viernes, 2 de noviembre de 2012

Recordando a sus asesinados en un camellón (y exigiendo justicia)




Finaliza su turno en la fábrica maquiladora, en la que trabaja cosiendo vestiduras para los carros. Y encuentra a sus tres pequeños correteando en un altar a los muertos: en un camellón -banqueta que divide los dos sentidos del tráfico de la carretera-, que en la colonia Riberas del Bravo Etapa 6 se convierte en el único parque para los niños. Es de arena del desierto y carece de columpios pero hoy está lleno de color: y de recuerdos que piden justicia. Es 2 de noviembre, el día en que México recuerda con altares a sus muertos. En Juaritos, más de 11 mil 130 asesinados desde que comenzó la llamada guerra contra el narcotráfico hace cinco años.

Carolina Sánchez divisa la foto de su esposo en el altar cuando Gael, de 4 años, le recibe con un "quiero pan, mamá". Lo saca de su bolso. Y me dice: "Yo no lo como (en la maquila, donde me lo dan) por dárselo".
Su marido, Arturo Ramos -que fue asesinado a los 36 años de edad, hace un año y ocho meses- está acompañado ahora de un platillo de enchiladas de queso con chile rojo y una botella de Coca-Cola.

"A mi esposo le encantaba la soda, se podía tomar hasta cuatro litros en un ratito, unos vasotes de soda, era lo que más le gustaba".  El era taxista. "Le dieron un balazo en la cabeza y todavía le pasaron un carro en la cabeza. Le destrozaron el rostro".



Carolina estaba en la maquila cuando sus vecinos comenzaron a levantar el altar del Día de los Muertos recordando a los que murieron, algunos de ellos asesinados.

 "Aquí somos muy unidos, yo creo que en esta temporada es lo que nos hace falta a todos, ser muy unidos. En lo que yo andaba reconociendo el cuerpo de mi esposo (cuando lo asesinaron), ellos hicieron todo, se encargaron de juntar el dinero para pagar lo que era del sepelio..."




Comenzó a diseñar el altar: Lourdes Muñoz Galaviz, de 33 años, una ama de casa madre de cinco niños de 16, 13, 11, 6 y 2 años de edad. De pronto, pensó en los cadáveres no identificados y decidió realizar una instalación artística, sin ella saberlo: un altar, una representación de un cementerio junto con otra de una fosa común separadas por un caminito y con cintas de color amarillo.

En la fosa común que creó hay tumbas con cruces de madera que señalan la fecha en la que murieron los que al ser asesinados perdieron hasta su nombre. Y un cartel que pide justicia.

"Pedimos justicia porque a los vecinos que los mataron aquí eran vecinos que sabemos que no andaban en malos pasos, eran gente trabajadora, que se dedicaban a cuidar a su familia, a su hogar. Les arrebataron a sus hijos, a su padre, a las señoras las dejaron solas, sufriendo teniendo que ir a buscar el sustento de sus hijos, y a mí se me hace muy feo porque ellos no tienen la culpa de la inseguridad que se vive en Ciudad Juárez", dice Muñoz.

"Queremos hacer simbólico lo que nosotros sentimos. Los que ya están enterrados pues ya no pueden hacer, murieron inocentes. Es buscar una forma que los gobiernos volteen a vernos, que necesitamos ayuda, que estén al pide del cañón, y que hagan  hagan mérito porque ellos están gobernando porque  muchos los hemos votado esperando que haya resultados...".



Las tumbas que simbolizan un fosa común están separadas de las que se representan en un cementerio "para que se vea qué es un panteón cuando la gente va y le lleva flores a sus muertos. Y a ellos nadie les llora y nadie va".

A otros muertos, como Melissa Delgado -asesinada en diciembre de hace dos años a los 28 años de edad cuando estaba embarazada-, no tiene a un esposo que les llore -está desaparecido- ni a su mamá, que falleció del dolor en el día que se cumplía el primer aniversario del asesinato de su hija. Le queda su niño, de ahora 9 años.  Con un féretro realizado con dos cajas, cubierto de las mariposas que tanto le gustaban, galletas María remojadas con agua y tamalitos, los vecinos la recordaron en la ofrenda a los muertos, esperando que a la noche regrese su espíritu y disfrute de lo que más le gustaba, como señala la tradición prehispánica.

"Es muy duro porque ya no están. Es muy triste ver como cada cosa que le poníamos (en el altar) los vecinos decíamos: "a él le gustaba comer esto", y son cosas que a ellos les gustaban y sólo quedan en el recuerdo y en nuestro corazón que exige saber quién los mató, por qué: justicia".

jueves, 30 de agosto de 2012

Las muertas de Juaritos tienen su monumento (inconcluso y con un nombre equivocado de las asesinadas), pero no justicia






"!Vivas las queremos, vivas se las llevaron. ¿Qué queremos? justicia. ¿Para cuándo? ahora. No queremos ni una más en Ciudad Juárez. Para ahora queremos respuestas, que no nos den atole con el dedo. Estamos cansadas de promesas. Ellas no se han ido, están en los bares... No queremos más cuerpos, las queremos vivas!!!!!!!!!!!!!". 

         (Madres, niños y familiares de desaparecidas. Segunda inauguración del monumento conmemorativo de las ocho adolescentes y jovencitas encontradas asesinadas en un campo algodonero. 30 de agosto 2012: Día Internacional de la Desaparición Forzada)

Hasta hace unos minutos, Irma escuchaba en un acto al secretario del ayuntamiento Héctor Arcelús, en representación del alcalde de Ciudad Juárez. Hasta que gritó su dolor convertido en exigencia de justicia. Aquellas palabras oficiales que hablan, en pasado, de las desapariciones, feminicidios y el cumplimiento de la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, del 2009, se contradicen con su presente. Con los presentes de familiares de desaparecidas y muertas.

En el mundo que la autoridad municipal expresa, su hermana viuda Maricela González Vargas no hubiera desaparecido el 26 de mayo de 2011 y, de haber ocurrido- con el cumplimiento de la sentencia hubiera aparecido- estaría con sus cuatro hijos de dos, tres, seis y doce años de edad. 

Comienza la inauguración, por segunda vez,  de un memorial al que el estado mexicano ha sido obligado a construir por la Corte en un campo algodonero, donde hace once años se hallaron los restos de ocho adolescentes y jóvenes desaparecidas.





Lo nuevo del monumento conmemorativo -que se había inaugurado en noviembre del 2011 sin la presencia de las madres porque las autoridades se negaban a inscribir los nombres de las muertas- son los nombres de sus hijas: sin grabar, en pegatinas de color negro. Pero un error en uno de los nombres de las muertas recuerda la negligencia de las autoridades mexicanas por la que la Corte Interamericana de Derechos Humanos sentenció hace tres años al estado mexicano: el nombre de Verónica Martínez Hernández está ahora en el memorial, como si su asesinato impune fuera el de una más y poco importara la verdadera identidad del cadáver hallado, que once años después está sin identificar y que las autoridades decidieron que fuera el de Verónica. 
Esta joven trabajadora de maquiladora, que desapareció a los 19 años de edad, fue encontrada muerta un año después del caso del campo algodonero, según la identificación científica del Equipo Argentino de Antropología Forense. 
Como Verónica Martínez, las aún desaparecidas Guadalupe Luna de la Rosa y Bárbara Aracely Martínez Ramos fueron halladas en el 2001 en este cementerio clandestino hasta que las forenses argentinas demostraron, cuatro años después, que aquellos esqueletos correspondían a María Rocina Galicia Meraz y a Merlín Elizabeth Rodríguez Sáenz. Y sus mamás volvieron a buscarlas en lugar de llorarlas en sus tumbas.

Al representante municipal, que encabeza la ceremonia, lo acompañan autoridades estatales como el gobernador de Chihuahua César Duarte (PRI)- y de la presidencia del gobierno de México: el secretario de Gobernación Alejandro Poiré (PAN), que en tres meses dejará su cargo cuando México tenga a Enrique Peña Nieto (PRI) como presidente.
Ninguna de las autoridades responsables de la indiferencia ante las desapariciones de mujeres, de la fabricación de identidades de las muertas, de la impunidad y de los culpables que resultaron ser inocentes (y cuyos dos abogados fueron asesinados por "error" por las fuerzas de seguridad), están presentes. El que fuera gobernador del estado Patricio Martínez, en aquel tiempo, fue elegido el pasado 4 de julio senador por el PRI. 

"!Vivas las queremos, vivas se las llevaron. ¿Qué queremos? justicia. ¿Para cuándo? ahora. No queremos ni una más en Ciudad Juárez. Para ahora queremos respuestas, que no nos den atole con el dedo. Estamos cansadas de promesas. Ellas no se han ido, están en los bares... No queremos más cuerpos, las queremos vivas!!!!!!!!!!!!!" 

Voces desgarradoras de dolor. De mamás y niños de desaparecidas que caminan hacia las autoridades,  con las mantas con las que buscan a sus hijas, desde la entrada de la plaza situada entre los hoteles de la ahora zona del Consulado de Estados Unidos, en las avenidas Paseo de la Victoria con Ejército Nacional.




-Señor gobernador, le queremos sacar un compromiso... -dice Ricardo, el padre de la universitaria Mónica Janeth Alanís Esparza, desaparecida a los 18 años de edad el 26 de marzo de 2009-.  Estamos exigiendo que la desaparición esté tipificado como delito. Me lo arrodillo para que lo hagan. Uno de sus agentes de la fiscalía dijo que el delito de robo de mujeres no es un delito, llévese a la que le guste, sólo esto le faltó decir al señor Esparza. ¿Cuándo lo van a hacer un delito, cuándo le roben a su hija de usted? Por favor, hágalo. Es un trabajo social buscar a las jovencitas. Mejor hay un teléfono para reportar un carro (robado) que para una joven desaparecida. ¿Vale más un carro que una joven? Es que hay muchas mujeres, como dijo un fiscal, que se pierden por golfas. 

-Y  dijeron que si se perdían era porque íbamos de putas, cuando mi hija desapareció fuera de la secundaria, no por andar de vaga, interrumpe Consuelo, la mamá de Griselda Murúa López, desaparecida en abril del 2009 a los 16 años de edad.

-Y aunque anduvieran de golfas, no tienen por qué perderse ninguna mujer..., añade otra señora.

Aplausos de la mayoría del público. Y más gritos de justicia. Las autoridades, bien calladitas.






De pronto, Norma Andrade -mamá de Lilia Alejandra García, asesinada en febrero del 2001, que huyó de Ciudad Juárez el año pasado tras sufrir un intento de asesinato el 2 de diciembre del 2011 y recibir amenazas de muerte-,  se plantó delante del gobernador Duarte y le dijo que el asesino de su hija era un familiar de un funcionario de la policía.

-Traígame el expediente, le respondió el gobernador. 

Y Mari García,  mamá de Jessica Leticia Peña, desaparecida a los 15 años en el centro de Juárez y encontrada en un cementerio clandestino con los restos de 12 desaparecidas en el Valle de Juárez, le pide cuentas: 

-¿Dónde están las promesas, o dígame son ustedes (los asesinos) o están comprados? 

En febrero, esta mamá protestó durante cuatro días delante de la Fiscalía con el ataúd que contenía los huesos de su hija Jessica Leticia, hasta que el gobernador acudió a reunirse con ella.

Este insiste a las mamás que lo rodean más del 90 por ciento de las desaparecidas durante su administración se han encontrado vivas. Y decide no dar un discurso.

Los rostros de las autoridades que habían entrado al recinto sonrientes comienzan a cambiar. De pronto,  corren, para develarla, hacia la estatua Flor de Arena que realizó bajo concurso público la artista plástica juarense Verónica Leiton, nacida en Santiago de Chile. 






El secretario de Gobernación comienza a hablar tras el atril para intentar ganarse la confianza de los familiares de desaparecidas.

"Yo soy mexicano, tengo una hija y sé perfectamente bien el dolor que ustedes sufren", afirmó Poiré. Pero Irma, la hermana de Maricela González, le interrumpió y le dijo: "No, no se sabe el dolor hasta que se siente.  Mi hermana dejó a cuatro niños... vaya usted a decirles eso, que entiende el dolor, vaya y dígales qué pasó con su mamá". 

Y al terminar el secretario Poiré su discurso, todos van corriendo, sin despedirse, sin más discursos de las autoridades. 

-¿Por qué corren?, gritan algunas mamás, mientras intentan perseguirlos para hablar con ellos.




La artista Verónica Leiton decide reunir a las mamás delante de su Flor de Arena. Quiere contarles por qué hizo la estatua de bronce de cuatro metros, "una mujer mirando al cielo en una actitud plena y libre", que ahora destaca en el memorial. Lo hace con la voz entrecortada y débil tras haber salido el día anterior del hospital donde se recuperaba de una operación. Y descubrió que su estatua ya no es una fuente, que no sale agua que lava y purifica la memoria del dolor. 

"Esta escultura es una bendición de Dios porque yo quería contribuir de alguna manera para alivianar el dolor. Lo hice con todo mi respeto y cariño". Y recordó que ella también tiene sus desaparecidos en Chile. "El memorial es importante que exista, para no olvidar todo el atropello que ha habido y sigue habiendo. Es importante que exista una justicia real"




A las autoridades su acto no les salió como esperaban. A pesar de que llegaron poco después de los ornamentos florales naturales en una mañana calurosísima, inauguraron por segunda vez un memorial, que sigue inacabado. En cada uno de los nichos, hay arreglos florales en lugar de la historia del feminicidio en Juárez. La placa donde las autoridades deben de disculparse obvia que las autoridades falsificaron la identidad de tres jovencitas, dos de ellas que siguen desaparecidas. Y tampoco están los detalles decorativos que acordaron con las mamás: los jardines, árboles, fuente, sólo hay cemento. 

"El evento dejó en evidencia el incumplimiento de la sentencia", me comenta el sociólogo Alfredo Limas, integrante del Centro para el Desarrollo Integral de la Mujer, una de las organizaciones que litigó el caso del Campo Algodonero ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos. "Hoy el estado mexicano quería tener una muestra de que estaba atendiendo el resolutivo del memorial, pero no es así. Me pareció una reivindicación de las familias de jóvenes desaparecidas. Mientras no se conecte el memorial con los resolutivos del esclarecimiento de los feminicidios y localización de vida de víctimas, la gente no entiende que este memorial tenga sentido".

viernes, 13 de julio de 2012

Briana busca a su mamá Nancy Navarro desde hace un año. Y tiene dos años y tres meses de edad.




Esperó a que la noche llegara: para permitirse llorar. Con sus fotos, sin ella. Sólo con el recuerdo:

Mallas negras, zapatos negros bajos, blusón de tirante gris con blanco y cinto negro. Miércoles, 13 de julio del 2011. Colonia Francisco I. Madero. En Ciudad Juárez. Las 11 de la mañana. 
-Mamá voy a ver si me dan trabajo, voy a ir al centro, a Modatelas, a los puestos de telas. 
-Andale pues m'hija, mucho cuidado.

Desaparecida. Hoy hace un año. Nancy Navarro, mamá soltera.

"Toda la gente me ayuda menos las autoridades y no hemos tenido respuesta", comenta Lucy Muñoz, de 38 años de edad y mamá de cuatro niños de 14, 8 y 6 años, además de Nancy.


Silencio. Unas lágrimas. Continúa. Porque sabe que no queda otra.
El día fue de lucha. Comenzó despertando a su nieta Briana Naomi, de 2 años y tres meses, a las seis de la mañana:
-"Mi gorda, vamos a misa para seguirle pidiendo a Diosito encontrar a tu mami".

La pequeña dormilona no se demoró en levantarse ni un segundo. Las dos soñaron, cada una en su mundo, un mismo sueño mientras estrenaban unas playeras color rosa con la imagen de Nancy y un lema: "Mi esperanza está en Dios".



Desde la Iglesia de Santa Cecilia, en la calle Francisco González Bocanegra, recorrieron el tramo de la ruta 2B, el que debió de tomar Nancy Navarro para ir hasta el centro, y caminando por más de una hora con familiares, amigos y padres del Comité de Madres y Familiares con Hijas Desaparecidas y bajo un intenso calor, llegaron a la Catedral mientras empapelaban cada rincón hojas de alerta con la foto y datos de la desaparición de Nancy.
Se pararon en la antigua cárcel de piedra "donde están los municipales que supuestamente cuidan el centro". Y comenzaron a gritar con más fuerza su dolor:

- ¿Qué queremos?
- Que las encuentren 
-¿Cómo?
- Vivas
-¿Cuándo?
- Ahora.

Cuando Lucy veía a jovencitas hermosas como Nancy Navarro, se acercaba a ellas, les daba un mensaje que había preparado para encontrar a su hija y les decía: 

- Cuídense mucho m´ija porque ella es mi hija. No lo tires, si no lo quieres dáselo a otras personas.
 Y ellas, le respondían que no perdiera la fe, que la iba a encontrar, que siguiera adelante.


Las horas pasan. Las noticias no llegan. Los vecinos, familiares y amigos que le acompañan desde la desaparición para rezar y buscar su hija, no le han dejado sola en todo el día. Saben que tras la protesta su esposo se fue a su trabajo de mesero en un restaurante para tener con qué comer mañana. 

"Yo he tenido muchos ángeles alrededor de mí, como espero que mi hija los tenga. Yo sé que ella no está por su voluntad, pero que no tenga miedo, que Dios le va a dar fuerzas para salir donde quiera que esté y que vamos a estar con los brazos abiertos, que piense en su hija cuando tenga oportunidad de hacer algo, de escaparse, de salir dónde esté...". 
Son las 10 de la noche en el hogar de los Navarro Muñoz. La lluvia, que ha azotado con fuerza estos días en Juaritos, ha convertido el arroyo detrás de su casita en un basurero de llantas que contrasta con la limpieza y el orden de su casita que surge de un agujero en el desierto, en el que cuando llueve el agua discurre salvajemente por los terrenos sin alcantarillado.


"A estas horas andaba como loquita buscando a mi hija donde quiera. Era un día que estaba lloviendo y andábamos entre el agua yo, mi hermano, mi cuñada, en la policía, en hospitales, a preguntar por el centro. Yo recuerdo a mi hija como si fuera hoy en la mañana cuando estábamos almorzando juntas y se fue al centro a buscar trabajo...", 

Cuando Lucy sale unos minutos de su hogar, su nieta Brianita le pregunta a su regreso: ¿Ya viniste? ¿fuiste a buscar a Nancy?

"A veces no quiero que me diga eso", reflexiona. "Porque pobrecita, me ve que llego y nada".

Así desde hace un año. Con todos los minutos, horas, días y meses de espera. Como otras madres.

"Lo que más deseaba hoy era encontrar a mi Nancita, abrazarla y decirle cuánto la he extrañado. Me levanto dándole gracias a Dios por otro día de esperanza para ver a mi hija".


******En su dolor Lucy Muñoz escribió un mensaje para la comunidad juarense, que me pidió compartir con vosotros:


Un día como hoy 13 de julio comencé a extrañar a mi hija. Desafortunadamente ella forma parte de las mujeres desaparecidas de esta ciudad, y aunque pensé que mi familia nunca pasaría por esto, hoy tenemos que aprender  vivir con la ausencia y con la esperanza de volver a abrazar a mi hija. 
Por ese motivo, quisiera invitarlos a que tomen conciencia de este problema que sucede actualmente en nuestra ciudad para que no permitan que sus hijas asistan solas a la zona centro, y así como proporcionar datos personales a desconocidos, que ofrecen falsas promesas d trabajo y superación personal. 
Es importante tener en cuenta que a todos nos puede pasar en el momento menos esperado, y nunca digas "a mí no me va a suceder". 
Gracias por leer y aceptar este mensaje. Espero que sea de utilidad para la comunidad juarense. 
Atentamente, 
Familiares de Nancy Ivette Navarro, desaparecida el 13 de julio de 2011. 
  

domingo, 1 de julio de 2012

Elecciones presidenciales sin ellos: los que huyeron, los asesinados, los desaparecidos...





Paredes desnudas. Vestidas con el recuerdo de la huida: una hermosa figura de plástico.


Olga Reyes Salazar dice que la Virgen de Guadalupe que decora el lugar donde se refugia cuando viaja a la Ciudad de México es de Hugo, su sobrino, que sobrevivió a un ataque en Ciudad Juárez. Ahora él está en Estados Unidos solicitando asilo político, como lo han pedido 33 personas de su familia al ser asesinados seis de sus miembros.

La última en hacerlo es la mamá de los Reyes: Sara Salazar, de 78 años, que tras ser asesinados en dos años su nieto, cuatro hijos y nuera y ser incendiada su casa en el Valle de Juárez, vivía entre Ciudad Juárez y la ciudad de Chihuahua. Hasta que decidió huir el viernes 29 de junio con su nieto Ismael Reyes, de 31, que se resistía a abandonar su tierra y que la señora Salazar cuidó desde que su hija Elba Alicia falleció al dar a luz. 

A estas horas, los cuatro candidatos presidenciales de México han votado. Olga, no. Como tampoco los miembros de su familia que perdieron sus credenciales de lector cuando tuvieron que huir: como miles de mexicanos que sobrevivieron a los más de 60 mil asesinados durante la llamada guerra contra el narcotráfico del presidente Felipe Calderón.

Son las elecciones presidenciales sin ellos: sin los que tuvieron que huir para no morir, sin los desaparecidos, sin los 60 mil asesinados en todo el país bajo el imperio de la impunidad. Son los olvidados de unas elecciones donde los candidatos han presentado un México sin ellos: ninguno de los cuatro candidatos presidenciales ha dedicado ni un segundo de su tiempo electoral para ofrecer un futuro a las víctimas de la llamada guerra contra el narcotráfico en un país donde en algunas zonas, con excepción de la segura Ciudad de México, el peligro se ha convertido en estar vivo. 

Hoy no está siendo un día fácil para Saúl, el único de la familia Reyes Salazar que por ahora ha recibido el asilo político estadounidense: el pasado 9 de enero junto a su esposa y sus tres niños de 13, 6 y 3 años de edad.

"Desde que empecé a votar, nunca había dejado de hacerlo. Yo y mi familia cumplimos con esa responsabilidad. Y ahora el no poder hacerlo nos causa dolor, sentimos el dolor de haber sido expulsados de México. Tenemos un interés especial en el camino que debe de tener México", afirma Saúl en entrevista telefónica desde El Paso, Tejas, donde reside.

Esta noche sigue el proceso electoral en una casa de uno de los juarenses que se han refugiado en El Paso junto con decenas de familias mexicanas que se han reunido para seguir los resultados del México que aman, el que divisan al otro lado del Río Grande que separa la ciudad más segura de Estados Unidos de Ciudad Juárez.

"Hubo muchos problemas para que podamos votar. Se autorizó el voto en el extranjero con mucho trámite, pero no fue sencillo, y los que hemos recibido asilo político nos comunicaron que no nos reconocen el derecho de votar", señala Saúl Reyes Salazar, de 41 años, que pasó de ser dueño de dos panaderías en el poblado de Guadalupe, en el Valle de Juárez, a no tener qué dar de comer a sus hijos cuando llegó a Estados Unidos, y actualmente a ser empleado en una panadería en El Paso.

- ¿Qué le dirías al próximo presidente de México?

"En Estados Unidos estamos una gran cantidad de gente que nunca quisimos abandonar México, pero que las condiciones de violencia, impunidad nos han traído a un lugar que sentimos ajeno. Y nuestra esperanza es poder regresare a un país en paz". 

**Olga Reyes Salazar abraza una foto antigua de su familia antes de que sus cuatro hermanos, sobrino y nuera fueran asesinados.

**** ACTUALIZACION: a estas horas ya se van conociendo los resultados preliminares de las elecciones presidenciales de un México donde 52 millones de personas -el 42 por ciento de la población- vive en la pobreza y para los que votar se convierte en todo un reto. En el sexenio del presidente Felipe Calderón (PAN) no sólo la violencia se disparó sino la pobreza: 12 millones más según datos oficiales.

Por ahora, Enrique Peña Nieto, del Partido Revolucionario Institucional (PRI) tiene un 37 por ciento de los votos. Mientras que el candidato de los partidos de izquierda, Andrés Manuel López Obrador - que se autoproclamó como el presidente legítimo de México tras perder, oficialmente, las pasadas elecciones del 2006 contra el ahora presidente Calderón por un 0,56 por ciento- tiene un 29 por ciento.
En tercer lugar, está Josefina Vázquez Mota, del actual gobierno del Partido de Acción Nacional (PAN) con 28 por ciento de los votos. En cuarto, Gabriel Quadri, del Partido Nueva Alianza (PANAL) con 2 por ciento. 

El PRI, el partido que gobernó México por 70 años -hasta que el PAN llegó en el 2000 con Vicente Fox y se habló del comienzo de la democracia- regresa a la presidencia. El PRI es el partido que gobierna Ciudad Juárez y el estado donde se encuentra la ciudad más golpeada por la llamada guerra contra el narco, Chihuahua.

jueves, 5 de abril de 2012

Brianita cumple dos años de edad: 8 meses y tres semanas sin Nancy Navarro, su mamá desaparecida





















Dos velitas prendidas. Unos pastelitos de chocolate y vainilla recién hechos en casa. Los niños dispuestos a celebrar el cumpleaños de Brianita. Y una pregunta para ella, la más chiquita:

-¿Qué le pides a Diosito?

-A Nancy.

Silencio.

"Se me rompe el alma cada vez que la oigo que me dice que quiere a Nancy. Ella nos ve que nos ponemos a rezar y se agarra de las manos de todos nosotros y cierra sus ojitos y se percina", me comenta Lucy, la mamá de Nancy Navarro que desapareció en la zona centro de Ciudad Juárez hace ocho meses y tres semanas, cuando iba a buscar trabajo: como otras jóvenes.

Hoy se le rompe más. "Es una semana más (sin saber dónde está), un miércoles 4 de abril el cumpleaños de mi nietecita y precisamente un miércoles (13 de julio) desapareció mi Nancita".

Desde que desapareció Nancy Navarro, su hija ha aprendido a caminar, a balbucear sus primeras palabras. Le han salido sus muelitas, colmillos y casi todos los dientes.
En su segundo cumpleaños ha repetido la misma acción que realiza continuamente desde hace tres meses: tomar el celular de su abuela, intentar marcar unos números y decir: "Nancy ven, Nancy ven".

Y Lucy, su abuela, la mamá de Nancy Navarro, no sabe qué hacer. Más que intentar que sus otros tres hijos de corta edad no la vean llorar. Y pedir justicia, buscándola sin cesar. Como otras madres desde hace casi 20 años:

"De las autoridades no tenemos esperanza. No las están buscando y recientemente crean un centro de justicia para la mujer que está vacío, sin recursos. Nuestra única fortaleza y esperanza es en Dios, es él que puede todo. A veces se pone uno a pensar qué injusta es la vida, que por qué tiene que pasar esto, por qué esta bebé tan chiquita tuvo que pasar por esto tan fuerte".

domingo, 26 de febrero de 2012

Un ataúd en la Fiscalía: con los huesos de Jessica Leticia Peña, una adolescente desaparecida





























A un costado de la Fiscalía hay unas cruces rosas de hace unos años. Y ahora, un ataúd con un cadáver que con los días no huele porque sólo hay huesos: los de Jessica Leticia Peña García.

Las cruces son en recuerdo de unas de las tantas desaparecidas y muertas de Juárez desde hace diecinueve años. El ataúd es reciente, del viernes en la noche. Está vivo: con su mamá, sus familiares, muchos niños y las mamás de las jovencitas desaparecidas en Ciudad Juárez que convierten su miedo en protesta.

Mari García reconoció a su hija desaparecida de 15 años por la dentadura: "era perfecta". Y por su blusa con "botones de perlitas".

Con ella, están otras mamás de desaparecidas: rezando, acompañándola, dándole fuerzas en la intemperie de la explanada de la Fiscalía General del Estado. Y esperando que no les toque lo que a ella: un esqueleto después de una espera de un año y seis meses.
Están, entre otras, la mamá de Mónica Janeth Alanis Esparza que desapareció hace casi de tres años, la mamá de Nancy Navarro, de la que no sabe nada desde hace siete meses y tres semanas, y si la mamá de Rubí estuviera viva, ahí estaría Marisela Escobedo que fue asesinada el 16 de diciembre del 2010 en las puertas del Palacio de Gobierno de Chihuahua mientras realizaba una protesta para pedir justicia por el asesinato impune de su hija.

Cuando la Fiscalía le entregó hace dos días a Mari García los huesos de su hija -vía una funeraria en un ataúd blanco- ella decidió velarlos públicamente e indefinidamente. Transformar su dolor en protesta para que al mostrarlo conmoviera a las autoridades y acabaran con la agonía de las madres que esperan a sus hijas desaparecidas.

Quedarse día y noche hasta que el gobernador de Chihuahua César Duarte (PRI), el Fiscal Carlos Salas y la Procuradora General de la República, Marisela Morales se presentaran a ofrecerle disculpas y se comprometieran a identificar urgentemente los restos de esqueletos de mujeres que ocultan las autoridades, finalizar con las desapariciones de mujeres y la impunidad de casi dos décadas.

El jueves en la noche la Fiscalía envío un comunicado de prensa con las fotos de unas calaveras con una forense en un laboratorio. También, había otras de restos de ropa encontrados en el cementerio clandestino en el Valle de Juárez, en la sierra de San Agustín en Práxedis G. Guerrero (una zona militarizada de donde por cierto fue jefa de policía Marisol Vallés, que tuvo que huir a Estados Unidos). El texto aseguraba que habían identificado a tres desaparecidas entre abril del 2009 y agosto del 2010 que resultaron ser Jessica Leticia Peña y Andrea Venzor, de 15 años, y Lizbeth Avilés, de 17 años.

En los últimos meses, las madres unidas en el Comité de Madres y Familiares con Hijas de Desaparecidas en Ciudad Juárez, estuvieron presionando intensamente a las autoridades para que encontraran a sus hijas. A algunas de ellas, las encontraron muertas en el Servicio Médico Forense (Semefo) mientras sus mamás las buscaban por años en cada rincón de la ciudad. Mientras en el Valle de Juárez, a una hora en vehículo de la ciudad, aparecían cementerios clandestinos que no eran confirmados por las autoridades.

Fuentes cercanas al hallazgo actual, aseguran que se han encontrado unos catorce cuerpos de mujeres desaparecidas, que no se quieren entregar a la vez a sus familiares para no revivir informativamente los feminicidos en una ciudad conocida por la desaparición y muerte de mujeres desde hace casi veinte años, y donde desde que comenzó la llamada guerra contra el narco hace cuatro años han sido asesinadas más de 10 mil 200 personas convirtiéndose en la más peligrosa del mundo.

En su casita de la colonia Lomas de Poleo, Dora Venzor decidió velar a su hija Andrea Guerrero, desaparecida a los 15 años. Lo hace en el único cuarto de la casa de bloque donde vive con una hija más que trabaja en una fábrica maquiladora y tres nietos de corta edad, sin agua ni drenaje.

"Aunque así haya sido doy gracias a Dios, yo ya quería encontrar a mi hija", me comenta Venzor, nacida hace 53 años en la ciudad de Chihuahua.

La mujer que antes protestaba y exigía a las autoridades, ahora prefiere vivir su dolor en la intimidad y con la visita frecuente de las autoridades de la Fiscalía con sus promesas. La misa funeral será mañana lunes en su hogar del que un día salió Andrea, embarazada de dos meses, y regresó un año y siete meses después en un ataúd blanco, como el del resto de las adolescentes encontradas en la misma fosa clandestina. Como Lizbeth Avilés, de 17 años, que se la enterrará en Durango.

El féretro de Jessica Leticia Peña ya tiene flores que su familia no puede comprar y que destacan en la explanada de la Fiscalía. Es una corona enorme con una cinta grandota que deja claro su origen: "Fiscalía atención a víctimas". La corona se ha caído varias veces. Cuando esto ocurre algunos familiares comentan que es porque quizá no le guste a la pequeña asesinada de 15 años que se revela porque las autoridades -que ahora están pagando sus gastos funerarios- no la encontraron antes y viva.

****ACTUALIZACION (lunes, 27 febrero): el ataúd duró casi cuatro días afuera de la Fiscalía, hasta que en la noche del lunes lo trasladaron a una iglesia cristiana para ser velado en la intimidad. Pero Mari, la mamá de Jessica Leticia, decidió quedarse en el campamento de protesta que instaló desde el viernes, acompañada de otras mamás de desaparecidas. A las 5 de la mañana del martes, realizará una vigilia antes del funeral y llevar a enterrar a su hija que soñaba ir a la universidad para dejar de ser pobre.

"Espero que en verdad se haga justicia y que no sean puras palabras", me comenta Mari tras entrevistarse con el gobernador en la Fiscalía.

Las palabras, las promesas, que le hizo el gobernador fueron las que Mari quería oír para poder enterrar a su hija: justicia, identificar los esqueletos de las fosas clandestinas encontradas en el Valle de Juárez, investigación de los casos y para ellos, el gobernador anunció a Ernesto Jáuregui Venegas como nuevo Fiscal Especial de Homicidios de Género, entre otros detalles obvios como tener acceso a las carpetas de investigación o seguir las líneas de investigación que las madres proporcionen en su búsqueda.

"Nos querían convencer de quitar de la Fiscalía el ataúd (con mi hija) pero yo lo que pedía era hablar con el gobernador y se dio gracias a Dios. Prometió que va a hacer justicia y revisar los casos, y quitar a la gente que no sirva que nos deja todo a nosotras", afirma Mari García, nacida hace 40 años en Guadalajara y madre de 6 hijos.

Pocas horas antes de la reunión, la Fiscalía confirmó la existencia de más osamentas en cementerios clandestinos en el Valle de Juárez, en un comunicado: "Hasta el día de hoy no es posible determinar aún el número de cuerpos ni el sexo de los mismos dado el estado de degradación y desnaturalización de los elementos óseos localizados".


*Fotos: @Memoleón

viernes, 24 de febrero de 2012

En Juaritos las desaparecidas aparecen: en fosas clandestinas, como desde hace 19 años. Ahora, Jessica Leticia, Andrea y Lizbeth.













































"Ante la cantidad de mujeres que estaban desapareciendo en forma sistemática, lo probable es que íbamos a encontrar otros cementerios clandestinos, similares al del Campo Algodonero (en el año 2001). Hay que aclarar que la expectativa de encontrar estos cementerios obedece a las que (las autoridades) hicieron lo imposible por no investigar, por fabricar culpables, por esconder cuerpos, por minimizar el problema. Apostaron por el olvido.

En estos casos apostar por el olvido no funciona, porque quien hace esto es un grupo organizado y sus motivaciones tendrán para hacerlo. Tienes a jovencitas que desaparecen en Ciudad Juárez, en diferentes tiempos, de diferentes áreas de la ciudad y los tres cuerpos aparecen juntos en el Valle de Juárez. Detrás de estos crímenes está un grupo organizado, por eso la autoridad no quiso investigar, porque estaba coludida, por racismo, por sexismo, por indolencia. Este actuar permitió y provocó que siguieran desapareciendo muchachitas. Si seguimos así (sin investigar) esta situación no finalizará".
Oscar Máynez, criminólogo. Fue jefe de periciales y medicina legal cuando aparecieron los restos de los ocho cadáveres en el Campo Algodonero el 6 y 7 de noviembre del 2001. Renunció el 2 de enero de 2002, tras año y medio en su chamba.


Huesos. Prendas rasgadas. Rostros angelicales convertidos en calaveras: ahora en fotos oficiales. Un reporte de la Fiscalía: tres adolescentes desaparecidas entre abril del 2009 y agosto del 2010 en la zona centro de Juárez, son encontradas: tras años y meses de espera, convertidas en esqueleto. En la misma fosa clandestina, ahora un poquito más lejos de Juárez: en el Valle, en la sierra de San Agustín/Práxedis G. Guerrero, a más o menos una hora en carro de la ciudad. No se conocían entre ellas. Cuando desaparecieron, iban a buscar trabajo.

El criminólogo Oscar Máynez recuerda que al hacerse público la identificación de estas tres adolescentes en la noche de este jueves 23 de febrero, volvió con su mente al 6 de noviembre del 2001 en el Campo Algodonero -cuando aparecieron los esqueletos de ocho mujeres desaparecidas- que dio informativamente la vuelta al mundo y donde él fue el jefe del equipo encargado de realizar las investigaciones forenses que nunca le permitieron terminar: como si comenzar a desgranar la verdad fuera el peligro.

Ahora, con la identificación de los huesos de Jessica Leticia Peña García, de 15 años, Andrea Guerrero Venzor, también desaparecida a los 15, y Lizbeth Avilés García, de 17, todo está más en silencio que hace once años. Como si no se quisiera perturbar con la explosión de las desapariciones y feminicidios la imagen de seguridad que se quiere imponer sobre la realidad de la ciudad más peligrosa del mundo desde hace cuatro años: 2.086 asesinatos, el pasado año, de los más de 10 mil 200 en Juárez desde que comenzó la llamada guerra contra el narcotráfico del presidente Felipe Calderón en la ciudad del sueño de las fábricas maquiladoras convertida en dolor. Una agonía que comenzó hace 19 años, con las desapariciones y feminicidios de mujeres pobres y bellas, y se agudizó hace cuatro años con el envío de las fuerzas de seguridad por la guerra contra el narco, mientras las desapariciones iban quedando en un segundo plano con el horror cotidiano.

Lo que ha cambiado es que el Campo Algodonero, que un día fue una fosa clandestina en un terreno baldío -situado entre dos principales arterias de la ciudad- cobija actualmente un monumento inconcluso, inagurado el pasado año para cumplir con la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos contra el gobierno de México por su negligencia en investigar y permitir estos casos. Pero todavía hay esqueletos sin identificar escondidos en la impunidad. Con Edgar Alvarez Cruz, un inocente convertido en culpable por las autoridades en dos de los casos, y los asesinatos sin resolver de Mario Escobedo y Sergio Dante Almaraz, los abogados de los dos anteriores chivos expiatorios. De los asesinos, nada: en la ciudad de la impunidad: 97 por ciento de los crímenes sin esclarecer, según datos oficiales.

Mari García recibe los huesos de su hija Jessica Leticia Peña en un ataúd blanco sin flores. Otras mamás y papás de desaparecidas le acompañan. Desde la primera hora de la tarde del viernes, ha comenzado un plantón en la Fiscalía General de Justicia para que las autoridades la vean, la escuchen: lo que no han hecho desde que desapareció su pequeña a los 15 años de edad hace un año y seis meses, el 29 de mayo del 2010. Quiere justicia. Que el gobernador del estado de Chihuahua, César Duarte (PRI) se presente en la protesta encabezada por el ataúd de la adolescente y una tienda de campaña donde se cobijan los familiares de desaparecidas:

"Queremos justicia, que nos den la cara, porque siempre se nos ha escondido, a ver si se conmueven y se mueven, porque ellos están esperando a entregar a todas las mamás lo que me están entregando a mí y no es justo", razona la mamá que en su búsqueda incansable denunció que su hija se encontraba secuestrada en un hotel.

"Porque desde que desapareciera mi hija yo les dije dónde estaba y no más vienen a entregarme puros huesos. Ahí están resultados de las investigaciones de la Fiscalía, tienen montones de niñas ahí y nos las quieren entregar poco a poco".

A estas horas, Dora Venzor espera velar mañana sábado a lo que queda de su hija Andrea Guerrero, de 15 años, en su humilde casita de la colonia Lomas de Poleo, una zona donde hace casi dos décadas comenzaron a aparecer cementerios clandestinos de jovencitas. Los restos de Lizbeth Avilés, desaparecida a los 17, viajarán a Durango. La mamá de Jessica Leticia Peña sigue protestando en la explanada de la Fiscalía con el ataúd de su hija convertida en huesos: como nunca soñó recibirla.

****Horas antes de que la Fiscalía hiciera público en Ciudad Juárez un reporte con la identificación de los huesos de las tres menores desaparecidas, el Secretario de Gobernación Alejandro Poiré llegó a la ciudad de Chihuahua para ofrecer "la más sincera y sentida disculpa a sus padres y hermanos" en nombre del estado mexicano por el homicidio impune de Paloma Angélica Escobar Ledezma, desaparecida hace diez años, cuando la adolescente tenía 16 años. No lo hizo por voluntad propia, sino dentro de una recomendación emitida por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos el 14 de julio de 2010. Con el gobernador César Duarte, inauguró una placa conmemorativa con un poema escrito por su mamá, Norma Ledezma. Y hubo palabras sin justicia. Como desde hace 19 años cuando comenzaron los feminicidios.

*Fotos: @MemoLeón