jueves, 2 de septiembre de 2010

El primer director encerrado en su propia prisión: el Cereso Municipal de Ciudad Juárez. Con 2.707 presos y algunos problemas



La mujer me ofreció algo para tomar. Un agua, muy amable, le dije. Estaba esperando entrevistar al director de la prisión, Gerardo Ortiz Arellano. Me sonrió. Y comencé a platicar con ella. Era la esposa del mero, mero. Y estaba aquí, encerrada: por unos días. "De visita conyugal, de luna de miel", me comentó. Porque desde hace más de un año no había visto a su esposo. Por seguridad.

Amanda tiene 55 años y 32 de casada con el que es director del Cereso Municipal de Ciudad Juárez desde abril del 2009. "El es otro miembro del Cereso", me comenta recién llegada de Veracruz, donde tienen su hogar. "Primero es su trabajo, es su mundo. Lo aguanto porque lo amo. Ahorita estoy libre, estoy volviendo a tener mi noviazgo con él, ya no tengo que cuidar niños". Los niños son ahora dos abogados, uno penalista y otro civil.

La habitación del director está contínua a su despacho. Es la primera vez que un director tiene su casa aquí, según Jorge Chairez, el portavoz del penal. "El que sufre es uno y no el interno", dice riéndose el director.
Es amplia y con pocas cosas. Una caminadora y una pera de boxeo donde hace ejercicio, un televisior, una mesa de masaje y una pequeña sauna portátil. Además, de un televisor. Hay un cuadro de San Judas Tadeo ("el protector de los pobres y desvalidos"), del que es devoto. Se lo hizo un reo.

Bajamos con los prisioneros. Sin escolta. Llegamos a un amplio parque donde hay una cancha de fútbol y varias celdas donde están parte de los 2.707 presos: 2.562 hombres y 145 mujeres. Con 360 custodios. Unos presos venden aguas frescas, otros donas y pan dulce. Están en puestos que no son los suyos: otros reos, que tienen más dinero, los emplean.
Hacia tiempo que no me atrevía a caminar por uno de los escasos y ahora solitarios parques de Ciudad Juárez. Aquí, de pronto, me siento segura. Entre personas condenadas por asesinar, violar, secuestrar o traficar con drogas, entre otros delitos del fuero federal y común.

"Uno se da cuenta de la violencia de afuera porque traen aquí los cadáveres", comenta Ortiz Arellano, de 50 años, 25 de ellos trabajando en seguridad pública. "Si matan a tu mamá, tu papá, a los hijos, previa autorización del juzgado pudiera salir el reo a ver el cadáver. Pero dada la situación de peligro, lo que hacemos es que traigan el cadáver aquí. Viene la carroza, sacan el cuerpo, lo ven y se van. Cómo sé yo que no me lo va a quitar un comando armado... Pues mejor que me traigan el muertito".

Nuestra conversación se interrumple varias veces. Suena el teléfono. Es miércoles 1 de septiembre.

"Ahorita va a salir un interno al hospital, pero es alguien muy muy importante para una de las pandillas...para los Aztecas, y entonces ahí se pide el refuerzo de la Policia Federal. De esa manera, nosotros garantizamos no tener problemas, que vayan a lastimar a algunos de los custodios. Aquí no hay una atención de quirófano, un sonograma".

Los reos se le acercan, con confianza. Varios de ellos están en talleres de arte, música. Algunos van a comenzar a realizar un mural dedicado a la Santa Muerte.

"Hemos logrado convencer a los que están aquí recluidos que éste sea el lugar donde puedan atender a su familia sin riesgo a que se lastimen. Son seres humanos y el resultado hasta hoy, a un año y cuatro meses, es que no hemos tenido ni un sólo incidente, y afuera las cosas empeoran. Le metimos mucho trabajo, mucha escuela, los códigos de seguridad, checando que los custodios estén en su lugar...".


ULTIMA HORA. El primer incidente se produjo pronto. Pero fuera de la prisón, unos días después de mi visita, el 7 de septiembre. Un comando armado rescató a un líder de la pandilla Azteca, llamado Juan Pabo Castillo López, "El Pelón", de 27 años, cuando era trasladado del Hospital General al Cereso. El reo tenía prevista la salida al hospital el 2 de septiembre para programar una cirugía de hernia inginiescrotal, pero no salió del penal hasta el 7, según informaron las autoridades.
Ese día, fue trasladado con otro interno, una mujer embarazada de 6 meses. Los dos eran custodiados por un celador llamado Miguel Angel Méndez, que resultó herido.
El rescate de los sicarios fue en unos dos minutos. Con ráfagas de metralleta por la Avenida López Mateos, una de las más transitadas de Juárez, con Insurgentes. Los custodios Arturo Morales Batres y Manuel Alvarez Flores, que al parecer se acercaron a socorrer a su compañero, resultaron asesinados.
La jefa de Servicios Médicos del Cereso municipal, Irma Verdeja se encuentra detenida por su presunta relación con la fuga, pero ella dice que el responsable de la seguridad es el director del penal, que ha estado en la mira previamente por fugas y graves irregularidades en penales de los estados de Tabasco y Veracruz, donde fue director.

ACTUALIZACION: La jefa de Servicios Médicos del Cereso municipal, Irma Verdeja fue puesta en libertad en la medianoche del lunes 13 de septiembre por el juez, por falta de elementos.

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