domingo, 23 de octubre de 2011

La esperanza en rojo

























La sangre, preparada: en una Ciudad Juárez que se desangra, a veces varias veces al día: hoy nueve asesinados. Más el resto: los que la necesitan para enfrentarse a la enfermedad.

Y ellos inscritos. Dispuestos a dar. En el Banco Virtual de Sangre (BVS). Desde una Juaritos ahora herida, de la que surgen cada día héroes anónimos a dispuestos a compartir. La mayoría de ellos, chavos universitarios, muy jóvenes, casi como los asesinados que ya son 9.714 personas desde hace casi cuatro años: 1.715, por ahora, en este año en la ciudad.

Cuando comenzó el banco, en el año 2005, José Díaz-Ordaz Castillo era un estudiante de medicina preocupado por la salud de su compañero Aldo Andrés Solano García al que le regresó la leucemia que había padecido de niño.

Eran otros tiempos: en Ciudad Juárez existía la vida que no había en El Paso, Tejas: nada más cruzar uno de los tres puentes fronterizos hacia la ciudad más segura de Estados Unidos y ahora refugio de miles de juarenses. Y Juárez abrazaba -con la inmensa hospitalidad que le caracteriza- a los enfermos estadounidenses y canadienses que venían hasta la ciudad para atenderse con los mejores médicos a unos precios módicos para el bolsillo de aquellos extranjeros en grandes hospitales privados.

"Aldo comenzó a necesitar transfusiones de sangre y nos enfrentamos con la necesidad de ir a donar varios amigos, hasta que ya no pudo donar nadie por periodos muy cortos. De modo, que se me ocurrió realizar campañas de donación de sangre con el Hospital General en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez", recuerda Díaz-Ordaz, que ahora realiza su primer año de internado como médico.

Ahora Aldo no está. Falleció un año después. Pero con tantos heridos y muertos cada día el paisaje de Juaritos es otro: del que surge cada día la vida, la posibilidad del cambio, la esperanza en todos los matices: también en el rojo de la sangre.

"El Banco Virtual de Sangre rescata Juárez para el México que todos queremos, para el mundo. Quiero vivir en un país mejor con el que he soñado. Sueño en que las personas hacen conciencia y dejan de matar", subraya José Díaz-Ordaz Castillo, de 31 años, y fundador del BVS.

Los chavos comenzaron a apuntarse en una lista, a conectarse por correo electrónico y a donar cuando alguno de ellos necesitaban sangre. Ahora la lista es abierta y se pide a las personas inscritas que donen, al menos, una vez al año.

"Tenemos los datos de los donadores, sabemos si pueden donar, el tipo de sangre que tienen, así cuando hay necesidad de un tipo de sangre específico tenemos forma de obtenerla. También, tenemos un programa de conciencia juvenil en el cual promovemos la donación de sangre en los niños de primarias, secundarias y preparatorias enseñándoles para qué sirve la sangre, cómo funciona y cómo cuidar su cuerpo para que cuando cumplan 18 años sean sujetos de donación", explica.

El mejor reconocimiento en este tiempo han sido "los cientos de personas que se han salvado por la sangre que han donado nuestros participantes", asegura el médico interno José Díaz-Ordaz Castillo, que gana 325 pesos semanales (unos 27 dólares) por cien horas de trabajo (a la semana) en un hospital de Juárez y en el poco tiempo libre que tiene, que no lo dedica para los demás, intenta hacer cualquier trabajito para sobrevivir.

"En la medicina uno no ve a quien va la sangre. Uno dona sangre para quien lo necesita, sea rico, pobre, profesionista o sicario él sigue siendo persona, y como médicos hacemos el bien sin mirar a quién. Es por eso que me da mucha tristeza que sigan secuestrando y matando a los doctores que no tiene nada que ver en esta guerra".

****Los muertitos de hoy fueron nueve, entre ellos dos hermanos, una pareja y un hombre con la cabeza decapitada. Es 23 de octubre, el día que se celebra en México el Día del Médico. En Ciudad Juárez muchos de ellos ya no están. Trabajan en la clandestinidad como mi dentista, que vive ahora en El Paso, Tejas, y que como no tiene licencia para trabajar en Estados Unidos decide cruzar a Juárez durante una semana al mes para atender a sus pacientes o a los que le recomendamos en nueva oficina donde no hay un cartel que señale que lo hace ahí para prevenir ser secuestrado, robado o extorsionado. Como ya lo sufrió antes él y los que ya no están.

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