jueves, 31 de diciembre de 2009

El día en que la DEA anunció ataques contra civiles: 10 muertos, civiles, como casi todos los días.














"Papá, levántate! No se quiere levantar mi papá. Está vivo, !que se levante!....No, no, no es mi papá. Papá está conmigo, en la casa.... !Te amo!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!"

Es su papá. Salvador Sánchez González, de 38 años, es su papá. También, de dos niños más. Hace frio a eso de las 7 de la tarde de hoy miércoles 30 de diciembre. Y Sánchez ya es un cadáver.
Su hija grita en una esquina de la calle, a unos 200 metros del cuerpo de su padre.
Los soldados se acercan en grupo y de sus celulares toman fotos de recuerdo. Pasan uno tras uno. Deben de ser los nuevos que han llegado. Los que todavía no están acostumbrados al espectáculo de 10 a 15 muertos al día: hasta que te toca en la sangre de tu propia familia, y en lugar de tomar fotos, sólo gritas. Lloras o pides un celular, que tenga crédito, para avisar al resto de la tragedia.

Sánchez González terminó su día muerto, tras un día de trabajo como chalán (ayudante de mecánico) en un taller de camiones. Entre la calle Checoslovaquia y Sevilla, en la colonia obrera Mirador. Con su hija mayor diciéndole todo lo que no le pudo decir en vida: "Perdóname papá!!!!!!!!!!!!!!!"

De pronto, los soldados se alejan corriendo del asesinado, y de un carro que está estacionado cerca del cadáver del papá de la chava, la que está gritando. Y se suben a sus vehículos. Le siguen los federales y los municipales. Todos salen en estampida.

-?Qué ocurre?, pregunto y nadie contesta. Decido apartarme, como ellos.

Pero en ese momento, llega uno de mis colegas. Se acerca al cordón amarillo que separa la escena del crimen, dispuesto a grabar.

-Apártate!!!!!!!!!! Ten cuidado!!!!!! Los soldados se acaban de ir a la carrera!!!, le grito.

Y el chavo que no se mueve, ni modo. Que saca su cámara y empieza a filmar. Y yo pensando que en ese preciso instante va a estallar el carro que está al lado del cadáver. Y se va a llevar al colega. Sigo gritándole, sin que mis piernas quieran correr más lejos, y él mirándome como si fuera una extraterrestre. Hasta que regreso, le tomó del brazo y consigo empujarlo: las ventajas de ser una mujer grandota y fuerte, y bueno, él es un chaparrito, hay que decirlo también.

Ese rostro de terror de las fuerzas de seguridad lo vi antes, lejos de Ciudad Juárez y hace muchos años. Es la huida cuando el coche bomba está a punto de estallar y ya no se puede desactivar el artefacto.

El día había comenzado en la fascinante Ciudad de México con una noticia: la alerta de la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA) al gobierno mexicano de posibles ataques del narcotráfico contra civiles, en especial el 1 de enero, según publicaba el diario "El Universal".

Y el anunció provocó más terror. Porque los civiles, muertos, siempre han estado ahí, desde que comenzó hace 21 meses la llamada guerra contra el narco en Ciudad Juárez. Pero para el gobierno del presidente Calderón, la mayoría son narcos. Los muertos civiles están cuando te matan en un restaurante al salir de la chamba con tus compas de la maquiladora, en un centro de rehabilitación para personas con adicciones a las drogas o celebrando un cumpleaños en un exclusivo bar de la ciudad. Están todos los días. En lugares públicos.

Y los muertos seguirán, si no se combate el delito, si continúa la impunidad y la corrupción: el mejor caldo de cultivo para el crimen organizado y el común. De la falta de acción, las bombas que surgen entre mochilas abandonadas- debajo de los automóviles o en un edificio- pasarán a formar parte del paisaje de Juárez, según expertos como Oscar Máynez, catedrático de criminología de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez.
"Es un proceso de evolución esperado", dice el experto. "Son crímenes anticipados y anunciados. El único resposable es el Estado. Hay que ver por qué no está actuando, si no tiene la capacidad, sino quiere, si está coludido", añade.

El colega con el que me fui del brazo tiene su zapato lleno de sangre por un "evento" anterior:

-"Pisé la masa encefálica de uno de los dos ejecutados. No la vi", explica.

El coche sigue ahí. El cadáver también. Nada explota. Nos queda la duda y más chamba de dolor.


*****El saldo de la muerte de este miércoles 30 de diciembre en Juaritos es de 10 "muertitos", más 5 en El Valle de Juárez, a las afueras de la ciudad.
Algunos autobuses del pobre transporte público de Ciudad Juárez decidieron no salir hoy a las calles. El martes uno de ellos fue rafagueado, con 15 pasajeros dentro, por no pagar una extorsión de 10.000 pesos, unos 770 dólares. Fue un aviso sin muertos. Algunos ruteros huyeron a El Paso, Texas, nada más cruzar uno de los puentes fronterizos que separan la ciudad más violenta del mundo de la segunda más segura de Estados Unidos. Están pidiendo asilo. Como tantos otros.
Antes, los camiones habían sido incendiados o chocados contra establecimientos. Además, de asesinar a choferes. En estos autobuses los trabajadores de la industria maquiladora van a su empleo.
La ciudad se queda cada día más desolada. Los que pueden huir, como José Reyes Ferriz (PRI) el alcalde de Ciudad Juárez, viven en El Paso, Texas y pisan lo menos posible la ciudad, con guardaespaldas. De las autoridades que siguen aquí está el Cónsul de Estados Unidos en Ciudad Juárez y su esposa, colombiana.

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