3, aunaron a su incipiente vocabulario palabras que un niño nunca debe de conocer entre los lloros por su ausencia. Esta madre soltera vivía con unos tíos tras haber huido de la casa familiar del padre de los niños, el policía de tránsito Omar Flores Téllez.

El 7 de marzo, la joven madre fue a buscar a trabajo en la zona centro y lo consiguió en la tienda Vesticentro. Al día siguiente, salió a comer a las 2 de la tarde y ya no se supo más de ella. Las últimas llamadas que recibió Gabriela en su celular fueron las de su ex compañero, según pruebas en posesión de la Fiscalía. Le marcaba y le iba guiando hacia dónde dirigirse, en qué ruta. Sin embargo, estas pistas no sólo no se han tenido en consideración en la investigación para dar con el paradero de Gabriela, sino que al policía y ex pareja maltratadora de la desaparecida se le premió con la custodia de los niños. Juanita lucha por recuperar a sus nietos, a los que la ex pareja de su hija le niega todo contacto.

"La justicia no sirve para nada, qué le hicieron a Marisela Escobedo, qué justicia tenemos allá dentro", dice Juanita recodando el caso de Marisela, que acabó asesinada igual que su hija Rubí, calcinada por su pareja Sergio Barraza Bocanegra, que fue exonerado del crimen y puesto en libertad: http://juarezenlasombra.blogspot.mx/2010/12/si-protestas-te-matan-marisela-escobedo_17.html

"Estaban separados y tenía como una obsesión por ella, que no era de nadie más. Insultó mucho a mi hija, me la golpeaba. La trataba muy feo, la humillaba y cuando ella daba el pecho a sus hijos, se ofendía", recuerda la madre de Gabriela Espinoza.




Juanita Ibarra pega pesquisas de su hija desaparecida en la puerta de la Fiscalía que se encarga de buscarlas. Actualmente, hay más 112 niñas y muchachitas desaparecidas en Ciudad Juárez, algunas desde más de dieciocho años hasta otras mucho más recientes. @JudithTorrea

 Esta mañana su hijo de 13 años se enfermó y tuvo que ir a por él a la escuela. Después, recogió a su chiquito de 8 años. Intenta centrarse en otras cosas, hasta que le azota la tortura de la espera.

"Sientes una soledad, un hueco vacío, por qué me la quitaron si nada les hice. No más pido a Dios que me la devuelva. Cuando estoy sola lloro, que no me miren mis hijos. Los primeros años no quería vivir, yo me sentía que yo tenía la culpa, porque aquí la dejé (cuando no pudo convencerla que abandonar Ciudad Juárez por la violencia, junto a sus padres y hermanos)".

Desde hace un mes, sonríe un poquito más en su rostro siempre serio. Su hijo le ha dado un nieto, que se llama: Iker (por Casillas, el portero español del que su padre es un gran seguidor) y Gabriel (por su tía desaparecida).

"Se me hizo bonito el nombre, Iker Gabriel, para un bebé inocente como mi hija".


jueves, 25 de febrero de 2016

La sonrisa de Lisania, una cubana recién llegada a Ciudad Juárez para cruzar legalmente a EE.UU

Lisania Maday Miranda Prieto, desciende del autobús que le recibió en el aeropuerto -cortesía de las autoridades mexicanas- para  llegar al puente fronterizo de Santa Fe por el que caminará a El Paso, EE.UU, país que le garantiza por ser cubana su permanencia legal y beneficios hasta que obtenga el premiso de trabajo y la residencia. @JudithTorrea

Acaricia con ternura su tripita. Está embarazada de ocho meses y medio. Su primer hijo, nacerá en Estados Unidos. Lisania Maday Miranda Prieto es cubana. Y se prepara, con una sonrisa, para cruzar hacia el otro lado de la frontera.
Hasta el mes de noviembre -cuando salió de su tierra- era mesera en una cafetería de La Habana. Apenitas hace dos horas que arribó en un avión especial a Ciudad Juárez. Con otros 144 cubanos (30 mujeres, 5 menores, 109 hombres). De Panamá.

En frente de ella, está el puente de Santa Fe por el que caminará hacia El Paso, Texas con sus compañeros de sueños, que conoció mientras esperaba en Centroamérica un acuerdo entre Panamá y México para poder llegar a Estados Unidos, y que finalmente se puso en marcha el 23 de febrero para todos los cubanos que se habían quedado varados en aquel país. Estos cubanos en tránsito hacia EE.UU estaban esperando salir desde que el 15 de noviembre Nicaragua -país aliado de Cuba- cerrara las fronteras.

Su esposo sólo puedo llegar hasta Costa Rica, como otros 7. 801 cubanos que viajaban desde Ecuador por vía terrestre y que también se quedaron varados.
La inmigración de cubanos se ha intensificado tras el restablecimiento de las relaciones entre EE.UU y Cuba, por el temor que tienen a que se suprima la Ley de Ajuste Cubano -que desde 1961 otorga la residencia estadounidense a los cubanos que la solicitan al llegar a EE.UU-.

Los tres meses de espera incierta en Panamá ya son historia en la vida de Lisania. Y sólo piensa en situaciones hermosas que le esperan, aunque nadie le espera en Estados Unidos. Dice que quiere ir a Miami, aunque tampoco tiene familia.

Los agentes de migración mexicana reciben a los cubanos abriéndoles un paso especial. Todos tienen un permiso de visitante por razones humanitarias que les han entregado las autoridades migratorias en Ciudad Juárez. Ninguno de los recién llegados pagan los habituales 4 pesos mexicanos para cruzarlo.


En unos diez minutos, la cubana Lisania Maday Miranda Prieto cruzó el Puente de Santa Fe, en Ciudad Juárez, México, y pisó por primera vez tierra estadounidense, en El Paso, Texas, tras tres meses varada en Panamá. @JudithTorrea


Lisania, de 26 años, va subiendo el puente fronterizo a paso ligero. Por debajo, está el Río Bravo, llamado Grande en Estados Unidos. Es el río fuertemente vigilado en esta zona de la frontera, que muchos intentan cruzar corriendo o a nado, pero que pocos alcanzan su destino -porque son deportados en el intento o mueren- para convertirse en inmigrantes indocumentados en EE.UU.

Atrás va dejando las casitas semidestruidas del centro de Ciudad Juárez para comenzar a ver rascacielos y edificios cuidados de El Paso. Las filas para los que cruzan en vehículos son largas, pero apenitas hay mucha gente que lo hace caminando. Unas cuarenta personas esperan poder mostrar a los agentes sus documentos migratorios estadounidenses para poder pasar la frontera a comprar, estudiar, trabajar, viajar, entre otras actividades.

Al finalizar el puente, la agente de migración que acompaña a los cubanos les acomoda en una fila especialmente habilitada por las autoridades estadounidenses para los cubanos recién llegados. Éstos cruzan a Estados Unidos con los documentos que les entregan para regularizar su situación migratoria.

Lisania apenitas alcanza a despedirse con una sonrisota y me comenta que el niño que espera en unos días se llamará Mateo.

La cubana Lisania Maday Miranda Prieto (con bolso) entrando a las instalaciones de las autoridades migratorias estadounidenses que se encuentran al bajar el puente.  En unos minutos más, podrá entrar legalmente a EE.UU. @JudithTorrea 

miércoles, 17 de febrero de 2016

"Al Papa le faltaron agallas, ganas o no lo dejaron en Juárez"; o cómo Francisco dejó en último plano en Juárez las desapariciones y feminicidios, la tragedia que el gobierno de México intenta ocultar


El Papa Francisco denunció los temas claves de un México herido como nunca se ha atrevido ningún Papa y  menos un jefe de estado como él lo es del Vaticano. Ofreció soluciones para reconstruir un país con esperanza pero azotado por la desigualdad social, la opresión contra los pobres e indígenas, la corrupción, la explotación laboral, el narcotráfico y la violencia. Pero en una Juárez que sufre las desapariciones de niñas y feminicidios por más de veintiún años, esta tragedia la nombró en una sola frase y una palabra. Así vivieron su visita los que esperan una noticia para encontrarlas vivas y justicia:  


Estas fotos de las mamás de las desaparecidas las tomaron ellas.  El celular no funcionaba en el recinto acondicionado para la misa del Papa Francisco, así que no pude localizarlas. Les pedí permiso para publicar sus fotos en esta entrada de mi blog. Gracias!/@CortesíaMamás

Anita Cuéllar sabe lo que es la espera. Cuando comenzó hace cuatro años a recorrer las iglesias de Ciudad Juárez para rogar que en las peticiones de las misas se nombraran a las desaparecidas (como es habitual con enfermos o personas fallecidas, entre otros) empezó a cuestionar su iglesia católica, de cuya religión es ferviente devota.

Lo más desesperanzador fue escuchar a algunos sacerdotes cómo en plena eucaristía ordenaban a las mamás de desaparecidas que retiraran las mantas que colgaban de sus cuerpos con el rostro de sus hijas o las culpabilizaban de la desaparición de sus hijas, siguiendo el discurso de las autoridades.

En la Catedral de Ciudad Juárez, en las misas oficiadas por el vicario, el padre Fernando Valle protagonizó desde el altar algunas de estas situaciones, que pude observar. Las madres lloraban por su reacción pública tras haber acudido a rezar para encontrar a sus hijas con lo poco que les queda de ellas: sus fotos.

"Hay padres que ya han perdido la fe, porque la misma iglesia nos ha volteado la espalda", asegura.

Las estadísticas acompañan el pensamiento de esta mamá. Si hace diez años el 82 por ciento de la población de Juárez era católica, ahora lo es un 69 por ciento, según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEGI). En esta ciudad de poco más de un millón 300 mil habitantes se profesan 170 doctrinas, donde van ganando terreno los evangélicos, que han sido más activos a la hora de ayudar a personas más vulnerables.

Anita tiene 49 años y cinco hijos. La mujer de voz dulce que vende productos de belleza por catálogo para poder poner pesquisas de su hija por toda Juárez, lleva 4 años esperando saber dónde está su hija, qué pasó con su pequeña.

Jessica Ivonne Padilla Cuéllar desapareció a los 16 años de edad, cuando fue a buscar trabajo a la zona centro.

Es una mujer de profunda fe y esperanza. Desde el 12 de diciembre, cuando el Papa Francisco confirmó públicamente que viajaría a Ciudad Juárez, ha intentado con varias mamás ver cómo lograban reunirse o, al menos, acercarse a él. Lo necesitaba su fe para no derrumbarse y su lucha, para que las autoridades le entregaran a su hija viva y no en un pedacito de huesos, como les ha ocurrido a todas las mamás de desaparecidas en Juárez en los últimos veintiún años de desapariciones de niñas y jovencitas.

Esperó con mucha alegría a que llegara el día de hoy, miércoles 17 de febrero. Salió de su casita temprano. Anita estaba enferma de su estómago y un poquito débil de salud, pero feliz.
Caminó por las calles de arena de desierto de su colonia, la azotada López Mateos, para poder tomar una rutera vieja (el transporte público pésimo y limitado) que le dejara lo más cerquita posible de El Punto: un terreno nombrado con este apelativo para la ocasión, que colinda con el río y la malla fronteriza que separa México de Estados Unidos donde se construyó un altar para celebrar la misa oficiada por el Papa Francisco.


Miles hicieron filas esperando durante horas poder entrar al recinto donde se encontraba el altar. Más de 5 mil soldados y federales se desplazaron hasta Juaritos durante los días previos a la visita del Papa./ @JudithTorrea


Al intentar pasar el acceso de seguridad hacia el terreno, un agente le advirtió que no podía hacerlo con la camiseta que portaba, que la misa no era una manifestación. La camiseta tiene el rostro de su hija desaparecida.

"Para mí, sí es una manifestación", les imploró. "Les prometo que no voy a hacer escándalo. Estoy aquí porque tengo a mi hija desaparecida, porque soy católica y necesito la bendición del Papa".

Y la dejaron pasar.

A través de un sacerdote, consiguió una treintena de los codiciados boletos para que algunas de las mamás de las 89 niñas que están reportadas actualmente como desaparecidas, pudieran asistir a la misa. En la zona roja C3, sentada con varias mamás de desaparecidas, en una de las últimas de las 21 mil sillas de las más de 200.000 personas que habían sido invitadas.



Aquí podéis ver cómo el Papa Francisco, acompañado por el Obispo, ofrece en la cruz sus rezos silenciosos por los inmigrantes que mueren huyendo de la pobreza y la violencia. La vigilancia fue máxima, al fondo la plataforma que se levantó en EE.UU por seguridad./@JudithTorrea
El Papa Francisco caminó por un sencillo montículo coronado con una cruz levantado en apenitas una semana para ofrecer un ramo de flores blancas y rezar pidiendo un minuto de silencio por todos inmigrantes que mueren intentado cruzar hacia Estados Unidos. Lo hizo antes de comenzar una misa binacional, que sería seguida por más de 30 mil fieles del otro lado de la frontera desde el estadio de fútbol americano Sun Bowl, en El Paso, Texas.

Saludó a la multitud congregada al otro lado del Río Bravo, llamado Grande en Estados Unidos, bajo la mirada vigilante de los agentes de la patrulla fronteriza. Por ser el cruce más vigilado de la frontera es el de menor flujo para la inmigración sin papeles pero es, a la vez, el principal cruce de las drogas que viajan desde Colombia y otras zonas de Latinoamérica para que lleguen a los consumidores de Estados Unidos.

El primer gesto de Papa había comenzado, gestos sencillos y poderosos, mirando hacia un país que está en pleno debate para elegir a los candidatos que optarán a las elecciones presidenciales -en donde destacan extremistas en temas de inmigración como los republicanos Donald Trump y Ted Cruz- y que cada día deporta a inmigrantes indocumentados hacia México, centenares de ellos los deja varados en Ciudad Juárez.

 Su último acto en México, tras su gira de seis días por varias ciudades del país cuestionó fuertemente al poder político y al clero (aunque obvió directamente un tema al que en el pasado se había referido con contundencia y rechazo: la pederastia y los abusos sexuales que cometió el fundador de los Legionarios de Cristo, el padre mexicano Marcial Maciel, entre otros sacerdotes).


Francisco denunció los temas claves de un México herido como nunca se ha atrevido ningún Papa y  menos un jefe de estado como él lo es del Vaticano. Ofreció soluciones para reconstruir un país con esperanza pero azotado por la desigualdad social, la opresión contra los pobres e indígenas, la corrupción, el narcotráfico y la violencia.

Nunca había estado en una prisión como ésta. Sin duda, con condiciones más duras que las de los reos en la cárcel de mayor seguridad del corredor de la muerte de Hunstville, Texas, en donde he entrevistado durante varios años a diversos reos./@JudithTorrea

Estrechó su mano a reos de la prisión del Cereso estatal número 3, donde sigue controlado por el crimen organizado. En él están encarceladas personas pobres que canalizaron la falta de oportunidades en adicción a las drogas y violencia. Muchas de ellas son inocentes convertidos en culpables. Yo no pude asistir a este evento, sólo pude acceder a la misa, pero aquí os muestro la foto que tomé en el área de máxima seguridad meses después de producirse un motín donde murieron veinte prisioneros en una reyerta  para que os hagáis una idea del espacio que no se vio en la visita del Papa:  http://juarezenlasombra.blogspot.mx/2009/11/tranquilidad-tras-20-prisioneros.html

El Papa les pidió a los reos que "hablen con los suyos, cuenten su experiencia, ayuden a frenar el círculo de la violencia y la exclusión" mientras cuestionó el sistema de encarcelamiento alejado de la rehabilitación.


Sostuvo un encuentro con empresarios, gerentes de las fábricas maquiladoras y políticos donde los sacudió con mensajes como:

"¿Qué quiere dejar México a sus hijos? ¿quiere dejarles una memoria de explotación, de salarios insuficientes, de acoso laboral o de tráfico de trabajo esclavo?".

"Esta pobreza y marginación es el mejor caldo de cultivo para que caigan en el círculo del narcotráfico y de la violencia. No se puede dejar solo y abandonado el presente y el futuro de México".

"Todos tenemos que luchar para que el trabajo sea una instancia de humanización y de futuro, que sea un espacio para construir sociedad y ciudadanía.... que va a transformar en una cultura capaz de promover espacios dignos para todos".



Recorrió las avenidas principales de Juaritos que, durante la llamada guerra contra el narco del ex presidente Calderón, fueron escenario de asesinatos impunes (más de 11 mil en cinco años que dejaron a más 14 mil niños huérfanos) y que fueron acondicionadas con pintura y brea para cubrir los enormes baches antes de su llegada: en una ciudad donde el 40 por ciento de las calles son caminos de terracería y arena del desierto.


@JudithTorrea


Cuando Francisco llegó al punto donde celebraría la misa poco después de las 4 de la tarde, lo llevaron muy rapidito en su vehículo sin que hubiera oportunidad para estrechar su mano con los fieles. Estos lo habían esperado durante varias horas con sed (se prohibió hasta la entrada de botellines de agua) y bajo ese sol de desierto que quema. Tampoco pasó por el pasillo más cercano al área que fue asignada para varias mamás de niñas desaparecidas, en la última zona con sillas, la roja C3.



@JudithTorrea


La primera zona fue ocupada por autoridades,  constructores y empresarios con sus familias. Delante de ellos,  se improvisó una hilera con niños enfermos y con capacidades diferentes, algunos de ellos escogidos al azar entre los que esperaban bajo el sol del desierto donde se batió el récord de calor, 29 grados centígrados, en pleno invierno.



El Papa Francisco, al fondo, en el altar oficiando la misa junto a más de 300 sacerdotes./@JudithTorrea
En la homilía comparó a Juárez con Nínive, la capital de Asiria (cercana a la actual Mosul, en Irak), el reino más poderoso del mundo en el año VIII antes de Cristo. "Una ciudad que se estaba autodestruyendo fruto de la opresión, de la violencia y de la injusticia", y a la que el profeta Jonás fue enviado para alertar de lo que pudiera ocurrir y se salvaron.

Como él, el Papa llegó a una ciudad dolor que fue considerada la más peligrosa del mundo. Donde no se han solucionado las causas que la provocaron. Continúan los asesinatos, aunque en menor medida, y las desapariciones. Sufre todas las consecuencias de la llamada guerra contra el narco en un clima de impunidad, que dejó más de 11 mil personas asesinadas en cinco años y más de 14 mil niños huérfanos; realidades que las autoridades olvidan en su propósito de cambiar la imagen de la ciudad antes que su realidad:http://juarezenlasombra.blogspot.mx/2016/02/borran-cruces-simbolo-del-feminicidio-o.html

Francisco señaló que la injusticia se radicaliza entre los más jóvenes, que se convierten en carne de cañón perseguida cuando tratan de salir de la espiral de violencia.

 El tema central de su homilía fue la inmigración, como problema global.

"No podemos negar la crisis humanitaria que en los últimos años ha significado la migración de miles de personas".

"Esta crisis que puede medirse en cifras, nosotros queremos medirla por nombres, por historias, por familias".
"Son la pobreza y la violencia -del narcotráfico del crimen organizado- las que expulsan a hombres y a mujeres".
"Los vacíos legales tienen una red que atrapa y destruye siempre a los más pobres".

"Esclavizados, secuestrados, extorsionados, muchos hermanos nuestros son fruto del negocio del tráfico humano".  "!Y qué decir de tantas mujeres a quienes les han arrebatado el don de la vida".

En una ciudad que sufre las desapariciones de niñas pobres y feminicidios desde hace veintiún años, éste fue el único momento a las que se refirió a esta tragedia, junto con otro en el que nombró la palabra "desaparecidos": una realidad que los tres niveles de gobierno ha querido ocultar durante décadas pero que revivió al cuestionarse internacionalmente a las autoridades mexicanas por la desaparición de 43 estudiantes en Ayotzinapa (Guerrero), que forman parte de la cifra oficial de 27 mil 659 desaparecidos desde el 2007 hasta diciembre del 2015, según datos oficiales. Las cifras de diversas organizaciones quintuplican esta cifra.

Fieles participando en la misa del Papa Francisco en Juárez. Al fondo, la montaña de El Paso, Texas./@JudithTorrea
Anita Cuéllar "esperaba mucho más, la verdad". Al menos, unas frases más.

"En lo espiritual me deja satisfecha sólo el hecho de haber estado ahí. Me tocó comulgar. Se esperaba que les diera un buen jalón de orejas al gobierno para que ponga fin a lo que ha pasado", afirma la mamá de Jessica Ivonne Padilla Cuéllar, desaparecida a los 16 años.

"A mi la fe no la fortaleció mucho mi Papa. Me quedo con lo que yo soy, pero sí hay algunas personas que no tienen esa fe tan arraigada, salieron diciendo que no sirve de mucho esta visita. Todo el mundo (las víctimas) esperaba que fuera más contundente con la realidad de desapariciones, asesinatos y feminicidios que estamos viviendo en Juárez. Al Papa le faltaron agallas, ganas o no lo dejaron en Juárez", recalca.

Anita sintió que el Papa "estuvo controlado por el político, donde ni siquiera el Papa, que es la máxima autoridad espiritual sobre la tierra, pudo Ciudad Juárez respetar. Fue prácticamente un fraude. Porque lo manipuló una vez más el gobierno, donde les quitó este espacio a personas víctimas de violencia".


Silvia, mamá de Fabiola Janeth Valenzuela Banda desde el espacio que le asignaron para seguir la misa./@CortesíaMamás

Silvia es la mamá de Fabiola Janeth Valenzuela Banda, desaparecida a los 18 años de edad un 23 de agosto de 2010. Tiene 42 años y es madre de cinco hijos. Las autoridades le entregaron hace cuatro años unos huesos que nunca vio. Pide una exhumación porque siente que lo que enterró no es su hija y madre de su nieto (como les ha sucedido a otras mamás de desaparecidas, que recibieron huesos pensando que eran los de su hija, pero no era).

"A veces pienso que estoy pecando, diciendo lo que siento,  que no fue como en Morelia o en Chiapas. En Juárez pasó bien recio, hubo pasillos donde él pudo saludarnos, darnos la mano y no lo hizo. Las palabras fueron muy bonitas escucharlas y en sí no nos dijo una palabra de aliento para nosotras. Habló y pluralizó todo, y tal vez yo sentí mal, que nos iba a dar un mensaje una bendición para darnos más aliento y seguir esperando".

"Si el Papa se prestó, entonces ¿a quién recurrimos, si no es a él a quién siempre le pedimos, le rezamos? ¿Por qué con los presos (además de los políticos) sí tuvo tiempo de saludarlos? Algo pasó en Juárez, tal vez algo le hayan dicho. Quizá estaba esperando a que nosotras nos levantáramos e hiciéramos algo, y por respeto no quisimos".

Varias mamás, al menos cinco, tuvieron menos suerte que ellas, como miles de personas que se quedaron sin poder acceder a pesar de poseer los boletos que se habían distribuido gratuitamente por las iglesias. Y ni tan siquiera pudieron entrar al recinto donde se celebraba la misa. A pesar de que acudieron para las 11 de la mañana al recinto, sus asientos estaban ocupados. En la zona roja C3, un agente señaló que el gobierno había duplicado los boletos, mientras al menos trescientas se quedaron sin acceder por aquel acceso.

"Vine con esperanza, no más esperando la bendición y pedirle fuerza. No puede ser que el gobierno no nos permita el acceso a nuestra fe", comenta Marta, mamá de la pequeña Esmeralda Castillo Rincón, desaparecida a los 14 años de edad, el 19 de mayo de 2009.

Estaba acompañada de su esposo José Luis, que el día anterior se manifestó silenciosamente delante del gobernador César Duarte, que participaba en un evento donde se presentaba un documental para mostrar la recuperación de Juárez ante la prensa, entre otras autoridades. El suceso no fue noticia en los diarios locales, a pesar de que estaban presentes. (http://juarezenlasombra.blogspot.mx/2016/02/la-guerra-en-juarez-por-el-papa.html).

"Aunque no pude entrar, me hubiera gustado que el Santo Padre hubiera saludado a alguna de las víctimas de la violencia", afirma el papá de Esmeralda Castillo.


Luz María Dávila, en el centro, esperando a que pasara el Papa junto a varias madres de estudiantes asesinados en la masacre de Villas de Salvárcar/@FotoJudithTorrea

Luz María Dávila perdió a José Luis Piña, de 16 años junto a Marcos, de 19 que trabaja con ella en la maquila y en las tardes estudiaba Relaciones Internacionales en la universidad. Son sus dos únicos hijos, enterrados en dos ataúdes: aesinados el 30 de enero de 2010 en la masacre de Villas de Salvárcar, donde murieron 15 personas, la mayoría estudiantes:  http://juarezenlasombra.blogspot.mx/2010/02/velatorio-de-dos-hermanos-dos-primos-16.html

La mujer que explotó su dolor ante al ahora ex presidente Felipe Calderón, reclamándole su guerra contra el narcotráfico y le pidió que se disculpara por llamar a sus hijos pandilleros, llegó a las 9 de la mañana al recinto donde se iba a celebrar la misa. Lo hizo en un vehículo de la Fiscalía junto con su esposo, y unos 30 familiares de la masacre.

Aunque les dieron boletos para la zona roja B2, bastante más adelante que las mamás de las desaparecidas, aún así para ellos era complicado divisar al Papa en la misa.  

 "Ahí donde estaban los políticos, íbamos a estar nosotros. Yo sé que enfrente estuvieron las esposas de los políticos y los hijos. Yo sentí que hicieron menos a uno, y el Papa vino a lo que vino y siento que no lo dejaron. Según esto el Papa no quería políticos enfrente".

"El Papa no habló de las víctimas. Siento muchos sentimientos encontrados. La homilía fue muy ligera. Le faltó mucho al Papa: acercarse más a la gente, como lo hizo en Chiapas, en Michoacan. Me hubiera gustado saludarlo de la mano, recibir su bendición", agregó.

"Aunque ellos quieren cambiar la imagen de Juárez, que no pasa nada, nunca va a ser así, porque todo se refleja. ¿Cuándo se va a acabar la violencia? nunca mientras haya políticos que manden a a la fregada a la gente. Por eso Juárez está como está". 

Cuando el sol de Juaritos comenzó a jugar con los colores del cielo, el Papa Francisco, el jesuita y argentino Jorge Mario Bergoglio, recitó el poema Hermandad del escritor mexicano Octavio Paz.  Para después decir: 

"Me atrevo a sugerir que aquello que nos deletrea y nos marca el camino es la presencia misteriosa pero real de Dios en la carne concreta de todas las personas, especialmente de las más pobres y necesitadas de México. La noche nos puede parecer enorme y muy oscura, pero en estos días he podido constatar que en este pueblo existen muchas luces que anuncian esperanza".

El atardecer sonríe juguetón a los naranjas, ocres y rojizos, bajo la mirada de una luna que se asoma. Cuando miles comienzan su periplo para ver cómo regresan a sus casas, con el peso de su dolor y sus ausencias, recuerdo la frase de Francisco, más pastor que profeta, más humano: 

"Sentí ganas de llorar al ver tanta esperanza en un pueblo tan sufrido".  

Es lo que siento en mi Juaritos, tan sabia. La que me inspira.

Ahora habrá que ver si, especialmente, los políticos y los empresarios tomaron nota o si sólo se acercaron a Francisco para tomarse la foto con un Papa.

martes, 16 de febrero de 2016

Borran cruces símbolo del feminicidio o la "guerra" para que el Papa Francisco sepa o no sepa lo qué está pasando en Ciudad Juárez




Las cruces del feminicidio que fueron borradas por empleados del municipio. En la foto, todavía con pintura fresca hacia las 8:40 de mañana de hoy martes 16 de febrero./ JudithTorrea 

La "guerra" para que el Papa Francisco sepa o no sepa qué está pasando en Ciudad Juárez se intensificó en la víspera de su llegada, incluso en simbólicas acciones que denotan una realidad compleja y brutal.

Esta mañana, los empleados municipales del servicio de pintura de Ciudad Juárez tuvieron una nueva prioridad. Tras unas semanas intensas de trabajo -para dar una manita de gato a las calles por las que pasará el Papa Francisco y los más de mil seiscientos periodistas que cubrirán la esperanzadora visita- tuvieron que asumir una nueva carga y prioritaria para las autoridades: borrar unas cruces negras en fondo rosa -símbolo de los feminicidios de niñas y jovencitas en Juárez- y que mamás pintaron ayer bajo la intimidación de policías municipales que les tomaron fotos y les pedían sus nombres.

Pasaditas las ocho y media de la mañana, unos cuatro o cinco trabajadores de mediana edad se encaramaron en un troquita vieja blanca, tipo chevrolet, con botes de pintura, tras cubrir con pintura roja o gris las cruces.

Ahora, sobre la avenida Tecnológico, a la altura de la Iglesia de San Sebastián -que estos días cobija a más de cien soldados- hay cruces borradas con pintura, algunas con pintura roja, como el horror de la sangre que tiñe la indiferencia de veintiún años de desapariciones de niñas y feminicidios en Juárez.

La guerra entre las autoridades, empresarios y una iglesia católica cercana al poder -decididos en cambiar la imagen de la ciudad, pero no la realidad que la provoca- y las personas con menos recursos económicos que la sufren. 

Juárez ha pasado de ser la ciudad más peligrosa del mundo -durante la llamada guerra contra el narco del ahora ex presidente Felipe Calderón- a convertirse en la ciudad dolor: de más de 14 mil niños huérfanos que corren el riesgo de convertirse en los sicarios del futuro, de familias que intentan sobrevivir a las más de 11 mil personas asesinadas en cinco años, entre los padres de niñas pobres desaparecidas que siguen buscando a sus hijas en la indiferencia de una sociedad, que tras veintiún años de feminicidios han pasado a ser parte del paisaje irremediable.

Lo único que parece no haber cambiado tras la llamada guerra contra el narco en esta ciudad, de oficialmente un millón 300 mil habitantes, es que Juárez sigue siendo el principal cruce de drogas hacia Estados Unidos, además de la impunidad en el 97 por ciento de los crímenes, la corrupción y la desigualdad social.
Juaritos es la de los atardeceres mágicos como sus gentes chambeadoras, soñadoras y alegres.
Desde los años 70, es también paradigma del capitalismo, de empresas maquiladoras de capital extranjero que crean la riqueza del primer mundo a precios del tercero, donde el ser humano deja de ser un ser para convertirse en un trabajador sin derechos.

Con operarios que viven en un círculo de pobreza a pesar de tener un trabajo, en una ciudad donde el transporte público es pésimo y casi inexistente, donde el 40 por ciento de las calles son de arena del desierto, y el alumbrado público sigue siendo un lujo aún por las zonas donde desaparecen niñas, y apenitas hay secundarias en las colonias más pobres.


@JudithTorrea


@JudithTorrea


Cuando mañana miércoles 17 de febrero el Papa Francisco pase por esta avenida quizá alcance a ver una cruz negra sobre fondo rosa en un poste amarillo. Es la huella que, por el momento, queda intacta porque los trabajadores del municipio carecían de este color de pintura para pintar el poste. Y el grito de los padres de desaparecidas al Papa Francisco, que buscaron entrevistarse con él. La misa la seguirán en la última fila preparada con sillas, la zona roja C3, del altar preparado en la antigua feria de Juárez, ahora llamado "El Punto", a unos metros del Río Bravo, en México, el Río Grande en Estados Unidos.


@JudithTorrea



En la tarde, tomé esta foto que expresa dos visiones opuestas de una misma realidad. En primer plano, el gobernador del estado de Chihuahua, César Duarte (PRI). El señor con la manta rosa es José Luis, el padre de Esmeralda Castillo Rincón, que desapareció a los 14 años de edad, un 19 de mayo de 2009.
En primera fila, las máximas autoridades del estado, desde el alcalde hasta el fiscal, pasando por empresarios.


El padre de Esmeralda Castillo Rincón, desaparecida a los 14 años, en Ciudad Juárez irrumpió silenciosamente en el discurso del gobernador de Chihuahua, César Duarte, tras la proyección de un documental sobre la recuperación de la ciudad donde no se mostraba la existencia de niñas desaparecidas ni feminicidios./Foto:@JudithTorrea


José Luis, padre de una niña desaparecida, intentó que su hija Esmeralda Castillo Rincón fuera visible en una protesta silenciosa mientras el gobernador realizaba un discurso. El papá nos contó, a periodistas acreditados en el centro Cibeles por la visita del Papa Francisco, que decidió irrumpir en el evento porque en un documental que se mostró sobre la situación actual de Juárez ni se había nombrado la desaparición de niñas  jovencitas, ni los feminicidios.

El documental "Juárez, la sociedad que respondió ante la ciudad más peligrosa del mundo" dirigido por el chihuahuense Jairo Sifuentes y financiado por el Fideicomiso para la Competitividad y Seguridad Ciudadana (FICOSEC), formado por empresarios, mostraba que la recuperación de Juárez, con un descenso de los crímenes tras la guerra contra el narco, había sido lograda por la participación de la Mesa de Seguridad, que reunió a miembros de la sociedad civil, en su mayoría destacados empresarios y profesionistas, para buscar soluciones conjuntas. Y desechaba la convicción extendida que se finalizó la brutal violencia porque el Cártel de Sinaloa ganó la plaza al de Juárez, con la complicidad de las autoridades.

El evento finalizó bruscamente tras la intervención del gobernador. Las autoridades se fueron de estampida, mientras los periodistas hablábamos con el padre de una niña desaparecida que ayer pintó las cruces borradas.

La presentación tan esperada por las autoridades y empresarios, para mostrar que Juárez Vive (el lema del gobernador) fue arruinada por la realidad.


Agentes de la policía municipal insistieron en saber los nombres de los padres que pintaron el lunes cruces de feminicidio. /@JudithTorrea
Las cruces que hoy fueron tapadas con pintura roja o plateada, fueron pintadas ayer por madres y activistas./@JudithTorrea

martes, 7 de julio de 2015

Le advirtieron con meterla a la cárcel si denunciaba la desaparición de su hija Jessica Ivonne Padilla Cuéllar, y en 4 años las autoridades no tienen ninguna pista


Anita, mamá de Jessica Ivonne Padilla Cuéllar, con el cártel de recompensa. ©JudithTorrea


- Qué le ha hecho a su hija, por qué se ha ido de la casa, le increpa el agente ministerial en la Fiscalía.
- Nada, por eso estoy aquí, que me ayuden a saber de ella.
- ¿Sabe que si encuentra pronto a su hija puede ir al bote, por omisión de cuidados?

Ella se enoja. Doce horas intentando reportar la desaparición de su niña:

- Dígame si me va a tomar la denuncia o no, no me haga tanto esperar para que me arrepienta de poner la denuncia. Búsquela y me la trae y después me hace todos los cargos que quiera.

Han pasado 4 años, de aquel 8 de julio del 2011: Anita, la mamá de Jessica Ivonne Padilla Cuéllar, solicita a la una y media de la madrugada, la ayuda de las autoridades. Ya no sabe qué hacer.

"Como a las 6 de la tarde se me hizo un poco tardecito que no llegara. Estaba inquieta y cerquita de las 7 me fui a esperar la ruta. Jessi no traía celular. No llegó y pensé que empezó a  trabajar: hay algunas tiendas que cierran a las ocho y media. Cuando no llegó, le dije a mi hijo: Ve a por tu papa, vamos a buscarla en el centro... se me hace tarde. Y nos fuimos sin rumbo, a recorrer todas las calles para ver las rutas y buscarla por todos los hospitales, albergues, ver si estaba detenida".

Madrugada, va a la Fiscalía: abierta veinticuatro horas al día. Intenta interponer una denuncia por desaparición y que activen el Protocolo Alba de búsqueda. Sabe que cada hora que pasa hay menos posibilidades de recuperar a su hija, que está en peligro. Le dan cita para nueve horas después, para las 10 de la mañana. A las 12 del mediodía, finalmente, la atienden y le amenazan con "meterla al bote", a la cárcel, si realmente su hija no ha desaparecido y realiza una denuncia.

La Fiscalía le asigna un investigador, que lo primero que hace es acompañarla a pegar pesquisas con el rostro de su hija.

"Y según ellos empiezan a buscar.  Cuatro años han pasado y no hallan ni una sola línea de investigación definida. Nada, ellos no han logrado absolutamente nada, los pocos datos que tienen son porque yo se los he llevado. Yo les he llevado datos de domicilios, de nombres de personas. La investigación la he estado haciendo yo, y en donde no puedo entrar, les pido auxilio".

Jessica Ivonne Padilla Cuéllar: 16 años cuando desapareció. Sus padres, un operario de una fábrica maquiladora y una comerciante independiente por catálogo.  La última vez que la vieron fue el 8 de julio del 2011. Jessi, como la llaman en casa, ha finalizado el cuarto semestre en la preparatoria Río Grande, de la colonia El Granjero. Sueña con estudiar medicina.

Diez y media de la mañana. Jessi sale de su hogar en la azotada colonia López Mateos hacia el centro de la ciudad, una de las zonas más vigiladas por el Ejército y la Policía Federal, enviadas por el ahora ex presidente Felipe Calderón en su llamada guerra contra el narcotráfico. La joven lleva una carpeta con solicitudes para trabajar y así comprarse el uniforme y los útiles escolares.

"Jessi anduvo por varias tiendas en el centro, buscando trabajo, por tres días: martes, miércoles y el jueves ya no regresó. Ella estaba muy entusiasmada. Siempre fue una niña que siempre quiso apoyarnos como familia", recuerda Anita, de 48 años, madre de 3 hijos y abuela de cuatro, a los que cría como si fueran sus niños.

Sobrevive con la esperanza "de volverla a tener con nosotros, que nos mantiene fuertes. Si me dejo caer, me enfermo y no puedo estar alerta lo que pasa alrededor de Jessi y tengo que estar pendiente del resto de la familia. Si estoy comiendo, me pregunto si estará comiendo. A la hora de despertarme, lo mismo. Si voy a dormir, pienso en mis otros hijos y pienso también en ella, que me falta ella. Es imposible de quitármela de la cabeza. Nadie la olvida, ni los niños chiquitos siempre están hablando de Jessi, haciendo oración por ella. La bebé (nieta) tenía 7 meses cuando desapareció y ahora tiene 4 años, ella hace sus oraciones y siempre pide por ella".

Lo peor es "esa espera que no tiene fin, que no llega, que no sé cuando voy a terminar" y que ella combate con entereza:

"No me cierro a la realidad, pero también sé que el único que me sostiene de pie es Dios, por medio de su hijo Jesús. No puedo cerrar los ojos a esa verdad, no me la puedo pasar quejando. Sí que se vive un duelo, pero también tengo muchas cosas cada mañana por qué sonreír, por qué dar gracias y dormir en paz. Por eso, tengo que estar de pie, para cuando mi hija regrese".