lunes, 11 de julio de 2011

La maestra Miss Ana, liberada: de las autoridades mexicanas

























































Globos en las rejas del fraccionamiento cerrado donde vive. Una pancarta con un Bienvenida Anita. La portan unos niños. Y la maestra Miss Ana entra: los pequeños saltan, la rodean, la abrazan.

"Gracias, muchísimas gracias por el apoyo", dice esta juarense de 35 años y aspecto de niña buena.

Recuerdos que surgen y con ellos, las lágrimas, las preguntas. Piensa en sus compañeras en este tiempo de encierro, las que conoció en el Cereso municipal de Ciudad Juárez, tras 45 días en prisión, y sin ninguna indemnización, una disculpa de las autoridades: porque en México eres culpable hasta que se demuestre lo contrario.

Y me habla de ellas mientras la música de una orquesta en vivo suena en el jardín del fraccionamiento y los vecinos comparten taquitos en una fiesta soñada para la maestra inocente. Como en los viejos tiempos en Juaritos.

Comienza por Juana Imelda Cereceres. "Es una joven que también le pusieron droga en la llanta de su carro, vive en el penal con su hijo de 2 años porque no tiene quien lo cuide y a raíz de esto a su mamá le dio una embolia. Es de muy bajos recursos y está deseseperada, no tiene quien le apoye aquí afuera", dice Miss Ana.

Continúa con Marta Mar. "Está por un caso de lavado de dinero, ella abrió una cuenta de banco, la dejo de utilizar y la utilizaron para hacer lavado de dinero haciendo transferecias grandes de dinero cuando ella ni cuenta se había dado", afirma la maestra.

Y Miss Ana seguiría conversando de muchas otras. Sostiene que "el 60 por ciento (de las mujeres que están en la cárcel del Cereso municipal) son inocentes".

La maestra Ana Isela Martínez Anaya, conocida como Miss Ana, se convirtió en culpable el día en que el Ejército mexicano la detuvo poco antes de cruzar a El Paso (Tejas) por la línea Exprés, para dirigirse a su trabajo de maestra. Como desde hace 8 años.

Abren su maletero: 50 kilogramos de marihuana. Sembrados.

Súplicas a los soldados. Una llamada rápida a su esposo. La esposan. A la cárcel. De ahí, pasó al juez que nunca creyó en su inocencia, ni cuando sus abogados demostraron la buena conducta de la maestra con los testimonios de varios sacerdotes, ni sus premios como maestra del año en El Paso.

La maestra mexicana estaba a punto de ser sentenciada de 10 a 25 años de prisión cuando las autoridades estadounidenses, el FBI, desmanteló una banda que operaba entre Ciudad Juárez y El Paso y que confesó que había cargado con droga a varias personas que cruzan diariamente por la línea Exprés, entre ellas a Miss Ana.

Pero ella tuvo buenos abogados o quizá fue un milagro, como la maestra lo califica. Porque la delegación estatal de la Procuraduría General de la República (PGR) reconoce que hay otras siete personas inocentes (según las autoridades estadounidenses) y que siguen en prisión en Ciudad Juárez porque sus abogados no han solicitado una revisión del caso.
Y porque aquí aunque denuncies que en tu automóvil te acabas de encontrar con una maleta extraña, que no es la tuya, y en esta hay droga, pasas de inmediato a ser culpable, a ser esposado, encarcelado, y si tienes la suerte de pagar un buen abogado, quizá se haga justicia y salgas al exterior de una ciudad donde el 97 por ciento de los crímenes son impunes, según datos de la Fiscalía General del Estado.

Antes de la celebración con sus vecinos y amigos, estuvo en la iglesia católica del Sagrado del Corazón, con sus dos hijos de 6 y 3 años de edad, y su esposo. Con su comunidad dio las gracias por haber sido liberada. Y rezó: por las que se quedaron.


***Los asesinados de este lunes fueron 7. Un adolescente a la entrada de un centro comercial junto a otro adulto, hacia las 2 de la tarde.

jueves, 16 de junio de 2011

Mujeres atrapadas por el narco (y la injusticia)












































Sonríe, llora, sonríe. A veces, cuando mira la foto de su pequeño, situada a un lado de la cama, su expresión risueña se inyecta de alegría, después de tristeza. En ella hay un arcoiris de emociones.

A su tesoro lo tuvo en la prisión del Cereso municipal de Ciudad Juárez, donde sobrevive desde hace tres años.

Todo comenzó (más o menos) así. Ella, con su novio. Con el padre de su hijo.

"Yo estaba bien enamorada y un día me invitó para Juárez, porque iba a comprar supuestamente ropa. Y nos detienen. Traía droga en el carro, 17 kilos de marihuana. El lo arregla, paga 10 mil dólares y me dejó a mí con toda la bronca".

Nunca más supo de él. Ni quiere. En este tiempo, atrapada en un delito que asegura que no cometió, Claudia Varela va perdiendo la esperanza. En la cárcel ha conocido a otras chavas como ella, que claman ser inocentes y no tienen dinero para pagar a un buen abogado. Quiere justicia.

"Ya me adapté un poco, y tengo que pasar mi tiempo aquí. Ojalá un milagro me haga salir. Desgracidamente hay mucha corrupción y justos pagan por culpables", dice.

Lo más duro para Claudia es no ver a su papá, un tornero, y a su mamá, que trabaja en una guardería. También, a su hermana de 13 años y a su hijo. Todos viven en Torreón y trabajan duro para ahorrar para visitarla, al menos, dos veces al año.

En uno de los pasillos de la prisión, una interna delgada limpia con energía las botas negras de una custodio: Lily Rubio trabajó once años en las fábricas maquiladoras antes de ser guardiana y descubrir un mundo que nunca imaginó.

"He aprendido que de la noche a la mañana puedes estar aquí (encarcelada) y ni cuenta te das. He aprendido a valorar la vida y que todos los seres humanos merecemos una segunda oportunidad", me comenta Lily, de 33 años y mamá de un niño de 8.

"Yo digo que el 60 por ciento son inocentes", subraya la custodio.

Karla Soriano cumple condena de 8 años y tres meses por delitos contra la salud, es decir, narcotráfico. Lleva tres años en la prisión, desde junio de 2008. Desde que su vida cambió cuando fue a una fiesta en una casa:

"De repente, se escuchó un golpe en la puerta, entraron los soldados y nos detuvieron. Yo no sabía que en la casa había armas, cartuchos y drogas", explica la joven de 26 años.

"Tal vez estuve en el lugar equivocado, la hora equivocada, con la gente equivocada. Si de verdad las leyes estudiaran bien los casos de cada una que estamos aquí, yo creo que mucha gente no estaría encerrada", subraya, con sus ojos llenos de lágrimas.

Karla estudiaba enfermería en la Universidad Autónoma de Chihuahua, en el campus de Ciudad Juárez, y trabajaba como agente de bienes y raíces, vendiendo casas. Cuando se quedó embarazada a los 19 años de su novió con el que soñó casarse, él desapareció y ella decidió que no abortaría, que lo criaría con los valores éticos más fuertes para que fuera un hombre de bien. Su hijo tiene ahora 7 años.

En este tiempo, desde que comenzó la llamada guerra contra en narcotráfico del presidente de México Felipe Calderón, sus vecinos, amigos han sido asesinados o han huido.

"Mi colonia yo creo que esta vacía, es Infonavit Angel Trías", dice.

-¿Qué vas a hacer cuando salgas de prisión?, pregunto.

- Lo primero quiero hacerme cargo de mi hijo, ayudar a mi mamá porque ella está sola y está enferma. Quiero terminar mi carrera.

Es difícil hablar con Karla. Hemos interrumpido las conversación por varias ocasiones. Sólo quiere llorar pero a la vez, gritar que ella es inocente.

****FOTOS: Aquí puedes ver a Claudia Varela, y al fondo a su hijo, en una foto. La custodio Lily Rubio. Y Karina Soriano a la entrada de su celda, mientras esperan que las autoridades mexicanas les ofrezcan el apoyo legal que dan a los mexicanos condenados a pena de muerte en Estados Unidos y se haga justicia en sus casos.

En estos días, el gobierno de México ha intensificado sus esfuerzos para detener la ejecución en Tejas del mexicano Humberto Leal (programada para el 7 de julio), que confesó el asesinato y violación de una adolescente. El estado estadounidense violó la ley internacional al no informar al reo de su derecho de contactar con el consulado mexicano para obtener ayuda legal.

viernes, 10 de junio de 2011

De Luz María Dávila a Javier Sicilia, de una madre a un padre



























Ella sonríe al verlo llegar a Juaritos. El la saluda, como un caballero, con respeto y admiración: en el Kilómetro 20 nada más bajar el puente y dejar a un lado una estatua de Benito Juárez.

Y saca un rosario. De color perla grisáceo.
Ella, bendijo sus perlitas hace seis meses, en el primer aniversario del asesinato de sus dos únicos hijos: José Luis Piña, de 16 años y Marcos, de 19.

Y hoy quiso que el poeta Javier Sicilia -que perdió a su hijo Juan Francisco, asesinado en marzo en Morelos junto con otras seis personas- lo tuviera. En su cuello. Y enfundado en él llegara -con la Caravana del consuelo, por la Paz con Justicia y Dignidad que partió hace siete días desde donde fue asesinado el hijo del poeta- a la colonia Villas de Salvárcar, donde 15 personas fueron masacradas en una fiesta estudiantil: donde ella perdió a sus hijos.

En el rosario está todo para Luz María Dávila. La fe de los que creen que la paz está en perdonar a los asesinos de sus hijos y que le acompaña para buscar justicia para que otros no mueran en esta llamada guerra contra el narcotráfico del presidente de México Felipe Calderón. Para que otros chavos, de la falta de oportunidades, no se conviertan en consumidores de drogas, en sicarios. Y otras familias sientan lo mismo: ese dolor que te desgarra y con el que sobrevives todos los días preguntándote por qué a ellos, por qué ahora.

Ya fueron casi 9 mil los caídos en Juaritos en cuatro años. Los padres para los que no existe ni un calificativo en ningún idioma para expresar qué eres cuando te asesinan a tus hijos. Y que esperan que nunca esta realidad se extienda tanto que se imponga este término y un día, de tanta cotidianidad, surja una nueva palabra, un americanismo, mexicanismo, un "juarensismo" en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española para definir a los padres a los que se les arrebata a sus hijos, como ya hay términos para los 10 mil niños sin sus padres (huérfanos) o a las mujeres con sus hombres en ataúdes (viudas).

Estamos ahí. Donde hubo sangre y cadáveres en la calles, luego ataúdes y ahora un parque creado por el plan Todos Somos Juárez que surgió del presidente Calderón por la presión social, tras haber culpabilizado a los mejores estudiantes y deportistas de esta colonia de trabajadores de las fábricas maquiladoras como miembros del crimen organizado y así justificar sus muertes todavía impunes.

Luz María Dávila llega a un escenario improvisado, intentándose desprenderse de esa timidez que ha convertido en lucha. Habla. Lee el texto que preparó con dos de sus hermanas. Antes pasaron otros gritos: la radiografía humana del dolor que sufre México.

Una madre sin sus dos hijos.
Un padre, sin su hijo.
Todos.
Y una manta. En ese escenario. Detrás de cada una de las personas que se avientan a lanzar sus testimonios del horror, y que dice: "Vivir en Juárez es resistir".

viernes, 27 de mayo de 2011

En busca de las cenizas de Gina Hernández: asesinada















La señora Clemen Doria está a punto cremar a su hija: Georgina Hernández Doria asesinada a los 22 años de edad. Tras tres meses de desaparecida.

La edad y el nombre los sé por la camiseta que lleva con un dibujo de su pequeña y que me deslumbra tanto como su sonrisa y serenidad al verlas caminar, al conocerlas.

Estamos cruzando el puente fronterizo desde Ciudad Juárez a El Paso:
Yo para celebrar el cumpleaños de una de mis comadres juarenses, que se refugió en El Paso cuando sus niños vieron cómo asesinaban a dos vecinos.
Ella, para recoger las cenizas de su hija, acompañada de otra de sus hijas, Alejandra y su nieto. En el lado gringo de la frontera, en la ciudad más segura de Estados Unidos, es más fácil incinerar lo que queda del cadáver de una persona desaparecida que en Juárez: donde desde hace 18 años hay feminicidios.

Comenzamos a platicar de lo qué se siente al hallar a una hija desaparecida:

"Al encontrarla sentí tristeza y a la vez alegría al saber que la iba a tener conmigo, que ya la tienes contigo", me comenta la mamá de Gina.

Gina nació el 28 de enero de 1989 y fue asesinada el 19 de febrero de 2011, aunque sus familiares no la encontraron hasta tres meses después de su desaparición, el sábado 21 de mayo.

Ese día, Clemen fue, de nuevo, al Servicio Médico Forense (Semefo) a preguntar por su hija. En esos tres meses la había buscado por todos los rincones de Ciudad Juárez pero siempre regresaba aquel lugar, sin quererlo del todo porque deseaba encontrarla viva. Y de pronto, le enseñaron una foto, que estaba ahí perdida en los archivos: desde que encontraron su cadáver el mismo día que desapareció. Era Gina.

"La angustia (de la espera) fue tremenda, fue muy feo", explica sin derrumbarse. Y vuelve a jugar con su nieto, a reírse con Alejandra....

Cuando acaricia la foto de Gina, que lleva colgada en el cuello, y con la voz firme asegura que quién la mató no ha sido detenido. En una Ciudad Juárez donde el 97 por ciento de los crímenes permanecen impunes, según la Fiscalía General de (In) Justicia.

"Yo todo lo dejo a la justicia divina es la más bella y se va a encargar de todo eso, todo eso se paga.. y en manos de Dios".

¿De dónde saca la fuerza?, pregunto.

"La fuerza me la da mi Señor, siempre me la da, es él que me da fuerza, y tengo mucha ... y me fortalece y me da ánimos".

Clemen vende hamburguesas en un puestecito en la calle. Nació en Monterrey y desde hace 27 años vive en Juaritos. Está enfundada en una camiseta de color "porque a Gina le gustaba pintarse el pelo de rosa, era muy alegre": hasta que fue asesinada.

sábado, 21 de mayo de 2011

La chava de los lentes oscuros



















Ella nos miró. Y se dirigió directa a nuestra mesa.
Acabábamos de entrar a un lugarcito fantástico para devorar unas gorditas de rajas con queso y otras de costilla: bien chingadotas como Juaritos.

Cabello recogido, sonrisa en su rostro angelical, paso firme. Y llega:

-"Tenga, el otro día se le olvidó esto", dice.

Y se va. Mi compadre abre los ojos tanto que parecen lunas surcadas de colinas. En su mano tiene unos lentes de sol: los que le acaba de entregar la mesera.

"Me sorprende, no es cualquier lente", explica.

Norma Vallarta tiene 27 años y tres niños. Y desde hace tres meses tuvo una nueva misión en sus tareas del restaurante en el que trabaja: devolver unos lentes oscuros a su dueño: mientras perdía amigos, conocidos en Juárez, donde reside desde que dejó la Ciudad de México hace 11 años en busca de chamba.

Los lentes los guardaba encima de unos estantes, y cada vez que alguno de sus compañeros soñaba con ellos, Norma los protegía: les decía que estaba esperando a que regresara su dueño para entregárselos.

Mi compadre le da una buena propina. Ella se resiste a aceptarla pero al final la toma con timidez y se dirige a un botecito de plástico situado en la caja: de pronto el billete se convierte en el único que destaca entre monedas. Pronto, lo compartirá con sus compañeros.

Fuera, la muerte sigue. El desfile que conmemoró el centenario de la batalla de la Toma de Ciudad Juárez, dentro de la Revolución, ha finalizado. El presidente de México Felipe Calderón toma su avión rumbo al DF y, poco después, dos jóvenes son asesinadas: la "normalidad" regresa. Con sus rasgos de solidaridad mientras al ser humano se le arrebata la vida.

La ciudad (con sus retenes constantes de la Policía Federal) vuelve a cambiar oficialmente de nombre: ahora es "Heroica Ciudad Juárez" en referencia a aquella batalla de la que se cumple un centenario. Pero ahora los héroes son los que intentan sobrevivir un día más en Juaritos con la llamada guerra contra el narcotráfico. Algunos, lo hacen incluso cuidando lentes ajenos. Con la esperanza de ver vivo a quien las olvidó. O de vivir.

****En la foto que tomé, podéis ver a Norma, posando, tras acceder a que os contara su historia.

viernes, 25 de marzo de 2011

Dos años esperando a Mónica Janeth Alanís Esparza: desaparecida















La conocí hace casi dos años. Y ahora la veo sentada, moviendo entre sus manos una servilleta que ha convertido en pañuelo. Son las lágrimas de la espera.

Es viernes, 25 de marzo. La víspera de aquel 26 de marzo del 2009 que recuerda:
Son las 3 de la tarde. Mónica Janeth Alanís Esparza tiene 18 años (ahora, ya 20). Sale de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez. Es la primera en la familia en acceder a la educación superior: cursa administración de empresas.

La señora Olga Esparza ha llegado de su chamba: cuida niños. Su hija mayor no está en la casa. No contesta el celular. Va a buscarla para ver si Mónica Janeth está con su novio. Pero no.

Pasan las horas. La angustia. Ella no regresa. Pasan los días. Los años:

-?Qué es lo más duro?, le pregunto.

-"Pues todos los días, cada momento para mí es duro. No tenerla.. su comida. Simplemente ayer, yo estaba aquí sentada y ella siempre (me decía): "mamá yo te hago un cafecito... ".
Es muy duro recordarla a diario porque uno no la olvida, ni un momento siempre estoy recordándola. Lo más duro es todos los días, el no abrazarla, el no tenerla. Es muy cruel".

Hace un año le tocó sobrevivir este aniversario de la desaparición en la Ciudad de México, detrás de una pista sobre su hija. Desea que el día pase, no recordar. Aunque en la mañana tiene una reunión con miembros de la ONU que están realizando un nuevo informe sobre las desapariciones.

"Intentaré no estar aquí, en la casa, salir a distraerme en algo, y es un día demasiado gris para uno... demasiado triste y doloroso. Nunca me imaginé estar así en esta situación, de no poder hacer nada, de estar con los brazos cruzados, que uno no sabe uno de impotencia salir corriendo y gritar: ?dónde estás hija? Es algo que a veces quisiera mejor uno no estar, y dormir y no despertar, o dormir y despertar y tenerla a un lado".

Hay días en los que Olga quisiera no tener memoria. Son los que duelen más. Pero ella siempre está en las protestas, con los retratos de su hija, con folletos para que no la olviden. En este tiempo, calcula que ha empapelado Ciudad Juárez con más de 5 mil.
Muchas tardes, unas diez madres que comparten la misma espera, se reúnen en su casa. Se ayudan para seguir adelante en lo anímico y en lo material: algunas de ellas, no tienen para comer ni para la rutera. Comparten lo poco que tienen para seguir vivas, en todos los sentidos.

-Siempre la veo sonriendo, señora Esparza. ?Cómo lo hace?, pregunto.

-El dolor le hace a uno levantarse y tengo esa energía de ayudar a otras madres. De verdad yo misma me sorprendo que yo esté bien, dentro de que no duermo en la noche, que me tengo que tomar pastillas, que tengo la presión alta.. Yo doy gracias a Dios en cuanto me despierto. Gracias por darme fuerzas Padre, y por estar aquí de pie. Y voy caminando hasta la salida de la casa para agarrar al camión al trabajo...".

De las autoridades, no tiene muchas palabras. A ellas acude para preguntarles cómo están las investigaciones y le responden preguntándole si ella ha encontrado pistas del paradero de su hija. Con la expresión más desgarradora que he visto en el rostro de la mamá de Mónica Janet Alanís Espaza, concluye:

"Las autoridades.... son unos ineptos, de veras".


**** En estos dos últimos años, los crímenes se han disparado en Ciudad Juárez por la llamada guerra contra el narcotráfico del presidente Calderón, y la contínua desaparición de mujeres ha quedado en un segundo plano.

Ricardo, el padre de Mónica Janeth, ya no puede trabajar: su espera se convirtió en un dolor agudo en su columna vertebral y ha sido incapacitado para laborar, sin recibir ningún tipo de compensación económica por el Seguro Social o la fábrica maquiladora que lo despidió.

La abuelita materna de Mónica Janeth murió el pasado 10 de abril sin poder ver a su nieta desaparecida como desde hace 18 años: bajo el imperio de la impunidad y comisiones gubernamentales ineficaces.

*En la foto que tomé podéis ver a Olga Esparza con su hija: en un retrato por su quinceañera y en sus manos: en un folleto de búsqueda.
Cuatro personas fueron asesinadas esta noche. Mañana habrá más. Pero aquí la noticia es la muerte de dos agentes de tránsito por el virus de la influenza. Como si vivir muriendo fuera normal: en un paisaje de secuestros, extorsiones, robos de carros con violencia. Y balas. Balas que matan el presente y el futuro. Bajo las metralletas de las fuerzas de la (in) seguridad.

ACTUALIZACION: Es sábado, ya el mero día en que desapareció Mónica Janeth Alanís Esparza. Olga y Ricardo están agotados. Se han reunido con las mamás de otras desaparecidas: Janira Frayre, Idaly Juache Laguna, Silvia Arce, Brenda Berenice Castillo y Griselda Murúa. A Griselda la acabo de ver, en una foto, que está en San Judas Tadeo, en la Catedral de Ciudad Juárez.

No durmieron mucho la noche pasada: esta vez sus noches de insomnio, de espera las convirtieron en un poema. Escrito a cuatro manos, con dos corazones que se quiebran. Olga me pidió que lo compartiera con vosotros, mis geniales lectores, en este blog. Aquí está "No más lágrimas de una madre". Así que aquí estoy, cumpliendo (con mucho gusto) órdenes. El poema desgarra en esta tarde de sábado en el que van surgiendo los cadáveres, cinco por ahora, en una Juaritos de carreteras desiertas, en la que familias entierran a sus asesinados, buscan a sus hijas desaparecidas o intentan sobrevivir a los muertos. Ojalá lo leyeran las autoridades y que su corazón se conmoviera un poquito, pensando que Mónica Janeth y tantas más pudieran ser sus hijas, para que hicieran su chamba:

Llueve sobre mi alma, llueve.

Se fue mi hija sola, a la eternidad. Mi corazón vacío, sólo queda nieve, ya no existe nadie tan sola en la ciudad.
Siento el olor de su ropa, aunque sólo son sábanas despobladas de su cuerpo, escarbo yo entre ellas, medio loca..y no encuentro sino el vacío... el vacío entre sus ropas...
Y llueven mis ojos lágrimas y ríos de amargura, no encuentro consuelo y hasta a veces desvarío, creo escucharle a ella... ¡Pero estoy sola!

Ay, mis ojos sin su imagen, la mirada perdida entre tantas madrugadas llorando a solas; esperando verla aparecer... Ya no viene, aunque siento su ternura se me hace más leve la tortura de esperar lo inesperado...
¡ Aquel verano tan frío... !,tan frío fue aquel verano
Aquel extraño verano, lleno de flores, lleno de verdes colores tan profanos...
Pero ella ya no estaba... ¡ Ay mi niña adolescente... ! Ya te has ido para siempre.
Para siempre ya tu ausencia, para siempre, para siempre...
Te busco por todas partes y no te encuentro...

¡Ay mi vida mutilada...!Te busco en mi cuerpo; adentro, dentro de mi vientre y tampoco encuentro nada¡¡¡ Y sigo en mi soledad sintiendo tu fortaleza que me viene... ¡tan callada!
Y me siento tu mitad hijita mía mi amada niña... mi niña amada. Me tortura mi existencia, siempre sola, y me invento tu presencia con la esencia de algún beso que me llega de la nada, mientras que como un perro herido, yo me lamo las heridas de mi alma, con lágrimas derramadas por la hija tan querida, que reposa... ¡qué descansa¡

Cariño mío, hija mía, inolvidable y amada hija: tú sabes el vacío que has dejado en mi corazón, tú sabes, preciosa que dolor tan intenso siento al no tenerte conmigo, tú sabes que soy una especie de muerta-viva que no encuentro consuelo en nada ni en nadie, tú sabes que no quiero hacer demostraciones de dolor, tú sabes los esfuerzos que hace tu madre por sobreponerse y por no causar lástima en los demás, sólo tu hija mía, sólo tu mi niña sabes de que forma te extraño, donde vaya, donde esté, siempre estás en mi pensamiento y en mi corazón, dentro de mí... Sólo tú y yo sabemos, sólo tú y yo... ¡ Qué intenso es este dolor... !

Que pena de mi vida, que pena de mi niña, que pena que no podamos hablar las dos, que pena que no puedas sentir mi amor por ti... ¡ porque ya no estás!

Todo se ha desmoronado bajo mis pies, me hundo y siento que no existe el suelo y no me puedo sostener... Si estuvieras aquí, todo sería diferente, pero no puedo, sólo me queda escribirte cartas sin destino, cartas que no tendrán respuesta, solo me responde al amor, el inmenso amor que queda en mí de ti, que tú bien sabes que eso no se fue contigo, quedó aquí, dentro de mi para siempre...

Toda tú estás en mi, porque ¿sabes hija? con la materia no muere el amor...

El dolor viene al saber que ya nunca volveré a verte, nunca podré abrazarte...

Pero, ¿acaso mi vientre no albergó un día a mi niña?...¡ Pues llama loca a tú madre! Te diré que siento que estoy gestándote, si gestándote todavía... o de nuevo, siempre dentro de mí, aunque ahora ya no podré parirte a la vida, te guardaré siempre en mis entrañas, te sentirá respirar y moverte dentro de mi vientre, y pondré todas mis fuerzas en amar la vida y mientras eso pase... ¡ tú vivirás en mí... ! Mi carne será tu carne, mi sangre tu sangre, mi vida será tu vida, mi alma será tu alma, mi amor será tu amor, ¡ todo en mi será vida para tu vida ¡tú no has muerto cariño mío, preciosa, mi niña... ¡ tu no has muerto¡

Tú no has podido morir y yo seguir viviendo, eso no es posible... yo no podría vivir sin ti... ¡¡¡ No sería posible... tú vives, porque vives en mi...!!! Yo lo sé porque te siento a veces creo que te mueves en mi vientre, y siento que mi corazón salta, es... es... como si otro corazón latiera dentro de mí... y creo que mientras siento esos latidos es que algo me dice que el tuyo no se paró un día... porque si pensara por un instante que tu corazón ya no late... ¡ no comprendería que el mío siguiera latiendo sin ti ¡... Me volvería loca...

Siempre que escribo para ti... siento una paz interior que me hace sentir que estás recibiendo mis cartas... siento tu ternura, y la completa seguridad de que estás aquí, es como si dictaras lo que tengo que escribir... y también siento que me dices: madre, madre no sufras que yo vivo en ti... que desde que me fui siento latir la vida que tu me das madre...
Sé que es una defensa, pero también sé que es lo que siento mi niña, y así quiero sentir, solo así dentro de esta locura, seré capaz de seguir viviendo...

Allí donde tu estás...Allí estaré yo, mi niña querida.

¡ Ojalá pudieras contestar...! Tú sabes bien cual es mi destino, mientras tanto ya sabes que me vuelvo a las nubes..

domingo, 20 de marzo de 2011

Griselda pensó que la mataban como a su hermano: o cómo sobrevivir a un secuestro, siendo la hija del pastor evangélico Lalo García

El pastor evangélico Lalo García, padre de tres hijas y de un hijo asesinado en el 2009, abraza a su hija Griselda liberada de un secuestro.  @JudithTorrea 
Decido fotografiar a Griselda, de espaldas, para proteger su imagen, porque quiénes la secuestraron ya sabían demasiado de su familia. Al recordar su reciente secuestro, esta mamá de tres niños no deja de pensar en su hermano asesinado y llora. @JudithTorrea























-¿Qué quieren?, pregunté. Pensaba que iban a asaltarme o a pedirme la cuota. Llegaron al negocio armados.

-Venimos a por tí.

Estaba con tres empleados. Fue cuestión de segundos. No da tiempo a pensar nada. Directo a su carro. Desde ese momento me taparon los ojos. No quería perder la calma. Me dijeron que iban a pedir un rescate por mí. No sé cuánto fue. Mis padres no me lo han querido decir.

Estoy con Griselda o la hija del pastor evangélico Lalo García, como es reconocida por la comunidad de Ciudad Juárez. Hace diez días que salió de cautiverio. Accede a hablar conmigo, la primera vez que lo hace con un periodista "porque ya escribiste sobre mi hermano Abraham". Su hermano fue asesinado el 15 de octubre de 2009, a los 24 años de edad. En presencia de su hijo, un bebé, y su esposa.

-He aprendido que uno debe de vivir su vida, cada día como si fuera el último día de mi vida... Desde la muerte de mi hermano así lo vi, y con esto se me reafirmó. Que uno debe de apreciar la vida que tenemos.

Casada. De 38 años. Mamá de tres pequeños, de 8, 6 y 3 años. Bellísima.

-En el secuestro viene todo a tu mente, viene toda tu familia, sobre todo tus hijos, que tal vez ya no vas a salir de ahí, quieres que pase el tiempo rápido.. y yo lo que hice es estar clamando a Dios: Señor cuida mi vida, trata con estas personas, con estos muchachos, ablanda sus corazones.

No los ve. Pero sabe que son cuatro: olor a marihuana. Escucha sus pasos, y cómo esnifan cocacína. Tres noches. Dos días.

-Me dijeron que me iba, me dijeron la hora y a qué hora me iban a soltar. Me dieron instrucciones de cómo me iban a dejar, qué tenía que hacer .... Esas horas se me hicieron eternas. Llegó el pensamiento que me iban a matar todavía cuando me dejaron, pues hasta aquí llegué, me dije. Y me levanté (del suelo) y comencé a temblar. Daba gracias que estaba viva pero al mismo tiempo no podía creer lo que estaba pasando.

Griselda pidió ayuda: un teléfono para poder llamar a sus padres. Se dirigió a un negocio.

- Yo le dije lo que me había pasado y no me creía. La persona con la que llegué sintió miedo. Me decía si me venían siguiendo y no me dejó entrar. Ahí me sentí angustiada, nadie me va a creer, quién me va a ayudar. Lo que hice fue caminar y seguí caminando, y en ese momento ya venía mi papá.

Calle 16 de septiembre con Bolivia, una de las más concurridas de Ciudad Juárez. El Pastor Lalo García ya ha recibido la llamada de los secuestradores. Sabe que su hija estará por esa zona.

"Cuando la miré y estaba en esa calle, corrí y ella corrió. Los carros se pararon, no pitaron. Nos abrazamos. Fue un abrazo que posiblemente no le había dado desde que era una niña", recuerda el padre de Griselda.

Pasan los días. Su corazón se altera. Hasta que el celular del pastor Lalo García suena. Es 8 de marzo y recibe la primera llamada de los secuestradores de su hija:

-"Yo estaba en mi trabajo... Señor García, tengo a su hija. Empiece a moverse, queremos tal y cual cantidad. Nosotros somos la autoridad. Le hablo más tarde".

Llegan los porqués. Cuál será la mejor estrategia.

"Si es verdad o mentira (que son la autoridad) no sé, pero son tantos los casos...
El temor mayor de nuestra sociedad es que hay muchas autoridades coludidas, que están en bandas, dentro, es el temor más grande que se puede tener".

El pastor no duerme, no come. Está pendiente a un sonido: el del celular.

-El mayor enemigo de uno es tu propio pensamiento que te la van a matar, porque ha habido casos en que pagas tu rescate y los matan. Yo creía saber las cosas, pero es muy frustrante, muy pesado por dos razones: atrás tienes a la familia, y enfrente tienes a los secuestradores.. El mayor temor de una persona que negocia es: ¿y si fracaso?, voy a ser responsable. Negocié con tres personas. Los secuestradores por un lado presionándome y la familia esperanzada que hiciera una buena negociación.

Pregunto a Lalo García, padre de tres hijas y un hijo (asesinado), qué ha aprendido tras sobrevivir también al secuestro de su hija:

"Abracen a sus hijos porque puede ser que mañana no los abracen (no puedan abrazarlos)".

****FOTOS: Aquí puedes ver a Griselda, de espaldas, recibiendo un abrazote de su padre. La hija del pastor evangélico es una ciudadana estadounidense criada en Ciudad Juárez, México. Con su secuestro, decidió dejar su vida y refugiarse en El Paso, Tejas.
Su padre, Lalo García, continúa con su labor en Juaritos. Dice que no puede dejar a su ciudad, a su pueblo, a pesar del riesgo. Y ayuda a otras familias a negociar secuestros y a superar la pérdida de sus asesinados: esperando que no lo asesinen.