sábado, 6 de abril de 2013

Tres días en bus para encontrarse con su hija desaparecida María Guadalupe de la Cruz Francisco, de 17 años: en huesos





Habla despacio. Toma aire profundo para poder pronunciar unas tres o cuatro palabras seguidas. Es un hombre robusto. Ahora con una hija en un ataúd. Con lo que queda de ella: algunos huesos.

"Vengo desde Cárdenas, Tabasco de enterrar a mi difunto padre, me quedé un rato... para recibir... para recibir la mala noticia de que a mi hija la habían asesinado. Fue el peor golpe que nunca me imaginé recibir, primero mi padre muere de muerte natural y luego mi hija.... "

Llora.

Moisés de la Cruz Guillén tiene 41 años. Es guardia de seguridad: hace cuatro meses perdió su empleo. Está en una funeraria de la colonia Azteca, muy cerquita de la calle donde vive en una casita de un solo cuarto y tres camas para su esposa y cinco hijos. El miércoles supo que su hija desaparecida "desde el 4 de febrero" fue encontrada el 26 de febrero en un terreno baldío situado detrás de la fábrica maquiladora Electrolux. Lo único que quedaba de ella era parte de su esqueleto cubierto aún con algo de tejido lo que hizo posible una identificación más rápida por DNA.

"Me avisó mi mujer por teléfono... Por causa de esa información me cayó como una especie de... me duele  la cabeza... me dio algo y vengo tomando medicinas y fue a partir de ese día que recibí un golpe tan grande".

La Fiscalía le pagó el viaje de regreso a Juárez. En bus. Fueron 4 mil pesos (unos 330 dólares), el doble que un billete de avión. Y tres días de viaje en dos autobuses: uno desde Tabasco a la Ciudad de México y el otro, rumbo a Juárez. El papá de María Guadalupe de la Cruz no había podido regresar antes a su hogar porque en el estado sureño de Tabasco no había podido encontrar chamba para poder pagar su boleto de vuelta. Acaba de arribar.

"Si viera lo que yo quería era llegar y por más que yo quería... Yo digo que cuando las cosas se empeoran y quiere uno llegar se empeoran, aún más".



El ataúd de María Guadalupe de la Cruz Francisco es blanco. Tenía 17 años de edad. Soñaba con estudiar estilismo y le gustaba dibujar, "era alegre, era la única que me hacía relajos (bromas)". Criada en una familia cristiana, donde no se permiten los bailes, tres meses antes de desaparecer se fue a vivir con una vecina y sus dos hijas adolescentes de 14 y 16 años de edad.  Una semana antes de su desaparición, regresó a su hogar. Yadira, su mamá pensaba que había aprendido la lección cuando ella le pidió que si la buscaban, les comentara que no estaba.

"Quería libertad, yo le decía que los bailes no son buenos y ella me decía: 'tu mamá estás loca porque ves mucha televisión´".

Lo dice cargando al menor de sus hijos, una niña de dos años, acariciando el féretro de su hija. De la que recuerda la última vez que la vio:

"Ella salió el 4 de febrero a las 5 de la tarde a poner recarga al celular y ya no regresó. Le hablé porque no llegaba y me dijo que estaba con una amiga. Le estuve marcando y marcando y de repente se me desaparece como si se la hubiera tragado la tierra. Llevaba una blusa rosa, un pantalón de mezclilla negro, unos botines y un calcetín blanco con rayitas como de tenis".

Comenzó a buscarla. Y asegura que el 8 de febrero levantó el reporte de desaparición.

El teléfono sonó el miércoles 3 de marzo. Le llamaban de la Fiscalía. "Me dijeron que me iban a buscar en la casa y me iban a llevar para hacer unos papeles. Y en ese momento me llamó la psicóloga y me dijo que ya la habían encontrado y que con el  ADN que me hicieron coincidía con el de ella".

"Lo más duro es que me hayan quitado a mi hija, pues sí.  Más que nada siento coraje por la muerte de mi hija, por los asesinos que no tienen misericordia que matan sin piedad".


Hace dieciséis años, Yadira y su esposo Moisés emigraron a Ciudad Juárez desde un hermoso pueblo del estado de Veracruz llamado Oteapan, cerca del mar. Llegaron al desierto en busca de trabajo en una fábrica maquiladora. Con la desaparición y el asesinato de su hija, quieren regresar al sur de México. Quieren prevenir que a sus otras hijas les ocurra lo mismo.

"Te voy a decir algo y espero  que estoy no traiga represalias. Aquí el peor caso es que aquí el delincuente tiene más apoyo que una gente normal, y está más protegido por la autoridad que una gente buena que se dedica a trabajar", dice el papá de María Guadalupe de la Cruz.

"Pero primero antes de regresar quisiera que los que hicieron esta maldad recibieran su justo pago, ser castigados por la ley misma, es lo que yo más quisiera en la vida, que su muerte no quedara impune (como el 97% de los crímenes en Juárez), sino que se hiciera justicia". 

Unos días previos de que a Yadira, de 39 años, le entregaran un ataúd cerrado con los restos de su hija, tuvo dos sueños, donde su hija le tranquilizaba con un: "Ya no me busques, estoy en un lugar muy especial".
"Entonces eso me da fuerzas de que un día voy a ver a mi hija (en el cielo). Ella no está muerta, le mataron el cuerpo está destruida toda, pero el alma vive".

Mari García, mamá de Jessica Leticia Peña, desaparecida a los 15 años en el centro de Juárez y encontrada
en una fosa clandestina con los restos de doce desaparecidas en el Valle de Juárez, no conocía a Yadira, mamá de María Guadalupe de la Cruz Francisco, de 17 años. Al saber de su tragedia,  esta mamá desempleada tomó dos rutas por casi dos horas para acompañarla.

****ACTUALIZACION: María Guadalupe de la Cruz Francisco, de 17 años de edad, fue enterrada el domingo en la intimidad. Tras celebrar un servicio cristiano, su féretro salió de la humilde funeraria del Carmen III rumbo al panteón de San Rafael. 
En la mañana del lunes, Yadira y su esposo Moisés se dirigieron a la Fiscalía. Querían ver algo de que quedó de su hija, ahora muerta y enterrada, al menos acariciar las ropas que encontraron junto a los huesos que les entregaron en un ataúd cerrado. "Pero nos dijeron que no podían, que era imposible, que podía afectarnos... ¿más de lo que estamos?". 
Con el agente del ministerio público que tiene la carpeta de investigación de su hija, levantaron una denuncia contra de "Lupe", la mujer con la que vivió su hija, detrás de su casita. 
"El domingo que enterramos a mi hija, me sentí mal, y le dije a mi hijo el mayor que me acompañara a la farmacia y una señora que es mamá de las muchachas... me amenazó y me dijo: "ahora sigues tú, guey". 
Y comenzaron a sentir más miedo. A desear huir lo antes posible a Veracruz. Como no tienen dinero para comprar los boletos del bus y comenzar una nueva vida en su estado de origen, pidieron ayuda a la trabajadora social que atiende a víctimas en la Fiscalía. La respuesta fue negativa. 
Ahora sobreviven atrapados  en la ciudad a la que emigraron en busca de trabajo y donde perdieron a su hija. Ahora sin trabajo y sin uno de sus cinco hijos.

jueves, 4 de abril de 2013

La niña de Nancy Navarro cumple tres años de edad de edad: el segundo cumpleaños sin su mamá, desaparecida



Esta mañana, Lucy se levantó con un sueño. Abrazó a su nieta Brianita -la pequeña de Nancy Navarro -desaparecida en el centro de Juárez el 13 de julio de 2011-, la vistió aún más hermosa y fueron a misa. La niña cumple hoy tres años de edad: dos de ellos sin saber dónde está su mamá.

"Siempre acostumbré a llevar a mis hijos a la iglesia para dar gracias a Dios porque están bien. Cuando Nancy se alivió, a la semana de recuperación, también la llevé".

Al entrar en la iglesia Santa Cecilia, situada en una zona donde han desaparecido diez niñas y jovencitas en los últimos tres años, Lucy escribió una petición en un papelito que después sería leída en la celebración eucarística. En ella, pedía que su hija regresara.


"Yo sigo con la esperanza de que mi hija esté viva y que algún día la voy a ver. Aunque las autoridades no hagan nada, yo tengo la esperanza de que vaya a haber alguien que me dé una señal de mi Nancita. Sigo confiando en Dios, para las autoridades hay cosas imposibles porque no quieren, y para Dios no hay nada imposible. Sueño con tenerla en casa y decirle cuánto la quiero y cuánto la extrañé, abrazarla...".

Desayuno, con pancakes: hay que mimar a la festejada. En la tarde, cuando sus tres tíos -también niños- salgan de la escuela, tendrá su pastel de chocolate.

"Brianita tenía un año y tres meses cuando su mamá Nancy desapareció. Ella dice que cuando le hagamos su fiesta quiere que venga su mamita, me lo dice con una ilusión, con una ternura que me remueve todas las entrañas".

La casita de la familia Navarro Muñoz, que está incrustada en una colina de arena desde la que no se ve la calle más cercana, es un museo para Nancy. Aunque no la he conocido aún -comencé a descubrir su mundo a los dos días de su desaparición- se siente su presencia. Están sus fotos de bebita, su quinceañera, embarazada descubriendo su barriguita, con su hija en brazos. Recuerdos que brillan sin una mota de polvo en un tierra desértica donde las ventoleras pueden convertirse en cotidianas. Es como si con sus recuerdos, se mitigara su ausencia del hogar. Y su Brianita fuera creciendo rodeada de su mamá, sin que ella esté presente.

"Yo digo que mi gorda nunca se va a olvidar de su mamá Nancy. Todas las noches me dice que le cante todas las canciones que sepa, de animalitos, del Angel de la Guarda. Brianita nos trae la energía positiva. Me pregunta quién le daba chichita (pecho), le digo que su mami Nancy, y ella me dice: ¿y cuando venga me la va a dar? Sí mi amor, te va a dar".

El sábado 20 de abril, Brianita tendrá su fiesta. Con piñata.

"Yo quisiera que mi Nancita estuviera presente. Se supone que era el deseo de mi hija, cuando la niña cumpliera tres años, bautizarla".

***Esta es Nancy Navarro, en la primera nota que escribí sobre su desaparición, a los dos días, cuando todavía las autoridades no habían activado el protocolo Alba de búsqueda:   http://juarezenlasombra.blogspot.mx/2011/07/desaparecida-nancy-navarro-18-anos-sin.html

Lo hicieron tras una protesta de la familia de Nancy a los diez días de no saber dónde estaba.

lunes, 1 de abril de 2013

Desde que su hija Diana Rocío Ramírez desapareció, a su hijo lo torturan y encarcelan. Y su esposo, huye a Estados Unidos


Rosa, en busca de su hija Diana Rocío Ramírez Hernández. @JudithTorrea 

El la dejó: no pudo aguantar el dolor y huyó a los Estados Unidos. Ella se quedó en Juárez buscando a su hija desaparecida Diana Rocío Ramírez Hernández: 18 años. Más dos años de espera.

Hay días como hoy en los que el que fuera su esposo le llama por teléfono para saber si hay alguna noticia de su hija. Desde hace diez meses, también pregunta por su hijastro Luis Manuel Morales Hernández -al que crió desde que era un niño- y que un 25 de mayo de 2012 "lo sacaron de la casa los policías municipales.... Leyzaola (el teniente coronel que actualmente es el secretario de Seguridad Pública de Ciudad Juárez) fue el que entró en la casa con todos encapuchados. A los niños, a todos nos encerraron en el baño. Lo golpearon, lo torturaron con toques, agua, lo axfisiaron con una bolsa y a las tres horas lo presentaron ante los medios junto a dos menores y otros dos chavos que no conocía acusándolo que lo detuvieron en un vehículo por la colonia Chaveña  -cuando fue en la casa y en la colonia Felipe Angeles- y que en la revisión del automóvil encontraron (tres) fusiles de asalto, una granada, cartuchos y (seis) dosis de cocaína. Le han sentenciado a 11 años y dos meses. Es inocente".

En dos años, Rosa ha sufrido la desaparición de su consentida Diana Rocío, la separación del padre de sus dos hijos y que imputaran "injustamente" a su hijo Luis Manuel, un trabajador de la construcción de 26 años y padre de dos niños de 5 y 2.

"Es un día difícil, muy pesado, muy tenso, muy agobiante, muy triste... y tuve hasta dos errores en mi trabajo, porque no me podía concentrar", dice Rosa, una auxiliar administrativo de 46 años de edad, en el segundo aniversario de la desaparición de su hija.

La última vez que vio a Diana Rocío Ramírez Hernández -que estudió un semestre de Ingeniería en Tecnologías de la Información y Computación en el Instituto Tecnológico (el Tec de Juárez) y estaba pensando en iniciar la licenciatura en psicología- fue el 1 de abril de 2011. Esta salió al mediodía de la casa para encontrarse con una amistad en la zona centro de Juárez. Para las cuatro de la tarde, Diana Rocío no contestaba sus llamadas, su celular estaba apagado.
Desde aquel instante, Rosa comenzó a averiguar dónde estaría su hija, primero entre amistades, la buscó por hospitales hasta la madrugada.
A las ocho de la mañana del día siguiente se dirigió a la Fiscalía, a Previas para interponer una denuncia por la desaparición de su hija. Pero las autoridades le indicaron que tenía que "esperar 72 horas". "En lugar de activar el protocolo Alba (de búsqueda) fue todo lo contrario: 'debe de estar con el novio, al rato aparece... Se metió a bailar' ".

Hace unos días, que a Rosa le asignaron a un nuevo agente ministerio público que llevará el caso de su hija. El cuarto. "Al primero, a los tres meses lo mandaron a un curso por tres meses y me atendía quien estaba disponible".
Cuando Rosa llegaba con pistas sobre el paradero de su hija, asegura que la segunda agente investigadora del ministerio público le decía: "es que ustedes nos quieren decir cómo hacer nuestro trabajo".

En este tiempo, ha recibido llamadas amenazantes. Incluso, dejó su casa por dos semanas. "Tenemos miedo", afirma. Pero éste lo supera para seguir buscando a su hija y demandando justicia para su hijo encarcelado. Y rogando fuerzas para no derrumbarse. Esta tarde lo hizo con una misa desde la Misión franciscana de Nuestra Señora de Guadalupe, una joya arquitectónica del siglo XVII, situada en la zona centro: donde desaparecen niñas y jovencitas, como su hija.

Antes de entrar a la misa, tomé esta foto a algunos familiares de desaparecidas que acompañaron a la mamá de Diana Rocío. De izda. a dcha. podéis ver a las mamás de Esmeralda Castillo Rincón, Griselda Murúa, Jessica Ivonne Padilla, el papá de Esmeralda y las mamás de Perla Ivonne Aguirre y Janeth Paola Betancourth.  Todas invirtieron una media de hora y media para llegar en el casi inexistente y pésimo transporte público. En la foto, faltan las mamás de Mónica Janeth Alanís Esparza,  Idalí Juache Laguna y Brenda Berenice Castillo García, que se incorporaron minutos más tarde.
@JudithTorrea 


Eduardo Hayen Cuarón, sacerdote: "Las autoridades no han hecho todavía lo que les corresponde (en los casos de desaparición). Es alarmante lo que ha sucedido en Juárez durante los últimos años".  El sacerdote, bendiciéndolas. @JudithTorrea 


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viernes, 29 de marzo de 2013

No son María ni cargan la cruz como Jesús, su vía crucis es por sus hijas desaparecidas en Juárez



"Nosotros sentimos el dolor que la Virgen María sintió. Venimos cargando la cruz: no sabemos si están vivas, si están muertas y es peor porque ya si están muertas sabemos que están descansando con Dios".
Perla, mamá de Jocelyn Calderón Reyes, desaparecida a los 13 años de edad, el 30 de diciembre de 2012.




Aplausos dibujados con las manos: en silencio. Hasta que los vecinos van uniéndose a ellas, acompañándolas por las calles de las colonias San Felipe del Real y Francisco I. Madero. Lágrimas de reflexión. Es la Marcha del Silencio, que se celebra cada Viernes Santo, en recuerdo de la noche en la que la Virgen María lloró por la muerte de su hijo Jesús, caminando hacia donde sería crucificado. 

Los cuatro asesinatos -entre ellos los de un padre y su hijo-, los vía crucis y las marchas del silencio han marcado esta jornada de Semana Santa. En una Ciudad Juárez donde la religión católica es la mayoritaria, algunos han recordado a Jesús de Nazareth cargando -literalmente- una cruz.

En las veinte cuadras que rodean la iglesia de Santa Cecilia, donde viven las familias de diez niñas y jovencitas desaparecidas en los últimos tres años, no hay la representación de un Cristo viviente. Sino la realidad. Para las mamás y los papás de desaparecidas en Ciudad Juárez esta cruz forma parte de su ser y esta noche la representan con mantas con las fotos de sus hijas que cubren sus cuerpos. De esta parroquia, parten los fieles con doce mamás y papás de desaparecidas que han sido bendecidos por el  padre Aurelio Saldívar de Luna.

"La Marcha del Silencio es acompañar a María en su dolor", dice el sacerdote. "Lo hacemos en este sentido de estas desaparecidas, una gran mayoría son de nuestro territorio parroquial. Acompañamos a estas mamás que están viviendo su propio vía crucis por la desaparición de sus hijas. El discurso de las autoridades es que resuelven las mayoría de los casos. Lamentablemente, el discurso es uno y los hechos son totalmente diferentes. Los hechos no están claros en cuanto que no hay respuesta, muestra de ello tenemos aquí a las mamás":


Anita, mamá de Jessica Ivonne Padilla Cuéllar, desaparecida a los 16 años el 7 de julio 2011 y madrastra de Viridiana Padilla Vázquez,  desaparecida a los 21 años, el 16 septiembre, dos meses después de su hermana:

"Esta Marcha es por el duelo de la Virgen María por su hijo Jesús. Cada una de nosotras como madres estamos viviendo ese duelo, por la ausencia de nuestras hijas. A lo mejor nuestros ojos no constatan que las estén golpeado como fue en su momento al señor Jesús, pero desde el momento que están lejos y fuera de su hogar, no viven en un lecho de rosas... y entonces de alguna manera se representa en la vivencia de cada una de las mamás. Se vive ese duelo de la Virgen María porque somos mamás. 
Y yo le pido a la Virgen que así como ella vivió ese duelo, que no permita que nuestra agonía dure más, que ella interceda por cada una de estas niñas y de estas familias para que ellas regresen  a su hogar sanas y salvas. 
Se vive un vía crucis,  las 24 horas del día, los 30 días del mes, los 365 días del año, cada momento, cada instante... y también por ella misma nos fortalecemos y estamos de pie. Si bien ella misma padeció en carne propia el padecimiento y el dolor de ver torturado a su hijo, de verlo torturado y crucificado en la cruz, también estuvo allí, con la esperanza que todo iba a pasar y va a ser mejor. 
Así lo veo con la esperanza de que todo va a pasar pronto y vamos a tener la oportunidad de volver a ser felices".




Lucy, mamá de Nancy Navarro, desaparecida a los 18 años de edad, el 13 julio 2011:

"En este lugar me siento a gusto por toda la solidaridad de la gente, esto no nunca se había visto que la iglesia nos diera un espacio para que las mamás marcháramos. Es como pedir justicia divina. 
El verdadero vía crucis es el que nosotras las madres estamos sufriendo, no saber dónde están nuestras hijas. 
Es una cruz muy pesada que no nos deja salir adelante, que nos está deteniendo nuestra vida normal que nosotros teníamos antes de estar en esta situación". 







José Luis, papá de Esmeralda Castillo Rincón, desaparecida a los 14 años de edad, el 19 de mayo de 2009:

"Esta marcha que estamos haciendo en silencio y en especial este día es para pedirle a nuestro Padre, porque sólo él nos va a dar justicia que si es posible que nos las regrese con vida, y sino que se haga su voluntad. 
Esta marcha tenemos mucha reflexión, mucha fe en nuestro Padre, fe en las autoridades ya no tenemos confianza. Estamos completamente defraudados porque las autoridades lo que están haciendo es buscar restos y nosotros lo que necesitamos es que las busquen con vida". 

Rosa María, mamá de Diana Rocío Ramírez Hernández, desaparecida a los 18 años de edad el 1 de abril de 2011:

"Cargamos la peor de las cruces. El lunes van a ser dos largos años en que no hemos sabido de ella. Salió al centro al mediodía a verse con una amistad y no volvimos a saber de ella". 





martes, 26 de marzo de 2013

Los papás de Mónica Janeth Alanís Esparza


Ricardo y su esposa Olga, abrazados en la búsqueda de su hija Moni


"Es el dolor más fuerte que se pueda tener", 
Olga, mamá de Mónica Janeth Alanís Esparza: el día que su hija cumple cuatro años de desaparecida.


Van pasando los años y ellos siguen en pie. Sonríen, bromean, apoyan, sobre todo, apoyan: a las nuevas mamás y papás que convierten su dolor en propio cuando sus hijas desaparecen. Hay días en que sus sonrisas se acompañan de lágrimas en los ojos. Como hoy.

Por un segundo, pensé en escribir en este nuevo aniversario la misma historia pero con un año más: ya son cuatro, con sus días, semanas, meses que se convierten en un año, para repetirse de nuevo. De nuevo. De nuevo.
Después, me dí cuenta que ya la tenía escrita, que sólo habría que buscarla como pedacitos entre todo lo que he reportado sobre su hija Mónica Janeth Alanís Esparza y su espera, su lucha.

En este aniversario ya no está el abuelito materno de Mónica, que fue enterrado dos días antes de Navidad, la víspera en la que Moni cumpliera años. Es más duro que otros. Olga, que trabaja cuidando niños en una guardería, ha perdido en la agonía de la espera de estos cuatro años a sus padres, sin poder sentir el abrazo de consuelo de su hija: desaparecida a los 18 años de edad al salir de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ), donde estudiaba Administración de Empresas y soñaba con realizar un curso académico de intercambio en España.

Quizá si las autoridades hubieran hecho su chamba para encontrarla viva, para encontrarlas vivas desde que comenzaron a desaparecer hace veinte años, estas líneas tendrían otra forma. Quizá nunca Mónica Janeth Alanís Esparza hubiera desaparecido y hoy estaría graduándose, celebrando en ser la primera en la familia en obtener estudios universitarios. Pero es la misma. La misma con otros nombres y apellidos. Con otras familias desgarradas por el dolor con la desaparición de mujeres y niñas (pobres y bellas) en Juárez. Bajo la indiferencia de las autoridades: la impunidad.

Ahora os dejo con las palabras de Olga, las que leyó en un encuentro para recordar que su hija es algo más que una estadística y exigir que las autoridades investiguen, que la desaparición de mujeres en el estado de Chihuahua sea un delito... (leyeron bien, no es un delito como lo es el robo de un vehículo, por ejemplo).

De izda. a dcha, las mamás de Griselda Murúa,  Moni, Silvia Arce, el papá de Moni y la mamá de Guadalupe Pérez Montes 


En el acto, le acompañaban mamás como Evangelina, que lleva 15 años buscando a su hija Silvia Arce, o como Consuelo, la mamá de Griselda Murúa López, desaparecida a los 16 años de edad en el 2009, o las de Idalí Juache Laguna y María Guadalupe Pérez Montes que no aceptan los huesos que las autoridades locales dicen ser de sus hijas -debido a la falta de ética (y no técnica) y a la corrupción política que ha caracterizado la actuación de las autoridades hasta en la identificación de restos- y han pedido otro examen independiente de ADN. Todas saben lo que es tener una hija y no saber dónde está. Como Olga:





                                                                                               Ciudad Juárez, Chih, 26 de marzo de 2013 

                                                                                             PRONUNCIAMIENTO

El 26 de marzo de 2009 nuestra hija Mónica Janeth Alanís Esparza, joven de 18 años, estudiante de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez desapareció, siendo vista por última vez dentro del Instituto de Ciencias Sociales y Administración.

Desde hace cuatro años, mi vida y la vida de mi familia dio un giro, ya que ante la desesperación de que mi hija no llegará a la casa, que hayan pasado cuatro años de su desaparición y que hasta la fecha no tengamos elementos precisos sobre su posible localización, hemos tocado muchas puertas, realizado investigación con nuestros propios recursos, seguir en la pega de pesquisas por diversos puntos de Juárez, realizar acciones de exigencia de justicia y de dar a conocer lo que pasa en Ciudad Juárez con los casos de nuestras hijas desaparecidas.

Ante el hecho de la desaparición de mi hija Mónica me encontré con:

Que la desaparición de las mujeres en el Estado de Chihuahua no es un delito, y que sólo se levanta un reporte de desaparición. 

Que la investigación queda a cargo de la familia principalmente, y que necesitamos del apoyo de la gente para tener elementos que pudieran dar con el paradero de nuestra hija. 

Que hay mujeres que continúan desaparecidas desde 1995. Solo este 2013 permanecen desaparecidas 20 mujeres y más de la mitad son menores de edad.

Que no existen acciones de prevención para que no sigan desapareciendo más mujeres en Juárez y en Chihuahua.

Que muchas veces existen prejuicios hacia nuestras hijas desaparecidas, donde en algunos casos le dicen a la familia que puede ser que haya ido con el novio, que tal vez usaba drogas. 

Que en la ciudad existen zonas de alto riesgo señaladas desde antes, pero dónde no se realizan acciones preventivas para que no sigan desapareciendo mujeres y una de ellas que hemos señalado las familias como la mayor zona de riesgo, es el centro de la ciudad.

Que desde el 2011 se destapó que jóvenes reportadas como desaparecidas se han localizado asesinadas en años anteriores y que el procedimiento para su identificación es tortuoso, pues permanecen en calidad de desconocidas en el SEMEFO por varios meses o años, así como se le entrega a la familia un cuerpo que no se puede reconocer y que esto nos llena de más dolor y angustia.

Esto nos lleva a las Madres y Familias a unirnos y organizarnos para alzar juntas y juntos la voz desde nuestro dolor, nuestra angustia, pero también desde nuestra esperanza y fortaleza, siendo nuestro objetivo generar un espacio de unión, acompañamiento y solidaridad desde nuestra fuerza y valor para la búsqueda y localización de nuestras hijas desaparecidas y propiciar una participación en la prevención.

Y con todo esto, manifestamos que:

Hoy día solicitamos al Subprocurador de Derechos Humanos, Atención a Víctimas y Servicios a la Comunidad y a la Fiscal de FEVIMTRA de la PGR que se reanuden la revision de expedientes como parte del acuerdo que se asumió en las sesiones de la Subcomisión para Juárez y principalmente desde nuestro derecho a la verdad y la justicia.

Nos pronunciamos en solidaridad con las Madres y Familias que están solicitando una segunda opinión de Peritos Internacionales en Identificación como el Equipo Argentino de Antropología Forense.

Nos mantenemos alertas y solicitamos a la Fiscalía de Género que mantenga informadas a las familias, en tiempo breve, sobre las acciones que realizan en la investigación de la desaparición de las mujeres y en los resultados que  se tengan con los restos óseos localizados en los últimos rastreos en Valle de Juárez y en la zona de Electrolux, donde desde los medios de comunicación sabemos que hay más de 66 restos óseos localizados.

Ratificamos la importancia de las tareas de prevención de desaparición de mujeres en ciudad Juárez y chihuahua, entendemos que es una tarea que debe impulsar principalmente la autoridad y de lo importante de las acciones la comunidad en coadyuvancia con las acciones preventivas.

Apreciamos y reconocemos a los grupos y organizaciones que han estado presentes en nuestra lucha.

Desde Madres Unidas ratificamos nuestra confianza en continuar haciendo trabajo para la búsqueda de nuestras hijas y que estaremos como madre y padre de Mónica Janeth aportando en fortalecer este proceso.

Cordialmente,

Sra. Olga Esparza Rodríguez y Sr. Ricardo Alanís Esparza, madre y padre de Mónica Janeth Alanis Esparza, desaparecida el 26 de marzo de 2009.

Red Mesa de Mujeres de Ciudad Juárez A. C. en solidaridad, compromiso y coadyuvancia con la Sra. Olga Esparza Rodríguez y Sr. Ricardo Alanís Esparza.

La mamá de Mónica Janeth Alanís Esparza (izda) recibe el apoyo solidario de la mamá de Guadalupe Pérez Montes 

sábado, 16 de marzo de 2013

Dos años buscando a Claudia Soto Castro: mamá de dos niñas. Desaparecida a los 19 años de edad.


Enterró al padrastro de su hija Claudia Soto pensando en dónde estaría en aquel momento: se quebraba. María Antonia, que a sus 45 años de edad ha enviudado dos veces, se levantó hoy con coraje: el que se acumula cuando una hija desaparece y explota al llegar los aniversarios: el primer día, la primera semana, el primer mes, el primer año, el segundo. Sin ella. Con ella. Sin saber nada.

Comienza a recordar: 16 de marzo de hace dos años. A las siete de la mañana. Colonia Felipe de los Angeles. Claudia, de 19 años, besa a sus dos niñas. A ella, le abraza. Le dice que se dirige a la zona centro de Juárez, a llevar dos aplicaciones de trabajo para las tiendas Modatelas y la Parisina. Hace cuatro meses que la joven se ha separado del papá de sus dos pequeñas.

Las horas pasan. María Antonia comienza a marcarle al celular. Pero ella no contesta. Y piensa que quizá hayan contratado a su hija Claudia en algún comercio. Hasta que comienza a sentirse mal. Siente que está en peligro. La llama de regreso y el teléfono le envía al buzón de mensajes. Una y otra vez. 

Para las siete de la tarde, la mamá de Claudia Soto la ha buscado en casas de familiares, hospitales:

"Siente uno que se le acaba el mundo, que no hay rincón donde uno no pueda ir a buscar. Se asegura que una cuadra no tiene fin, se hace eterno el camino, las noches, los días largos sin saber nada. Esa impotencia, esa desesperación porque no la encuentra uno".

La misma que le entra ahora. O peor.

"Es lo más triste que he vivido porque ya son dos años sin mi hija. Llegué a la Fiscalía a las 10 de la mañana pues que no... Fui porque habían dicho que habían andado rastreando para el Valle, y me mostraron unas prendas pero nada qué ver con lo que traía ella puesto. Y pues que no, es muy pesado para mí. Fui con mucho coraje, dos años y no sé nada de mi hija.. son puras cosas que no, que no tienen nada que ver, ropas llenas de tierra, quemadas. Me sentí muy mal, tengo que agarrar valor y mirar todo lo que me enseñan, y me enseñaron en la computadora mujeres muertas y tampoco era mi hija. Pues yo las miro, necesito verlas, que no es ... y luego me pasaron con la psicóloga y estaba muy alterada, y estuve platicando con ella. Y luego con los licenciados y los ministerios públicos y me fui a pegar pesquisas y a mi trabajo".

"Yo espero que me la entreguen con vida, y cuando me la enseñan con ropa y veo que no hay nada de ella, hasta respiro más tranquila, todavía está la esperanza que está viva. La tienen que entregar viva. Si vivas desaparecieron, me la tienen que devolver. No veo claro nada que las busquen, lo envuelven a uno. Se van a rastrear huesos pero deberían de buscarlas vivas. Que encuentren a las que se llevaron, no a las que se fueron".

"Los expedientes que tienen casi la mayoría, al menos el mío, tiene puros lugares que yo les he dicho que vayan. Sólo lo que yo les llevo, les cuento, es lo único que van a hacer. No la fueron a buscar por otros lugares, es no más eso. Deberían de buscar por otro lado, hay muchas casas viejitas que están clandestinas, uno tiene que llevarles direcciones, casas y todo".

En este tiempo, asegura haber recorrido cada calle de Ciudad Juárez. Trabaja vendiendo licuadoras y otros objetos por catálogo y mientras levanta pedidos, aprovecha para poner pesquisas con la foto de su hija.



Tiene que sacar adelante a las dos niñas con las que su hija Claudia compartía una cama, en una recámara con su hermana gemela, hasta que desapareció. Aurora, de por entonces 7 meses, dormía entre sus brazos. Y Julia, que tenía un año y medio, a un ladito.

"Las niñas ya no me preguntan. La más chiquita no se acuerda. La más grande, que va a cumplir 4 años, me preguntaba mucho por su mamita. Antes miraba la foto y lloraba. Hay veces que la abrazo como le abrazaba su mamita y se calma".

viernes, 8 de marzo de 2013

Huyó de la violencia de Juárez y su hija Gabriela Espinoza se quedó: desapareció.





No fue como Juana lo había pensado. Dos meses después de huir de Ciudad Juárez con todos sus hijos menos con su hija Gabriela Espinoza -que no quería vivir en un rancho-, ésta desapareció. Se sintió culpable: de no haberla convencido, de haberse ido, de todo. Culpable de haber emigrado a Juárez a trabajar en una fábrica maquiladora cuando tenía 17 años. De haber dejado San Pedro, la ciudad en el estado de Coahuila que fue cuna de la Revolución Mexicana. Culpable de haber pensado que nunca las desapariciones de mujeres en la ciudad le llegarían.

El 8 de marzo cambió de significado en el año 2011. Se convirtió en lugar de la celebración del Día Internacional de la Mujer en "algo muy doloroso, ese día se robaron a mi hija, porque si era un día especial supuestamente para la mujer, dónde está mi niña", afirma Juana Ibarra, de 42 años y mamá de cinco hijos.


Gabriela tenía 19 años cuando desapareció. Mamá soltera de Luis Leonardo,  de 2 años y Karen Gabriela, de 3.  No vivía con el padre de sus niños porque la golpeaba, según denuncias y testigos. Unos tíos la recibieron en su hogar de la colonia Pino Suárez. El 7 de marzo fue a buscar trabajo en la zona centro de la ciudad y lo consiguió en la tienda Vesticentro. Al día siguiente, salió a comer a las 2 de la tarde y ya no se supo de ella.

"Lo más duro es vivir con esa angustia, que no sé nada de ella, no sé si ella come, si me la maltratan, es algo pesado. Es algo terrible para uno, que no se lo deseo a nadie. Las autoridades le dicen que no hay nada, que no tienen una respuesta. No buscan ni hacen nada, no las buscan vivas. Para ellos, es buscar restos, cuerpos. Lo que queremos es que nos las busquen vivas, para qué muertas".




El mismo día que supo que su hija desapareció, Juana y sus cuatro hijos varones regresaron a vivir a Juárez para buscarla. Encontró un trabajo en una fábrica maquiladora, donde ensambla teléfonos celulares de 6 de la tarde a 6 de la mañana. Comenzó a ocuparse de sus dos nietos que su hija desaparecida había dejado. Le preguntaban cuándo la va a encontrar. Ahora poco sabe de ellos.

Hace un año que Juana no tiene a sus nietos viviendo con ella, los pequeños que siempre mantuvo y apoyó cuando su hija vivía con ella. Un juez otorgó la custodia al padre de los niños que consiguió convencer a las autoridades, a pesar de que nunca se ocupó de ellos y de las denuncias por violencia doméstica. A Juana, el que fuera el esposo de su hija desaparecida (que es policía de tránsito) y la abuela paterna no le permiten casi verlos.

Juana sonríe, a pesar del dolor. Y del carro extraño que la vigila fuera de su casa, donde se encierra intentando proteger a sus hijos, arriesgándose a salir a la calle para buscar a su hija y para ir al trabajo.

"He valorado mucho mi vida, no me recaigo, me levanto, y espero que Dios me dé fuerzas para seguir cuidando a mis hijos y recuperar a sus dos hijos que ella dejó".