martes, 24 de noviembre de 2009

lunes, 23 de noviembre de 2009

Las muertas de Juárez, en segundo plano por los asesinatos cotidianos: 2,300 en este año.



Una campana sonaba el lunes 23 de noviembre en Ciudad Juárez como si en cada sonido estuviera el rostro del dolor de las que murieron o siguen desaparecidas bajo el imperio de la impunidad. La campana había salido 13 días antes desde la Ciudad de México en una caravana por 10 estados del país llamada: "Exódo por la vida de las mujeres" que finalizaba en Ciudad Juárez, la ciudad más violenta del mundo, según el Reporte Uniforme de Crímenes (CRU) del FBI, dado a conocer hoy.

Un grito de justicia que llegaba a la ciudad de la muerte sin respiro. En donde los 2,300 asesinatos en este año -dentro de la controvertida guerra contra el narcotráfico del presidente Felipe Calderón- han dejado en un segundo plano la muerte de unas 500 mujeres desde el 93, un tercio de ellas por crímenes seriales.

La campana sonaba en aquel mismo campo algodonero donde un día fue descubierta hecha un cadáver el cuerpo de la hija de Irma Monreal, junto con otras 7 jóvenes hace 8 años. Donde un día hubo unas cruces rosas con sus nombres. Y ahora se levanta un hotel en construcción con el que algunos intentan borrar el pasado. E Irma Monreal, madre de Esmeralda Herrera Monreal, de 15 años cuando desapareció un 29 de octubre del 2001, se derrumba con el recuerdo. Con la herida que nunca cerró la impunidad.

"Tengo miedo por lo que nos puede llegar a pasar cuando la Corte Interamericana emita oficialmente los detalles de la sentencia, en la que culpa al gobierno mexicano por los feminicidios de mi hija y otras dos más", comenta Monreal, de 48 años, madre de 6 hijos y abuela de 7, que cada día va a limpiar casas a El Paso, Texas, ciudad fronteriza con Ciudad Juárez.

Y Sagrario González, la mamá de Paula Flores, desaparecida hace 11 años, le abraza para intentar contener su llanto. También, Berta Alicia García Ruiz, que lleva buscando a su hija Brenda Berenice Castillo García, desde el 6 de enero de este año.

"Ayúdenme a buscar a mi hija", afirma la mamá de Brenda.

El mismo grito de dolor. Como desde hace 16 años.

Un centenar de personas, entre jóvenes, mujeres y niños, gritan: "Ni una más". Como el emblema de ocho pequeñas cruces que un grupo de artistas de Ciudad Juárez ha preparado para no olvidar, que aquel lugar donde se encontraron los cuerpos, es un lugar sagrado. Y las incrustan de nuevo en tierra de aquel campo donde se encontraron.

"Es nuestra forma de voltearnos a que nos miren, para que nos escuchen", dice la cantante Oveja Negra, de 25 años, vestida con una máscara de la muerte en su rostro y una minifalda de tela militar que dice "Juárez no es un cuartel". "Quieren borrar la historia. La campana es un llamado de alerta por la violencia que estamos sufriendo, un llamado a la unidad y entre todos exigimos al poder que cumpla con su trabajo", subraya.

La caravana, que llegó a Ciudad Juárez por el kilómetro 20, recorre la ciudad por varias horas. Al frente, van las mamás. Unas veces, encaramadas en un carrito con la campana, en otras ocasiones, caminando. Mamás de Ciudad Juárez y de la ciudad de Chihuahua, del grupo Justicia para Nuestras Hijas, fundado por Norma Ledesma, cuando perdió a su hija Paloma Escobar, un 2 de marzo de 2002 en Chihuahua a los 16 años.

Ahí está Patricia Cervantes, mamá de Neyra Azucena Cervantes que desapareció el 13 de mayo del 2003 en la ciudad de Chihuahua, la capital del estado del mismo nombre y a unas 4 horas al sur en automóvil de Ciudad Juárez. A Patricia le ha regresado la sonrisa. Acaba de ser abuela.

-"Judith nos acompañó en el rastreo en Los Cuernos de la Luna", así me presenta Cervantes a otras madres. Fue en el verano del 2003. En esa montaña altísima de la ciudad de Chihuahua donde Patricia sentía que su hija estaba. Y la encontró. Hecha un esqueleto.

Con ella está Hortensia Enríquez, la mamá de Erica Noemí Carrillo Enríquez, desaparecida el 11 de diciembre del 2000.

"El 10 de noviembre cumplió 28 años mi hija", dice Hortensia, de 65 años. "Le mandé hacer una manta con un girasol y adentro está su rostro. También, le pusimos una felicitación en el periódico, le decíamos que la extrañábamos, que sabíamos que alguien se la robó. Le compré sus flores: girasoles y rosas. Las puse en su cuarto".

Y Hortensia mira hacia el suelo y dice: "Mi esposo se ha muerto sin nunca saber".

*** Hoy Ciudad Juárez batió otro récord de la muerte. Superó los 2,302 muertos en este año: 9 muertos más en un día. El pasado, finalizó con 1,607. Las madres siguen buscando a sus hijas. A otras, ya sólo les queda pedir justicia.

sábado, 21 de noviembre de 2009

Revolución mortal, 99 años después


Manejando por una de las calles de la ciudad, el historiador Pedro Siller detiene su coche para contarme con pelos y señales un asesinato que vio ahí, en el estacionamiento del concurrido centro comercial Río Grande:

–Cada vez que paso por aquí, busco a la mujer de negro que ese mediodía estaba arrodillada junto al hombre asesinado. Desde entonces, hace casi un año, las cosas han empeorado. Se ha acentuado la banalidad del mal, esa naturalidad con que vemos hoy la violencia cotidiana. Hay que pasar por los lugares y recordar. La desmemoria es nuestro peor enemigo.

Una carretera sin pavimentar (como el cincuenta por ciento de ellas en la ciudad), rodeada de casitas construidas con los desechos de las fábricas maquiladoras, nos lleva a uno de los lugares míticos de la Revolución mexicana. Aquí estuvo la Casa de Adobe, utilizada como comandancia general por el ejército libertador. Ahora sólo quedan ruinas, basura y un busto de Francisco I. Madero que se asoma entre las ramas caídas de un árbol.

Estamos en el triángulo de la franja fronteriza de Ciudad Juárez, donde colindan Chihuahua, Nuevo México y Tejas. El paisaje del desierto es ferozmente bello: sus montañas peladas acarician el azul intenso del cielo. A unos metros, el río Bravo –en México–, el río Grande –en Estados Unidos–, se encarga de establecer la división entre Chihuahua y Tejas.

Pedro Siller me cuenta la historia con tanta emoción que sospecho que de pronto aparecerá galopando Pancho Villa:

–Debemos recordar y celebrar que hubo personas que tuvieron la valentía de soñar y pelear para cambiar las cosas. Ojalá hoy tuviéramos esa valentía. La violencia es parte de la historia de Ciudad Juárez, pero nunca fue tan fuerte como ahora. A principios del siglo pasado, tan violenta era Ciudad Juárez como El Paso. En ambos lugares dominaba una especie de “ley del Oeste”, pero ahora la violencia sólo ocurre del lado mexicano.

Atardece en esta ciudad donde a la gente se le arrebata su dignidad bajo la excusa de la guerra contra el narcotráfico, se le secuestra o se le tirotea bajo el imperio de la impunidad, la indiferencia de las autoridades y la presencia omnipotente del Ejército. Los rojos dan paso a los ocres para convertirse en los naranjas que juegan con la noche. Es hora de rendirse ante un coctel margarita en el mítico bar Kentucky, en el centro de la ciudad.

Poco queda de aquella Juárez de la Segunda Guerra Mundial a la que estrellas como Frank Sinatra, Elizabeth Taylor, John Wayne o Richard Burton venían a divertirse o divorciarse. Donde reinaba un ambiente de fiesta, con música en vivo y casinos abiertos de día y de noche. En el Kentucky, testigo de todo aquello, no hay nadie en una tarde de sábado: ni mexicanos y menos gringos, a pesar de los atractivos precios.

Hago una última pregunta a Pedro Siller:

–¿Cómo vive un historiador como usted la realidad cotidiana de Ciudad Juárez?

–Sin duda, la ves con ojos distintos. Las calles, los edificios, la Casa de Adobe, el edificio de la ex Aduana, el destino trágico de la ciudad... Todo esto es un reto para el historiador, ya que no sólo debe saberlo sino comunicarlo, hacerse entender. Esto es muy difícil cuando todos los demás sólo intentan sobrevivir, un día más, y luego volver a intentarlo el día siguiente.

**** Este es un extracto de un reportaje que publiqué en la edición de mayo de la revista mexicana Letras Libres (http://www.letraslibres.com/index.php?art=13767). Hoy, viernes 20 de noviembre, que se celebra en México el 99 aniversario de la Revolución, pensé en aquel recorrido mágico con Pedro Siller de hace sólo unos meses. En la Ciudad Juárez de antes y en la de ahora. También, en la que conocí hace 12 años. Y en sus pobladores: varios de mis entrevistados han sido asesinados. Otros, han huido. Leí el texto y llamé al maestro Siller como si quisiera encontrar una esperanza. Hoy mataron a 13 personas: seis en el día y siete en la tarde noche.
Las gorditas del establecimiento que ven en la foto, El Puerco Loco, guardan el sabor auténtico de Ciudad Juárez. En las paredes de las casas de Juaritos no hay vírgenes de Guadalupe ni el cuadro de la última cena como en otras zonas del país. Hay panchos villas revolucionarios, o zapatas. A veces, moribundos como éste de la foto. Como la realidad cotidiana de Ciudad Juárez.

jueves, 19 de noviembre de 2009

Con la mamá de Claudia Ivette González: culpa Corte a gobierno de México por 3 feminicidios en campo algodonero


Cuando llegué a la casa de Claudia Ivette González (atrás, en la foto de este mediodía)-desaparecida, muerta y aparecida hecha un esqueleto en un campo algodonero de Ciudad Juárez -, su hermana Mayela, de 32 años y madre de tres niños, salía de la casa para tomar el camión que le llevaría a su trabajo en una maquiladora. Hasta la 1 de la madrugada. Por las calles sin pavimentar, sin alumbrado público, de la colonia Leyes de Reforma de Ciudad Juárez.
Como su hermana Claudia Ivette hasta un 11 de octubre del 2001.

"Le hecho mis bendiciones. Me da mucho miedo que desaparezca como Claudia Ivette pero estuvo mucho tiempo sin trabajar....", me comentó Josefina González Rodríguez, de 55 años, mamá de cuatro hijos (dos ya muertos: Claudia Ivette y Jesús, por cáncer en el mismo año que aparecieron los huesos de su pequeña), abuela de 10 y bisabuela de una niña de 3 meses.

Ocho años después -hoy, jueves 19 de noviembre- parece que la justicia comienza. Al menos, por presión internacional. La Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) declaró culpable al Gobierno de México de tres feminicidios en el campo algodonero, donde aparecieron 8 cuerpos de mujeres, según uno de los abogados del caso, Emilio Ginés. La sentencia no es aún oficial y transcendió al finalizar la sesión del organismo dedicada a estos crímenes de mujeres impunes.

Josefina me recibió con dos mujeres llamadas Sonia Torres e Ivonne Mendoza, de la Red Ciudadana de No Violencia y Dignidad Humana, que habían llegado minutos antes de mi visita para comentarle a la mamá que "las únicas que tenían contacto directo con la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) eran ellas" y que todavía "no había ninguna sentencia en el caso del campo algodonero, que ellas serían las primeras en saberlo. Es muy irresponsable que ese abogado español (Emilio Ginés, defensor de las familias de las víctimas y miembro del Comité Europeo de Prevención de la Tortura) esté dando esas declaraciones tan irresponsables ".

La mamá de Claudia Ivette me miraba cómo para pedirme explicaciones a su alegría que había durado sólo unas horas. Esta mañana, llamé a Josefina para comentarle si me podría pasarme por su casita y entrevistarla por la resolución de la CIDH. La mamá no sabía nada. Y le expliqué lo poco que hasta entonces se sabía. "Qué alegría! Voy a bailar jarocho tapatío! ", exclamó.

Al ver su cara, todavía llena de tristeza y profundo desconcierto a pesar de esta condena histórica, pensé en la leyenda negra que nunca se cuenta de los grupos que surgen para defender, supuestamente, a las mamás de las desaparecidas y muertas. De las supuestas líderes del movimiento que van viajando por el mundo, a costa de donaciones internacionales, sin ser líderes de nada. Y me pregunté cuándo dejarán a las mamás vivir su alegría.

Y pensé en Emilio Ginés, en su pasión arrolladora por este caso, y en su asombro cuando hace poco más de un año vino por primera vez a Ciudad Juárez, a preparar toda la documentación para este caso. Fui la única periodista invitada como experta a las reuniones junto con otros expertos en el caso y madres. Nunca escribí nada sobre ese encuentro, en donde recorrimos la ciudad con guardaespaldas. Ginés venía desde Madrid acompañado por una actriz suiza, el director del Comité de Prevención contra la Tortura y Dominique, un camárografo divertídisimo de su organización.

Las cruces rosas con los nombres de las 8 jóvenes desaparecidas y muertas son sólo un recuerdo en fotos de archivo de periódicos. En el campo algodonero donde Oscar Máynez investigaba la aparición de las 8 osamentas -entre ellas las de Claudia Ivette González, Esmeralda Herrera Moneral, Laura Berenice Ramos Monárrez –hay ahora un hotel en contrucción. Es la zona del nuevo Consulado de Estados Unidos en Ciudad Juárez, la única área de la ciudad en donde el progreso no se detiene en un paisaje de terror con más de 2,356 ejecuciones en este año, dentro de la llamada guerra contra el narcotráfico del presidente de México Felipe Calderón.

Máynez –quien fuera jefe de periciales y medicina legal del estado de Chihuahua en Ciudad Juárez, por año y medio hasta su renuncia en enero del 2002- analiza la sentencia con la prespectiva del que trabajó en el caso y tuvo que renunciar por negarse a implantar evidencia falsa en los restos de las jóvenes, y convertir a dos inocentes en culpables. Y recibir amenazas. Es el pago a los funcionarios honestos."En México no existe el estado de derecho y sí, la sentencia del CIDH va a tener repercusiones. Quizá incluso tengan que sancionar a algunos funcionarios del pasado, como el actual Procurador de la República, Arturo Chávez Chávez", explica el experto.

Aunque la Procuradora del Estado de Chihuahua, Patricia González Rodríguez prefirió no hacer un comentario sobre la resolución hasta que sea oficial, señaló que la condena tiene un impacto negativo para el gobierno de México porque se hace un "señalamiento muy serio".

La vida continúa en Ciudad Juárez. Con su muerte sin respiro. Ahora no sólo es partrimonio de las jóvenes, pobres y bellas, sino de toda la sociedad. Es el precio de la impunidad.

-¿Me deja poner este cartel en el carro?, me pregunta una joven.

(El cartel dice: "Ayúdanos a localizarla!! Edad: 18 años. Mide: 1,60 mts aprox. Ojos: café. Extraviada desde: 11/12/09.

-Es nuestra prima. Leslie Gonzales.

Vanessa y Karen Muñoz, de 30 y 21 años, se pierden entre las calles de Ciudad Juárez, buscando una respuesta. Como otras. Desde hace 16 años.

*En Ciudad Juárez, México, frontera con El Paso, Tejas unas 500 mujeres han muerto -un tercio de ellas, por crímenes seriales. El resto de la lista que comenzó a confeccionarse en 1993 por Esther Chávez Cano, fundadora de Casa Amiga, es por violencia doméstica-. En estos crímenes seriales, como los del campo algodonero, el gobierno del estado de Chihuahua ha encarcelado a inocentes. Los abogados de éstos han sido asesinados. Sus muertes están impunes.

Hoy, por ahora, fueron asesinados dos policías ministeriales y dos de estatales, de la Cipol. Más otro hombre. Otros tres fueron acribillados en la colonia Melchor Ocampo, a eso de las 4 de la tarde. Por unos 30 casquillos. Charlie, uno de los testigos del hecho, me comentó que fueron dos camionetas con chicos de unos 20 años, sin cristales polarizados, los que acribillaron a los heridos. Charlie, que en el momento del tiroteo estaba limpiando un carro, tuvo suerte. Se lo dijo su padre: "No te toca cabrón".

miércoles, 18 de noviembre de 2009

El segundo grito del día: acaban de matar a tres niños, quizá a una bebita

Acaban de ejecutar a tres adolescentes de 13, 14 y 15 años, junto a un hombre adulto.. quizá su padre, que caminaban por la Tizoc. Los siguieron en una camioneta desde la que salían las ráfagas mortales. Uno por uno. Una niña de dos años que se encontraba en los brazos de su mamá en una cerrajería, se debate entre la vida y la muerte. Fue poco antes de las 2 de la tarde de hoy miércoles en el fraccionamiento Del Real.

No sé cómo me siento. Yo no vi la masacre.

Estaba este mediodía, cuando ocurrió, investigando la supuesta culpabilidad de unos sicarios confesos bajo torturas indiscriptibles. Aunque todavía no he tenido los recursos para realizar una investigación completa, el glorioso Ejército mexicano se ha empeñado en seguirme -yo creo que me han confundido con una estrella de cine o tal vez, con una narco o sicaria... porque encontrarlos es su chamba, no? ni modo, ni modito-. Hoy me grabaron de nuevo. Mientras los sicarios mataban a estos niños en la otra punta de Ciudad Juárez.Y huían. Como siempre.

Me pregunto qué pensará en este preciso instante el presidente Felipe Calderón -que ayer estuvo en la capital del estado, en la ciudad de Chihuahua, inagurando una maquiladora-, que evitó hablar ni una palabra sobre Ciudad Juárez y su guerra contra el narcotráfico que la está borrando del mapa. Con los 2,354 asesinados en este año, una cifra que puede cambiar en un segundo.

Esperemos que con la presión social que surja de esta nueva masacre no busquen rápidamente a inocentes para convertirlos en culpables, mientras los verdaderos asesinos siguen matando con la complicidad de la ineptitud las autoridades. Como en los casos de las muertas de Juárez. Y en muchos más. Todo sigue igual. Peor. ?Hasta cuándo?

Grito de auxilio

_ ¡¡¡Ah!!! ¡¡mamá!!! ¡¡¡ayúdame!!!!! ah! ah! ah!!! me tienen en una camioneta, dando vueltas.

-(No contesto. No puedo creer lo que escucho. Miro por las ventanas para ver si hay alguna camioneta, algún vehículo dispuesto a robar la casa, rodeada de rejas, alambres, púas y alarma de seguridad. ?Será una trampa?)

-¡¡¡Ah!!!!!!!! ¡¡¡ayúdame!!!!!!!!

-Te has confundido de teléfono.

La chava cuelga. 8,40 de la mañana en Ciudad Juárez. Miércoles 18 de noviembre. Estoy saliendo para una reunión con el alcalde de la ciudad, José Reyes Ferriz (PRI)y los empresarios de Ciudad Juárez, dispuestos a pedirle cuentas: o que haga su chamba o que salga de su puesto. Muchos de ellos, como el alcalde, viven en Estados Unidos. En El Paso, Tejas. Nada más cruzar uno de los puentes fronterizos que separan y unen a las dos ciudades. Por la inseguridad. Y la muerte constante. El alcade se resiste a salir de su puesto y presentará un programa de seguridad con cámaras con denuncia anónima, mientras va recogiendo premios internacionales por su labor. Las cámaras instaladas por la ciudad, instaladas bajo fuerte presión social por la desaparición de mujeres, nunca han podido captar una desaparición. De repente, en ese preciso momento, todo se vuelve negro.


Y me quedo con mil preguntas. Con un vacío en el estómago. Pensando en esa chava. Por su voz, parece muy joven. Pero la voz con lloros y gritos puede engañar a la edad. ¿Dónde estará? ¿En la cajuela de un vehículo o con sus captores? ¿Qué habrá pasado? ¿Pudo haberse comunicado al final con su mamá o el equivocarse de número le habrá costado la muerte? No quiero pensar. En cierta manera, me siento culpable. Como si al haber contestado el teléfono fijo de la casa, la chava hubiera perdido la oportunidad de ser libre.

Me acuerdo de mi conversación ayer martes con Héctor Padilla, decano de Ciencias Políticas de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, una de las punteras de México que ya ha perdido tres profesores, ejecutados desde que comenzó la guerra contra el narcotráfico del presidente Felipe Calderón, hace 20 meses.

-Dáme tu número de celular para que conteste cuando me llames. Si no reconozco el número, no responderé. Esta es una medida de protección contra las extorsiones, los secuestros.


*Todavía no hay "muertitos" hoy en Ciudad Juárez. Ayer ejecutaron a 8 e hirieron a un chico de 16 años, hijo de uno de los acribillados. 2,348 asesinados, con sus viudas, viudos y sus hijos, en este año. De los extorsionados, secuestrados, robados no hay una cifra certera oficial. Pocos se atreven a denunciar. O para qué, piensan otros. No pasa nada. No investigan. O las autoridades infiltradas en el crimen organizado te dan el peor de los sustos. Lo extraño en Ciudad Juárez es no haber vivido una de estas experiencias. El cielo azul brilla con fuerza. Es el sol del desierto.

martes, 17 de noviembre de 2009

Pregúntale al sicario por qué mató a mi tío


-?Cómo se llama el sicario que conociste? Te voy a mandar su foto y sí es el mismo, pregúntale por qué mató a mi tío.

Francisco (que prefiere guardar su nombre en el anonimato) me mira fijamente y, de pronto, su expresión dulce se convierte en un huracán de dolor.

-Lo mataron en agosto. No puede ir al funeral. Todavía no he podido decirle a mi tía que lo siento. Es un tema que no hablamos en la casa.

Este es el por qué de todos los días. En Ciudad Juárez. El por qué del peligro de muerte cotidiano a pesar de la abrumadora presencia militar, dentro de la llamada guerra contra el narcotráfico del presidente Felipe Calderón. Una guerra con un saldo en sólo esta ciudad fronteriza con El Paso, Texas, de 2,2336 asesinados en este año. Hasta hace un segundo.

-Me temo que no habrá una respuesta. Que en ese hombre que mató a mi tío no está la raíz del profundo problema que nos llevó a estar en esta situación. El gran problema de Ciudad Juárez, de México, es la corrupción, la impunidad, la falta de líderes políticos y de un sistema de derecho que funcione, que sancione al que no cumpla con su trabajo y que permita desarrollar planes a largo plazo. La desigualdad social. La pobreza en la riqueza. ?Crees que el hombre es malo por naturaleza? ?Qué le lleva a un hombre a matar, a robar, a extorsionar?

Francisco me mira. Y después, busca con sus ojos a los cinco guardias de seguridad que lo protegen día y noche. Unos 20 mil dólares al mes.

-Tengo suerte. Yo puedo pagarlos. Pero no sé si mi vida tiene un precio más alto. Si un día me traicionarán. Y resto de la ciudadanía... ?qué hace? Nos estamos quedando con una ciudad fantasma. De niños huérfanos. Un México sin futuro, mirando siempre a Estados Unidos, para emigrar, para suministrar drogas. Y comienza en Ciudad Juárez. ?Dónde está el Presidente Calderón? Su guerra no funciona. La ciudadanía dejó de confiar en los militares. Vivimos en miedo constante. Sorteando la muerte.