viernes, 13 de julio de 2012

Briana busca a su mamá Nancy Navarro desde hace un año. Y tiene dos años y tres meses de edad.




Esperó a que la noche llegara: para permitirse llorar. Con sus fotos, sin ella. Sólo con el recuerdo:

Mallas negras, zapatos negros bajos, blusón de tirante gris con blanco y cinto negro. Miércoles, 13 de julio del 2011. Colonia Francisco I. Madero. En Ciudad Juárez. Las 11 de la mañana. 
-Mamá voy a ver si me dan trabajo, voy a ir al centro, a Modatelas, a los puestos de telas. 
-Andale pues m'hija, mucho cuidado.

Desaparecida. Hoy hace un año. Nancy Navarro, mamá soltera.

"Toda la gente me ayuda menos las autoridades y no hemos tenido respuesta", comenta Lucy Muñoz, de 38 años de edad y mamá de cuatro niños de 14, 8 y 6 años, además de Nancy.


Silencio. Unas lágrimas. Continúa. Porque sabe que no queda otra.
El día fue de lucha. Comenzó despertando a su nieta Briana Naomi, de 2 años y tres meses, a las seis de la mañana:
-"Mi gorda, vamos a misa para seguirle pidiendo a Diosito encontrar a tu mami".

La pequeña dormilona no se demoró en levantarse ni un segundo. Las dos soñaron, cada una en su mundo, un mismo sueño mientras estrenaban unas playeras color rosa con la imagen de Nancy y un lema: "Mi esperanza está en Dios".



Desde la Iglesia de Santa Cecilia, en la calle Francisco González Bocanegra, recorrieron el tramo de la ruta 2B, el que debió de tomar Nancy Navarro para ir hasta el centro, y caminando por más de una hora con familiares, amigos y padres del Comité de Madres y Familiares con Hijas Desaparecidas y bajo un intenso calor, llegaron a la Catedral mientras empapelaban cada rincón hojas de alerta con la foto y datos de la desaparición de Nancy.
Se pararon en la antigua cárcel de piedra "donde están los municipales que supuestamente cuidan el centro". Y comenzaron a gritar con más fuerza su dolor:

- ¿Qué queremos?
Que las encuentren 
-¿Cómo?
Vivas
-¿Cuándo?
Ahora.

Cuando Lucy veía a jovencitas hermosas como Nancy Navarro, se acercaba a ellas, les daba un mensaje que había preparado para encontrar a su hija y les decía: 

- Cuídense mucho m´ija porque ella es mi hija. No lo tires, si no lo quieres dáselo a otras personas.
 Y ellas, le respondían que no perdiera la fe, que la iba a encontrar, que siguiera adelante.


Las horas pasan. Las noticias no llegan. Los vecinos, familiares y amigos que le acompañan desde la desaparición para rezar y buscar su hija, no le han dejado sola en todo el día. Saben que tras la protesta su esposo se fue a su trabajo de mesero en un restaurante para tener con qué comer mañana. 

"Yo he tenido muchos ángeles alrededor de mí, como espero que mi hija los tenga. Yo sé que ella no está por su voluntad, pero que no tenga miedo, que Dios le va a dar fuerzas para salir donde quiera que esté y que vamos a estar con los brazos abiertos, que piense en su hija cuando tenga oportunidad de hacer algo, de escaparse, de salir dónde esté...". 
Son las 10 de la noche en el hogar de los Navarro Muñoz. La lluvia, que ha azotado con fuerza estos días en Juaritos, ha convertido el arroyo detrás de su casita en un basurero de llantas que contrasta con la limpieza y el orden de su casita que surge de un agujero en el desierto, en el que cuando llueve el agua discurre salvajemente por los terrenos sin alcantarillado.


"A estas horas andaba como loquita buscando a mi hija donde quiera. Era un día que estaba lloviendo y andábamos entre el agua yo, mi hermano, mi cuñada, en la policía, en hospitales, a preguntar por el centro. Yo recuerdo a mi hija como si fuera hoy en la mañana cuando estábamos almorzando juntas y se fue al centro a buscar trabajo...", 

Cuando Lucy sale unos minutos de su hogar, su nieta Brianita le pregunta a su regreso: ¿Ya viniste? ¿fuiste a buscar a Nancy?

"A veces no quiero que me diga eso", reflexiona. "Porque pobrecita, me ve que llego y nada".

Así desde hace un año. Con todos los minutos, horas, días y meses de espera. Como otras madres.

"Lo que más deseaba hoy era encontrar a mi Nancita, abrazarla y decirle cuánto la he extrañado. Me levanto dándole gracias a Dios por otro día de esperanza para ver a mi hija".


******En su dolor Lucy Muñoz escribió un mensaje para la comunidad juarense, que me pidió compartir con vosotros:


Un día como hoy 13 de julio comencé a extrañar a mi hija. Desafortunadamente ella forma parte de las mujeres desaparecidas de esta ciudad, y aunque pensé que mi familia nunca pasaría por esto, hoy tenemos que aprender  vivir con la ausencia y con la esperanza de volver a abrazar a mi hija. 
Por ese motivo, quisiera invitarlos a que tomen conciencia de este problema que sucede actualmente en nuestra ciudad para que no permitan que sus hijas asistan solas a la zona centro, y así como proporcionar datos personales a desconocidos, que ofrecen falsas promesas d trabajo y superación personal. 
Es importante tener en cuenta que a todos nos puede pasar en el momento menos esperado, y nunca digas "a mí no me va a suceder". 
Gracias por leer y aceptar este mensaje. Espero que sea de utilidad para la comunidad juarense. 
Atentamente, 
Familiares de Nancy Ivette Navarro, desaparecida el 13 de julio de 2011. 
  

domingo, 1 de julio de 2012

Elecciones presidenciales sin ellos: los que huyeron, los asesinados, los desaparecidos...





Paredes desnudas. Vestidas con el recuerdo de la huida: una hermosa figura de plástico.


Olga Reyes Salazar dice que la Virgen de Guadalupe que decora el lugar donde se refugia cuando viaja a la Ciudad de México es de Hugo, su sobrino, que sobrevivió a un ataque en Ciudad Juárez. Ahora él está en Estados Unidos solicitando asilo político, como lo han pedido 33 personas de su familia al ser asesinados seis de sus miembros.

La última en hacerlo es la mamá de los Reyes: Sara Salazar, de 78 años, que tras ser asesinados en dos años su nieto, cuatro hijos y nuera y ser incendiada su casa en el Valle de Juárez, vivía entre Ciudad Juárez y la ciudad de Chihuahua. Hasta que decidió huir el viernes 29 de junio con su nieto Ismael Reyes, de 31, que se resistía a abandonar su tierra y que la señora Salazar cuidó desde que su hija Elba Alicia falleció al dar a luz. 

A estas horas, los cuatro candidatos presidenciales de México han votado. Olga, no. Como tampoco los miembros de su familia que perdieron sus credenciales de lector cuando tuvieron que huir: como miles de mexicanos que sobrevivieron a los más de 60 mil asesinados durante la llamada guerra contra el narcotráfico del presidente Felipe Calderón.

Son las elecciones presidenciales sin ellos: sin los que tuvieron que huir para no morir, sin los desaparecidos, sin los 60 mil asesinados en todo el país bajo el imperio de la impunidad. Son los olvidados de unas elecciones donde los candidatos han presentado un México sin ellos: ninguno de los cuatro candidatos presidenciales ha dedicado ni un segundo de su tiempo electoral para ofrecer un futuro a las víctimas de la llamada guerra contra el narcotráfico en un país donde en algunas zonas, con excepción de la segura Ciudad de México, el peligro se ha convertido en estar vivo. 

Hoy no está siendo un día fácil para Saúl, el único de la familia Reyes Salazar que por ahora ha recibido el asilo político estadounidense: el pasado 9 de enero junto a su esposa y sus tres niños de 13, 6 y 3 años de edad.

"Desde que empecé a votar, nunca había dejado de hacerlo. Yo y mi familia cumplimos con esa responsabilidad. Y ahora el no poder hacerlo nos causa dolor, sentimos el dolor de haber sido expulsados de México. Tenemos un interés especial en el camino que debe de tener México", afirma Saúl en entrevista telefónica desde El Paso, Tejas, donde reside.

Esta noche sigue el proceso electoral en una casa de uno de los juarenses que se han refugiado en El Paso junto con decenas de familias mexicanas que se han reunido para seguir los resultados del México que aman, el que divisan al otro lado del Río Grande que separa la ciudad más segura de Estados Unidos de Ciudad Juárez.

"Hubo muchos problemas para que podamos votar. Se autorizó el voto en el extranjero con mucho trámite, pero no fue sencillo, y los que hemos recibido asilo político nos comunicaron que no nos reconocen el derecho de votar", señala Saúl Reyes Salazar, de 41 años, que pasó de ser dueño de dos panaderías en el poblado de Guadalupe, en el Valle de Juárez, a no tener qué dar de comer a sus hijos cuando llegó a Estados Unidos, y actualmente a ser empleado en una panadería en El Paso.

- ¿Qué le dirías al próximo presidente de México?

"En Estados Unidos estamos una gran cantidad de gente que nunca quisimos abandonar México, pero que las condiciones de violencia, impunidad nos han traído a un lugar que sentimos ajeno. Y nuestra esperanza es poder regresare a un país en paz". 

**Olga Reyes Salazar abraza una foto antigua de su familia antes de que sus cuatro hermanos, sobrino y nuera fueran asesinados.

**** ACTUALIZACION: a estas horas ya se van conociendo los resultados preliminares de las elecciones presidenciales de un México donde 52 millones de personas -el 42 por ciento de la población- vive en la pobreza y para los que votar se convierte en todo un reto. En el sexenio del presidente Felipe Calderón (PAN) no sólo la violencia se disparó sino la pobreza: 12 millones más según datos oficiales.

Por ahora, Enrique Peña Nieto, del Partido Revolucionario Institucional (PRI) tiene un 37 por ciento de los votos. Mientras que el candidato de los partidos de izquierda, Andrés Manuel López Obrador - que se autoproclamó como el presidente legítimo de México tras perder, oficialmente, las pasadas elecciones del 2006 contra el ahora presidente Calderón por un 0,56 por ciento- tiene un 29 por ciento.
En tercer lugar, está Josefina Vázquez Mota, del actual gobierno del Partido de Acción Nacional (PAN) con 28 por ciento de los votos. En cuarto, Gabriel Quadri, del Partido Nueva Alianza (PANAL) con 2 por ciento. 

El PRI, el partido que gobernó México por 70 años -hasta que el PAN llegó en el 2000 con Vicente Fox y se habló del comienzo de la democracia- regresa a la presidencia. El PRI es el partido que gobierna Ciudad Juárez y el estado donde se encuentra la ciudad más golpeada por la llamada guerra contra el narco, Chihuahua.

jueves, 5 de abril de 2012

Brianita cumple dos años de edad: 8 meses y tres semanas sin Nancy Navarro, su mamá desaparecida





















Dos velitas prendidas. Unos pastelitos de chocolate y vainilla recién hechos en casa. Los niños dispuestos a celebrar el cumpleaños de Brianita. Y una pregunta para ella, la más chiquita:

-¿Qué le pides a Diosito?

-A Nancy.

Silencio.

"Se me rompe el alma cada vez que la oigo que me dice que quiere a Nancy. Ella nos ve que nos ponemos a rezar y se agarra de las manos de todos nosotros y cierra sus ojitos y se percina", me comenta Lucy, la mamá de Nancy Navarro que desapareció en la zona centro de Ciudad Juárez hace ocho meses y tres semanas, cuando iba a buscar trabajo: como otras jóvenes.

Hoy se le rompe más. "Es una semana más (sin saber dónde está), un miércoles 4 de abril el cumpleaños de mi nietecita y precisamente un miércoles (13 de julio) desapareció mi Nancita".

Desde que desapareció Nancy Navarro, su hija ha aprendido a caminar, a balbucear sus primeras palabras. Le han salido sus muelitas, colmillos y casi todos los dientes.
En su segundo cumpleaños ha repetido la misma acción que realiza continuamente desde hace tres meses: tomar el celular de su abuela, intentar marcar unos números y decir: "Nancy ven, Nancy ven".

Y Lucy, su abuela, la mamá de Nancy Navarro, no sabe qué hacer. Más que intentar que sus otros tres hijos de corta edad no la vean llorar. Y pedir justicia, buscándola sin cesar. Como otras madres desde hace casi 20 años:

"De las autoridades no tenemos esperanza. No las están buscando y recientemente crean un centro de justicia para la mujer que está vacío, sin recursos. Nuestra única fortaleza y esperanza es en Dios, es él que puede todo. A veces se pone uno a pensar qué injusta es la vida, que por qué tiene que pasar esto, por qué esta bebé tan chiquita tuvo que pasar por esto tan fuerte".

domingo, 26 de febrero de 2012

Un ataúd en la Fiscalía: con los huesos de Jessica Leticia Peña, una adolescente desaparecida





























A un costado de la Fiscalía hay unas cruces rosas de hace unos años. Y ahora, un ataúd con un cadáver que con los días no huele porque sólo hay huesos: los de Jessica Leticia Peña García.

Las cruces son en recuerdo de unas de las tantas desaparecidas y muertas de Juárez desde hace diecinueve años. El ataúd es reciente, del viernes en la noche. Está vivo: con su mamá, sus familiares, muchos niños y las mamás de las jovencitas desaparecidas en Ciudad Juárez que convierten su miedo en protesta.

Mari García reconoció a su hija desaparecida de 15 años por la dentadura: "era perfecta". Y por su blusa con "botones de perlitas".

Con ella, están otras mamás de desaparecidas: rezando, acompañándola, dándole fuerzas en la intemperie de la explanada de la Fiscalía General del Estado. Y esperando que no les toque lo que a ella: un esqueleto después de una espera de un año y seis meses.
Están, entre otras, la mamá de Mónica Janeth Alanis Esparza que desapareció hace casi de tres años, la mamá de Nancy Navarro, de la que no sabe nada desde hace siete meses y tres semanas, y si la mamá de Rubí estuviera viva, ahí estaría Marisela Escobedo que fue asesinada el 16 de diciembre del 2010 en las puertas del Palacio de Gobierno de Chihuahua mientras realizaba una protesta para pedir justicia por el asesinato impune de su hija.

Cuando la Fiscalía le entregó hace dos días a Mari García los huesos de su hija -vía una funeraria en un ataúd blanco- ella decidió velarlos públicamente e indefinidamente. Transformar su dolor en protesta para que al mostrarlo conmoviera a las autoridades y acabaran con la agonía de las madres que esperan a sus hijas desaparecidas.

Quedarse día y noche hasta que el gobernador de Chihuahua César Duarte (PRI), el Fiscal Carlos Salas y la Procuradora General de la República, Marisela Morales se presentaran a ofrecerle disculpas y se comprometieran a identificar urgentemente los restos de esqueletos de mujeres que ocultan las autoridades, finalizar con las desapariciones de mujeres y la impunidad de casi dos décadas.

El jueves en la noche la Fiscalía envío un comunicado de prensa con las fotos de unas calaveras con una forense en un laboratorio. También, había otras de restos de ropa encontrados en el cementerio clandestino en el Valle de Juárez, en la sierra de San Agustín en Práxedis G. Guerrero (una zona militarizada de donde por cierto fue jefa de policía Marisol Vallés, que tuvo que huir a Estados Unidos). El texto aseguraba que habían identificado a tres desaparecidas entre abril del 2009 y agosto del 2010 que resultaron ser Jessica Leticia Peña y Andrea Venzor, de 15 años, y Lizbeth Avilés, de 17 años.

En los últimos meses, las madres unidas en el Comité de Madres y Familiares con Hijas de Desaparecidas en Ciudad Juárez, estuvieron presionando intensamente a las autoridades para que encontraran a sus hijas. A algunas de ellas, las encontraron muertas en el Servicio Médico Forense (Semefo) mientras sus mamás las buscaban por años en cada rincón de la ciudad. Mientras en el Valle de Juárez, a una hora en vehículo de la ciudad, aparecían cementerios clandestinos que no eran confirmados por las autoridades.

Fuentes cercanas al hallazgo actual, aseguran que se han encontrado unos catorce cuerpos de mujeres desaparecidas, que no se quieren entregar a la vez a sus familiares para no revivir informativamente los feminicidos en una ciudad conocida por la desaparición y muerte de mujeres desde hace casi veinte años, y donde desde que comenzó la llamada guerra contra el narco hace cuatro años han sido asesinadas más de 10 mil 200 personas convirtiéndose en la más peligrosa del mundo.

En su casita de la colonia Lomas de Poleo, Dora Venzor decidió velar a su hija Andrea Guerrero, desaparecida a los 15 años. Lo hace en el único cuarto de la casa de bloque donde vive con una hija más que trabaja en una fábrica maquiladora y tres nietos de corta edad, sin agua ni drenaje.

"Aunque así haya sido doy gracias a Dios, yo ya quería encontrar a mi hija", me comenta Venzor, nacida hace 53 años en la ciudad de Chihuahua.

La mujer que antes protestaba y exigía a las autoridades, ahora prefiere vivir su dolor en la intimidad y con la visita frecuente de las autoridades de la Fiscalía con sus promesas. La misa funeral será mañana lunes en su hogar del que un día salió Andrea, embarazada de dos meses, y regresó un año y siete meses después en un ataúd blanco, como el del resto de las adolescentes encontradas en la misma fosa clandestina. Como Lizbeth Avilés, de 17 años, que se la enterrará en Durango.

El féretro de Jessica Leticia Peña ya tiene flores que su familia no puede comprar y que destacan en la explanada de la Fiscalía. Es una corona enorme con una cinta grandota que deja claro su origen: "Fiscalía atención a víctimas". La corona se ha caído varias veces. Cuando esto ocurre algunos familiares comentan que es porque quizá no le guste a la pequeña asesinada de 15 años que se revela porque las autoridades -que ahora están pagando sus gastos funerarios- no la encontraron antes y viva.

****ACTUALIZACION (lunes, 27 febrero): el ataúd duró casi cuatro días afuera de la Fiscalía, hasta que en la noche del lunes lo trasladaron a una iglesia cristiana para ser velado en la intimidad. Pero Mari, la mamá de Jessica Leticia, decidió quedarse en el campamento de protesta que instaló desde el viernes, acompañada de otras mamás de desaparecidas. A las 5 de la mañana del martes, realizará una vigilia antes del funeral y llevar a enterrar a su hija que soñaba ir a la universidad para dejar de ser pobre.

"Espero que en verdad se haga justicia y que no sean puras palabras", me comenta Mari tras entrevistarse con el gobernador en la Fiscalía.

Las palabras, las promesas, que le hizo el gobernador fueron las que Mari quería oír para poder enterrar a su hija: justicia, identificar los esqueletos de las fosas clandestinas encontradas en el Valle de Juárez, investigación de los casos y para ellos, el gobernador anunció a Ernesto Jáuregui Venegas como nuevo Fiscal Especial de Homicidios de Género, entre otros detalles obvios como tener acceso a las carpetas de investigación o seguir las líneas de investigación que las madres proporcionen en su búsqueda.

"Nos querían convencer de quitar de la Fiscalía el ataúd (con mi hija) pero yo lo que pedía era hablar con el gobernador y se dio gracias a Dios. Prometió que va a hacer justicia y revisar los casos, y quitar a la gente que no sirva que nos deja todo a nosotras", afirma Mari García, nacida hace 40 años en Guadalajara y madre de 6 hijos.

Pocas horas antes de la reunión, la Fiscalía confirmó la existencia de más osamentas en cementerios clandestinos en el Valle de Juárez, en un comunicado: "Hasta el día de hoy no es posible determinar aún el número de cuerpos ni el sexo de los mismos dado el estado de degradación y desnaturalización de los elementos óseos localizados".


*Fotos: @Memoleón

viernes, 24 de febrero de 2012

En Juaritos las desaparecidas aparecen: en fosas clandestinas, como desde hace 19 años. Ahora, Jessica Leticia, Andrea y Lizbeth.













































"Ante la cantidad de mujeres que estaban desapareciendo en forma sistemática, lo probable es que íbamos a encontrar otros cementerios clandestinos, similares al del Campo Algodonero (en el año 2001). Hay que aclarar que la expectativa de encontrar estos cementerios obedece a las que (las autoridades) hicieron lo imposible por no investigar, por fabricar culpables, por esconder cuerpos, por minimizar el problema. Apostaron por el olvido.

En estos casos apostar por el olvido no funciona, porque quien hace esto es un grupo organizado y sus motivaciones tendrán para hacerlo. Tienes a jovencitas que desaparecen en Ciudad Juárez, en diferentes tiempos, de diferentes áreas de la ciudad y los tres cuerpos aparecen juntos en el Valle de Juárez. Detrás de estos crímenes está un grupo organizado, por eso la autoridad no quiso investigar, porque estaba coludida, por racismo, por sexismo, por indolencia. Este actuar permitió y provocó que siguieran desapareciendo muchachitas. Si seguimos así (sin investigar) esta situación no finalizará".
Oscar Máynez, criminólogo. Fue jefe de periciales y medicina legal cuando aparecieron los restos de los ocho cadáveres en el Campo Algodonero el 6 y 7 de noviembre del 2001. Renunció el 2 de enero de 2002, tras año y medio en su chamba.


Huesos. Prendas rasgadas. Rostros angelicales convertidos en calaveras: ahora en fotos oficiales. Un reporte de la Fiscalía: tres adolescentes desaparecidas entre abril del 2009 y agosto del 2010 en la zona centro de Juárez, son encontradas: tras años y meses de espera, convertidas en esqueleto. En la misma fosa clandestina, ahora un poquito más lejos de Juárez: en el Valle, en la sierra de San Agustín/Práxedis G. Guerrero, a más o menos una hora en carro de la ciudad. No se conocían entre ellas. Cuando desaparecieron, iban a buscar trabajo.

El criminólogo Oscar Máynez recuerda que al hacerse público la identificación de estas tres adolescentes en la noche de este jueves 23 de febrero, volvió con su mente al 6 de noviembre del 2001 en el Campo Algodonero -cuando aparecieron los esqueletos de ocho mujeres desaparecidas- que dio informativamente la vuelta al mundo y donde él fue el jefe del equipo encargado de realizar las investigaciones forenses que nunca le permitieron terminar: como si comenzar a desgranar la verdad fuera el peligro.

Ahora, con la identificación de los huesos de Jessica Leticia Peña García, de 15 años, Andrea Guerrero Venzor, también desaparecida a los 15, y Lizbeth Avilés García, de 17, todo está más en silencio que hace once años. Como si no se quisiera perturbar con la explosión de las desapariciones y feminicidios la imagen de seguridad que se quiere imponer sobre la realidad de la ciudad más peligrosa del mundo desde hace cuatro años: 2.086 asesinatos, el pasado año, de los más de 10 mil 200 en Juárez desde que comenzó la llamada guerra contra el narcotráfico del presidente Felipe Calderón en la ciudad del sueño de las fábricas maquiladoras convertida en dolor. Una agonía que comenzó hace 19 años, con las desapariciones y feminicidios de mujeres pobres y bellas, y se agudizó hace cuatro años con el envío de las fuerzas de seguridad por la guerra contra el narco, mientras las desapariciones iban quedando en un segundo plano con el horror cotidiano.

Lo que ha cambiado es que el Campo Algodonero, que un día fue una fosa clandestina en un terreno baldío -situado entre dos principales arterias de la ciudad- cobija actualmente un monumento inconcluso, inagurado el pasado año para cumplir con la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos contra el gobierno de México por su negligencia en investigar y permitir estos casos. Pero todavía hay esqueletos sin identificar escondidos en la impunidad. Con Edgar Alvarez Cruz, un inocente convertido en culpable por las autoridades en dos de los casos, y los asesinatos sin resolver de Mario Escobedo y Sergio Dante Almaraz, los abogados de los dos anteriores chivos expiatorios. De los asesinos, nada: en la ciudad de la impunidad: 97 por ciento de los crímenes sin esclarecer, según datos oficiales.

Mari García recibe los huesos de su hija Jessica Leticia Peña en un ataúd blanco sin flores. Otras mamás y papás de desaparecidas le acompañan. Desde la primera hora de la tarde del viernes, ha comenzado un plantón en la Fiscalía General de Justicia para que las autoridades la vean, la escuchen: lo que no han hecho desde que desapareció su pequeña a los 15 años de edad hace un año y seis meses, el 29 de mayo del 2010. Quiere justicia. Que el gobernador del estado de Chihuahua, César Duarte (PRI) se presente en la protesta encabezada por el ataúd de la adolescente y una tienda de campaña donde se cobijan los familiares de desaparecidas:

"Queremos justicia, que nos den la cara, porque siempre se nos ha escondido, a ver si se conmueven y se mueven, porque ellos están esperando a entregar a todas las mamás lo que me están entregando a mí y no es justo", razona la mamá que en su búsqueda incansable denunció que su hija se encontraba secuestrada en un hotel.

"Porque desde que desapareciera mi hija yo les dije dónde estaba y no más vienen a entregarme puros huesos. Ahí están resultados de las investigaciones de la Fiscalía, tienen montones de niñas ahí y nos las quieren entregar poco a poco".

A estas horas, Dora Venzor espera velar mañana sábado a lo que queda de su hija Andrea Guerrero, de 15 años, en su humilde casita de la colonia Lomas de Poleo, una zona donde hace casi dos décadas comenzaron a aparecer cementerios clandestinos de jovencitas. Los restos de Lizbeth Avilés, desaparecida a los 17, viajarán a Durango. La mamá de Jessica Leticia Peña sigue protestando en la explanada de la Fiscalía con el ataúd de su hija convertida en huesos: como nunca soñó recibirla.

****Horas antes de que la Fiscalía hiciera público en Ciudad Juárez un reporte con la identificación de los huesos de las tres menores desaparecidas, el Secretario de Gobernación Alejandro Poiré llegó a la ciudad de Chihuahua para ofrecer "la más sincera y sentida disculpa a sus padres y hermanos" en nombre del estado mexicano por el homicidio impune de Paloma Angélica Escobar Ledezma, desaparecida hace diez años, cuando la adolescente tenía 16 años. No lo hizo por voluntad propia, sino dentro de una recomendación emitida por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos el 14 de julio de 2010. Con el gobernador César Duarte, inauguró una placa conmemorativa con un poema escrito por su mamá, Norma Ledezma. Y hubo palabras sin justicia. Como desde hace 19 años cuando comenzaron los feminicidios.

*Fotos: @MemoLeón

sábado, 21 de enero de 2012

Marisela Escobedo, asesinada como su hija Rubí, ya tiene un corrido (pero no justicia)
















Llegó el primer aniversario del asesinato impune de Marisela, la mamá de Rubí, y él decidió convertir su coraje y rabia en letra y música. Sus dos hijos acordaron que él (por seguridad) no la iba a interpretar sino ellos, y su esposa se convirtió en su productora: le guiaba en las estrofas para que no afectaran la sensibilidad de la familia de Marisela. También, en las fotos que escogían para una presentación multimedia.

Así comenzó el corrido para Marisela Escobedo. Desde San Diego (California) hasta Juaritos, México: el que les duele desde la distancia de haber tenido que emigrar y que cada vez, lo reconocen menos.

Félix nació en el estado de Nayarit hace 55 años en una comunidad campesina indígena Cora. Para poder llegar a los Estados Unidos pasó por túneles oscuros, agua y lodo. También, en un remolque con otras 25 personas donde pensó morir. Trabajó piscando fresa, lavando platos restaurantes, aprendió inglés y pudo tener su taller automotriz. Desde que se jubiló hace un año de su chamba, compone corridos: es su manera de expresar su inconformidad, su dolor.

"Siento desánimo por México, me repugna la política de los partidos oficiales que han llevado a México a la ruina. Siento coraje por los niveles de barbarie, un México convertido en un cementerio de frontera a frontera. Acá los gringos han sido inteligentes y para acá todos los millones que deja el narcotráfico no ve ese tipo de violencia", me comenta Félix vía telefónica.

Y él, con su familia, sabe transmitirlo en un corrido para Marisela Escobedo, a la que nunca conoció en persona, pero lloró con su asesinato el 16 de diciembre del 2010 delante del Palacio de Gobierno del estado de Chihuahua. Ella exigía justicia, que el asesino de su hija Rubí, de 16 años, fuera a la cárcel. Pero sólo hay más injusticia, asesinatos impunes, desapariciones y corrupción como señala el corrido:

martes, 17 de enero de 2012

Identificar prendas de cadáveres: para saber si son las de tu hija desaparecida



















Un carrito metálico con ropa sucia: detrás de un vidrio. Quince minutos de pantalones azules de mezclilla, tanga roja y bolsa beis. Tenis de rallitas azules, dos sostenes. Lápiz de ojos. Perfume color rojo: olor a muerto.

Ella se acerca: con temor. Suspira: no son de su hija. Otro carrito: tampoco.

Se levantó antes del amanecer: sin haber dormido. Había tomado la decisión: ir a identificar prendas de dos mujeres asesinadas que quizá puedan ser las de su hija: desaparecida hace seis meses en la zona centro de Ciudad Juárez. Ahora se enfrenta a encontrarla en el Servicio Médico Forense (Semefo) o seguir buscándola.

"A veces hay momentos que digo que para descansar de este dolor, de esta angustia, de pensar que la están tratando mal, haciendo sufrir.... pero yo le pido a Dios que no sea mía", me comenta Lucy, mamá de Nancy Navarro que desapareció el 13 de julio del 2011 a los 18 años de edad.

Tomó los 48 pesos que había apartado del mandado para poder tomar las ruteras que le llevarían hasta su objetivo, a unos 15 minutos en carro de su casita, a unas dos horas en ese transporte público que casi no existe en Juaritos.

Entró al Semefo: donde "huele feo". Le acompaña otra madre de una joven desaparecida y un padre de otra muchachita. Van a averiguar lo que no quieren o lo que sí: cuando el dolor de la espera comienza a matarlos, poco a poco.

Con ellos, tres psicólogos para "prepararlos" para enfrentarse a la identificación de los cadáveres: les dicen (rapidito) que el ver una prenda que sea de sus hijas no quiere decir que sean sus hijas.

El carrito pasa. Detrás del vidrio. Se repite la acción. Las prendas no son de sus hijas. Comienza la reflexión que duele: "no puedo creer que esté viviendo esto, que tenga que andar en eso por el simple hecho que no las busquen".

Al finalizar el proceso de identificación, los psicólogos le recomiendan que con sus manos se haga una limpia de la cabeza a los pies para "quitar la mala vibra".

De nuevo, la rutera: el regreso a la casita. A la espera que mata. Observa que en la colonia donde vive están juntando despensa para los indígenas rarámuris en la Sierra Tarahumara, tras la negación de las autoridades de que se estén suicidando por no tener qué comer. Y Lucy colabora con la única bolsa de arroz que le quedaba, unos frijolitos y algo de avena. Comparte tras quedarse desempleada de una fábrica maquiladora porque piensa en su Nancita: "yo aquí con mi dolor de no saber dónde está mi hija, yo no sé si coma o no. Es muy feo no saber si la gente le da de comer".