sábado, 21 de mayo de 2011

La chava de los lentes oscuros



















Ella nos miró. Y se dirigió directa a nuestra mesa.
Acabábamos de entrar a un lugarcito fantástico para devorar unas gorditas de rajas con queso y otras de costilla: bien chingadotas como Juaritos.

Cabello recogido, sonrisa en su rostro angelical, paso firme. Y llega:

-"Tenga, el otro día se le olvidó esto", dice.

Y se va. Mi compadre abre los ojos tanto que parecen lunas surcadas de colinas. En su mano tiene unos lentes de sol: los que le acaba de entregar la mesera.

"Me sorprende, no es cualquier lente", explica.

Norma Vallarta tiene 27 años y tres niños. Y desde hace tres meses tuvo una nueva misión en sus tareas del restaurante en el que trabaja: devolver unos lentes oscuros a su dueño: mientras perdía amigos, conocidos en Juárez, donde reside desde que dejó la Ciudad de México hace 11 años en busca de chamba.

Los lentes los guardaba encima de unos estantes, y cada vez que alguno de sus compañeros soñaba con ellos, Norma los protegía: les decía que estaba esperando a que regresara su dueño para entregárselos.

Mi compadre le da una buena propina. Ella se resiste a aceptarla pero al final la toma con timidez y se dirige a un botecito de plástico situado en la caja: de pronto el billete se convierte en el único que destaca entre monedas. Pronto, lo compartirá con sus compañeros.

Fuera, la muerte sigue. El desfile que conmemoró el centenario de la batalla de la Toma de Ciudad Juárez, dentro de la Revolución, ha finalizado. El presidente de México Felipe Calderón toma su avión rumbo al DF y, poco después, dos jóvenes son asesinadas: la "normalidad" regresa. Con sus rasgos de solidaridad mientras al ser humano se le arrebata la vida.

La ciudad (con sus retenes constantes de la Policía Federal) vuelve a cambiar oficialmente de nombre: ahora es "Heroica Ciudad Juárez" en referencia a aquella batalla de la que se cumple un centenario. Pero ahora los héroes son los que intentan sobrevivir un día más en Juaritos con la llamada guerra contra el narcotráfico. Algunos, lo hacen incluso cuidando lentes ajenos. Con la esperanza de ver vivo a quien las olvidó. O de vivir.

****En la foto que tomé, podéis ver a Norma, posando, tras acceder a que os contara su historia.

viernes, 25 de marzo de 2011

Dos años esperando a Mónica Janeth Alanís Esparza: desaparecida















La conocí hace casi dos años. Y ahora la veo sentada, moviendo entre sus manos una servilleta que ha convertido en pañuelo. Son las lágrimas de la espera.

Es viernes, 25 de marzo. La víspera de aquel 26 de marzo del 2009 que recuerda:
Son las 3 de la tarde. Mónica Janeth Alanís Esparza tiene 18 años (ahora, ya 20). Sale de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez. Es la primera en la familia en acceder a la educación superior: cursa administración de empresas.

La señora Olga Esparza ha llegado de su chamba: cuida niños. Su hija mayor no está en la casa. No contesta el celular. Va a buscarla para ver si Mónica Janeth está con su novio. Pero no.

Pasan las horas. La angustia. Ella no regresa. Pasan los días. Los años:

-?Qué es lo más duro?, le pregunto.

-"Pues todos los días, cada momento para mí es duro. No tenerla.. su comida. Simplemente ayer, yo estaba aquí sentada y ella siempre (me decía): "mamá yo te hago un cafecito... ".
Es muy duro recordarla a diario porque uno no la olvida, ni un momento siempre estoy recordándola. Lo más duro es todos los días, el no abrazarla, el no tenerla. Es muy cruel".

Hace un año le tocó sobrevivir este aniversario de la desaparición en la Ciudad de México, detrás de una pista sobre su hija. Desea que el día pase, no recordar. Aunque en la mañana tiene una reunión con miembros de la ONU que están realizando un nuevo informe sobre las desapariciones.

"Intentaré no estar aquí, en la casa, salir a distraerme en algo, y es un día demasiado gris para uno... demasiado triste y doloroso. Nunca me imaginé estar así en esta situación, de no poder hacer nada, de estar con los brazos cruzados, que uno no sabe uno de impotencia salir corriendo y gritar: ?dónde estás hija? Es algo que a veces quisiera mejor uno no estar, y dormir y no despertar, o dormir y despertar y tenerla a un lado".

Hay días en los que Olga quisiera no tener memoria. Son los que duelen más. Pero ella siempre está en las protestas, con los retratos de su hija, con folletos para que no la olviden. En este tiempo, calcula que ha empapelado Ciudad Juárez con más de 5 mil.
Muchas tardes, unas diez madres que comparten la misma espera, se reúnen en su casa. Se ayudan para seguir adelante en lo anímico y en lo material: algunas de ellas, no tienen para comer ni para la rutera. Comparten lo poco que tienen para seguir vivas, en todos los sentidos.

-Siempre la veo sonriendo, señora Esparza. ?Cómo lo hace?, pregunto.

-El dolor le hace a uno levantarse y tengo esa energía de ayudar a otras madres. De verdad yo misma me sorprendo que yo esté bien, dentro de que no duermo en la noche, que me tengo que tomar pastillas, que tengo la presión alta.. Yo doy gracias a Dios en cuanto me despierto. Gracias por darme fuerzas Padre, y por estar aquí de pie. Y voy caminando hasta la salida de la casa para agarrar al camión al trabajo...".

De las autoridades, no tiene muchas palabras. A ellas acude para preguntarles cómo están las investigaciones y le responden preguntándole si ella ha encontrado pistas del paradero de su hija. Con la expresión más desgarradora que he visto en el rostro de la mamá de Mónica Janet Alanís Espaza, concluye:

"Las autoridades.... son unos ineptos, de veras".


**** En estos dos últimos años, los crímenes se han disparado en Ciudad Juárez por la llamada guerra contra el narcotráfico del presidente Calderón, y la contínua desaparición de mujeres ha quedado en un segundo plano.

Ricardo, el padre de Mónica Janeth, ya no puede trabajar: su espera se convirtió en un dolor agudo en su columna vertebral y ha sido incapacitado para laborar, sin recibir ningún tipo de compensación económica por el Seguro Social o la fábrica maquiladora que lo despidió.

La abuelita materna de Mónica Janeth murió el pasado 10 de abril sin poder ver a su nieta desaparecida como desde hace 18 años: bajo el imperio de la impunidad y comisiones gubernamentales ineficaces.

*En la foto que tomé podéis ver a Olga Esparza con su hija: en un retrato por su quinceañera y en sus manos: en un folleto de búsqueda.
Cuatro personas fueron asesinadas esta noche. Mañana habrá más. Pero aquí la noticia es la muerte de dos agentes de tránsito por el virus de la influenza. Como si vivir muriendo fuera normal: en un paisaje de secuestros, extorsiones, robos de carros con violencia. Y balas. Balas que matan el presente y el futuro. Bajo las metralletas de las fuerzas de la (in) seguridad.

ACTUALIZACION: Es sábado, ya el mero día en que desapareció Mónica Janeth Alanís Esparza. Olga y Ricardo están agotados. Se han reunido con las mamás de otras desaparecidas: Janira Frayre, Idaly Juache Laguna, Silvia Arce, Brenda Berenice Castillo y Griselda Murúa. A Griselda la acabo de ver, en una foto, que está en San Judas Tadeo, en la Catedral de Ciudad Juárez.

No durmieron mucho la noche pasada: esta vez sus noches de insomnio, de espera las convirtieron en un poema. Escrito a cuatro manos, con dos corazones que se quiebran. Olga me pidió que lo compartiera con vosotros, mis geniales lectores, en este blog. Aquí está "No más lágrimas de una madre". Así que aquí estoy, cumpliendo (con mucho gusto) órdenes. El poema desgarra en esta tarde de sábado en el que van surgiendo los cadáveres, cinco por ahora, en una Juaritos de carreteras desiertas, en la que familias entierran a sus asesinados, buscan a sus hijas desaparecidas o intentan sobrevivir a los muertos. Ojalá lo leyeran las autoridades y que su corazón se conmoviera un poquito, pensando que Mónica Janeth y tantas más pudieran ser sus hijas, para que hicieran su chamba:

Llueve sobre mi alma, llueve.

Se fue mi hija sola, a la eternidad. Mi corazón vacío, sólo queda nieve, ya no existe nadie tan sola en la ciudad.
Siento el olor de su ropa, aunque sólo son sábanas despobladas de su cuerpo, escarbo yo entre ellas, medio loca..y no encuentro sino el vacío... el vacío entre sus ropas...
Y llueven mis ojos lágrimas y ríos de amargura, no encuentro consuelo y hasta a veces desvarío, creo escucharle a ella... ¡Pero estoy sola!

Ay, mis ojos sin su imagen, la mirada perdida entre tantas madrugadas llorando a solas; esperando verla aparecer... Ya no viene, aunque siento su ternura se me hace más leve la tortura de esperar lo inesperado...
¡ Aquel verano tan frío... !,tan frío fue aquel verano
Aquel extraño verano, lleno de flores, lleno de verdes colores tan profanos...
Pero ella ya no estaba... ¡ Ay mi niña adolescente... ! Ya te has ido para siempre.
Para siempre ya tu ausencia, para siempre, para siempre...
Te busco por todas partes y no te encuentro...

¡Ay mi vida mutilada...!Te busco en mi cuerpo; adentro, dentro de mi vientre y tampoco encuentro nada¡¡¡ Y sigo en mi soledad sintiendo tu fortaleza que me viene... ¡tan callada!
Y me siento tu mitad hijita mía mi amada niña... mi niña amada. Me tortura mi existencia, siempre sola, y me invento tu presencia con la esencia de algún beso que me llega de la nada, mientras que como un perro herido, yo me lamo las heridas de mi alma, con lágrimas derramadas por la hija tan querida, que reposa... ¡qué descansa¡

Cariño mío, hija mía, inolvidable y amada hija: tú sabes el vacío que has dejado en mi corazón, tú sabes, preciosa que dolor tan intenso siento al no tenerte conmigo, tú sabes que soy una especie de muerta-viva que no encuentro consuelo en nada ni en nadie, tú sabes que no quiero hacer demostraciones de dolor, tú sabes los esfuerzos que hace tu madre por sobreponerse y por no causar lástima en los demás, sólo tu hija mía, sólo tu mi niña sabes de que forma te extraño, donde vaya, donde esté, siempre estás en mi pensamiento y en mi corazón, dentro de mí... Sólo tú y yo sabemos, sólo tú y yo... ¡ Qué intenso es este dolor... !

Que pena de mi vida, que pena de mi niña, que pena que no podamos hablar las dos, que pena que no puedas sentir mi amor por ti... ¡ porque ya no estás!

Todo se ha desmoronado bajo mis pies, me hundo y siento que no existe el suelo y no me puedo sostener... Si estuvieras aquí, todo sería diferente, pero no puedo, sólo me queda escribirte cartas sin destino, cartas que no tendrán respuesta, solo me responde al amor, el inmenso amor que queda en mí de ti, que tú bien sabes que eso no se fue contigo, quedó aquí, dentro de mi para siempre...

Toda tú estás en mi, porque ¿sabes hija? con la materia no muere el amor...

El dolor viene al saber que ya nunca volveré a verte, nunca podré abrazarte...

Pero, ¿acaso mi vientre no albergó un día a mi niña?...¡ Pues llama loca a tú madre! Te diré que siento que estoy gestándote, si gestándote todavía... o de nuevo, siempre dentro de mí, aunque ahora ya no podré parirte a la vida, te guardaré siempre en mis entrañas, te sentirá respirar y moverte dentro de mi vientre, y pondré todas mis fuerzas en amar la vida y mientras eso pase... ¡ tú vivirás en mí... ! Mi carne será tu carne, mi sangre tu sangre, mi vida será tu vida, mi alma será tu alma, mi amor será tu amor, ¡ todo en mi será vida para tu vida ¡tú no has muerto cariño mío, preciosa, mi niña... ¡ tu no has muerto¡

Tú no has podido morir y yo seguir viviendo, eso no es posible... yo no podría vivir sin ti... ¡¡¡ No sería posible... tú vives, porque vives en mi...!!! Yo lo sé porque te siento a veces creo que te mueves en mi vientre, y siento que mi corazón salta, es... es... como si otro corazón latiera dentro de mí... y creo que mientras siento esos latidos es que algo me dice que el tuyo no se paró un día... porque si pensara por un instante que tu corazón ya no late... ¡ no comprendería que el mío siguiera latiendo sin ti ¡... Me volvería loca...

Siempre que escribo para ti... siento una paz interior que me hace sentir que estás recibiendo mis cartas... siento tu ternura, y la completa seguridad de que estás aquí, es como si dictaras lo que tengo que escribir... y también siento que me dices: madre, madre no sufras que yo vivo en ti... que desde que me fui siento latir la vida que tu me das madre...
Sé que es una defensa, pero también sé que es lo que siento mi niña, y así quiero sentir, solo así dentro de esta locura, seré capaz de seguir viviendo...

Allí donde tu estás...Allí estaré yo, mi niña querida.

¡ Ojalá pudieras contestar...! Tú sabes bien cual es mi destino, mientras tanto ya sabes que me vuelvo a las nubes..

domingo, 20 de marzo de 2011

Griselda pensó que la mataban como a su hermano: o cómo sobrevivir a un secuestro, siendo la hija del pastor evangélico Lalo García

El pastor evangélico Lalo García, padre de tres hijas y de un hijo asesinado en el 2009, abraza a su hija Griselda liberada de un secuestro.  @JudithTorrea 
Decido fotografiar a Griselda, de espaldas, para proteger su imagen, porque quiénes la secuestraron ya sabían demasiado de su familia. Al recordar su reciente secuestro, esta mamá de tres niños no deja de pensar en su hermano asesinado y llora. @JudithTorrea























-¿Qué quieren?, pregunté. Pensaba que iban a asaltarme o a pedirme la cuota. Llegaron al negocio armados.

-Venimos a por tí.

Estaba con tres empleados. Fue cuestión de segundos. No da tiempo a pensar nada. Directo a su carro. Desde ese momento me taparon los ojos. No quería perder la calma. Me dijeron que iban a pedir un rescate por mí. No sé cuánto fue. Mis padres no me lo han querido decir.

Estoy con Griselda o la hija del pastor evangélico Lalo García, como es reconocida por la comunidad de Ciudad Juárez. Hace diez días que salió de cautiverio. Accede a hablar conmigo, la primera vez que lo hace con un periodista "porque ya escribiste sobre mi hermano Abraham". Su hermano fue asesinado el 15 de octubre de 2009, a los 24 años de edad. En presencia de su hijo, un bebé, y su esposa.

-He aprendido que uno debe de vivir su vida, cada día como si fuera el último día de mi vida... Desde la muerte de mi hermano así lo vi, y con esto se me reafirmó. Que uno debe de apreciar la vida que tenemos.

Casada. De 38 años. Mamá de tres pequeños, de 8, 6 y 3 años. Bellísima.

-En el secuestro viene todo a tu mente, viene toda tu familia, sobre todo tus hijos, que tal vez ya no vas a salir de ahí, quieres que pase el tiempo rápido.. y yo lo que hice es estar clamando a Dios: Señor cuida mi vida, trata con estas personas, con estos muchachos, ablanda sus corazones.

No los ve. Pero sabe que son cuatro: olor a marihuana. Escucha sus pasos, y cómo esnifan cocacína. Tres noches. Dos días.

-Me dijeron que me iba, me dijeron la hora y a qué hora me iban a soltar. Me dieron instrucciones de cómo me iban a dejar, qué tenía que hacer .... Esas horas se me hicieron eternas. Llegó el pensamiento que me iban a matar todavía cuando me dejaron, pues hasta aquí llegué, me dije. Y me levanté (del suelo) y comencé a temblar. Daba gracias que estaba viva pero al mismo tiempo no podía creer lo que estaba pasando.

Griselda pidió ayuda: un teléfono para poder llamar a sus padres. Se dirigió a un negocio.

- Yo le dije lo que me había pasado y no me creía. La persona con la que llegué sintió miedo. Me decía si me venían siguiendo y no me dejó entrar. Ahí me sentí angustiada, nadie me va a creer, quién me va a ayudar. Lo que hice fue caminar y seguí caminando, y en ese momento ya venía mi papá.

Calle 16 de septiembre con Bolivia, una de las más concurridas de Ciudad Juárez. El Pastor Lalo García ya ha recibido la llamada de los secuestradores. Sabe que su hija estará por esa zona.

"Cuando la miré y estaba en esa calle, corrí y ella corrió. Los carros se pararon, no pitaron. Nos abrazamos. Fue un abrazo que posiblemente no le había dado desde que era una niña", recuerda el padre de Griselda.

Pasan los días. Su corazón se altera. Hasta que el celular del pastor Lalo García suena. Es 8 de marzo y recibe la primera llamada de los secuestradores de su hija:

-"Yo estaba en mi trabajo... Señor García, tengo a su hija. Empiece a moverse, queremos tal y cual cantidad. Nosotros somos la autoridad. Le hablo más tarde".

Llegan los porqués. Cuál será la mejor estrategia.

"Si es verdad o mentira (que son la autoridad) no sé, pero son tantos los casos...
El temor mayor de nuestra sociedad es que hay muchas autoridades coludidas, que están en bandas, dentro, es el temor más grande que se puede tener".

El pastor no duerme, no come. Está pendiente a un sonido: el del celular.

-El mayor enemigo de uno es tu propio pensamiento que te la van a matar, porque ha habido casos en que pagas tu rescate y los matan. Yo creía saber las cosas, pero es muy frustrante, muy pesado por dos razones: atrás tienes a la familia, y enfrente tienes a los secuestradores.. El mayor temor de una persona que negocia es: ¿y si fracaso?, voy a ser responsable. Negocié con tres personas. Los secuestradores por un lado presionándome y la familia esperanzada que hiciera una buena negociación.

Pregunto a Lalo García, padre de tres hijas y un hijo (asesinado), qué ha aprendido tras sobrevivir también al secuestro de su hija:

"Abracen a sus hijos porque puede ser que mañana no los abracen (no puedan abrazarlos)".

****FOTOS: Aquí puedes ver a Griselda, de espaldas, recibiendo un abrazote de su padre. La hija del pastor evangélico es una ciudadana estadounidense criada en Ciudad Juárez, México. Con su secuestro, decidió dejar su vida y refugiarse en El Paso, Tejas.
Su padre, Lalo García, continúa con su labor en Juaritos. Dice que no puede dejar a su ciudad, a su pueblo, a pesar del riesgo. Y ayuda a otras familias a negociar secuestros y a superar la pérdida de sus asesinados: esperando que no lo asesinen. 

sábado, 26 de febrero de 2011

Sara, la mamá de los Reyes, vuelve a enterrar a dos hijos asesinados: ya son cinco






































































































No hay sepultureros en el Valle de Juárez: para abrir la fosa de Elías y Malena Reyes Salazar, al lado de sus otros tres hermanos y un sobrino. Los ataúdes (cerrados) siguen esperando en el campamento que se instaló en la Fiscalía General del Estado para exigir su liberación: desde que fueran levantados un 7 de febrero.
El de Luisa Ornelas, la segunda esposa de Elías, no está: será velado en la casa de la familia de ésta, en El Valle.

Aquí, en el velatorio por los Reyes, no hay mucha gente. Viajar ahora hasta el Valle de Juárez es como hacerlo a un pueblo fantasma, con retenes militares, del que sabes que puedes no regresar. Los ataúdes llegaron a las cuatro y media de la madrugada del sábado, cuando la funeraria pudo finalizar con el tratamiento de los cadáveres descompuestos.

"Los velamos en la Fiscalía porque no tenemos ni casa, fueron vandalizadas, la de mi mamá, incendiada, y como símbolo de justicia", me comenta Saúl Reyes, hermano de los asesinados.

Los puños en alto de los que fueron compañeros en vida de la familia de luchadores sociales. La música de Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, la que escuchaban los últimos Reyes asesinados. Y Sara Salazar, la mamá, mirándolos.

Llegan más policías: federales, ministeriales y de la Policía Preventiva Estatal (que todavía llevan en sus uniformes las siglas de la antigua Cipol). Ahora sí que hay un gran operativo para adentrarse a ese mundo del que desaparecieron, fueron enterrados y desenterrados con unas cartulinas que explicaban la razón de su muerte: pertenecer al crimen organizado. Aunque esas enormes cartulinas, que las autoridades han enviado a los medios de información, nunca las vio quién descubrió los cadáveres arrojados en la carretera cuando se dirigía a la universidad, según denuncia el sobrino de los Reyes.

Para llegar hasta el poblado de Guadalupe Distritos Bravos, en el Valle de Juárez, hay que manejar por unos cincuenta minutos: carreteras desoladas en el día, surcadas por pueblos enteros saqueados: de casas incendiadas, en las que vas encontrando tanques militares, retenes con sacos de arena.

En algunas esquinas, están los halcones. Los que trabajan para uno de los cárteles de la droga y vigilan quien entra por esta zona crucial de paso de los narcóticos.

Al llegar al Panteón del Recuerdo encuentras el abandono: que no existe ni en los cementerios más pobres de la ciudad, de Juárez. Son pocos los vivos que quedan en El Valle y pueden atender a sus muertos.

De los vehículos blindados, salen los policías. Los tanques, se quedan fuera, por si entra un grupo armado y comienza a disparar a lo que queda de la familia Reyes y a sus amigos. Entre las tumbas, los policías vigilan. Cuatro niños juegan con un perrito.

Sacan los ataúdes y ella, su madre, grita. Intentando tocar los dos féretros por igual: "Por qué Dios mío!!!!! Yo los quería vivos!!!!!", exclama la señora Sara Salazar, de 76 años, mientras su hijo Saúl intenta sujetarla para que no se caiga del dolor. Y lo que queda de la familia se funde en abrazos.

Primero, un ataúd. Y una bandera de México. Después, el otro. En la misma fosa. Los hermanos, hijos y sobrinos (que quedan vivos) comienzan con las palas a cubrir los féretros. Sara, sentada, sin aire.

La pequeña Yarima, de 12 años, y que fue testigo de las desapareciones forzadas junto con su abuela, está arropada de los hijos de su tía, la reconocida activista Josefina Reyes, que a sus luchas en contra de los feminicidios o del basurero nuclear de Sierra Blanca, añadió la denuncia de desapariciones y asesinatos del Ejército cuando llegó al Valle de Juárez dentro de la llamada guerra contra el narcotráfico del presidente de México Felipe Calderón.

Lloran. Se desahogan. Pero saben que aquí no termina su dolor. En la noche, reunión. Para saber su siguiente paso. Dónde huirán para que no les maten. Lo más seguro, es que parte de la familia se refugie en la Ciudad de México mientras estudian pedir asilo político a España, Canadá o Francia. Y Marisela Reyes me dice que de dónde se encuentren van a seguir luchando por Ciudad Juárez.

"Tengo miedo por mi familia, pero tengo más miedo de seguir viendo tanta sangre inocente correr por las calles de mi ciudad. Porque si no gritamos nos van a matar igual, y si nos matan, que al menos sea por algo, que el mundo escuche lo que realmente está pasando en México", afirma Marisela Reyes.

Sara Salazar tuvo que perder a seis miembros de su familia (cuatro hijos, un nieto y una nuera, todos asesinados en estos dos últimos años) para pensar irse de su Valle de Juárez. Algunos miembros de la familia Reyes Salazar todavía se resisten a abandonarlo.

*En las fotos que tomé podéis ver el viaje de los Reyes desde su velatorio en el plantón-huelga de hambre en la Fiscalía hasta su lugar de origen. Sara Salazar, la mamá de los Reyes, ha perdido en total a cinco hijos, cuatro asesinados: Josefina, Rubén, Elías y Malena. Y entre tanto dolor, a Eliazar por un cáncer.

lunes, 14 de febrero de 2011

Buscando a sus hijos "levantados": en plantón y huelga de hambre, y hoy: 12 asesinatos más






















































Encuentro el paisaje de la injusticia: ahora en la explanada de la Fiscalía General (de Justicia) del Estado. Lo veo en las personas que se acercan para denunciar desapariciones, torturas, violaciones, reconocer a sus muertos en Ciudad Juárez.

Y todo mientras converso con Sara Salazar que desde hace una semana no sabe nada de sus hijos Malena y Elías Reyes, y la esposa de éste, Luisa Ornelas.

Su hija, la reconocida activista Josefina Reyes y Rubén, ya fueron asesinados. Ella, el 3 de enero y él, el 18 de agosto del 2010. El pasado lunes 7 de febrero, como os contaba en otra entrada de este blog, un comando armado interceptó la camioneta en la que viajaba Sara con su familia, y se llevaron a todos los ocupantes menos a la señora Salazar y a su nieta Yarima, de 12 años.

Con Sara conozco a varias mujeres que acercan en su desesperación por ser escuchadas: por las autoridades. Como Rocío Francisca, violada hace dos meses y que todavía no ha visto la justicia a pesar de haber identificando a su agresor, que sigue libre (y quizá, violando a más en la ciudad de los feminicidos impunes).

Lo que hizo Sara para no silenciar su nueva injusticia es lanzarse a un plantón en la puerta de la Fiscalía, acompañada de lo que queda de la familia Reyes y varios estudiantes y activistas que realizan una huelga de hambre: en medio de un frente gélido, que dejó a Juárez por unos días sin electricidad y agua: como es la vida todos los días en algunas de las colonias más pobres de esta ciudad mexicana fronteriza con Estados Unidos. Y ella, a sus 76 años, lidera con su hija Marisela Reyes, la primera forma de protesta más extrema desde que comenzó la llamada guerra contra el narcotráfico del presidente Calderón.

Ahí, entre una tienda de campaña para dormir, leña para calentarse, pancartas que gritan justicia, el regreso con vida de los Reyes, se lanza la Campaña Por Defensa de la Vida. Y Sara me comenta que el dolor de no saber dónde están sus hijos es más duro que el que sintió cuando asesinaron a Josefina y Rubén. Es la agonía de la espera:

"Quisiera saber dónde los tienen, cómo los tienen, si les dan de comer o tienen frío. Yo les pido a estas personas por favor encarecidamente que me las entreguen por favor, como sea, pero que no los entreguen", dice sacando las lágrimas que ha contenido en su entereza forjada en varias luchas.

En este paisaje de injusticias está la esperanza: en unos taburetes que los huelguistas han instalado para que los niños que acuden con sus padres a la Fiscalía se diviertan pintando mientras intentan ser escuchados en sus demandas. Pero ésta siento que se quiebra cuando veo que lo que dibujan son hombres asesinando a otros, muñecas de color negro, el rojo de la sangre en la arena del desierto. Es su Juaritos. Y lo cuelgan en los cristales de las puertas de la Fiscalía que luce el letrero de su antiguo nombre: Subprocuraduría de Justicia.

El ambiente es alegre, a pesar de la incertidumbre. Llegan personas a donar madera, agua, cobijas. Lo hacen mientras escuchan una melodía que dice "tienen miedo, porque no tenemos miedo" o grupos como El Cántaro se acercan a interpretar lo mejor de la música tradicional de Latinoamérica.

Marisela Reyes, uno de los cuatro hijos que le quedan a Sara sin haber sido asesinados o levantados, se siente agotada por la huelga de hambre que inició hace una semana e intenta dormir entre los niños que ríen, los jóvenes que sueñan con una Juárez alejada del horror constante.
Se despierta con una llamada de una periodista local que le dice que se ha encontrado el cuerpo de su hermano y que quiere entrevistarla. Ella le dice que no puede ser, que no saben nada.
Los hueguistas van a la página del principal periódico del estado El Diario de Juárez y es la noticia destacada de la portada, con vídeo incluído y sin ninguna fuente: Habrían hallado el cuerpo de Elías Reyes... !a metros de un control militar!

Marisela entra a la Fiscalía para preguntar sobre esa noticia publicada. Lo hace "con mucho miedo de toparse uno con algo que en realidad no quiero, porque preparada no estoy" y cuando las autoridades le enseñan las fotos de ese cadáver que se ha encontrado en un canal del poblado de San Agustín, ve que no se trata de su hermano.

"No coincidía la ropa. Yo estaba segura que no era. Es un viejito, mayor de 70 años, está muy canosito y mi hermano es conchudo, tiene pelo muy negro. Yo traía todo junto, el dolor, el coraje, es algo bien fuerte y gracias a Dios que no fue mi hermano y la impresión fue muy fuerte", afirma Marisela Reyes.

"Seguimos en pie y en la lucha, y de aquí no nos van a mover hasta tener resultados, con el susto que nos llevamos ahorita, que encontraron y que no eran, regresa la esperanza que el estado sabe dónde están y van a regresar con vida los tres", agrega.

Intento confirmar la información con otra fuente. No localizo al vocero de la Fiscalía. Pero Gustavo de la Rosa, el visitador de la Comisión Estatal de Derechos Humanos adscrito a la Operación Coordinada Chihuahua (la versión local de la llamada guerra contra el narco) me dice lo siguiente:

"El cadáver encontrado no es el de Elías Reyes. Es una persona de 81 años, que trabajó de parquero en la ciudad. No tiene ninguna semejanza con Elías ni por la edad (58) y por la costitución. Me lo confirmó la Fiscal del distrito que no era".

*Los asesinatos fueron 12 en este lunes 14 de febrero. Entre ellos, una mujer y sus dos hijas, al parecer menores de edad. Con ellos, 98 en lo que llevamos en el mes de febrero y 318 en este mes y medio del 2011.
De los cadáveres que me encontré hoy me quedo con una imagen: la de un niño, con su mamá, contándome cómo fueron los balazos en la Colonia Héroes de Revolución para un hombre en un carro que "el sábado había empeñado su licencia de manejo (en una tienda de abarrotes) para seguir bebiendo una chelas".
El cuerpo está en la esquina del Panteón Colinas de Juárez. Reconozco el lugar. En los últimos cinco o seis meses han matado a varias personas en esa zona sin pavimentar donde se encuentra la calle Miguel de la Madrid. Y las historias de cómo fue siempre me las han platicado los niños.

****Para seguir todo lo que está pasando en la huelga de hambre os recomiendo este nuevo blog, Por la vida:

lunes, 7 de febrero de 2011

Sara, sin sus hijos: dos asesinados y ahora dos más "levantados"















La familia Reyes denunció los abusos y desapariciones de los soldados en el Valle de Juárez -a una hora de Juaritos- y poco a poco fueron asesinados, levantados (secuestrados sin pedir rescate).

Asesinados impunemente: la activista Josefina Reyes, el 3 de enero, y su hermano Rubén, el 18 de agosto del pasado año. Desaparecidos: Malena y Elías Reyes, y su esposa Luisa Ornelas, el lunes 7 de febrero del 2011.

La última vez que vi a Sara Salazar, la madre de los Reyes, fue hace poco más de una semana, pidiendo justicia en el primer aniversario de la masacre estudiantil de la colonia Villas de Salvárcar. Aún no había sumado a la lista de dolor estas tres últimas desapariciones. Llevaba un retrato de su hijo Rubén y a sus nietos, que la rodeaban.

Cuando le pregunté cómo se encontraba, ella me dijo: "aquí estamos, en la lucha". Y sonrió.

Ahora vuelve a llorar, sin derrumbarse. "Que me los regresen con vida, así como se los llevaron. Quiero que alguien me escuche y me regresen a mis hijos".

Yarima Isabel, de 12 años, no puede hablar. "No quiere salir de la casa, tiene miedo", me dice Marisela Reyes, una de las dos hijas de Sara que queda viva o sin ser secuestrada.

En la tarde del lunes, Yarima acompañó a su abuela Sara y a sus tíos Malena, Elías y Luisa a comprar mercancía en Ciudad Juárez para la panadería que su tío tiene en el poblado de Guadalupe Distrito Bravos. A la altura de Juárez Reforma un comando armado con seis personas interceptó la camioneta en la que viajaban, dejaron en libertad a la niña y a su abuela y se llevaron a los otros tres.

Sin un teléfono celular para avisar a sus familiares, las dos caminaron hasta el poblado y de ahí, tomaron un autobús hacia Ciudad Juárez.

De ellos, no hay noticia.

"Yo creo que todo viene por el activismo. Por el acoso de los militares que vivimos, por las denuncias. Nosotros no les tememos nada", razona Marisela Reyes, que intenta presionar a las autoridades para que rastreen con un helicóptero la zona.

Sus hermanos levantados están incapacitados y con graves problemas de movilidad. Malena, de 47 años, padece de artritis y "tiene que usar un bordón para poder moverse". Elías, de 58, sufrió una embolia el 13 de diciembre. Y la esposa de éste, Luisa, de 52, "sufrió un accidente automovilístico y tiene placas en ambas piernas".

A Sara Salazar le quedaban cuatro hijos, tras el asesinato de Josefina y Rubén Reyes. Ahora, Malena y Elías, desaparecidos. Y siete nietos que esperan una noticia de sus padres.

Actualización: en la mañana del martes, lo que queda de la familia Reyes se dirigió a la PGR para presentar una denuncia por las desapariciones. Estuvieron acompañados por varios activistas. Esto fue lo que ocurrió, según los vídeos tomados por dos de los lectores de este blog, Marrito y PuenteNegro:



martes, 1 de febrero de 2011

Lizbeth y sus lágrimas: el interrogatorio a una niña herida







































Sola: con sus lágrimas de niña de 13 años. La mano derecha destrozada por una bala. Es Lizbeth. Entra en la casa, sin apenitas poder caminar. Su mamá, abrazándola en sus pasos, para que no se derrumbe del dolor.


En el fondo de la sala está su hermanastra Karina Ivette Ibarra Soria, de 16 años: en un ataúd blanco, con una sudadera gris, blusa rosa y pantalón azul. La ropa que su hermano 15 años escogió para ser enterrada. La que llevababa cuando la asesinaron, está guardada "en una bolsa que me dieron", me comenta Mario.


Los dolores se van acumulando con las horas:

Dolor 1: Lizbeth Delgado vio cómo los Policías Federales asesinaban a su hermanastra, Karina Ivette en la madrugada del sábado al domingo.


Dolor 2: al día siguiente, salió del Hospital General porque no tenía cómo pagar una operación quirúrgica para salvar su dedo. El seguro del gobierno, el Seguro Popular, no atiende a baleados.

Dolor 3: la interrogaron por "siete horas, en el Centro de Mando de la Policía Federal en Ciudad Juárez: sin un abogado, sin que le permitieran que un familiar la acompañara, sin medicamentos".

Dolor 4: los federales que asesinaron a su hermana justifican la agresión. La acusan de intento de secuestro y la amenazaron con 15 años de prisión. Y los dos jóvenes que iban con ellas, están detenidos por presunto robo de vehículo con violencia y agresión a los federales con arma de fuego.

Karina Ivette es la quinta: asesinada en una semana por la Policía Federal. El pasado martes, 25 de enero, cuatro en un día. Tres personas, entre ellas un adolescente de 15 años, en la colonia Chaveña y el escolta del alcalde Teto Murguía.


Al parecer, iban a una fiesta. Pero desobedecieron a sus padres y acabaron con otras tres amigas en un salón de baile. Según las menores, los hombres que les regresaban a sus casas comenzaron a pelear con otros. Llegaron los policías federales y comenzaron a disparar. En la colonia Villas de Salvárcar.
Los conocí el domingo: con rabia, con esperanza de poder salvar a su pequeña con 6 balas incrustadas en su cuerpo. "Yo no conozco a mi prima así, no puede hablar", me contaba Joanna.

Acababa de regresar de un nuevo aniversario del dolor: la misa por las 15 personas asesinadas hace un año en Villas de Salvárcar. Por Twitter relaté mis primeras impresiones de aquel encuentro de rostros con impotencia.

El miércoles Karina será enterrada. Porque sus padres empeñaron objetos, sus amigos les prestaron dinero. Esta tarde las autoridades reaccionaron: más o menos. El área de Atención a Víctimas de la Procuraduría General de la República les prometió que pagaría el funeral. "Pero al saber que ya estaba pagado, pues ya no", dice la mamá de Karina, Myrna Ivette Soria

El padre de la adolescente asesinada tendrá que vender miles de machitos en su carrito ambulante para poder devolver lo que deben. Quedan vivos los gastos del hospital. De unas balas de la Policía Federal que nunca buscaron.


Ahora el blanco de la nieve comienza a cubrir el rojo: de la sangre. En Juaritos.'


*Comenzamos el martes con menos cuatro grados centígrados y 11 personas menos (las de ayer). Enero se nos fue, con 216 asesinatos.