viernes, 18 de junio de 2010

Antes y después del partido de fútbol: 15 asesinatos, 2 adolescentes: Nancy y Bere





























Ciudad Juárez celebra la victoria de la selección de México contra Francia en el Mundial de Fútbol Sudáfrica 2010. A eso de las 4,15 de la tarde del jueves 17 de junio. Y en el puesto de socorro de la Cruz Roja de Salvárcar, veo como unas mujeres (con la camiseta verde de la selección de México) están bajando de una camioneta a un chavo grandote, barbudo que se está desangrando.

Voy camino hacia la colonia Praderas del Sur, donde se ha reportado una balacera en las calles Caléxico y Alamogordo. Este chico, según un policía federal que custodia la puerta de la Cruz Roja, es uno de los dos heridos. Hay otro muerto: Juan Carlos Rivas Robles, de 28 años. Dentro de la casa donde preparaban las hamburguesas que vendían en la noche en un puesto, comentan unos niños.

Durante dos horas, las que duró más o menos el partido, no hubo ningún asesinato, según la Procuraduría de Justicia de la Zona Norte en Ciudad Juárez. Igual ocurrió con el encuentro inagural del Mundial, México contra Sudáfrica.
Los hubo antes. Dos. En esas horas, la ciudad se paralizó. Menos los restaurantes -que todavía quedan abiertos- y que se llenaron con familias y amigos. Una imagen que no se veía en Juaritos desde hace dos años y medio, desde que comenzó la llamada guerra contra en narcotráfico: las balaceras en la calle, en los restaurantes, en cualquier lugar donde haya un vivo para convertirlo en uno de los más de 5 mil 500 personas asesinadas.

"A los sicarios también les gusta el fútbol", razona Jacinto Sergura Garnika, el vocero de la policía municipal de Ciudad Juárez.

Los muertos de hoy fueron asesinados poco a poco. Hasta a eso de las 9 de la noche, en la que mataron a cinco en la colonia obrera Manuel Valdez. En tres calles de arena que forman un triángulo, ahora de dolor: por los gritos de las madres, de los hermanos, los amigos. De nuevo, dos adolescentes convertidas en cadáveres. Nancy de la Torre, de 16 años y Berenice Montes Hernández, de 15 . Y otros tres jóvenes más.

Nancy y Berenice están en un Nissan Altima del 98. Cubiertas con una manta, una encima de otra. Hasta hace unos minutos, manejaban cerca de su casa cuando fueron atacadas por un comando armado. Les disparó, al igual que a otros dos chavos que circulaban con otro vehículo y otro más, que está tirado en la arena.

Las escenas de los crímenes están sin acordonar. Llegan los policías federales y casi nos atropellan. Los vecinos se acercan a ellos y comienzan a darles detalles de dónde están los sicarios, por dónde se fueron.

Pero ellos deciden quedarse con los cadáveres. Y con los periodistas:

-"No tome fotos", me dice un policía federal, que se acerca apresuradamente hacia mí, que me encuentro a unos 30 metros de los cuerpos de Nancy y Berenice.

- "Pero si está platicando (con nosotros)", le contestan unos adolescentes.

Decenas de mujeres van surgiendo entre los caminos. Llegan con sus niños. Para descubrir si conocen a los muertos. "Es el hijo de la enfermera", dice Sandra J. con su pequeña de 7 años.

Es Abdiel, de 20 años, el muerto. Trabajaba como camillero en la Clínica 66 del Seguro Social y estudiaba para paramédico.

-"Era un niño excelente, el único niño de la enfermera", afirma. "Lo sacó sola adelante".

De pronto, comienzan a correr. Unos gritan: "son ellos!!!!!!". Y los cadáveres se quedan sin su público.

*En el día en que México ganó por 2 goles a cero a Francia, algunos de los asesinados comenzaron a asomarse en las banquetas luciendo la camiseta de la Selección de México. El verde convertido en rojo. Como Juaritos. En los 15 más ejecutados de la jornada futbolera.

miércoles, 16 de junio de 2010

Los nuevos huérfanos de la guerra. Hoy: 22 muertos y 8 heridos mortales en Juaritos, por ahora


Carriola para bebé. De un año y 10 meses de edad. Está entre el cadáver de su mamá y dos asesinados más: a unos metros, otros tres ejecutados.

En un minuto: 6 menos en Juaritos.

En un hora: 9 menos (un hombre en la colonia Colinas de Juárez y dos más enfrente de la Subprocuraduría de Justicia, más los anteriores)

En el día de hoy, por ahora: 22 muertos, 8 heridos graves en Juaritos, el día más sangriento del año. Y estamos a punto de superar aquel día de febrero del 2009, en el que fueron ejecutadas 27 personas.

Los muertos no traen armas. En la llamada guerra contra el narcotráfico del presidente de México Felipe Calderón apoyado con el Ejército y la Policía Federal. Que defiende con desplegados (pagados) en la prensa nacional, donde asegura que los muertos continuarán.

El niño en los brazos de una policía federal: con carita de horror, como de otro universo. Sin poder llorar y alejándose de una clínica de rehabilitación para drogadictos en el fraccionamiento obrero de Infonavit Angel Trías. Hacia las 12,30 del mediodía de este miércoles 16 de junio.

La foto es de esperanza. En una Juaritos que se resiste a morir. Ahí está una mujer a punto de dar a luz a su pequeña Naomí: el nombre que eligió su esposo una semana antes de ser asesinado: hace tres meses. Y dos antes, la hermana de esta mamá. Según mis investigaciones, los dos ejecutados no eran narcos. Como todo aquel que pasa a esa lista tras ser asesinado, según las autoridades. Que no investigan. Nada.
Está con sus dos pequeños, ciudadanos estadounidenses, como muchos de los juarenses que tienen la doble nacionalidad. Que nacen al otro lado de la frontera, en El Paso, Tejas.

Podría haber elegido una imagen de horror. Pero pienso en lo que queda detrás de un muerto. Quiero quedarme con la sonrisa de esta mujer: con sus uñas cuidadas, su cabello, su maquillaje. Su ropa blanca. Ella ya no se pregunta porqués. Los perdonó para seguir adelante. Por sus hijos, que comenzaron a jugar a sicarios cuando mataron a su padre. Pero quiere que sus crímenes no queden impunes. Justicia, un sueño en Juaritos. Para que otros no mueran.

Pronto, si os parece, os contaré su historia. Comenzaré a contar las historias detrás de un número más. Por ahora, estos son los números: 164 asesinados en junio. Y 1.270 en lo que llevamos de año.

El pequeño del carrito es el hijo de Rosa Isela Pineda Téllez, de 32 años. Asesinada. Frente a su hijo de 1 año y 10 meses de edad.
Desde hace unas horas, él y su hermana de 4 años son también huéfanos de mamá. Su padre fue asesinado hace un año.
Dos niños más (que yo sepa) a la lista de los más de 10 mil niños huérfanos en Juaritos estos dos años y medio de la llamada guerra contra el narco. Huérfanos también de las autoridades mexicanas, que no han creado ningún plan para ellos. Si el presidente de México Felipe Calderón no hace nada, muchos de ellos, se convertirán en los sicarios que hoy cortan las cabezas. Más víctimas en su llamada guerra contra el narcotráfico.

martes, 15 de junio de 2010

La guerra contra el narco de César: huyendo, con la Virgen de Guadalupe baleada








































Lo vi huyendo de su propio hogar. Sus vecinos sacaban sus pertenencias, algunas maletas y uno de ellos, un cuadro de la Virgen de Guadalupe: baleado. Con el cristal roto.

El estaba tranquilo, sereno. A pesar de los más de 50 impactos de bala que pude contar en cuatro las paredes de su casa. Llevaba un crucifijo de madera y plata colgando en su cuello.

Su esposa y sus dos hijos estaban dentro de la casa cuando les atacaron. No tienen ningún rasguño, ni herida. Al menos, visibles.

Son las 10 de la noche del lunes 14 de junio, en la colonia Parajes del Sur, de Ciudad Juárez, una de las zonas más azotadas por el consumo de droga. Y la casa del misionero católico César A. acaba de ser tiroteada por un grupo de desconocidos. Durante unos tres minutos. A unos metros donde el sábado fueron asesinados dos jóvenes.

Su vivienda, en la que viven desde hace 5 años, está al lado de un parque que se utilizaba como "picadero", donde los jóvenes consumen y compran droga. Y ahí, el misionero comenzó su propia guerra contra el narcotráfico. Todas las tardes convocaba a varios vecinos para rezar el rosario mientras otros intentaban vender drogas. Los organizaba para convencer a los vecinos para luchar contra los que estaban matando a la juventud, que pasaban de consumidores de drogas a pequeños vendedores. Poco a poco fue limpiando la zona. Lo que no pudieron hacer las autoridades.

Hace año y medio, me cuenta el católico, tuvo su primer aviso. Le golpearon hasta casi matarlo y le advirtieron que si no dejaba de rezar rosarios en el picadero, lo matarían a él y a su familia.

A él eso no le asustó. Continúo con lo que cree que debe de hacer. Y ahora está convencido más que nunca que va a seguir con su lucha, aunque ahora no sabe dónde. "No me arrepiento", dice con unos rosarios en la mano, con los que está huyendo. "Dios está conmigo, no puedo ver que envenen a los niños con droga".

Antes de tomar su carro, se acerca al santuario improvisado que creó en el parque, que podéis ver en la foto. Ahí, se despide de una Virgen de Guadalupe que sobrevive. Por ahora.

Algunos vecinos se atreven a salir de sus casas para abrazar a la familia del misionero. No saben dónde irán. Ni cuál será su futuro.
Se van solos: sin protección de la Policía Federal que se acaba de ir. Por las calles desiertas de Juaritos. Espero que quiénes tirotearon su casa, no los sigan.


*Hoy mataron en Ciudad Juárez a 7 personas, la primera una mujer. Lo más duro de esta jornada fue ver en la noche a esta familia. Viva. Huyendo. Aprendí algunas lecciones de la vida: como siempre aprendo en mi querida Juaritos, que se resiste a morir.

Ya vamos 104 asesinatos en este mes de junio. Y todavía quedan dos semanas más para que el mes finalice. En el año, 1.192 muertitos. Con más niños sumándose a la lista de más de 10 mil niños huérfanos, de sus padres y de las autoridades que no tienen ningún plan para atenderlos.

Ciudad Juárez es una ciudad de muertos, de fantasmas (de veritas), de personas que huyen, de demasiados porqués sin respuesta. De fuerzas de seguridad federales.
Está desapareciendo del mapa. Con 116 mil casas abandonadas: lo dice el ayuntamiento de Juaritos. Con 10 mil negocios cerrados, según la Cámara Nacional de Comercio. Y me duele un chingo. Esta ciudad es fantástica. O lo era. Ya no existe. No la reconozco. Lo que queda es la alegría por vivir, que se ha perdido en la tierra que me vio nacer. Entre la muerte constante.

Queda, todo.

jueves, 10 de junio de 2010

El entierro de un chavo de 15 años, Sergio Adrián Hernández Güereca: asesinado por la migra gringa

@JudithTorrea
@JudithTorrea 
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Ella bajaba caminando por el cerro. Su pequeño ya estaba en el carro. Quería irse con él: en todos los sentidos (pensó en suicidarse al verlo muerto). Pero no podía: no había lugar en el coche fúnebre. Es jueves 10 de junio en la colonia Plutarco Elías Calles, una de las más pobres de Ciudad Juárez, donde las calles son de la arena del desierto. A unos 40 grados centígrados poco antes de las 2 de la tarde.

El ataúd de Sergio Adrián "Keko" Hernández Güereca, de 15 años, está listo para ir a su funeral en la iglesia Medalla Milagrosa, a unos 10 minutos en carro de la casita de su hermana Rosario, donde fue velado estos días. Sus padres, no saben cómo irán. Sus vecinos, tampoco.

Como en la tarde del lunes lo había asesinado un agente de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos, el Gobierno Municipal de Ciudad Juárez les había prometido que llegarían unos autobuses para recogerlos. Pero las ruteras no llegaron.

María Guadalupe Güereca es una mujer de suaves ojos verdes que nació en el pueblecito histórico de San Juan del Río, en el estado de Durango, hace 46 años, y encontró chamba en Ciudad Juárez. También es la madre de Sergio Adrián, el pequeño de sus 6 hijos. Le da pena que sus vecinos, que sus amigos, se queden ahí. Y comienza a bajar el cerro para buscar un autobús público y convencerlo para llevarlos hasta la iglesia.

Pero al verla así, le digo mejor que se suba en el carro. Que se arriesga a llegar tarde al funeral de su hijo. Su ex esposo, Jesús Librado Hernández, que lava autos por las calles de Juaritos, anda igual de confundido.

-"?Señor Hernández, tiene manera de ir?", pregunto.

Y en un segundo, el ex esposo se encarama.

Los vecinos comienzan a caminar rumbo a la iglesia católica. Llegan y está cerrada. Hay que buscar al sacerdote. Sergio Adrián huele a muerto. Su cara está descompuesta. Fueron tres días sin aire acondicionado siendo cadáver. Así se velan a los muertos pobres en Juaritos.

El lunes Sergio Adrián fue asesinado en Juaritos. Igual que otras 6 personas más en diversas colonias de la ciudad. Lo asesinó un agente de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos, debajo del Puente Negro en las orillas del Río Bravo, y a un costado del Puente Santa Fe, que une y separa Juaritos de El Paso, Tejas. Y desde ese momento, su muerte se convirtió en noticia internacional. De los otros asesinados, nada de nada. Ni sus nombres y menos sus historias. Ni de dónde venían las balas. Ya llevamos en Juaritos 74 asesinados durante el mes de junio, 1.162 en este año, hasta ahora.

El chavo esperaba a su hermano Omar, que trabaja en la Aduana y que entrena el equipo de fútbol Deportivo Mayitos donde Sergio Adrián jugaba como delantero. Era el 7. Y hoy está vestido de su pasión. El fútbol. En un ataúd blanco. Había quedado con él, para que le diera dinero para comprar material escolar, según la familia. Sergio Adrián fue el primero de la familia con más estudios: estaba en la prepa.

Por el Puente Negro, donde pasa el tren, algunos intentan convertirse en inmigrantes indocumentados en Estados Unidos. Otros muchos, cuando hay agua en el río, van a refrescarse en sus aguas contaminadas y sucias. La Patrulla Fonteriza argumentó que disparó al joven en defensa propia. Porque éste estaba tirando piedras a los agentes mientras un grupo de personas intentaba cruzar el río al lado estadounidense, y éstas son armas desde los tiempos de la Biblia.

Para estas horas, Sergio Adrián es un criminal. Y en cierta manera -según el pensamiento de los que lo acusan sin pruebas- se merece que lo hayan matado. Tiene vínculos con una organización de tráfico de personas, según la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos. Pero no se ha ofrecido un reporte, unas pruebas que lo demuestren. Por otro lado, hay muchas personas de nombre Sergio Adrián Hernández que tratan de cruzar la frontera y sólo con las huellas dactilares del muerto se puede comprobar, una prueba que no han realizado las autoridades estadounidenses.

"Mi hijo tú eres un buen hijo, ahora ellos quieren hacer creer lo que no es para justificar su mal", grita el padre recostado en el ataúd de su hijo.

Las autoridades gringas son -con los pobres- en cierta manera como las de Juaritos. Aquí todos los que son asesinados en esta llamada guerra contra el narcotráfico del presidente de México, Felipe Calderón apoyado con el Ejército y la Policía Federal, pasan a la lista de los narcos. Y na da se investiga. Y menos se lleva a los culpables a la cárcel.

Del agente que mató a Sergio Adrián no se sabe ni su nombre. De la víctima, del adolescente, se sabe hasta lo que no fue.

Pocos han podido llegar hasta la iglesia. Al terminar el funeral, Jesús Librado Hernández -hijo de un veterano estadounidense que luchó en la Segunda Guerra Mundial por el país que le arrebató a su hijo- comienza a organizar el tráfico.

En este funeral no hay llegado ni los tránsitos. Tampoco las autoridades locales, estatales o federales que estos días prometieron ayudar a la familia, con sus declaraciones a los medios. Así que el padre del asesinado por la migra asume un nuevo papel en su dolor: el de controlar a salida de los escasos carros de la carretera de la iglesia hasta la que lleva hacia el Panteón Jardines del Recuerdo. El cementerio para los más pobres en la Sierra de Juárez.

De dos viejos carros, en los que van encaramados varios de los amigos de Keko, se escuchan los corridos norteños y el regaetón preferido de él, que ahora está delante de ellos, en un ataúd. Hay coronas, sencillos arreglos. Algunos empeñaron sus pertenencías para despedir con flores a su amigo.

Comienzan los gritos. De la impotencia. La rabia. Los porqués. Una de sus hermanas, Coral, se desmaya de nuevo.

"Levántate mi niño, levántate!!! ", exclama María Guadalupe Guëreca, antes de que su hijo sea enterrado.

Rosario, la hermana que trabaja en una fábrica maquiladora, se resiste a ver así a su hermano. Se tira hacia el ataúd, intentando que no lo bajen. Le siguen otra de las hermanas. Con un fotógrafo de Juárez apuntando sus rostros a unos 10 centímetros. El resto lo seguimos en manada, a unos metros.
Hay funerales de los que nunca se informa: porque no es noticia. Porque hay más muertos. Porque en un funeral puede acabar contigo el grupo que mató al protagonista del entierro.

Alguien pudo pagar unas rolas al grupo Norteño que encontró chamba en el cementerio cantando a la muerte, cuando las cantinas y restaurantes comenzaron a desaparecer en Juaritos con la llamada guerra contra el narco. Con los muertos. Con los refugiados. Con el peligro de muerte al devorar un burrito.

Sergio Adrián Hernández Güereca, de 15 años, tuvo sus corridos. Sus coronas. Su gente. Que tenga justicia será otra historia.

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Llantos en directo, con 11 menos en Juaritos




























Acababa de ver otro cadáver. Tirado en el suelo. Con los policías federales custodiándolo. Los peritos forenses buscando evidencias del crimen. Lo mismo. Casi lo mismo que los otros 10 asesinados de hoy miércoles 9 de junio.

De pronto, sentí los suspiros de él. De Héctor Zúñiga (de espaldas en la foto). Son las 9 y 30 de la noche. En la Colonia Felipe de los Angeles. Afuera del centro de rehabilitación para adultos Juárez 2006. Héctor comienza a tranquilazarse. Sabe que su hijastro, que está ahí dentro, no es el muerto.

El chavo, de 22 años, lleva 3 meses recuperándose de su consumo de drogas. Sus padres pagan 300 pesos a la semana, unos 25 dólares, casi la mitad del sueldo de Héctor como obrero de la construcción. " Yo venía hasta llorando, ya me sentí mejor", dice Emilia, la madre del chico.

El que está en el suelo es Francisco Lazo, de 27 años, padre de un niño y subdirector e hijo del director del centro. Un paciente, Lorenzo García, resultó herido. Los internos huyeron por la parte de atrás de la casa. Algunos de los 75 pacientes se ven todavía encaramados en la colina detrás de la casita principal del centro.

"Mi mamá viene para llevársela", dice la hermana de una de las internas, que lleva una semana en el centro.

De un carro, salen llantos de niños. Me acerco. Los pequeños son cinco y tienen entre 3 y 8 años de edad. Les pregunto qué ocurre, si están solos, dónde están sus padres. Es lo más duro que he visto en el día, más que el futuro convertido en cadáveres. Ellos no contestan. Sus lágrimas son feroces. Sus cuerpos se mueven sin parar, como una coctelera. No sé qué hacer. Hasta que se acerca una mujer y me dice: "!!No tome sus nombres, no los entreviste!!!".

Le pregunto si es la madre y me dice que sí. Le explico que me acerqué sólo para saber si podía ayudar en algo, que quizá no sea un buen lugar para dejar a unos niños solos, en medio de camionetas de policías federales y viendo un cadáver en el suelo. Que quizá eso no sea bueno para los pequeños, que esa imagen la van a tener para toda su vida... Ella me mira, me dice que él muertito es su primo. Me da su teléfono. "Para lo que se le ofrezca", me dice. Y se despide con: "muchas gracias", llevando a sus hijos a la casa.

Cuando veo las vallas publicitarias que dan bienvenida a las fuerzas federales en las principales vías y bueno, ahora a los candidatos ante las elecciones locales del 4 de julio, me pregunto cuándo vendrá una campaña que alerte a los padres (que quedan sobreviviendo en Juaritos) del peligro de llevar a sus pequeños a ver la muerte en directo.

Un estudiante de 16 años, Martín Caldera, es asesinado. Es beisbolista del Centro de Bachillerato Tecnológico Industrial y de Servicios (CBTIS 128) e iba acompañado de su novia, ahora herida. Circulaban a eso de las 4,30 de la tarde en un Grand Marquis por la colonia Aguilas de Zaragoza cuando un comando armado les disparó. Caldera ya no podrá respresentar a Juárez en varias competencias nacionales e internacionales. Como lo hizo desde niño.

Su muerte deja de ser noticia una hora después. Cuando en la colonia Anáhuac un hombre fue acribillado a tiros al llegar a su hogar.

Un cuerpo sin cabeza está en el cruce de las calles Vicente Suárez con Luciano Becerra, en la colonia Zaragoza. En un banco de un parque está la cabeza. La encontraron unos niños. A las 8 Juaritos comienza a perder el cielo azul para convertise en un huracán feroz de colores. La muerte continúa. Son 11 los muertitos de hoy.

sábado, 5 de junio de 2010

El presidente Calderón no cumple con sus promesas y los vecinos de la masacre estudiantil de Salvárcar hacen su biblioteca. En tres semanas.













































































































El sonríe. Con su trofeo en las manos. Lo acaba de ganar en una competencia de fútbol.
Y ella, con sus ojos en lágrimas: al recordar cómo se salvaron de la masacre de Villas de Salvárcar, donde fueron acribillados 15 de sus amigos y vecinos, y resultaron heridos otros 11.

El (segundo en la izquierda, en la primera foto) es Omar Rivera y tiene varios amigos menos. Asesinados. Trabaja y estudia ingenieria de sistemas. Ella, Lisa Pineda de 23 años. Es operadora en una fábrica maquiladora. Están con Juan Manuel Alcántara, de 20 años y estudiante de sistemas de computación.

"Está chido ver cómo se aliviana la comunidad", dice Rivera con una figura de un jugador de fútbol dorado en sus manos que muestra orgulloso. Su equipo quedó esta tarde en el tercer lugar. En este parque. Detrás de las casas donde fueron asesinados sus compas en una fiesta de cumpleaños, un sábado 30 de enero: Y el presidente de México, Felipe Calderón -embarcado en su llamada guerra contra el narcotráfico- justificó las muertes de estos estudiantes vinculándolos al crimen organizado y al narco. Sin haber investigado.

Hasta que se tuvo que disculpar mientras su legado presidencial se cuestionaba. En cierta manera, estos chavos asesinados tuvieron más suerte. A otros jóvenes, que son ejecutados en pequeños eventos, no les tocan ni las disculpas. Los asesinan y pasan a la lista negra. La de haberse ganado la muerte. Por estar, supuestamente, con el narco. Y a sus familias nunca les ofrecen ni promesas de justicia. Así, con las feroces críticas, el presidente Calderón vino en febrero -por primera vez a Juaritos desde que comenzó su guerra contra el narco apoyado por los soldados y las fuerzas federales- y presentó un plan (social) llamado "Todos somos Juárez, reconstruyamos la ciudad".

Y prometió que a los 100 días habría resultados. Pero pasaron y no se cumplieron ninguno de sus objetivos programados para esa fecha. Y en Ciudad Juárez, con más de 6 mil asesinados en estos dos años y medio, sólo están seguros los muertos. Y los que han buscado refugio en EE.UU o el interior del país.

Es sábado, 5 de junio. En Juaritos. Y esto no es un sueño: estoy en el parque de esta colonia obrera azotada por la violencia. En las calles Villas de Cedro con Leñadores. Pero los niños están jugando. Los mayores, también. Unas mamás están compitiendo por ser las campeonas en vóleibol. !El ambientazo es fantástico! Pienso en el pasado. Cuando se podía vivir en Juaritos sin peligro de ser asesinado, secuestrado, extorsionado.
Unos pequeños bailan canciones infantiles de la mano de una chavas disfrazadas, hasta que comienza un concierto de uno de los grupos locales de Pop, que ya no tocan en muchos de los antros (cerrados, incendiados) de la ciudad. También están los que danzan los bailes folclóricos, las polkas de Chihuahua.

Ella tiene 15 años. Y es Lupe Carreón (segunda a la izda, quinta foto). Tiene calor. Estamos a 42 grados centígrados en esta ciudad desértica donde miles de familias no tienen agua potable. También, lo que tiene Lupe es mucha alegría. De poder haber contribuído de alguna manera a recaudar fondos para la primera biblioteca de la colonia. En este festival o Kermés donde hay de todo: juegos infantiles, bodas de broma y espontáneas con muchas risas, venta de artesanías. Hay esperanza.

La biblioteca se llama "La Unión de Villas". Como el nombre del comité de vecinos que nació tras la matanza (sin esclarecer y con inocentes convertidos en culpables) de los mejores deportistas y estudiantes de la colonia. Se sienten unas energías bien padres. Los adolescentes entran en ella, la limpian, la pintan, la crean. La miman.

Y está ahí, delante del parque. Se hizo realidad en apenas tres semanas, me cuenta uno de los vecinos, Julián Contreras, licenciado en Letras. Lo hicieron rescatando una de las 116 mil casas que hay abandonadas en Ciudad Juárez, según datos oficiales.
Unos pusieron la pintura, otros vendieron productos para comprar material, otros donaron lo que podían de sus pobres salarios de obreros de la maquiladora, muchos dieron 20 pesos (poco más de un dólar y medio) y esta mañana consiguieron un montón del libros. Fue en "Un kilómetro de libros", una propuesta que organizaron para recibir donaciones de libros. Comenzó en el centro comercial Las Torres y continuó por unas 15 mesas hasta llegar a la colonia Villas de Salvárcar.

La biblioteca tiene internet y será costeado por los vecinos, que seguirán organizando eventos para construir presente con futuro en su comunidad. Han conseguido algunas computadoras. Y cuatro maestros voluntarios apoyarán a los niños en sus tareas.

El jueves organizaron una rueda de prensa. Acudieron varios medios de información que lanzaron la noticia. Y que hoy no están aquí, en la Kermés, donde también se pueden devorar antojitos mexicanos y "lo mejor" del otro lado de la frontera: las hamburguesas y los perritos calientes.

"Ha habido una reacción impresionante", afirma Contreras. "Nos mandaron a la secretaria personal de Margarita Zabala (esposa del presidente), al representante de la Comisión Nacional del Deporte...."

Incluso, esta mañana, dice Contreras "comenzaron a llegar las máquinas para emparejar el terreno y construir la Unidad Deportiva Villas de Salvárcar", una de las promesas del presidente Calderón.

"La gente ve que tiene que hacer algo y están encontrando la forma", apunta Contreras. "Ha tenido una resonancia muy fuerte".

Me dio gusto verlo. Sonriendo. Vendiendo sus cuadritos de luchadores realizados con resina. También, imitaciones de grandes pintores que él mismo realiza y collarcitos artesanales. Conocí a Alonso Encina en el velatorio de su hijo José Adrián. Y no fue fácil hablar con él. Tardé varios días para que confiara en mí. Ahora me llama a lo lejos, me sonríe con su esposa y me comienzan a contar su nueva vida. Sin él.

"Ahí quedan más muchachos, hay que seguir adelante", me comenta Reyna Alicia Hernández, la mamá de José Adrián Encina, la señora que podéis ver en la cuarta foto, vestida de rojo. "Yo vivo con mi dolor, a veces ando bien y a veces cabizbaja, y así me la paso, dedicada a mis dos otros hijos".

Y Alonso, huérfano de su hijo universitario y ahora desempleado de una maquila en la que trabajó durante 20 años, dice que "se siente uno bien (con las iniciativas vecinales), antes todo estaba muy serio, se está uniendo mucho la gente, y estamos echándole ganas todos ".

Como Luz María Dávila. Que se quedó sin sus dos únicos hijos: Marcos y José Luis Piña, de 19 y 16 años. Y le dijo al presidente Calderón, en su primera visita tras la masacre, lo que nadie se atrevió a decir.
En el cuarto mes sin sus hijos, su esposo le obsequió una muñeca. Que sonríe en el sofá de su casa. Y en los brazos de Luz. Se llama Azul.

*****ULTIMA HORA/Autoridades federales reaccionan tras una biblioteca creada por los vecinos:

1. La Secretaría de Educación Pública de México (SEP) anuncia el domingo (al día siguiente de la inaguración de la biblioteca) que el lunes a las 9,30 de la mañana iniciarán la construcción de la Unidad Deportiva Villas de Salvárcar. Convoca a reporteros, fotógrafos y camarógrafos.

2. También, en otro comunicado, señala que el domingo entregó -dentro del plan del presidente Calderón "Todos somos Juárez"- una donación de 331 títulos en 550 volúmenes a la biblioteca "Unión de Villas" creada por los habitantes de la comunidad de Villas de Salvárcar.

Los vecinos de Salvárcar rechazan la versión. Dicen que recibieron un donativo de la biblioteca Torentino, sin saber que éste iba a ser utilizado para realizar un extenso comunicado de prensa donde se incluía esta donación como parte del plan del presidente Calderón. Los vecinos aceptaron la donación sin pensar que iban a ser utilizados con fines políticos. "Con este acto oportunista desnudan sus intenciones de querer deslegitimizar la organización vecinal de Villas de Salvárcar, como un proyecto alternativo para solucionar nuestros problemas, tratando de hacerlo pasar como parte de su estrategia de reconstrucción del tejidos social", afirma Julián Contreras.

Al conocer la noticia, los vecinos se negaron a participar en el evento mediático del inicio de la construcción de la Unidad Deportiva Villas de Salvárcar.




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jueves, 3 de junio de 2010

En Juaritos los políticos platican y a su gente, la asesinan. Debate para gobernador: 9 ejecutados, 4 jugando al baloncesto y una adolescente herida.







































































Están ahí. Son cuatro cadáveres. Tendidos en el suelo. Tres seguidos. Y uno, a pocos metros. Estaban jugando al baloncesto. Hasta hace unos minutos, que escuché en una calle cercana una ráfaga de balas. Por unos dos minutos.

Son poco más de las 10 de la noche del miércoles en Ciudad Juárez. Y ellos están muertos. En las canchas de baloncesto de un parque rectangular situado hacia la calle Agrarista, en la Unidad Habitacional Emiliano Zapata. Una adolescente de 14 años está herida y sus familiares la llevan al hospital.

Al parecer, tienen entre 20 y 22 años, y según una vecina algunos de los chavos eran estudiantes universitarios que trabajaban y organizaban toneos de fútbol los domingos en la calle Vicente Guerrero.

En el parque, algunos vecinos buscaban refugio del calor del desierto que azota a Juárez. Esta noche, no estaban aún los policías federales que se alojan en un hotel de la calle Fray Marcos de Niza, a unos cinco minutos caminando del parque, que otras tardes jugaban en las mismas canchas. Cuando ellos llegaban, muchos optaban por regresarse a sus casas. Tenían miedo a ser extorsionados, me cuenta una de las vecinas a la que le amenazaron con levantar y plantar droga a su esposo si no les pagaba una cantidad a la semana.

La balacera finaliza. Y poco a poco, las madres salen de sus refugios improvisados. Algunas van con niños en sus brazos. A ver si mataron a su hermano. A su primo. A su vecino. Llegan de las diversas calles que dan al parque. Y comienzan a gritar. A llorar. Otras suspiran: ellos no fueron.

Los policías federales y municipales tardan en llegar unos 20 minutos. Lo mismo que los agentes estatales. Poco a poco las calles se colapsan con más de 30 unidades. Están en grupos. Esperando. Mirando a la muerte desde lejos. Un agente federal, de corta estatura y con acento de la Ciudad de México, me invita a que me vaya, a que no tome fotos.

Hasta hace unos minutos, las fotos que había tomado era las de los candidatos a la gobernatura por el estado de Chihuahua, donde se encuentra Ciudad Juárez. Hasta el inicio del encuentro, 5 personas habían sido asesinadas. Ahora ya son 9 en este 2 de junio. En el Centro Cultural Paso del Norte, donde se celebró el debate, un grupo pequeño y selecto de personas (la mayoría hombres) sigue el evento que se restrasmitió en directo por radio, televisión e internet.

En la tarima, está primero Luis Adolfo Orozco (PRD), seguido de Carlos Borruel (PAN) y César Duarte (PRI). Uno de los tres será el próximo gobernador del estado tras celebrarse las elecciones el 4 de julio. Los dos últimos, hablaron como políticos. Promesas y más promesas difíciles de cumplir en una ciudad donde cada día los juarenses que pueden (o no son asesinados) huyen. Y Orozco, habló como un inexperto soñador. No hubo nada nuevo. Nada que pueda animar a los chihuahuenses a lanzarse a votar, esperando un cambio real. Al menos, en lo básico: a vivir sin peligro de ser asesinados, extorsionados, secuestrados.

Al finalizar el debate, unos 80 jóvenes simpatizantes de Carlos Borruel (PAN) lo esperaban eufóricos fuera del recinto. Antes de salir como si fuera el ganador, lo hizo el empresario y ex alcalde Teto Murguía, de nuevo candidato a la alcaldía por el PRI. Y lo recibieron coreándole: "ratero!!!! narco!!!!!" mientras Teto no perdía la sonrisa de su rostro: la misma que está en los cartelones electorales que cubren las vías principales de la ciudad, acompañado de ancianas, familias.

Su compadre y ex director de Seguridad Pública Municipal, Saulo Reyes fue arrestado en El Paso, Tejas, hace dos años y cumple condena de 8 en Estados Unidos por tráfico de drogas. Pero de esto pocos se acuerdan. O algunos expertos sí. Que piensan que podrá llegar a un acuerdo. Como siempre se ha hecho en Juaritos. Y que regrese la paz entre los cárteles que se disputan esta codiciada plaza del paso de las drogas que llegan desde Colombia hasta Estados Unidos, donde se consume en paz. Con un nuevo ingrediente. Un Cártel de Sinaloa fortalecido.


*Son ya los 1.100 los asesinados durante este 2010 en Juaritos. Con estos 4 chavos más. Pero las autoridades dicen que van por el buen camino, sin concretar cuál es el criterio en el que se basan para afirmarlo. En Juaritos todo está de la patada. Las ejecuciones son cada vez más sangrientas. Y en masa. Ya no se asesina de uno en uno, como al principio, sino que son comunes las ejecuciones de 2, de 4, de 6 a la vez.
Desde que comenzó la llamada guerra contra el narcotráfico del presidente de México Felipe Calderón (PAN) apoyado por el Ejército y las fuerzas federales, han sido asesinadas más de 6 mil personas en dos años y medio. 237 menores de edad en Juaritos y el valle de Juárez: 49 en este año. 120 menores en el 2009 y 68 en el 2008. Hasta hace un segundo.