viernes, 30 de noviembre de 2012

Luz María Dávila, sin sus dos únicos hijos asesinados: "Ya se va Calderón, lo bueno es que ya se va a largar".

En unas horas, Felipe Calderón (PAN) ya no será presidente de México: se marchará sin más de 100 mil personas asesinadas (unas 11 mil 300 en Juárez) en su llamada guerra contra el narcotráfico. Como los dos únicos hijos de Luz María Dávila, convertidos en cadáveres durante una fiesta estudiantil en la masacre de Villas de Salvárcar en la noche del 30 de enero del 2010.
Más los desaparecidos.  Y los que han tenido que huir. Las cifras del horror que ni son una estadística, que no existen: se funden en la opacidad de su mortífero sexenio.
Mañana, regresará el PRI con Enrique Peña Nieto como presidente. Y Luz María, la mujer pequeñita de estatura y tímida, vomita su dolor. Como lo hizo en una visita oficial del Presidente Calderón a Juárez el 11 de febrero del 2010 tras el asesinato de sus pequeños, en la que interrumpió una reunión para exigirle que pidiera disculpas porque sus hijos no eran unos pandilleros, como el presidente justificó sus muertes. Para esta trabajadora de una fábrica maquiladora, no ha cambiado nada. Para ilustrar su impotencia quise regresar, en una foto, a aquel día en el que me permitió que conociera a sus dos únicos hijos en dos ataúdes, separados por la refrigeradora de su casita: José Luis Piña, de 16 años y Marcos, de 19.  Y me pidió que le tomara una foto. Fueron dos clicks y en ella vi unos ojos que me estremecieron. El presente es este:

Al rato Calderón se va a Harvard y cómo nos quedamos muchas mamás sin hijos, hijos sin padres, esposas sin esposos.  Unas se sienten mutilada por un hijo (asesinado). No me siento mutilada: me siento que no tengo nada, porque por culpa de él no tengo a mis hijos.  Yo sí que estoy muy enojada con el Calderón, en vez de ayudarnos de sacar el país adelante, nos atrasó.

Cuando el (ex presidente panista) Fox no hubo tanta desgracia. Lo que sentí es que nos subió el pan, los frijoles y la leche. Y el Calderón, el gasolinazo por mes, todo nos subió y de pilón las desgracias que nos dejó  y las pérdidas. La gasolina sube pero cuando me va a reponer a mis hijos. De qué me sirve que él me ofrezca cosas Si le pidiera lo que yo quiero, él nunca me lo va a regresar. No vale la pena decirle ya nada, porque es una persona que no tiene corazón. Para qué, ya me quitó a mis hijos, a los otros  muchachos.

Según él, hizo mucho en Villas de Salvárcar, pero porqué lo hizo.  Hizo el parque a costa de la sangre de nuestros hijos y te apuesto que si no hubiera pasado lo que paso en Villas y no alzamos la voz aquí ni  biblioteca ni parque que no se terminó como nos lo prometieron. 

Yo levanté la voz. Lo hice por la memoria de mis hijos, por los otros muchachos. Ellos se llevaban como hermanos, iban a la misma escuela. Lo hice y ahí me da gusto ver ese parque, el memorial está por ellos. Afortunadamente, el parque les está sirviendo a otros.

A mí me gustaría pedirle simplemente cosas no, porque eso a mí no me va a reponer a mis hijos, pero que al menos se de cuenta lo que quedó pendiente con las demás familias. Muchas familias se quejan que no les cumplió. A una vecina  le mataron a su esposo (fueron 12 muchachos y 3 padres los asesinados), necesitaba una barda (para proteger su casa), quedó viuda, y nunca trabajó y está recién operada en la columna, (tiene) un chavalito en la secundaria, y ahí le ayudan los parientes con los recibos. Tú crees que ella va a poder levantar una barda siendo que ahí le mataron  a su esposo. Y ahí vino Margarita (la esposa del presidente Calderón) y les prometen. Para qué les prometen si no les va a cumplir.

Pues a mí si me alegra que ya se vaya. Uno no sabe en realidad cómo van a ser los presidentes. Cuando él entró me gustó, que iba a hacer cosas buenas mejor. El  Fox lo que no dejó fue tanta desgracia, hizo muchas cosas para su conveniencia. Ya no sabe uno ni qué, ni cómo va a empezar el siguiente presidente. 

Sí me gustaría que el Peña viniera a Juárez y se reuniera con los de Villas de Salvárcar y que viniera a conocer el dichoso parque que nos dejó el Calderón. Hablar con él y tener una plática amena con él, qué piensa hacer de todo esto. 

Los políticos dicen que Juárez, que Chihuahua vive. Cómo va a vivir Chihuahua si en cada casa falta un familiar, cuando no hay muchachas desaparecidas, falta el padre, el esposo, está canija la situación. No dicen cómo era antes de Calderón y cómo termino en desgracia.

Bien, bien, no estamos. Porque si Juárez estuviera bien no hubieran niños huérfanos, desaparecidas, fosas clandestinas, crímenes impunes, asaltos, robos de carros, extorsiones, ejecuciones, secuestros, balaceras, pobreza, corrupción. Por no tener no tenemos escuelas, transporte público, pavimento en las calles, parques, si a eso le llaman ellos bien, pues entonces... no saben lo que está bien. De qué esté bien Juárez es mentira, ya bajó el índice, ya no hay tantos muertos, pero bajar, bajar no. 
Y de todos modos, uno sale del trabajo y no más estás cuidándote a ver quién te puede asaltar. Eso es estar bien, como ellos no viven en Juárez, tienen escolta. Y muchos viven en El Paso (Texas), que ya bajó el índice es lo que les platican y no los que ellos están viviendo.
En realidad no saben bien lo que pasa en Juárez.

Yo espero que ahora que entre este otro presidente, ojalá haga algo por la patria como dicen, no te voy a decir por mí, porque por mí no pueden hacer nada. Porque la pobre patria está de cabeza. Si quieren que crea, amárrese los pantalones y a cumplir. De por sí,  ya no lo quieren al Peña, si van a prometer y no van a cumplir, váyase a la fregada.

El Calderón ya no tiene ni nombre...  pues a ver qué nos espera con este otro que entra.

lunes, 26 de noviembre de 2012

Cuando el duelo de las víctimas se convierte en arte: Fragmentos de Oposición al Olvido

Olga Guerra, una artista juarense que devuelve la dignidad a los asesinados


Estamos viendo un gansito (pastelito) que me recuerda a mi tío Ernesto Guerra, le decían "manito". El 17 de agosto del 2010 apareció muerto tirado en la calle. Pues lo ejecutaron. Apareció tirado, lo amarraron en la Vicente Guerrero y Constitución, casi llegando al centro. Lo vi muerto en fotos en el periódico. Tenía tres hijos, una hijastra. El más pequeño tiene ahora 13 años. Mi tío tenía 44.

 Le gustaban mucho los gansitos.  Siempre que llegaba a ver a un amigo, "Lacus" le saludaba con un, "pínchate un gansito". Cuando mi tío muere, su amigo le lleva uno y se lo coloca debajo del ataúd.

No esperaba encontrarme esto. De hecho salí de mi trabajo y venía (a la exposición) con otra idea, de tomarle fotos a las piezas. Hasta que por el visor me topé con el gansito y supe que representaba a mi tío.

Enrique Guerra Sandoval, 25 años. 






Ella también lo recordaba convertido en un cadáver. Tirado al lado de su camioneta en donde Magdaleno Rangel, su tío adorado, se convirtió en noticia por unos minutos, hasta el siguiente asesinato.
Ana Cristina Ramírez, de 21 años, borra ahora estas imágenes por memorias que sanan: ve la muñeca que le regaló su tío, junto a un reporte de la fiscalía de un asesinato, un collar, un rosario... En una vitrina de madera cerrada con un cristal. Todos los objetos pertenecen o representan a diferentes personas pero forman parte de una misma realidad: ser asesinado en Juárez en la llamada guerra contra el narcotráfico del presidente Felipe Calderón que ha dejado en la ciudad unos 11 mil 300 asesinatos en los últimos cinco años. Más los que sobreviven a las pérdidas.

Está en una exposición en la Galería Grupo Arte IMAN, rodeada de diez vitrinas que seducen. Como santuarios que devuelven la dignidad arrebatada al ser asesinado: en nichos que emanan paz para los vivos.

"Mi tío fue asesinado en el 2010, el 28 de septiembre. Yo estaba en mi casa y le hablaron a mi hermana y en lo que cuelga el teléfono mi papá pone la tele y sale y veo el cuerpo y la camioneta.  Iba a un hospital privado y saliendo de ahí trataron de secuestrar a su niño (de 12 años) y forcejeó con ellos y el niño corrió al Hospital del Sol y a él no le quisieron meter... pocos  hospitales estaban recibiendo a  balaceados. Y ahí murió", dice la joven universitaria.

"Me sentía sola después de haber construido un mal recuerdo -gracias a los medios amarillistas- de una persona que quieres y matan. Un duelo interminable por estas imágenes que dejan marcas en la memoria y en el duelo que no terminas de vivir porque la violencia se sigue haciendo presente en lo vulnerable que te puedes sentir después de haber vivido esta situación. En esta exposición creo que terminé mi duelo, por el proceso de encontrar los objetos me di cuenta que todavía tenía buenos recuerdos que pensé que había olvidado. Volví a mi niñez, a mi adolescencia y al presente con una sonrisa que jamás debí haber olvidado", explica Ana Cristina Ramírez.

Esta es la magia de Fragmentos de Oposición al Olvido, la muestra de la juarense Olga Guerra, una artista emergente que sabe convertir el horror en belleza elegante. Una apuesta artística pionera en Ciudad Juárez que continúa con entrevistas a familiares de asesinados para expresar la violencia en visualidades poéticas que hipnotizan.

"Me enfoqué en los objetos que hablan con la carga simbólica de las personas. Se intenta hacer un museo de las memorias individuales que incluya al pobre, al marginado, al asesinado. El problema es que son víctimas de la violencia y eran personas como tú y yo. La violencia es un síntoma de un problema viejísimo que no hemos resuelto, como la mala educación y la pobreza", explica la artista Olga Guerra, de 22 años, de la colonia Guadalajara Izquierda, una de las más azotadas por la violencia.


En la experiencia artística los familiares de los asesinados comparten espontáneamente sus sentimientos al reconocer los objetos de sus muertos convirtiéndose también en parte de la obra. Como Nancy Díaz, de 25 años, viuda de Gonzalo Rivera y mamá de cinco pequeños.

"Me dejó sola con cinco hijos. Cuando él murió yo estaba embarazada de siete meses. Fue el 22 de diciembre del 2009. Estaba en una funeraria velando a otra persona, acababan de matar a un vecino, entonces acudimos a la funeraria (Latina, en la colonia Emiliano Zapata) a ver a ese otro muchacho y de repente pasó un vehículo y empezó a disparar. En ese momento él estaba afuera. Mi bebé nació en febrero. Me pesó mucho su muerte. El y yo éramos como una sola persona", recuerda.

Ahora observa una bota de las que él se hacía a medida, unas semillas de calabaza que le encantaban y una playera con su foto.

"Siento alegría, de alguna manera lo siento vivo con su memoria, que está vivo su recuerdo... no quedó en un lugar ahí guardado".

Cuando sus hijos de 10, 8, 7, 5 y 2 años vieron la exposición sintieron a su papá, un vendedor en un puesto en una escuela, como un "héroe, como si fuera alguien importante". Por primera vez pudieron ver sus pertenencias sin sentir querer huir: por el dolor.

sábado, 17 de noviembre de 2012

El doble dolor de María Leti: hermana de Rosario (víctima de feminicidio) y mamá de Leticia García Leal, desaparecida




Hay en sus ojos un parpadeo nervioso que se acentúa cuando accede a que le tome fotos, con la única imagen que tiene de su hija. No le gustan los recuerdos.

Sobrevive con memorias mientras busca a su siempre niña, de su mismo nombre y apellidos: Leticia García Leal, que desde hoy hace un año no sabe dónde está.

La incógnita del presente sobre el pasado. Como hace 17 años. Es noviembre de 1995. Y su hija Leticia, ahora desaparecida a los 22 años, tiene 5. Ella, María Leti, trabaja en el turno de la mañana de la maquilla y su pequeña se queda al cuidado de su hermana Rosario García Leal, de 17 años, obrera de noche en la misma planta cinco de la Philips, donde ensambla televisores. Hasta que un día la pequeña no tiene quién la cuide: Rosario desaparece, sale de la maquilla, "agarra" la ruta especial para la colonia Azteca. Cinco meses sin saber de ella. Hasta que aparece, un 7 de abril de 1996:

Averiguación previa número 05396/96-1102
Víctimas: Rosario García Leal, Guadalupe Verónica Castro Pando y Olga Alicia Carrillo Pérez.
Al sur de Lomas de Poleo, se localizó el cadáver de una persona del sexo femenino, el cual carece de cráneo y extremidades superiores. 
Como a setenta metros, al norponiente se encontró un maxilar inferior con sus piezas dentales completas, una clavícula completa con restos de piel acartonada. 
A tres metros, un brasiere color negro, de talla chica con ambos tirantes rotos, un zapato de piel semienterrado color negro, un pantalón color café, un suéter color azul con guinda con la letra R, una bata de maquiladora con el logotipo de Philips en el lado izquierdo. 

Autopsia: Violadas. Estranguladas. A trozos.

"La encontraron puro huesitos. La encontraron en Lomas de Poleo porque un señor avisó que ahí estaba una mano o algo....Era muy bonita también, morena clara. Mi mamá al menos la encontró y pudo enterrarla en Madera. Se mantiene muy tensa, le ha podido mucho lo de mi hija, volver a empezar la situación de antes", dice María Leti García Leal, nacida hace 45 años de edad en la sierra Tarahumara.

Apenas habla de la desaparición y feminicidio contra su hermana Rosario hace 17 años. El ahora es la desaparición de su hija Leticia. Cuidar a sus dos nietas, Jaqueline, de 4 y Jennifer, de 7 años de edad que esperan a su madre. Y cruzar un puente fronterizo de Juárez hacia El Paso, Tejas, para intentar encontrar un poquito de chamba limpiando casas.

Para llegar a la casita de María Leti, en la colonia Jarudo, hay que adentrarse por unos diez minutos en carro de calles sin pavimentar que surcan la colina de arena, ascender por algunos caminos que no tienen luz al anochecer y parecen aclararse con la luna. Este es el recorrido que Leticia García Leal hacía, caminando, a la 1 de la madrugada, cuando la rutera de la maquilla Río Bravo la dejaba de regreso de su jornada laboral.

"Yo siempre le decía que se cuidara mucho, mira lo que le pasó con Chayito. Ya de grande le conté todo a mi hija, se ponía triste, era su segunda mamá, vivía con nosotras. Cuando su tía desapareció mi suegra se la llevó para que yo buscará a mi hermana, para que Leticia no se acomplejara".

Pero el 17 de noviembre de 2011, de hoy hace un año, Leticia no regresó de su trabajo en la maquila. La mayor de sus pequeñas estaba enferma y a las ocho de la noche solicitó un permiso para regresar a su casa. La joven pensó en tomar una rutera pero el guardia de seguridad le pidió a un compañero de la maquila le llevara. La dejó en la Avenida de los Aztecas, la calle pavimentada más cercana a la colina donde vive.

"Ya no sé qué pasaría", afirma María Leti. "Mi vida sí que ha cambiado mucho, es mi hija y lo peor es que la única. No puedo creer que me esté pasando por segunda vez. Yo vivo porque mi dios es mi grande y dios me tiene un propósito. Yo tengo esperanzas de que mi dios algún día me la va a traer viva".




Las autoridades "cambian mucho de parecer, me tiene bien desconcertada. Yo no estoy nada contenta porque principalmente no han hecho nada y no me han dado el resultado que quiero. Ojalá hicieran justicia y que vieran mi dolor y me estuvieran apoyando, pero yo sé cómo me lo estoy pasando, no duermo, me ha dado una embolia...".

Las hijas de Leticia piensan que su mamá está trabajando. "No sé qué decir, todavía no sé la realidad de ella, yo tengo la esperanza de que mi hija regrese. Están chiquitas y no les quiero traumar. Preguntan: y mi mami, ¿cuándo viene? yo quiero que ya venga mi mami. Al rato va a venir, no se agüiten".


*María Leti no va a intentar hoy encontrar más casas para limpiar y dar de comer a sus nietas. Tomará la ruta hacia la Catedral donde se celebrará una misa para que su hija Leticia García Leal aparezca viva. Y la seguirá buscando: con fotocopias de su foto que pegará en la zona centro de Juárez y el puente fronterizo de Santa Fe, donde hay una cruz rosa con clavos por las víctimas de feminicidio. Una de ellas, para su hermana Rosario.

martes, 6 de noviembre de 2012

"Celebra" el cumpleaños de su hija, pero está desaparecida: Nancy Navarro



Quiso recordar a su hija Nancy Navarro como si no estuviera desaparecida: cociendo un pollito para hacer el mole que tanto le gustaba por su cumpleaños, y con una sopita de arroz. Pero sin tarta:

 "A mi Nancita le fascinan los pasteles de tres leches, pero eso del pastel será cuando Dios nos conceda tenerla entre nosotros. Cuando mi hija cumplió un año de desaparecida, mi esposo me comentó que hiciéramos un pastel... no quiero porque para mí un pastel significa algo de felicidad".

Tampoco convocó a una marcha en el 20 cumpleaños de Nancy, como la que realizó con globos cuando cumplió 19: desde la iglesia Santa Cecilia hasta la Mega Bandera, a unos metros del puente fronterizo Las Américas, que separa Ciudad Juárez (Chihuahua) de El Paso (Tejas).

"Quería algo así como estar sola, como encerrarme. Quería algo diferente, como que se le va a uno, al no ver resultados y ver que haces protestas y agarran a gente que nada que ver, a gente que nada que ver, no más para que uno calle... No tenía ánimos de hacer una protesta ni nada. Las autoridades dicen que ya van a hacer el segundo tomo de investigación. Yo quiero que no hagan ningún tomo y que me entreguen a mi hija. Y no más dicen que hacen la investigación que uno les lleva y ni para eso sirven, para sacarle a uno de sus dudas".

Comenzó el martes 6 de noviembre sin cantar las mañanitas a su hija que cumple años. Se acordó de que hace hace 20 años su primera hija nació tras dos días en el hospital y pesó 3 kilos y 600 gramos. Desde que nació la llamó Nancy. En la fábrica maquiladora donde comenzó a trabajar a los 16 años de edad, Lucy conoció a una enfermera que se llamaba Nancy y pensó que cuando se casara y tuviera una niña llevaría ese nombre que se le hace "bien bonito".

"Y su papá escogió el nombre de Ivette. Vamos al registro, y nos preguntan: ¿nada más con ese nombre? y él sale con que Nancy Ivette", recuerda sonriendo entre lágrimas.

Pensó en la quinceañera de su hija, en la fiesta que le obsequió tras la misa que se celebró en la iglesia donde ahora reza por su regreso, en las invitaciones y detalles que organizó durante un año para su 15 cumpleaños.


Lucy preparó a sus tres hijos para ir a la escuela y se dirigió a la misa de las 8 de la mañana. En la capilla del santuario pidió con todas las fuerzas que su Nancy apareciera viva.

"Hace 20 años deseaba el momento que ella naciera para cuidarla, protegerla y ahora no está conmigo. Yo creo que es una situación bien difícil no poder tener aquí a mi hija y darle un abrazo por su cumpleaños. Nancita sigue siendo una niña muy querida por todos nosotros, una niña noble, sin maldad, sin merecerse que le pasara esto".




En la mesa del comedor de la casita de Lucy hay seis sillas. Dos para el matrimonio y cuatro para sus hijos de 15, 8 y 6 años de edad. Una, para su hija mayor que ahora ocupa Brianita, la niña de Nancy Navarro.

La comida está lista. Llegan algunos familiares para acompañar a Lucy y a su esposo José Adrián antes de que éste se encarame en una rutera que le lleve hasta su chamba de mesero en un restaurante. Y la pequeña Brianita, de dos años y siete meses, llama a sus tíos (también niños) para comer:

"¡Hermanitos vengan a agarrarse de la mano porque vamos a rezar por mamita Nancy, porque ella va a venir!".


***Hoy es martes 6 de noviembre de 2012, el día en que Estados Unidos elige su presidente entre el presidente Barack Obama y Mitt Romney, y en esta ciudad fronteriza -que vive al ritmo estadounidense- se vive con expectación. Pero para Lucy y su familia es el segundo cumpleaños de Nancy Navarro, en el que no la pueden abrazar ni festejar: hace un año y cuatro meses, un 13 de julio del 2011, Nancy fue a buscar de trabajo a la zona centro de Ciudad Juárez y desapareció: como tantas otras. A los 18 años de edad.

viernes, 2 de noviembre de 2012

Recordando a sus asesinados en un camellón (y exigiendo justicia)




Finaliza su turno en la fábrica maquiladora, en la que trabaja cosiendo vestiduras para los carros. Y encuentra a sus tres pequeños correteando en un altar a los muertos: en un camellón -banqueta que divide los dos sentidos del tráfico de la carretera-, que en la colonia Riberas del Bravo Etapa 6 se convierte en el único parque para los niños. Es de arena del desierto y carece de columpios pero hoy está lleno de color: y de recuerdos que piden justicia. Es 2 de noviembre, el día en que México recuerda con altares a sus muertos. En Juaritos, más de 11 mil 130 asesinados desde que comenzó la llamada guerra contra el narcotráfico hace cinco años.

Carolina Sánchez divisa la foto de su esposo en el altar cuando Gael, de 4 años, le recibe con un "quiero pan, mamá". Lo saca de su bolso. Y me dice: "Yo no lo como (en la maquila, donde me lo dan) por dárselo".
Su marido, Arturo Ramos -que fue asesinado a los 36 años de edad, hace un año y ocho meses- está acompañado ahora de un platillo de enchiladas de queso con chile rojo y una botella de Coca-Cola.

"A mi esposo le encantaba la soda, se podía tomar hasta cuatro litros en un ratito, unos vasotes de soda, era lo que más le gustaba".  El era taxista. "Le dieron un balazo en la cabeza y todavía le pasaron un carro en la cabeza. Le destrozaron el rostro".



Carolina estaba en la maquila cuando sus vecinos comenzaron a levantar el altar del Día de los Muertos recordando a los que murieron, algunos de ellos asesinados.

 "Aquí somos muy unidos, yo creo que en esta temporada es lo que nos hace falta a todos, ser muy unidos. En lo que yo andaba reconociendo el cuerpo de mi esposo (cuando lo asesinaron), ellos hicieron todo, se encargaron de juntar el dinero para pagar lo que era del sepelio..."




Comenzó a diseñar el altar: Lourdes Muñoz Galaviz, de 33 años, una ama de casa madre de cinco niños de 16, 13, 11, 6 y 2 años de edad. De pronto, pensó en los cadáveres no identificados y decidió realizar una instalación artística, sin ella saberlo: un altar, una representación de un cementerio junto con otra de una fosa común separadas por un caminito y con cintas de color amarillo.

En la fosa común que creó hay tumbas con cruces de madera que señalan la fecha en la que murieron los que al ser asesinados perdieron hasta su nombre. Y un cartel que pide justicia.

"Pedimos justicia porque a los vecinos que los mataron aquí eran vecinos que sabemos que no andaban en malos pasos, eran gente trabajadora, que se dedicaban a cuidar a su familia, a su hogar. Les arrebataron a sus hijos, a su padre, a las señoras las dejaron solas, sufriendo teniendo que ir a buscar el sustento de sus hijos, y a mí se me hace muy feo porque ellos no tienen la culpa de la inseguridad que se vive en Ciudad Juárez", dice Muñoz.

"Queremos hacer simbólico lo que nosotros sentimos. Los que ya están enterrados pues ya no pueden hacer, murieron inocentes. Es buscar una forma que los gobiernos volteen a vernos, que necesitamos ayuda, que estén al pide del cañón, y que hagan  hagan mérito porque ellos están gobernando porque  muchos los hemos votado esperando que haya resultados...".



Las tumbas que simbolizan un fosa común están separadas de las que se representan en un cementerio "para que se vea qué es un panteón cuando la gente va y le lleva flores a sus muertos. Y a ellos nadie les llora y nadie va".

A otros muertos, como Melissa Delgado -asesinada en diciembre de hace dos años a los 28 años de edad cuando estaba embarazada-, no tiene a un esposo que les llore -está desaparecido- ni a su mamá, que falleció del dolor en el día que se cumplía el primer aniversario del asesinato de su hija. Le queda su niño, de ahora 9 años.  Con un féretro realizado con dos cajas, cubierto de las mariposas que tanto le gustaban, galletas María remojadas con agua y tamalitos, los vecinos la recordaron en la ofrenda a los muertos, esperando que a la noche regrese su espíritu y disfrute de lo que más le gustaba, como señala la tradición prehispánica.

"Es muy duro porque ya no están. Es muy triste ver como cada cosa que le poníamos (en el altar) los vecinos decíamos: "a él le gustaba comer esto", y son cosas que a ellos les gustaban y sólo quedan en el recuerdo y en nuestro corazón que exige saber quién los mató, por qué: justicia".

jueves, 30 de agosto de 2012

Las muertas de Juaritos tienen su monumento (inconcluso y con un nombre equivocado de las asesinadas), pero no justicia






"!Vivas las queremos, vivas se las llevaron. ¿Qué queremos? justicia. ¿Para cuándo? ahora. No queremos ni una más en Ciudad Juárez. Para ahora queremos respuestas, que no nos den atole con el dedo. Estamos cansadas de promesas. Ellas no se han ido, están en los bares... No queremos más cuerpos, las queremos vivas!!!!!!!!!!!!!". 

         (Madres, niños y familiares de desaparecidas. Segunda inauguración del monumento conmemorativo de las ocho adolescentes y jovencitas encontradas asesinadas en un campo algodonero. 30 de agosto 2012: Día Internacional de la Desaparición Forzada)

Hasta hace unos minutos, Irma escuchaba en un acto al secretario del ayuntamiento Héctor Arcelús, en representación del alcalde de Ciudad Juárez. Hasta que gritó su dolor convertido en exigencia de justicia. Aquellas palabras oficiales que hablan, en pasado, de las desapariciones, feminicidios y el cumplimiento de la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, del 2009, se contradicen con su presente. Con los presentes de familiares de desaparecidas y muertas.

En el mundo que la autoridad municipal expresa, su hermana viuda Maricela González Vargas no hubiera desaparecido el 26 de mayo de 2011 y, de haber ocurrido- con el cumplimiento de la sentencia hubiera aparecido- estaría con sus cuatro hijos de dos, tres, seis y doce años de edad. 

Comienza la inauguración, por segunda vez,  de un memorial al que el estado mexicano ha sido obligado a construir por la Corte en un campo algodonero, donde hace once años se hallaron los restos de ocho adolescentes y jóvenes desaparecidas.





Lo nuevo del monumento conmemorativo -que se había inaugurado en noviembre del 2011 sin la presencia de las madres porque las autoridades se negaban a inscribir los nombres de las muertas- son los nombres de sus hijas: sin grabar, en pegatinas de color negro. Pero un error en uno de los nombres de las muertas recuerda la negligencia de las autoridades mexicanas por la que la Corte Interamericana de Derechos Humanos sentenció hace tres años al estado mexicano: el nombre de Verónica Martínez Hernández está ahora en el memorial, como si su asesinato impune fuera el de una más y poco importara la verdadera identidad del cadáver hallado, que once años después está sin identificar y que las autoridades decidieron que fuera el de Verónica. 
Esta joven trabajadora de maquiladora, que desapareció a los 19 años de edad, fue encontrada muerta un año después del caso del campo algodonero, según la identificación científica del Equipo Argentino de Antropología Forense. 
Como Verónica Martínez, las aún desaparecidas Guadalupe Luna de la Rosa y Bárbara Aracely Martínez Ramos fueron halladas en el 2001 en este cementerio clandestino hasta que las forenses argentinas demostraron, cuatro años después, que aquellos esqueletos correspondían a María Rocina Galicia Meraz y a Merlín Elizabeth Rodríguez Sáenz. Y sus mamás volvieron a buscarlas en lugar de llorarlas en sus tumbas.

Al representante municipal, que encabeza la ceremonia, lo acompañan autoridades estatales como el gobernador de Chihuahua César Duarte (PRI)- y de la presidencia del gobierno de México: el secretario de Gobernación Alejandro Poiré (PAN), que en tres meses dejará su cargo cuando México tenga a Enrique Peña Nieto (PRI) como presidente.
Ninguna de las autoridades responsables de la indiferencia ante las desapariciones de mujeres, de la fabricación de identidades de las muertas, de la impunidad y de los culpables que resultaron ser inocentes (y cuyos dos abogados fueron asesinados por "error" por las fuerzas de seguridad), están presentes. El que fuera gobernador del estado Patricio Martínez, en aquel tiempo, fue elegido el pasado 4 de julio senador por el PRI. 

"!Vivas las queremos, vivas se las llevaron. ¿Qué queremos? justicia. ¿Para cuándo? ahora. No queremos ni una más en Ciudad Juárez. Para ahora queremos respuestas, que no nos den atole con el dedo. Estamos cansadas de promesas. Ellas no se han ido, están en los bares... No queremos más cuerpos, las queremos vivas!!!!!!!!!!!!!" 

Voces desgarradoras de dolor. De mamás y niños de desaparecidas que caminan hacia las autoridades,  con las mantas con las que buscan a sus hijas, desde la entrada de la plaza situada entre los hoteles de la ahora zona del Consulado de Estados Unidos, en las avenidas Paseo de la Victoria con Ejército Nacional.




-Señor gobernador, le queremos sacar un compromiso... -dice Ricardo, el padre de la universitaria Mónica Janeth Alanís Esparza, desaparecida a los 18 años de edad el 26 de marzo de 2009-.  Estamos exigiendo que la desaparición esté tipificado como delito. Me lo arrodillo para que lo hagan. Uno de sus agentes de la fiscalía dijo que el delito de robo de mujeres no es un delito, llévese a la que le guste, sólo esto le faltó decir al señor Esparza. ¿Cuándo lo van a hacer un delito, cuándo le roben a su hija de usted? Por favor, hágalo. Es un trabajo social buscar a las jovencitas. Mejor hay un teléfono para reportar un carro (robado) que para una joven desaparecida. ¿Vale más un carro que una joven? Es que hay muchas mujeres, como dijo un fiscal, que se pierden por golfas. 

-Y  dijeron que si se perdían era porque íbamos de putas, cuando mi hija desapareció fuera de la secundaria, no por andar de vaga, interrumpe Consuelo, la mamá de Griselda Murúa López, desaparecida en abril del 2009 a los 16 años de edad.

-Y aunque anduvieran de golfas, no tienen por qué perderse ninguna mujer..., añade otra señora.

Aplausos de la mayoría del público. Y más gritos de justicia. Las autoridades, bien calladitas.






De pronto, Norma Andrade -mamá de Lilia Alejandra García, asesinada en febrero del 2001, que huyó de Ciudad Juárez el año pasado tras sufrir un intento de asesinato el 2 de diciembre del 2011 y recibir amenazas de muerte-,  se plantó delante del gobernador Duarte y le dijo que el asesino de su hija era un familiar de un funcionario de la policía.

-Traígame el expediente, le respondió el gobernador. 

Y Mari García,  mamá de Jessica Leticia Peña, desaparecida a los 15 años en el centro de Juárez y encontrada en un cementerio clandestino con los restos de 12 desaparecidas en el Valle de Juárez, le pide cuentas: 

-¿Dónde están las promesas, o dígame son ustedes (los asesinos) o están comprados? 

En febrero, esta mamá protestó durante cuatro días delante de la Fiscalía con el ataúd que contenía los huesos de su hija Jessica Leticia, hasta que el gobernador acudió a reunirse con ella.

Este insiste a las mamás que lo rodean más del 90 por ciento de las desaparecidas durante su administración se han encontrado vivas. Y decide no dar un discurso.

Los rostros de las autoridades que habían entrado al recinto sonrientes comienzan a cambiar. De pronto,  corren, para develarla, hacia la estatua Flor de Arena que realizó bajo concurso público la artista plástica juarense Verónica Leiton, nacida en Santiago de Chile. 






El secretario de Gobernación comienza a hablar tras el atril para intentar ganarse la confianza de los familiares de desaparecidas.

"Yo soy mexicano, tengo una hija y sé perfectamente bien el dolor que ustedes sufren", afirmó Poiré. Pero Irma, la hermana de Maricela González, le interrumpió y le dijo: "No, no se sabe el dolor hasta que se siente.  Mi hermana dejó a cuatro niños... vaya usted a decirles eso, que entiende el dolor, vaya y dígales qué pasó con su mamá". 

Y al terminar el secretario Poiré su discurso, todos van corriendo, sin despedirse, sin más discursos de las autoridades. 

-¿Por qué corren?, gritan algunas mamás, mientras intentan perseguirlos para hablar con ellos.




La artista Verónica Leiton decide reunir a las mamás delante de su Flor de Arena. Quiere contarles por qué hizo la estatua de bronce de cuatro metros, "una mujer mirando al cielo en una actitud plena y libre", que ahora destaca en el memorial. Lo hace con la voz entrecortada y débil tras haber salido el día anterior del hospital donde se recuperaba de una operación. Y descubrió que su estatua ya no es una fuente, que no sale agua que lava y purifica la memoria del dolor. 

"Esta escultura es una bendición de Dios porque yo quería contribuir de alguna manera para alivianar el dolor. Lo hice con todo mi respeto y cariño". Y recordó que ella también tiene sus desaparecidos en Chile. "El memorial es importante que exista, para no olvidar todo el atropello que ha habido y sigue habiendo. Es importante que exista una justicia real"




A las autoridades su acto no les salió como esperaban. A pesar de que llegaron poco después de los ornamentos florales naturales en una mañana calurosísima, inauguraron por segunda vez un memorial, que sigue inacabado. En cada uno de los nichos, hay arreglos florales en lugar de la historia del feminicidio en Juárez. La placa donde las autoridades deben de disculparse obvia que las autoridades falsificaron la identidad de tres jovencitas, dos de ellas que siguen desaparecidas. Y tampoco están los detalles decorativos que acordaron con las mamás: los jardines, árboles, fuente, sólo hay cemento. 

"El evento dejó en evidencia el incumplimiento de la sentencia", me comenta el sociólogo Alfredo Limas, integrante del Centro para el Desarrollo Integral de la Mujer, una de las organizaciones que litigó el caso del Campo Algodonero ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos. "Hoy el estado mexicano quería tener una muestra de que estaba atendiendo el resolutivo del memorial, pero no es así. Me pareció una reivindicación de las familias de jóvenes desaparecidas. Mientras no se conecte el memorial con los resolutivos del esclarecimiento de los feminicidios y localización de vida de víctimas, la gente no entiende que este memorial tenga sentido".

viernes, 13 de julio de 2012

Briana busca a su mamá Nancy Navarro desde hace un año. Y tiene dos años y tres meses de edad.




Esperó a que la noche llegara: para permitirse llorar. Con sus fotos, sin ella. Sólo con el recuerdo:

Mallas negras, zapatos negros bajos, blusón de tirante gris con blanco y cinto negro. Miércoles, 13 de julio del 2011. Colonia Francisco I. Madero. En Ciudad Juárez. Las 11 de la mañana. 
-Mamá voy a ver si me dan trabajo, voy a ir al centro, a Modatelas, a los puestos de telas. 
-Andale pues m'hija, mucho cuidado.

Desaparecida. Hoy hace un año. Nancy Navarro, mamá soltera.

"Toda la gente me ayuda menos las autoridades y no hemos tenido respuesta", comenta Lucy Muñoz, de 38 años de edad y mamá de cuatro niños de 14, 8 y 6 años, además de Nancy.


Silencio. Unas lágrimas. Continúa. Porque sabe que no queda otra.
El día fue de lucha. Comenzó despertando a su nieta Briana Naomi, de 2 años y tres meses, a las seis de la mañana:
-"Mi gorda, vamos a misa para seguirle pidiendo a Diosito encontrar a tu mami".

La pequeña dormilona no se demoró en levantarse ni un segundo. Las dos soñaron, cada una en su mundo, un mismo sueño mientras estrenaban unas playeras color rosa con la imagen de Nancy y un lema: "Mi esperanza está en Dios".



Desde la Iglesia de Santa Cecilia, en la calle Francisco González Bocanegra, recorrieron el tramo de la ruta 2B, el que debió de tomar Nancy Navarro para ir hasta el centro, y caminando por más de una hora con familiares, amigos y padres del Comité de Madres y Familiares con Hijas Desaparecidas y bajo un intenso calor, llegaron a la Catedral mientras empapelaban cada rincón hojas de alerta con la foto y datos de la desaparición de Nancy.
Se pararon en la antigua cárcel de piedra "donde están los municipales que supuestamente cuidan el centro". Y comenzaron a gritar con más fuerza su dolor:

- ¿Qué queremos?
Que las encuentren 
-¿Cómo?
Vivas
-¿Cuándo?
Ahora.

Cuando Lucy veía a jovencitas hermosas como Nancy Navarro, se acercaba a ellas, les daba un mensaje que había preparado para encontrar a su hija y les decía: 

- Cuídense mucho m´ija porque ella es mi hija. No lo tires, si no lo quieres dáselo a otras personas.
 Y ellas, le respondían que no perdiera la fe, que la iba a encontrar, que siguiera adelante.


Las horas pasan. Las noticias no llegan. Los vecinos, familiares y amigos que le acompañan desde la desaparición para rezar y buscar su hija, no le han dejado sola en todo el día. Saben que tras la protesta su esposo se fue a su trabajo de mesero en un restaurante para tener con qué comer mañana. 

"Yo he tenido muchos ángeles alrededor de mí, como espero que mi hija los tenga. Yo sé que ella no está por su voluntad, pero que no tenga miedo, que Dios le va a dar fuerzas para salir donde quiera que esté y que vamos a estar con los brazos abiertos, que piense en su hija cuando tenga oportunidad de hacer algo, de escaparse, de salir dónde esté...". 
Son las 10 de la noche en el hogar de los Navarro Muñoz. La lluvia, que ha azotado con fuerza estos días en Juaritos, ha convertido el arroyo detrás de su casita en un basurero de llantas que contrasta con la limpieza y el orden de su casita que surge de un agujero en el desierto, en el que cuando llueve el agua discurre salvajemente por los terrenos sin alcantarillado.


"A estas horas andaba como loquita buscando a mi hija donde quiera. Era un día que estaba lloviendo y andábamos entre el agua yo, mi hermano, mi cuñada, en la policía, en hospitales, a preguntar por el centro. Yo recuerdo a mi hija como si fuera hoy en la mañana cuando estábamos almorzando juntas y se fue al centro a buscar trabajo...", 

Cuando Lucy sale unos minutos de su hogar, su nieta Brianita le pregunta a su regreso: ¿Ya viniste? ¿fuiste a buscar a Nancy?

"A veces no quiero que me diga eso", reflexiona. "Porque pobrecita, me ve que llego y nada".

Así desde hace un año. Con todos los minutos, horas, días y meses de espera. Como otras madres.

"Lo que más deseaba hoy era encontrar a mi Nancita, abrazarla y decirle cuánto la he extrañado. Me levanto dándole gracias a Dios por otro día de esperanza para ver a mi hija".


******En su dolor Lucy Muñoz escribió un mensaje para la comunidad juarense, que me pidió compartir con vosotros:


Un día como hoy 13 de julio comencé a extrañar a mi hija. Desafortunadamente ella forma parte de las mujeres desaparecidas de esta ciudad, y aunque pensé que mi familia nunca pasaría por esto, hoy tenemos que aprender  vivir con la ausencia y con la esperanza de volver a abrazar a mi hija. 
Por ese motivo, quisiera invitarlos a que tomen conciencia de este problema que sucede actualmente en nuestra ciudad para que no permitan que sus hijas asistan solas a la zona centro, y así como proporcionar datos personales a desconocidos, que ofrecen falsas promesas d trabajo y superación personal. 
Es importante tener en cuenta que a todos nos puede pasar en el momento menos esperado, y nunca digas "a mí no me va a suceder". 
Gracias por leer y aceptar este mensaje. Espero que sea de utilidad para la comunidad juarense. 
Atentamente, 
Familiares de Nancy Ivette Navarro, desaparecida el 13 de julio de 2011.