miércoles, 23 de junio de 2010

Desaparecen, exigen y aparecen, vivas: el poder de la organización vecinal


Se subió al tejado de la casa. Escuchó los disparos de la muerte. Pensó que se repetía aquella noche, la del sábado 30 de enero. Donde murieron 15 de sus vecinos, 13 jóvenes y 2 adultos, durante una fiesta estudiantil a dos cuadras de su casa. En la colonia Villas de Salvárcar. Y ella estaba ahí: en la fiesta más mortífera de su corta vida.

Pero no. Luego supo que los disparos estaban un poquito más lejos. Enfrente del Hospital General Regional 66 del Instituto Mexicano del Seguro Social. Y que mataron a tres agentes estatales de la Cipol. Dos hombres y una mujer, en un día donde fueron asesinadas 7 personas.

Poco antes de las 11 de la noche del martes 22 de junio cuando fueron acribillados los agentes estatales, Mayra había regresado de intentar encontrar a una de sus 4 hermanas, a María de los Angeles Gómez Ayala y su amiga, Perla Judith Gámez Valencia, las dos de 13 años. Desaparecidas desde la noche del lunes.

Fue al hotel Rio de la Avenida de Jilotepec, donde se hospedan los federales, con su mamá y otros vecinos de la colonia.
Una recepcionista, a la que habían entregado en la mañana unas hojas con sus fotos y descripciones, les había llamó diciéndoles que las menores habían entrado al hotel acompañadas de policías federales.

Pensaron que podría ser cierto. Es frecuente ver cómo los agentes intercambian teléfonos con las menores de edad, hermosísimas, y las suben en sus unidades. Conversan con ellas incluso cuando están custodiando un cadáver en el suelo.

Los vecinos se organizaron, llamaron a los medios de información y se dirigieron a la puerta del hotel, a perdir que les devolvieran a sus hijas. De pronto, comenzaron a salir en manada prostitutas del hotel donde se hospedan los policías federales desplazados por el presidente Felipe Calderón en la llamada guerra contra el narco, que a diferencia de los soldados, duermen en varios hoteles de la ciudad, pagados por el dinero de los juarenses.

La madre y la abuela de las menores desaparecidas consiguieron entrar al hotel y custodiadas por los federales registraron cada una de las habitaciones para saber si ahí estaban las menores.

No las encontraron. Pero fue noticia en los medios, no tanto por la desaparición -algo común desde hace 15 años en Juárez, donde continúan desapareciendo y muriendo mujeres bajo la indiferencia de las autoridades, que sólo han creado comisiones inservibles, para salir del paso y de las críticas internacionales-.

Lo nuevo era la movilización. Y con ella la presión a las autoridades. Que se pusieron a buscarlas. Como nunca antes.

Estaba hoy miércoles en la casita de Agustina Castro, la abuelita de Perla Judith, con la que vive. Me estaba contando cómo es su vida limpiando en una fábrica maquiladora por 680 pesos a la semana, unos 55 dólares. El reto de ahorrar un poquito para que su nieta reanudara sus estudios, tras dos años sin poder ir a la escuela, y lo preocupada que se quedaba dejándola sola hasta la 1 de la madrugada, en que regresaba ella de su chamba.

La puerta está abierta. Para que salga la hoguera de calor que se acumula en la casa. Estamos a unos 40 grados centígrados a eso de las 4 de la tarde. Un carro frena bruscamente en la casa. Y se escucha: "Señora, las encontraron. Las tienen en la Subprocuraduría!!!". Son unos adolescentes de la colonia.

Los familiares están siendo investigados por malos cuidados a sus hijas. Lo único que se supo es que pasaron la noche con un adulto. Bajo su propio consentimiento, dicen ellas. Y dejaron de ser vírgenes.

En la colonia se dice que las menores de edad están enamoradas de unos uniformes que representan a la autoridad.

Al menos, regresaron. Vivas.

lunes, 21 de junio de 2010

Tres semanas sin Sergio Adrián Hernández Güereca, asesinado por la migra. Y sin las promesas de las autoridades

@JudithTorrea 
Hace tres semanas, lloró al verlo así: muerto: debajo del Puente Negro, a un costado del Puente de Santa Fe: que divide y une Ciudad Juárez con El Paso, Tejas.

Un agente de la Patrulla Fronteriza estadounidense le disparó en el Río Bravo, el Grande en Gringolandia. A su hermano menor, Sergio Adrián Hernández Güereca, de 15 años. Su muerte, según la autopsia, fue por laceración encefálica consecutiva producida por un arma de fuego en el rostro. Es decir, por un disparo mortal a distancia relativamente corta.

Seguro que os acordáis del caso. Fue noticia internacional y yo os intenté contar lo que hubo detrás del velatorio, el entierro: http://juarezenlasombra.blogspot.com.es/search?q=El+entierro+de+un+chavo+

Me atrae saber cuánto dura una noticia. O cuánto la hacemos durar:

Ni tres semanas: hoy es el aniversario de su asesinato, el 7 de junio.

Como las promesas de las autoridades: locales, estatales y federales.

Rosario está en la Subprocuraduría de Justicia del Estado, en Juaritos. No va a pedir justicia. De eso, ya se está encargando un abogado de Houston. Eso no. Pide la carta de antecedentes no penales que las compañías requieren para solicitar trabajo.

El martes pasado se reincorporó a su chamba (ya, ex chamba) como operaria en una fábrica maquiladora de Taiwan que realiza piezas para computadoras. Tras intentar recuperarse del duelo por asesinato de su hermano.

Rosario tiene 25 años, el pelo corto y rubio natural que endulza su cara fuerte, con cicatrices. Rosario tiene tres hijos, de 7, 6 y 2 años. Lo que no tiene es un esposo, un compañero. Lo que tampoco tiene ahora es trabajo.

Lo que ocurrió, según me cuenta, es que se quedó dormida. (Estos días no han sido fáciles, con un hermano menos, asesinado, con la presión de los medios, los políticos...)

En la máquina cayó agotada. La descansaron por dos días y cuando regresó, le anunciaron que estaba despedida.

Le pagaban 720 pesos a la semana: unos 60 dólares.

Un salario normal para una maquila, donde se crea la riqueza del primer mundo, a precios del tercero, en una ciudad que vive al ritmo estadounidense.

De las 12 de la noche a las 7 de la mañana. Bajando por ese cerro, por caminos de arena sin electricidad, hasta tomar la rutera. Pero era chamba: codiciada más aún porque ahora las maquilas están huyendo de la catalogada ciudad más peligrosa del mundo y a nadie, se le ocurre elegir este lugar de todos los lugares del universo para abrir una nueva.

"Estamos bien fregados", me dice Rosario, la hermana de Sergió Adrián.

Cuando la muerte de Sergio Adrián cubrió los espacios informativos de varios países del mundo, llegaron las autoridades. La llamada de un chavo que trabaja para el presidente de México Felipe Calderón (PAN), que después de darles las condolencias les dijo que ahí estaban, "para lo que necesitaran".


Pero del presidente de la llamada guerra contra el narco no saben nada. Ni dejaron un número para localizarlos, para ocasiones como las de ahorita, cuando no tienes ni un peso para dar de comer a tus pequeños. Y del alcalde José Reyes Ferriz (PRI) -que está a punto de dejar su cargo, por las elecciones de próximo 4 de julio- tampoco. Es más, ni la familia sabe que cuatro días después del asesinato el Cabildo aprobó donar una vivienda a Guadalupe, la madre de Sergio Adrián.

"No nos han comunicado (la noticia)", dice la mamá del adolescente asesinado por la migra.

La casa de Guadalupe es un cubículo rectangular de paredes quebradas. Heladora en el invierno e infernal en los veranos de esta ciudad desértica. Aunque el suelo no es de arena, como las calles del cerro de la colonia Plutarco Elías donde vive, está bien jodida.

Ahora incluso un poco más chingada. Porque la refigeradora no marcha. Y la estufa para cocinar tampoco: la sacaron a la calle para tener lugar para velar el cadáver de Sergio Adrián y la arena se incrustó. Mortíferamente.
Luego, Ruth Angélica, otra hermana de Sergio Adrián, se mudó a la casita, con sus dos hijos adolescentes. Le acaban de desalojar de la casa que rentaba por no poder pagar renta. A ella le despidieron de la maquila unos días antes del asesinato de su hermano. Y así en la casa de dos recámaras, están 3 madres solteras y 8 niños. Lo bueno, me dice Rosario, es que cada una tiene una cama, y ahí meten a sus pequeños.

Llamo a Jaime Torres: el vocero del alcalde de Ciudad Juárez que vive en El Paso. Y me dice que sí, que la mamá de Sergio Adrián "tiene casa". Pero que la tienen que acondicionar. Le preguntó dónde va a estar, en qué colonia, cómo es. Y me cuenta que todavía no saben dónde estará la casa.

Desde que mataron a Sergio Adrián, el asesinato de menores se ha disparado. Con los funerales que entierran la esperanza. Sé que no hay relación, pero de 3 a 4 a la semana, no nos libramos. A estos, apenas lo cubrimos: no es igual que te mate una bala gringa que una mexicana, aunque sea con un arma estadounidense. Aunque el dolor debe de ser el mismito, me digo yo. No sé. El de los que se quedan, me parece, que es igual.

49 menores han sido asesinados en lo que llevamos del 2010.

La vida continúa en Juaritos. Con la muerte a todo dar. Que cada día toma más frentes. Y menos años: en sus víctimas.

****En la foto, Rosario con su hermano en un ataúd y en una foto. Para recordar que fue asesinado. Sí, hace 3 semanas.
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domingo, 20 de junio de 2010

Día del Padre en Juaritos, sin sus hijos: Mónica Alanis Esparza (desaparecida), Sergio Adrián,hermanos Piña Dávila y miles más.

































Esta mañana de domingo, Ricardo Alanis no tuvo sus mañanitas por el Día del Padre que se celebra hoy en México y en Estados Unidos, entre otros países. Lleva dos años sin tenerlas. Desde que su hija mayor -la primera en ir a la universidad- Mónica Janeth Alanis Esparza desapareció un 26 de marzo del 2009. A los 18 años de edad.

"Deberíamos de celebrar porque es un día más de vivir, pero sin estar ella, falta la mitad de mi vida", me dice Ricardo, nacido en Ciudad Lerdo (Durango) hace 43 años y juarense desde hace 25. "No hay palabras para describir la tristeza que siento".

A las 9 de la mañana, el papá de Mónica Janeth decidió, una vez más, convertir su tristeza en lucha. Llamó a un programa de televisión local de Juaritos donde pedían que el público realizara sus preguntas a los aspirantes a convertirse en diputados, en las elecciones del 4 de julio.

Y me repite la pregunta. Porque esta nunca fue elegida. Nadie la escuchó, ni la respondió:

- "?Cuál es el plan que van a realizar para encontrar a nuestras hijas? Porque estamos cansados de tantas demagogias".

Otros días del padre, a estas horas, la vida en la familia Alanis Esparza era otra. Había vida.

"Era bien lindo, me cantaban las mañanitas, me hacían regalos, me traían a comer a la cama mi comida especial -chicharrones en chile con sopa de arroz- y de postre, pastel de tres leches y nieve de nuez", explica el papá de Mónica Janeth Alanis.

Ahora, dice, su vida no está completa. Está a la mitad. Su otro hijo, Jaime, de 16 años le llena parte de su corazón.

"Estoy esperando que Dios haga un milagro y que en el Día del Padre sea el regreso de mi hija", afirma Ricardo Alanis. Con la voz quebrada. Al igual que su cuerpo: desde hace un mes está en la cama, incapacitado, sin poder ir a su chamba de operador en una fábrica maquiladora. Y hay que pagar los recibos del hospital, comer, seguir sobreviviendo: medio muerto, pregúntandote dónde está una hija, si habrá comido, si habrá dormido, quién la tendrá, y cuáles son las pinches investigaciones de las autoridades por las que las chavas siguen desapareciendo como desde hace 15 años. Con la misma indiferencia. E ineficacia. Y con más comisiones.

Al papá de Mónica Janeth Alanis Esparza lo podéis ver en la primera foto, junto a su esposa Olga, con uno de los carteles con los que salen todos los días, desde hace 1 año y 3 meses, buscando a su hija.

Voy por las calles de Juaritos. Y no me atrevo a decir !Feliz Día del Padre!. Como antes. Más de 5 mil 500 personas han sido asesinadas en esta ciudad desde que comenzó hace dos años y medio la llamada guerra contra el narcotráfico del presidente de México Felipe Calderón.

Voy por las calles porque hay muertos. A hacer mi chamba. Sino, no salgo. Hoy hay doce cadáveres y cuatro heridos de gravedad, por ahora: 298 asesinados en lo que llevamos del mes de junio, 1.317 en los primeros seis meses del año.

Y veo que por el Puente de Santa Fe -los que pueden, tienen visa láser, algo de dinero, y ánimo para hacerlo- se avientan a esperar una hora y media para cruzarlo hacia El Paso, Tejas, y disfrutar de un Día del Padre en los restaurantes juarenses que han huído a territorio estadounidense. Y hacerlo sin peligro a ser asesinado. Como en Juaritos.

Unas pintadas y una velas recuerdan a unos metros, en el Puente Negro, que Sergio Adrián Hernández Güereca, de 15 años, fue asesinado hace unos días, el 7 de junio, por un agente de la Patrulla Fronteriza estadounidense a orillas del Río Bravo, en Ciudad Juárez. El Río Grande, en Estados Unidos.

Y Jesús Librado Hernández llora. Es el padre de Sergio Adrián. Lo hace como el primer día que lo conocí. Cuando mataron a su hijo.

"Es algo triste, uno festeja este día con los hijos.. no puedo explicarle", afirma el papá del adolescente asesinado por la migra gringa.

Fue a la iglesia hace unas horas. Es cristiano.

"Le estuve pidiendo al Señor que me diera fuerzas, que me tuviera misericorida, yo quisiera tenerlo al lado mio", dice y llora. Más y más.

"Era un hijo bueno, obediente. Nunca me contestó. Los domingos jugábamos en el parque", dice este padre de 6 hijos, de su primer matrimonio, donde nació Sergio Adrián, y 2 más de su segunda relación.

Y ahora, le falta todo.

En la colonia Villas de Salvárcar, donde el pasado 30 de enero fueron asesinadas 15 personas durante una fiesta estudiantil, a Luis Piña le faltan José Luis y Marcos, de 19 y 16 años de edad. Se siente huérfano de sus dos únicos hijos. A las 6 de la tarde sigue durmiendo. Para olvidar. Antes de ir a trabajar como guardia de seguridad a una fábrica maquiladora. Y enfrentarse a la noche. Y los recuerdos. Los balazos. La sangre en sus chanclas. La muerte en vida.

*****En Ciudad Juárez cada vez son más los que lloran, en lugar de celebrar la vida. Lo hacen bajo la mirada omnipotente de las fuerzas federales enviadas por el presidente Calderón.

sábado, 19 de junio de 2010

Juaritos no se raja: con 7 asesinatos hoy, sin Geraldine, de 16 años.

































La mañana había comenzado con una policía municipal más asesinada, Jazmín Mota Chávez, de 24 años, que llevaba 9 meses en esta chamba. Como ella, otros 19 agentes de esta corporación han sido asesinados en este año.

Para las siete de la tarde, ya llevábamos en Juaritos 5 asesinatos. Los viernes, en general, hay menos ejecuciones, me cuenta un ministerial. Es cuando los sicarios reciben el dinero y se van a festejar. El ritmo de cadáveres baja durante el fin de semana para comenzar con fuerza los lunes. A matar.

A esa hora, se inició en la Cafebrería Sol y Luna un encuentro entre México y Colombia. No era del Mundial de Fútbol Sudáfrica 2010 (Thanks to diosito), aunque algunos de los participantes lucían sus colores en camisetas. Es en un ring improvisado, de combate, donde se combaten palabras: extractos propios de novelas, de poesías, de cuentos. Donde la vida vuelve a surgir en una ciudad que se desangra: a veces cada hora. Todos los días. Desde que comenzó la llamada guerra contra el narcotráfico del presidente de México Felipe Calderón.

Hace un calor de la chingadera. Unos 40 grados centígrados, que dentro de este espacio -de libros de la frontera con buen café, en una zona de discotecas incendiadas por no pagar cuota de extorsión y restaurantes abandonados- se agudiza fantásticamente. No hay aire acondicionado, ni modo.

Pero nadie se rinde. Como el que busca el aliento para seguir viviendo un día más. El local está lleno, en una ciudad donde pocos se atreven a salir. Los colombianos llegaron de El Paso, Tejas, que está no más cruzando uno de los tres puentes que separan a la ahora ciudad más peligrosa del mundo, de la considerada segunda ciudad más segura de Estados Unidos. Estudian el padrísimo máster de escritura creativa bilingüe en la Universidad de Texas.

Algunos, como Oscar Godoy está con su esposa y sus dos niños. Les gusta Juaritos. Y es más, este fin de semana se quedarán en la ciudad, perdiéndose por los cines vacíos (y mucho más baratos que en Gringolandia) y compartiendo con los buenos amigos.
Como los juarenses no hay nada, yo creo.
Otros, como Diego Bustos llegaron solos. Su novia paseña no se atrevió a acompañarlo, me dice. Pero él, al final es de Bogotá, de Colombia y hay pocas cosas que le asusten.

La idea de invitar a los colombianos que estudian en El Paso surgió del escritor José Juan Aboytia, profesor de literatura en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, una de las mejores de México. Los conoció y no se rajaron, como otros.

Antes del combate de palabras, de vida, tocó el arrollador grupo juarense Puente Negro. También, en el segundo tiempo. El jazz experimental gritó "Guerra en las calles". En un tema.

Afuera, el horror continuaba: la chava de 16 años, Geraldine Alcocer acaba de ser asesinada. A unos 20 minutos en carro de la Cafebrería. También, Sergio Eduardo Vega, de 20 años. Entre las calles Texoco y 5 de mayo. Cuando salían de un salón de evetos sociales, en una camioneta Honda de color azul. Y fueron atacados a balazos. A eso de las 7 de la tarde. Cuando Juaritos intentanba no rajarse: con la literatura. Y los colombianos. Y los juarenses.

Fueron los dos últimos asesinatos de un viernes con 7 cadáveres más. En la Cafebrería, el colombiano Diego Bustos leía un escrito dedicado al escritor José Saramago, que horas antes falleció en otro continente, en Spain. Me quedo con una de sus muchas frases. Vivas. Del portugués más comprometido: "Para mí, lo obsceno no es la pornografía, lo obsceno es que la gente se muera de hambre".

En Juaritos uno se muere a balazos impunes. De hambre. Y revive con las palabras: el vómito de justicia para sobrevivir entre la muerte constante.

viernes, 18 de junio de 2010

Antes y después del partido de fútbol: 15 asesinatos, 2 adolescentes: Nancy y Bere





























Ciudad Juárez celebra la victoria de la selección de México contra Francia en el Mundial de Fútbol Sudáfrica 2010. A eso de las 4,15 de la tarde del jueves 17 de junio. Y en el puesto de socorro de la Cruz Roja de Salvárcar, veo como unas mujeres (con la camiseta verde de la selección de México) están bajando de una camioneta a un chavo grandote, barbudo que se está desangrando.

Voy camino hacia la colonia Praderas del Sur, donde se ha reportado una balacera en las calles Caléxico y Alamogordo. Este chico, según un policía federal que custodia la puerta de la Cruz Roja, es uno de los dos heridos. Hay otro muerto: Juan Carlos Rivas Robles, de 28 años. Dentro de la casa donde preparaban las hamburguesas que vendían en la noche en un puesto, comentan unos niños.

Durante dos horas, las que duró más o menos el partido, no hubo ningún asesinato, según la Procuraduría de Justicia de la Zona Norte en Ciudad Juárez. Igual ocurrió con el encuentro inagural del Mundial, México contra Sudáfrica.
Los hubo antes. Dos. En esas horas, la ciudad se paralizó. Menos los restaurantes -que todavía quedan abiertos- y que se llenaron con familias y amigos. Una imagen que no se veía en Juaritos desde hace dos años y medio, desde que comenzó la llamada guerra contra en narcotráfico: las balaceras en la calle, en los restaurantes, en cualquier lugar donde haya un vivo para convertirlo en uno de los más de 5 mil 500 personas asesinadas.

"A los sicarios también les gusta el fútbol", razona Jacinto Sergura Garnika, el vocero de la policía municipal de Ciudad Juárez.

Los muertos de hoy fueron asesinados poco a poco. Hasta a eso de las 9 de la noche, en la que mataron a cinco en la colonia obrera Manuel Valdez. En tres calles de arena que forman un triángulo, ahora de dolor: por los gritos de las madres, de los hermanos, los amigos. De nuevo, dos adolescentes convertidas en cadáveres. Nancy de la Torre, de 16 años y Berenice Montes Hernández, de 15 . Y otros tres jóvenes más.

Nancy y Berenice están en un Nissan Altima del 98. Cubiertas con una manta, una encima de otra. Hasta hace unos minutos, manejaban cerca de su casa cuando fueron atacadas por un comando armado. Les disparó, al igual que a otros dos chavos que circulaban con otro vehículo y otro más, que está tirado en la arena.

Las escenas de los crímenes están sin acordonar. Llegan los policías federales y casi nos atropellan. Los vecinos se acercan a ellos y comienzan a darles detalles de dónde están los sicarios, por dónde se fueron.

Pero ellos deciden quedarse con los cadáveres. Y con los periodistas:

-"No tome fotos", me dice un policía federal, que se acerca apresuradamente hacia mí, que me encuentro a unos 30 metros de los cuerpos de Nancy y Berenice.

- "Pero si está platicando (con nosotros)", le contestan unos adolescentes.

Decenas de mujeres van surgiendo entre los caminos. Llegan con sus niños. Para descubrir si conocen a los muertos. "Es el hijo de la enfermera", dice Sandra J. con su pequeña de 7 años.

Es Abdiel, de 20 años, el muerto. Trabajaba como camillero en la Clínica 66 del Seguro Social y estudiaba para paramédico.

-"Era un niño excelente, el único niño de la enfermera", afirma. "Lo sacó sola adelante".

De pronto, comienzan a correr. Unos gritan: "son ellos!!!!!!". Y los cadáveres se quedan sin su público.

*En el día en que México ganó por 2 goles a cero a Francia, algunos de los asesinados comenzaron a asomarse en las banquetas luciendo la camiseta de la Selección de México. El verde convertido en rojo. Como Juaritos. En los 15 más ejecutados de la jornada futbolera.

miércoles, 16 de junio de 2010

Los nuevos huérfanos de la guerra. Hoy: 22 muertos y 8 heridos mortales en Juaritos, por ahora


Carriola para bebé. De un año y 10 meses de edad. Está entre el cadáver de su mamá y dos asesinados más: a unos metros, otros tres ejecutados.

En un minuto: 6 menos en Juaritos.

En un hora: 9 menos (un hombre en la colonia Colinas de Juárez y dos más enfrente de la Subprocuraduría de Justicia, más los anteriores)

En el día de hoy, por ahora: 22 muertos, 8 heridos graves en Juaritos, el día más sangriento del año. Y estamos a punto de superar aquel día de febrero del 2009, en el que fueron ejecutadas 27 personas.

Los muertos no traen armas. En la llamada guerra contra el narcotráfico del presidente de México Felipe Calderón apoyado con el Ejército y la Policía Federal. Que defiende con desplegados (pagados) en la prensa nacional, donde asegura que los muertos continuarán.

El niño en los brazos de una policía federal: con carita de horror, como de otro universo. Sin poder llorar y alejándose de una clínica de rehabilitación para drogadictos en el fraccionamiento obrero de Infonavit Angel Trías. Hacia las 12,30 del mediodía de este miércoles 16 de junio.

La foto es de esperanza. En una Juaritos que se resiste a morir. Ahí está una mujer a punto de dar a luz a su pequeña Naomí: el nombre que eligió su esposo una semana antes de ser asesinado: hace tres meses. Y dos antes, la hermana de esta mamá. Según mis investigaciones, los dos ejecutados no eran narcos. Como todo aquel que pasa a esa lista tras ser asesinado, según las autoridades. Que no investigan. Nada.
Está con sus dos pequeños, ciudadanos estadounidenses, como muchos de los juarenses que tienen la doble nacionalidad. Que nacen al otro lado de la frontera, en El Paso, Tejas.

Podría haber elegido una imagen de horror. Pero pienso en lo que queda detrás de un muerto. Quiero quedarme con la sonrisa de esta mujer: con sus uñas cuidadas, su cabello, su maquillaje. Su ropa blanca. Ella ya no se pregunta porqués. Los perdonó para seguir adelante. Por sus hijos, que comenzaron a jugar a sicarios cuando mataron a su padre. Pero quiere que sus crímenes no queden impunes. Justicia, un sueño en Juaritos. Para que otros no mueran.

Pronto, si os parece, os contaré su historia. Comenzaré a contar las historias detrás de un número más. Por ahora, estos son los números: 164 asesinados en junio. Y 1.270 en lo que llevamos de año.

El pequeño del carrito es el hijo de Rosa Isela Pineda Téllez, de 32 años. Asesinada. Frente a su hijo de 1 año y 10 meses de edad.
Desde hace unas horas, él y su hermana de 4 años son también huéfanos de mamá. Su padre fue asesinado hace un año.
Dos niños más (que yo sepa) a la lista de los más de 10 mil niños huérfanos en Juaritos estos dos años y medio de la llamada guerra contra el narco. Huérfanos también de las autoridades mexicanas, que no han creado ningún plan para ellos. Si el presidente de México Felipe Calderón no hace nada, muchos de ellos, se convertirán en los sicarios que hoy cortan las cabezas. Más víctimas en su llamada guerra contra el narcotráfico.

martes, 15 de junio de 2010

La guerra contra el narco de César: huyendo, con la Virgen de Guadalupe baleada








































Lo vi huyendo de su propio hogar. Sus vecinos sacaban sus pertenencias, algunas maletas y uno de ellos, un cuadro de la Virgen de Guadalupe: baleado. Con el cristal roto.

El estaba tranquilo, sereno. A pesar de los más de 50 impactos de bala que pude contar en cuatro las paredes de su casa. Llevaba un crucifijo de madera y plata colgando en su cuello.

Su esposa y sus dos hijos estaban dentro de la casa cuando les atacaron. No tienen ningún rasguño, ni herida. Al menos, visibles.

Son las 10 de la noche del lunes 14 de junio, en la colonia Parajes del Sur, de Ciudad Juárez, una de las zonas más azotadas por el consumo de droga. Y la casa del misionero católico César A. acaba de ser tiroteada por un grupo de desconocidos. Durante unos tres minutos. A unos metros donde el sábado fueron asesinados dos jóvenes.

Su vivienda, en la que viven desde hace 5 años, está al lado de un parque que se utilizaba como "picadero", donde los jóvenes consumen y compran droga. Y ahí, el misionero comenzó su propia guerra contra el narcotráfico. Todas las tardes convocaba a varios vecinos para rezar el rosario mientras otros intentaban vender drogas. Los organizaba para convencer a los vecinos para luchar contra los que estaban matando a la juventud, que pasaban de consumidores de drogas a pequeños vendedores. Poco a poco fue limpiando la zona. Lo que no pudieron hacer las autoridades.

Hace año y medio, me cuenta el católico, tuvo su primer aviso. Le golpearon hasta casi matarlo y le advirtieron que si no dejaba de rezar rosarios en el picadero, lo matarían a él y a su familia.

A él eso no le asustó. Continúo con lo que cree que debe de hacer. Y ahora está convencido más que nunca que va a seguir con su lucha, aunque ahora no sabe dónde. "No me arrepiento", dice con unos rosarios en la mano, con los que está huyendo. "Dios está conmigo, no puedo ver que envenen a los niños con droga".

Antes de tomar su carro, se acerca al santuario improvisado que creó en el parque, que podéis ver en la foto. Ahí, se despide de una Virgen de Guadalupe que sobrevive. Por ahora.

Algunos vecinos se atreven a salir de sus casas para abrazar a la familia del misionero. No saben dónde irán. Ni cuál será su futuro.
Se van solos: sin protección de la Policía Federal que se acaba de ir. Por las calles desiertas de Juaritos. Espero que quiénes tirotearon su casa, no los sigan.


*Hoy mataron en Ciudad Juárez a 7 personas, la primera una mujer. Lo más duro de esta jornada fue ver en la noche a esta familia. Viva. Huyendo. Aprendí algunas lecciones de la vida: como siempre aprendo en mi querida Juaritos, que se resiste a morir.

Ya vamos 104 asesinatos en este mes de junio. Y todavía quedan dos semanas más para que el mes finalice. En el año, 1.192 muertitos. Con más niños sumándose a la lista de más de 10 mil niños huérfanos, de sus padres y de las autoridades que no tienen ningún plan para atenderlos.

Ciudad Juárez es una ciudad de muertos, de fantasmas (de veritas), de personas que huyen, de demasiados porqués sin respuesta. De fuerzas de seguridad federales.
Está desapareciendo del mapa. Con 116 mil casas abandonadas: lo dice el ayuntamiento de Juaritos. Con 10 mil negocios cerrados, según la Cámara Nacional de Comercio. Y me duele un chingo. Esta ciudad es fantástica. O lo era. Ya no existe. No la reconozco. Lo que queda es la alegría por vivir, que se ha perdido en la tierra que me vio nacer. Entre la muerte constante.

Queda, todo.