domingo, 26 de febrero de 2012

Un ataúd en la Fiscalía: con los huesos de Jessica Leticia Peña, una adolescente desaparecida





























A un costado de la Fiscalía hay unas cruces rosas de hace unos años. Y ahora, un ataúd con un cadáver que con los días no huele porque sólo hay huesos: los de Jessica Leticia Peña García.

Las cruces son en recuerdo de unas de las tantas desaparecidas y muertas de Juárez desde hace diecinueve años. El ataúd es reciente, del viernes en la noche. Está vivo: con su mamá, sus familiares, muchos niños y las mamás de las jovencitas desaparecidas en Ciudad Juárez que convierten su miedo en protesta.

Mari García reconoció a su hija desaparecida de 15 años por la dentadura: "era perfecta". Y por su blusa con "botones de perlitas".

Con ella, están otras mamás de desaparecidas: rezando, acompañándola, dándole fuerzas en la intemperie de la explanada de la Fiscalía General del Estado. Y esperando que no les toque lo que a ella: un esqueleto después de una espera de un año y seis meses.
Están, entre otras, la mamá de Mónica Janeth Alanis Esparza que desapareció hace casi de tres años, la mamá de Nancy Navarro, de la que no sabe nada desde hace siete meses y tres semanas, y si la mamá de Rubí estuviera viva, ahí estaría Marisela Escobedo que fue asesinada el 16 de diciembre del 2010 en las puertas del Palacio de Gobierno de Chihuahua mientras realizaba una protesta para pedir justicia por el asesinato impune de su hija.

Cuando la Fiscalía le entregó hace dos días a Mari García los huesos de su hija -vía una funeraria en un ataúd blanco- ella decidió velarlos públicamente e indefinidamente. Transformar su dolor en protesta para que al mostrarlo conmoviera a las autoridades y acabaran con la agonía de las madres que esperan a sus hijas desaparecidas.

Quedarse día y noche hasta que el gobernador de Chihuahua César Duarte (PRI), el Fiscal Carlos Salas y la Procuradora General de la República, Marisela Morales se presentaran a ofrecerle disculpas y se comprometieran a identificar urgentemente los restos de esqueletos de mujeres que ocultan las autoridades, finalizar con las desapariciones de mujeres y la impunidad de casi dos décadas.

El jueves en la noche la Fiscalía envío un comunicado de prensa con las fotos de unas calaveras con una forense en un laboratorio. También, había otras de restos de ropa encontrados en el cementerio clandestino en el Valle de Juárez, en la sierra de San Agustín en Práxedis G. Guerrero (una zona militarizada de donde por cierto fue jefa de policía Marisol Vallés, que tuvo que huir a Estados Unidos). El texto aseguraba que habían identificado a tres desaparecidas entre abril del 2009 y agosto del 2010 que resultaron ser Jessica Leticia Peña y Andrea Venzor, de 15 años, y Lizbeth Avilés, de 17 años.

En los últimos meses, las madres unidas en el Comité de Madres y Familiares con Hijas de Desaparecidas en Ciudad Juárez, estuvieron presionando intensamente a las autoridades para que encontraran a sus hijas. A algunas de ellas, las encontraron muertas en el Servicio Médico Forense (Semefo) mientras sus mamás las buscaban por años en cada rincón de la ciudad. Mientras en el Valle de Juárez, a una hora en vehículo de la ciudad, aparecían cementerios clandestinos que no eran confirmados por las autoridades.

Fuentes cercanas al hallazgo actual, aseguran que se han encontrado unos catorce cuerpos de mujeres desaparecidas, que no se quieren entregar a la vez a sus familiares para no revivir informativamente los feminicidos en una ciudad conocida por la desaparición y muerte de mujeres desde hace casi veinte años, y donde desde que comenzó la llamada guerra contra el narco hace cuatro años han sido asesinadas más de 10 mil 200 personas convirtiéndose en la más peligrosa del mundo.

En su casita de la colonia Lomas de Poleo, Dora Venzor decidió velar a su hija Andrea Guerrero, desaparecida a los 15 años. Lo hace en el único cuarto de la casa de bloque donde vive con una hija más que trabaja en una fábrica maquiladora y tres nietos de corta edad, sin agua ni drenaje.

"Aunque así haya sido doy gracias a Dios, yo ya quería encontrar a mi hija", me comenta Venzor, nacida hace 53 años en la ciudad de Chihuahua.

La mujer que antes protestaba y exigía a las autoridades, ahora prefiere vivir su dolor en la intimidad y con la visita frecuente de las autoridades de la Fiscalía con sus promesas. La misa funeral será mañana lunes en su hogar del que un día salió Andrea, embarazada de dos meses, y regresó un año y siete meses después en un ataúd blanco, como el del resto de las adolescentes encontradas en la misma fosa clandestina. Como Lizbeth Avilés, de 17 años, que se la enterrará en Durango.

El féretro de Jessica Leticia Peña ya tiene flores que su familia no puede comprar y que destacan en la explanada de la Fiscalía. Es una corona enorme con una cinta grandota que deja claro su origen: "Fiscalía atención a víctimas". La corona se ha caído varias veces. Cuando esto ocurre algunos familiares comentan que es porque quizá no le guste a la pequeña asesinada de 15 años que se revela porque las autoridades -que ahora están pagando sus gastos funerarios- no la encontraron antes y viva.

****ACTUALIZACION (lunes, 27 febrero): el ataúd duró casi cuatro días afuera de la Fiscalía, hasta que en la noche del lunes lo trasladaron a una iglesia cristiana para ser velado en la intimidad. Pero Mari, la mamá de Jessica Leticia, decidió quedarse en el campamento de protesta que instaló desde el viernes, acompañada de otras mamás de desaparecidas. A las 5 de la mañana del martes, realizará una vigilia antes del funeral y llevar a enterrar a su hija que soñaba ir a la universidad para dejar de ser pobre.

"Espero que en verdad se haga justicia y que no sean puras palabras", me comenta Mari tras entrevistarse con el gobernador en la Fiscalía.

Las palabras, las promesas, que le hizo el gobernador fueron las que Mari quería oír para poder enterrar a su hija: justicia, identificar los esqueletos de las fosas clandestinas encontradas en el Valle de Juárez, investigación de los casos y para ellos, el gobernador anunció a Ernesto Jáuregui Venegas como nuevo Fiscal Especial de Homicidios de Género, entre otros detalles obvios como tener acceso a las carpetas de investigación o seguir las líneas de investigación que las madres proporcionen en su búsqueda.

"Nos querían convencer de quitar de la Fiscalía el ataúd (con mi hija) pero yo lo que pedía era hablar con el gobernador y se dio gracias a Dios. Prometió que va a hacer justicia y revisar los casos, y quitar a la gente que no sirva que nos deja todo a nosotras", afirma Mari García, nacida hace 40 años en Guadalajara y madre de 6 hijos.

Pocas horas antes de la reunión, la Fiscalía confirmó la existencia de más osamentas en cementerios clandestinos en el Valle de Juárez, en un comunicado: "Hasta el día de hoy no es posible determinar aún el número de cuerpos ni el sexo de los mismos dado el estado de degradación y desnaturalización de los elementos óseos localizados".


*Fotos: @Memoleón

viernes, 24 de febrero de 2012

En Juaritos las desaparecidas aparecen: en fosas clandestinas, como desde hace 19 años. Ahora, Jessica Leticia, Andrea y Lizbeth.













































"Ante la cantidad de mujeres que estaban desapareciendo en forma sistemática, lo probable es que íbamos a encontrar otros cementerios clandestinos, similares al del Campo Algodonero (en el año 2001). Hay que aclarar que la expectativa de encontrar estos cementerios obedece a las que (las autoridades) hicieron lo imposible por no investigar, por fabricar culpables, por esconder cuerpos, por minimizar el problema. Apostaron por el olvido.

En estos casos apostar por el olvido no funciona, porque quien hace esto es un grupo organizado y sus motivaciones tendrán para hacerlo. Tienes a jovencitas que desaparecen en Ciudad Juárez, en diferentes tiempos, de diferentes áreas de la ciudad y los tres cuerpos aparecen juntos en el Valle de Juárez. Detrás de estos crímenes está un grupo organizado, por eso la autoridad no quiso investigar, porque estaba coludida, por racismo, por sexismo, por indolencia. Este actuar permitió y provocó que siguieran desapareciendo muchachitas. Si seguimos así (sin investigar) esta situación no finalizará".
Oscar Máynez, criminólogo. Fue jefe de periciales y medicina legal cuando aparecieron los restos de los ocho cadáveres en el Campo Algodonero el 6 y 7 de noviembre del 2001. Renunció el 2 de enero de 2002, tras año y medio en su chamba.


Huesos. Prendas rasgadas. Rostros angelicales convertidos en calaveras: ahora en fotos oficiales. Un reporte de la Fiscalía: tres adolescentes desaparecidas entre abril del 2009 y agosto del 2010 en la zona centro de Juárez, son encontradas: tras años y meses de espera, convertidas en esqueleto. En la misma fosa clandestina, ahora un poquito más lejos de Juárez: en el Valle, en la sierra de San Agustín/Práxedis G. Guerrero, a más o menos una hora en carro de la ciudad. No se conocían entre ellas. Cuando desaparecieron, iban a buscar trabajo.

El criminólogo Oscar Máynez recuerda que al hacerse público la identificación de estas tres adolescentes en la noche de este jueves 23 de febrero, volvió con su mente al 6 de noviembre del 2001 en el Campo Algodonero -cuando aparecieron los esqueletos de ocho mujeres desaparecidas- que dio informativamente la vuelta al mundo y donde él fue el jefe del equipo encargado de realizar las investigaciones forenses que nunca le permitieron terminar: como si comenzar a desgranar la verdad fuera el peligro.

Ahora, con la identificación de los huesos de Jessica Leticia Peña García, de 15 años, Andrea Guerrero Venzor, también desaparecida a los 15, y Lizbeth Avilés García, de 17, todo está más en silencio que hace once años. Como si no se quisiera perturbar con la explosión de las desapariciones y feminicidios la imagen de seguridad que se quiere imponer sobre la realidad de la ciudad más peligrosa del mundo desde hace cuatro años: 2.086 asesinatos, el pasado año, de los más de 10 mil 200 en Juárez desde que comenzó la llamada guerra contra el narcotráfico del presidente Felipe Calderón en la ciudad del sueño de las fábricas maquiladoras convertida en dolor. Una agonía que comenzó hace 19 años, con las desapariciones y feminicidios de mujeres pobres y bellas, y se agudizó hace cuatro años con el envío de las fuerzas de seguridad por la guerra contra el narco, mientras las desapariciones iban quedando en un segundo plano con el horror cotidiano.

Lo que ha cambiado es que el Campo Algodonero, que un día fue una fosa clandestina en un terreno baldío -situado entre dos principales arterias de la ciudad- cobija actualmente un monumento inconcluso, inagurado el pasado año para cumplir con la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos contra el gobierno de México por su negligencia en investigar y permitir estos casos. Pero todavía hay esqueletos sin identificar escondidos en la impunidad. Con Edgar Alvarez Cruz, un inocente convertido en culpable por las autoridades en dos de los casos, y los asesinatos sin resolver de Mario Escobedo y Sergio Dante Almaraz, los abogados de los dos anteriores chivos expiatorios. De los asesinos, nada: en la ciudad de la impunidad: 97 por ciento de los crímenes sin esclarecer, según datos oficiales.

Mari García recibe los huesos de su hija Jessica Leticia Peña en un ataúd blanco sin flores. Otras mamás y papás de desaparecidas le acompañan. Desde la primera hora de la tarde del viernes, ha comenzado un plantón en la Fiscalía General de Justicia para que las autoridades la vean, la escuchen: lo que no han hecho desde que desapareció su pequeña a los 15 años de edad hace un año y seis meses, el 29 de mayo del 2010. Quiere justicia. Que el gobernador del estado de Chihuahua, César Duarte (PRI) se presente en la protesta encabezada por el ataúd de la adolescente y una tienda de campaña donde se cobijan los familiares de desaparecidas:

"Queremos justicia, que nos den la cara, porque siempre se nos ha escondido, a ver si se conmueven y se mueven, porque ellos están esperando a entregar a todas las mamás lo que me están entregando a mí y no es justo", razona la mamá que en su búsqueda incansable denunció que su hija se encontraba secuestrada en un hotel.

"Porque desde que desapareciera mi hija yo les dije dónde estaba y no más vienen a entregarme puros huesos. Ahí están resultados de las investigaciones de la Fiscalía, tienen montones de niñas ahí y nos las quieren entregar poco a poco".

A estas horas, Dora Venzor espera velar mañana sábado a lo que queda de su hija Andrea Guerrero, de 15 años, en su humilde casita de la colonia Lomas de Poleo, una zona donde hace casi dos décadas comenzaron a aparecer cementerios clandestinos de jovencitas. Los restos de Lizbeth Avilés, desaparecida a los 17, viajarán a Durango. La mamá de Jessica Leticia Peña sigue protestando en la explanada de la Fiscalía con el ataúd de su hija convertida en huesos: como nunca soñó recibirla.

****Horas antes de que la Fiscalía hiciera público en Ciudad Juárez un reporte con la identificación de los huesos de las tres menores desaparecidas, el Secretario de Gobernación Alejandro Poiré llegó a la ciudad de Chihuahua para ofrecer "la más sincera y sentida disculpa a sus padres y hermanos" en nombre del estado mexicano por el homicidio impune de Paloma Angélica Escobar Ledezma, desaparecida hace diez años, cuando la adolescente tenía 16 años. No lo hizo por voluntad propia, sino dentro de una recomendación emitida por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos el 14 de julio de 2010. Con el gobernador César Duarte, inauguró una placa conmemorativa con un poema escrito por su mamá, Norma Ledezma. Y hubo palabras sin justicia. Como desde hace 19 años cuando comenzaron los feminicidios.

*Fotos: @MemoLeón

sábado, 21 de enero de 2012

Marisela Escobedo, asesinada como su hija Rubí, ya tiene un corrido (pero no justicia)
















Llegó el primer aniversario del asesinato impune de Marisela, la mamá de Rubí, y él decidió convertir su coraje y rabia en letra y música. Sus dos hijos acordaron que él (por seguridad) no la iba a interpretar sino ellos, y su esposa se convirtió en su productora: le guiaba en las estrofas para que no afectaran la sensibilidad de la familia de Marisela. También, en las fotos que escogían para una presentación multimedia.

Así comenzó el corrido para Marisela Escobedo. Desde San Diego (California) hasta Juaritos, México: el que les duele desde la distancia de haber tenido que emigrar y que cada vez, lo reconocen menos.

Félix nació en el estado de Nayarit hace 55 años en una comunidad campesina indígena Cora. Para poder llegar a los Estados Unidos pasó por túneles oscuros, agua y lodo. También, en un remolque con otras 25 personas donde pensó morir. Trabajó piscando fresa, lavando platos restaurantes, aprendió inglés y pudo tener su taller automotriz. Desde que se jubiló hace un año de su chamba, compone corridos: es su manera de expresar su inconformidad, su dolor.

"Siento desánimo por México, me repugna la política de los partidos oficiales que han llevado a México a la ruina. Siento coraje por los niveles de barbarie, un México convertido en un cementerio de frontera a frontera. Acá los gringos han sido inteligentes y para acá todos los millones que deja el narcotráfico no ve ese tipo de violencia", me comenta Félix vía telefónica.

Y él, con su familia, sabe transmitirlo en un corrido para Marisela Escobedo, a la que nunca conoció en persona, pero lloró con su asesinato el 16 de diciembre del 2010 delante del Palacio de Gobierno del estado de Chihuahua. Ella exigía justicia, que el asesino de su hija Rubí, de 16 años, fuera a la cárcel. Pero sólo hay más injusticia, asesinatos impunes, desapariciones y corrupción como señala el corrido:

martes, 17 de enero de 2012

Identificar prendas de cadáveres: para saber si son las de tu hija desaparecida



















Un carrito metálico con ropa sucia: detrás de un vidrio. Quince minutos de pantalones azules de mezclilla, tanga roja y bolsa beis. Tenis de rallitas azules, dos sostenes. Lápiz de ojos. Perfume color rojo: olor a muerto.

Ella se acerca: con temor. Suspira: no son de su hija. Otro carrito: tampoco.

Se levantó antes del amanecer: sin haber dormido. Había tomado la decisión: ir a identificar prendas de dos mujeres asesinadas que quizá puedan ser las de su hija: desaparecida hace seis meses en la zona centro de Ciudad Juárez. Ahora se enfrenta a encontrarla en el Servicio Médico Forense (Semefo) o seguir buscándola.

"A veces hay momentos que digo que para descansar de este dolor, de esta angustia, de pensar que la están tratando mal, haciendo sufrir.... pero yo le pido a Dios que no sea mía", me comenta Lucy, mamá de Nancy Navarro que desapareció el 13 de julio del 2011 a los 18 años de edad.

Tomó los 48 pesos que había apartado del mandado para poder tomar las ruteras que le llevarían hasta su objetivo, a unos 15 minutos en carro de su casita, a unas dos horas en ese transporte público que casi no existe en Juaritos.

Entró al Semefo: donde "huele feo". Le acompaña otra madre de una joven desaparecida y un padre de otra muchachita. Van a averiguar lo que no quieren o lo que sí: cuando el dolor de la espera comienza a matarlos, poco a poco.

Con ellos, tres psicólogos para "prepararlos" para enfrentarse a la identificación de los cadáveres: les dicen (rapidito) que el ver una prenda que sea de sus hijas no quiere decir que sean sus hijas.

El carrito pasa. Detrás del vidrio. Se repite la acción. Las prendas no son de sus hijas. Comienza la reflexión que duele: "no puedo creer que esté viviendo esto, que tenga que andar en eso por el simple hecho que no las busquen".

Al finalizar el proceso de identificación, los psicólogos le recomiendan que con sus manos se haga una limpia de la cabeza a los pies para "quitar la mala vibra".

De nuevo, la rutera: el regreso a la casita. A la espera que mata. Observa que en la colonia donde vive están juntando despensa para los indígenas rarámuris en la Sierra Tarahumara, tras la negación de las autoridades de que se estén suicidando por no tener qué comer. Y Lucy colabora con la única bolsa de arroz que le quedaba, unos frijolitos y algo de avena. Comparte tras quedarse desempleada de una fábrica maquiladora porque piensa en su Nancita: "yo aquí con mi dolor de no saber dónde está mi hija, yo no sé si coma o no. Es muy feo no saber si la gente le da de comer".

sábado, 24 de diciembre de 2011

Noche de dolor, recuerdo y rabia (al escuchar el mensaje navideño del presidente Calderón): Luz María Dávila con sus dos hijos asesinados



















Convive con la sombra de los ataúdes de sus dos únicos hijos a los que recuerda todos los días: en féretros situados a la izquierda y a la derecha del refrigerador. Como si fueran hoy sus velorios por la masacre estudiantil de Villas de Salvárcar donde fueron asesinadas 15 personas hace casi dos años.

Luz María Dávila está sola. Esperando que su esposo finalice su turno a las 10 de la noche de la fábrica maquiladora en la que trabajan. Para prepararle algo para cenar y dormir prontito: para olvidar que es Nochebuena. La casita está fría. El calentón no funciona. Afuera, está la nieve helada.

Televisión prendida: de pronto, el presidente de México Felipe Calderón aparece con esposa y sus tres hijos, rodeado de niños de albergues, sonrientes para dar su mensaje navideño. El presidente dice que esta temporada es la apropiada para expresarle a la familia cuánto nos importa y cuánto la queremos. También, afirma que la Navidad es un momento propicio para reflexionar sobre lo realizado en el año y lo que se hará en el próximo.

Y Luz María Dávila, la mujer pequeñita de estatura y tímida, vomita su dolor e impotencia. Como lo hizo en una visita oficial del Presidente Calderón el 11 de febrero del 2010 tras el asesinato de sus pequeños en la que interrumpió una reunión para exigirle que pidiera disculpas porque sus hijos no eran unos pandilleros, como el presidente justificó sus muertes.

"El es el que tiene que reflexionar por qué empezó su guerra. Qué tiene uno qué reflexionar nosotras, las mamás, que hemos perdido hijos. Si él hubiera perdido a un hijo, que es lo más importante, te apuesto que pensaría muy diferente. Me gustaría qué se pusiera en los zapatos de cada uno de nosotros, lo sentiría uno más humano".

"El señor Calderón manda su mensaje de Navidad y qué ganas con escucharlo. No tengo a los míos. No me alivia nada él".

Dolor soledad: el que sobrevive a las familias de los asesinados. Rabia de una madre: en una casita sin adornos de Navidad. Sin nada que recuerde esta fecha, antes alegre, llena de vida. Y piensa en ese próximo año al que el presidente Calderón se refiere.

"Mientras siga adelante con la presidencia para que se mejore va a estar en chino. Hay días que baja todo esto de las ejecuciones y luego que vuelven a aumentar, pues aunque digan lo que digan desde que entró Calderón todo esto comenzó. Antes de que él empezara, yo sentía una esperanza por él, nunca imaginé que él iba a empeorar todo esto".

Luz María realiza su diagnóstico de la situación que vive Juárez, su México. La mamá huérfana de sus dos únicos hijos: José Luis Piña, estudiante de preparatoria de 16 años. Y Marcos Piña, de 19 años, con el que trabajaba en la misma maquiladora de la que él se dirigía a estudiar Relaciones Internacionales en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez.

"Los mugres políticos sólo se la viven en puro aumento de los productos básicos. Y ellos, cuánto agarran de dinero cada mes y cuántos no tienen ni siquiera para unos frijoles. Hay tantos ninis, sin escuela, sin trabajo y los políticos no se ponen las pilas para buscarles escuelas, y los jóvenes acaban en la droga. Pero el narcotráfico no es de apenas, es de años y quieren tapar el sol con un dedo. El Chapo se escapó de una cárcel de maxima seguridad con Fox, cómo se les pudo haber escapado. Desgraciadamente no hay ley en los tres niveles de gobierno y los asesinos se reproducen con la impunidad y la corrupción. Y a nuestros jóvenes pobres los asesinan".

El mensaje navideño del presidente Calderón finaliza sin ninguna palabra de recuerdo para las familias de los más de 60 mil personas asesinadas en México (casi 10 mil en Juárez) desde que comenzó su llamada guerra contra el narcotráfico, ni de los 15 mil niños huérfanos en Juárez, ni de los desplazados, secuestrados, extorsionados.

Sólo felicita y desea muchísima alegría. Y convoca "a renovar nuestra fuerza y nuestra pasión para sembrar la semilla de un México mejor, un México más seguro, más justo y más próspero". Lo hace rodeado de su familia y de niños que viven en instituciones.

Y Luz María Dávila ya no puede más. Hay palabras que duelen, más aún en Navidad. Cuando ya perdiste todo y la Nochebuena se convierte en Nochemala en una Juaritos que agoniza de dolor.

"¿Cuántos niños han quedado solos por esta situación de guerra? El debería de ver esto. El es el culpable. Sus mensajes no me interesan".

viernes, 23 de diciembre de 2011

Esperándola el día de su 21 cumpleaños: Mónica Janeth Alanis Esparza (desaparecida en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez)















A estas horas, Mónica Janeth Alanis Esparza no ha aparecido. Su cumpleaños está a punto de finalizar. Pero aún le quedan al día dos horas: Olga y Ricardo, sus padres, recuerdan que Moni nació casi el día de la Nochebuena. Y que su pequeña llegó como un regalo de Navidad.

Los tamales de chile colorado y de dulce la esperan, también un pastel: como desde hace tres cumpleaños. Porque la estudiante Mónica Janeth desapareció un 26 de marzo del 2009 de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, tras asistir a una de sus clases del segundo semestre de Administración de Empresas. Tenía 18 años.

Afuerita de la casita de la familia Alanis Esparza hace frío. La nieve que cayó durante la mañana de hoy cubre la tierra. La temperatura está descendiendo y el agua del pavimento se va convirtiendo en hielo. Dentro, la espera:

"Estoy nerviosa, angustiada y a la vez con muchos recuerdos", dice Olga Esparza, la mamá de Mónica Janeth. "Ella nació a las 11 de la noche, a estas horas estaba todavía con mi pancita, estaba en el hospital del Seguro Social y todavía no nacía. Siento el vacío de que no está aquí conmigo. Quisiera abrazarla, como este día que ha nevado , haberla tenido aquí en mi recámara, estar abrazadas las dos, disfrutando de ver la televisión. Pues es muy triste hablar y recordar este día, más que otros días. Es el nacimiento de ella".

Hoy prefirió quedarse en la casa. No salir a protestar, como tantas otras veces. La última vez, hace una semana, en el primer aniversario del asesinato de Marisela Escobedo, la mamá de Rubí, también asesinada. Compañera también de su búsqueda.

"En este día uno se quiere aislar pero uno tiene en la mente a su hija. Todo este caminar y protestas es cansado para uno. Ni siquiera una llamadita, como me preguntaba un familiar, no sabemos nada. A veces pienso que es una pesadilla, que es un sueño, que no quiero despertar. Y es lo contrario: si estoy dormida y sueño a mi hija no quiero despertar, quiero seguir ahí. Nadie me entendería. Sí me entienden las mamás que son las únicas, ellas son las que sienten el dolor que tiene uno".

Dolor en un rostro que sonríe con Candy: la perrita de Mónica Janeth que juega con los seis cachorritos que apenitas acaba de tener. Canelo, Negrito y Firulais son los nombres que eligieron ayer unos niños al verlos y que la mamá de Moni accedió gustosa a ponérselos. Los otros tres no tienen nombres todavía. Como tampoco encuentra palabras para definir lo que siente por las autoridades:

"Al principio yo tenía una fe, una ignorancia, que las autoridades me iban a entregar a mi hija. Nunca pensé que pasara el tiempo así. Les diría que la desaparición fuera un delito para que de verdad hicieran algo. Delito es la trata de personas, el secuestro. Por eso se siguen desapareciendo las jovencitas, porque esas personas que tienen a nuestras hijas saben que la autoridad no va a hacer nada. Dicen que aquí en México no hay esclavitud, pero esta es una forma de esclavitud. Un secuestro es por una semana, por un mes, las desapariciones, años".

Ahora a Olga Esparza y a su esposo Ricardo Alanis sólo les queda pedir a la ciudadanía que les ayuden "a abrazarla".

"Estamos con la ilusión de que aparezca Moni. Desde la noche de ayer despierta él y sale fuera para ver si llega mi hija. Tenemos mucha esperanza porque nosostros sabemos que mi Dios es quien me la cuida y sabemos que él me la va a traer".

******El día está relativamente tranquilo. Por ahora, un asesinato de un adolescente en la Colonia Tierra Nueva: Jorge Alvarado Real, convertido en cadáver a sus 17 años de edad, y otro joven se encuentra gravemente herido.
Y la noticia (desapercibida) de que Jessica Terrazas, que desapareció el 20 de diciembre del pasado año, fue encontrada: muerta. Estaba en el Servicio Médico Forense (Semefo) mientras su familia la buscaba. Como otras cuatro jovencitas desaparecidas, sus cadáveres no aparecen ahora en terrenos baldíos o un campo algodonero (como ocurrió hace 10 años) donde la noticia da la vuelta al mundo (al igual que la Sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos contra México), sino que éstos surgen poco a poco. Aparecen en el Semefo, tras meses sin identificarlas, en una trama donde la indiferencia de las autoridades y su complicidad es obvia. Como desde hace casi 20 años. Pero ahora con la fuerza de la impunidad, de los abogados y activistas asesinados. Por pedir justicia. Con más amenazas.

*En la foto que tomé para vosotros, mis geniales lectores, podéis ver a Olga Esparza con la foto de su hija Mónica Janeth Alanis Esparza celebrando su cumpleaños cuando era una niña. Al fondo, un árbol de Navidad que pide que Moni regrese.

****Aquí tenéis el mensaje de los padres de Mónica Janeth Alanis Esparza para que tú también les ayudes a abrazar pronto a su hija:

Nosotros la familia de Monica Janeth Alanis Esparza, enviamos este mensaje
ya que el día 23 de diciembre es su cumpleaños número 21. Ella es estudiante de la universidad (UACJ).
Las autoridades no han respondido en este camino tan árduo y doloroso. Yo te invito
a que me ayudes a abrazar a mi hija, si alguna persona tiene conocimiento de su paradero
les pido de favor me hagan saber por éste o algún otro medio. NO TENGAN MIEDO.

Que ya como familia nosotros lo que deseamos es sólo volver a verla. Ella nació un día antes

de Navidad. Fue un regalo de la vida y hoy pido un regalo de Dios y de tu ayuda, para

que este 24 esté mi hija conmigo y así mismo deseo las hijas de todos aquellos que tengan

hijas desaparecidas, ya que como dice el lema de nuestro Comité de Madres de Jóvenes Desaparecidas

"NO MAS JOVENES DESAPARECIDAS, NO MAS LAGRIMAS DE UNA MADRE"

Por eso te pido a ti, que eres madre o padre y hermano que me ayudes a abrazar a mi hija.

Te pido una oración para que mi hija regrese y por favor envíes este mensaje a tus conocidos.
Gracias y les deseamos una Feliz Navidad y un Próspero Año Nuevo:

Gracias señor

por todo lo que me diste este año.

Gracias por los días de sol y los nublados tristes.

Gracias por las noches tranquilas y por las inquietas horas oscuras.

Gracias por la salud y la enfermedad.

Gracias por las penas y las alegrías.

Gracias por todo lo que me prestaste y después me pediste.
Gracias por la sonrisa amorosa y la mano amiga.
Por el amor y todo lo hermoso y dulce, por las flores, las estrellas,

los niños y las almas buenas.

Gracias por la soledad, por el trabajo, por las dificultades y lágrimas.
Gracias por todo aquello que me acercó más a ti.

Y que Dios los bendiga a todos.



jueves, 24 de noviembre de 2011

Cómo ser abuelita: y no derrumbarse en la espera de una hija desaparecida















La pequeña Brianita ha comenzado a llamar "mamá, mamá!: a su abuelita.

"Sí, mi chiquita, sí mi amor yo soy tu mamá y te voy a cuidar y proteger mientras regresa tu mamita", le dice Lucy Muñoz a su nieta, la hija de Nancy Navarro, que desapareció hace cuatro meses y una semana en la zona centro de Juárez.

Casita de bloque, limpia, ordenada: en un agujero que la colina hace detrás de la casa de sus suegros en la que recibe a visitas. Dos habitaciones: una para el matrimonio y la otra para tres de sus cuatro hijos, de 14, 7 y 5 años. Y su nieta, de un año y siete meses. Ella sonríe: "Esta bebé es con la que me refugio para no deprimirme".

Semanas de incertidumbre para Lucy y su esposo. Hasta que se deciden: a hacerse la prueba del ADN. Para agotar todas las posibilidades. Incluso la que más les aterra.
Esperan a poder ahorrar 100 pesos (unos 7 dólares) y toman cuatro ruteras: casi dos horas de ida (más las dos de vuelta) en un trayecto que en carro sería de unos 15 minutos.

"Nos citaron en el Servicio Médico Forense (Semefo) y nos picaron la yemita de un dedo para estar checando. Cuerpos ahí sí que tienen, pero ellos pierden mucho el tiempo. No me gustaría que pasara lo mismo que con otras niñas desaparecidas (a las que se las localizó muertas pero sus familias seguían buscándolas porque las autoridades no las identificaron). Tenemos que estar preparados para todo", razona Lucy, de 37 años.

En su dolor surgen ideas de búsqueda como la de globos blancos que los convierte en mensajeros: en cada uno de ellos pega la foto de su hija incrustada en una copia de un dólar como si con ella fuera a atraer a más personas que le ofrezcan una pista. Para la mamá de Nancy "cada globo es una esperanza porque las autoridades no quieren desenterrar esta madeja que hay en Ciudad Juárez desde hace 19 años. Lo único que me dicen es que no me arrime a ninguna organización porque van a lucrar con mi dolor".

Lucy dice que no está sola: en los tendederos de algunos de sus vecinos hay camisetas con la foto y los detalles de la desaparición de Nancy Navarro. Como si el objetivo de encontrarla no finalizara ni al ser lavadas para continuar la búsqueda.

*** Hoy fue un día con tres asesinatos y un hombre herido, por ahora. Un enfrentamiento armado de los Policías Federales con unos individuos en el centro de Juaritos mientras muchos se preparaban a cruzar para El Paso en busca de los descuentos por el Día de Acción de Gracias. Y de torta de colitas de pavo con aguacate. Algunos, hasta de pavo entero, como en Estados Unidos. Es la frontera.
Los muertos los puso Guadalajara, a dos días de que comience la mayor feria del libro en español, la FIL de Guadalajara, en su 25 aniversario. Con 26 cadáveres que aparecieron en tres vehículos cerquita de sus instalaciones.
Mañana viernes el mundo conmemorará el Día internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. En Juaritos madres como Lucy Muñoz, seguirán buscando a sus hijas desaparecidas o intentando no morir buscando justicia para sus muertas. Exigiendo que las autoridades hagan su chamba.