domingo, 28 de febrero de 2010

El "sicario" que confesó todo y a las 4 horas dijo que era inocente













Llega rodeado de soldados. Va vestido de amarillo y en su espalda hay unas letras en negro que marcan su suerte: IMPUTADO. Se dirige directamente al micrófono. Es sábado, 27 de febrero, a eso de las 11 de la mañana. En la Guarnición Militar de Ciudad Juárez.

Silencio: entre los disparos de los fotógrafos. Es él. ?El asesino?

Lo miramos. Intensamente. Todos. Desde la Procuradora General de Justicia del Estado de Chihuahua, Patricia González y el General Espitia, hasta nosotros, los periodistas convocados a la presentación de él: el tercer presunto sicario de la masacre estudiantil de 15 en la colonia de Salvárcar. No veo sus ojos que miran al suelo. Escucho la voz de un agente del Ministerio Público que surge de un micrófono, escondido entre las cámaras de televisión que están ya enfocando al hombre de amarillo. Y comienza el interrogatorio en directo:

—?Me puedes decir tu nombre, por favor?, pregunta el agente.
—Aldo Fabio Hernández Lozano.
—¿Qué edad tienes?
—36
—¿A qué organización perteneces?
—A La Línea.
—¿Para quién trabajas?
—Para “El Arnold”
—Me puedes decir si participaste en los hechos de Salvárcar?
—Sí señor.
—¿Quién te convoca?
—El Arnold.
—?Cómo te convoca?
—Por teléfono.
—¿Qué te dice?
—Que nos juntemos en un centro comercial; como a las 6 de la tarde me
habló y que a las 8:30 nos esperaba para hacer un trabajo.
—¿En dónde esta ubicado ese centro?
—Ahí por Las Torres, donde se encuentra un local que se denomina Las
Alitas.
—¿De ahí a dónde se trasladan?
—A Villas de Salvárcar.
—¿Qué iban hacer ahí?
—Íbamos a hacer un jale de Los Dobles A.
—¿Qué es un jale?
—A matar gente.
—¿Qué son Los Doble AA?
—Artistas Asesinos.
—¿Quién les da la información?
—Los halcones o los jefes de más arriba.
—¿Para quién trabajas?
—Era para “El Ramas”.
—¿En esa ejecución participas?
—Sí señor.
—¿A quién matas?
—Yo le dispare a un muchacho que estaba brincando una barda de un
domicilio contiguo.
—¿Qué arma portabas?
—Una calibre 40.
—¿Cuántas personas participan ahí?
—Como aproximadamente 26.
—¿Qué armas llevaban?
—Largas y cortas.
—¿Qué vehículos llevaban?
—Llevaban vehículos grandes oscuros como Suburban, Tahoes, Cherokees.
—¿Al término del evento qué les dicen?
—Que nos retiremos.
—¿En cuántas ejecuciones has participado tu?
—Aproximadamente 40.
—¿Cuál fue tu última ejecución?
—Ahí por la Nueva Guerrero.

El tono de las preguntas-respuestas ha sido ágil. A veces el presunto sicario piensa como si tuviera temor a que se le olvidará una palabra.

Termina. Los soldados le acompañan a salir del recinto. Y la Procuradora Patricia González comienza a explicar quién es el presunto sicario. Está sentada junto al General Espitia. Ella dice, entre muchas cosas, que Aldo Fabio Hernández Lozano "El 18" era un policía municipal desde el 2000 al 17 de octubre del 2009, cuando fue dado de baja al no pasar los exámenes de confianza. Y entonces, se incorporó al brazo armado del Cártel de Juárez, La Línea. También dice que los crímenes de Salvárcar no se van a quedar impunes, como prometió el presidente de México, Felipe Calderón en su reciente visita.

Finaliza la presentación y un compañero se acerca y me dice al oído lo que él no puede contar, ni aunque logre comprobar lo que su instinto le avisa: porque pueden dejarlo sin chamba o amenazarlo de muerte. Y me dice, con un rostro lleno de rabia: "Otro pinche inocente".

Cuatro horas después, a eso de las 3 de la tarde, pienso en la frase de mi colega. El hombre de amarillo está en su primera audiencia del Tribunal de Garantía. No ha sido fácil encontrar la sala, ni la información de la audiencia en la Ciudad Judicial del Cereso Municipal. Nadie sabe nada. Y eso que en la teoría es una audiencia pública. Pero estoy segura de que debe de ser hoy.

La encuentro. Y el presunto sicario comienza a hablar ante el juez: "Deseo manifestar que no he cometido ningún delito y quisiera manifestar de las lesiones que presento".

En resumen, dice que es inocente y que confesó bajo tortura. Cuatro horas más tarde de su confesión mediática.


*He visto 4 cadáveres en unas tres horas. Este sábado fueron asesinadas 6 personas y cinco más fueron heridas. He escuchado gritos de dolor mientras la vida continuaba en un mercado al aire libre y un chavo en una bicicleta se convertía en un cadáver cubierto con una sábana.
Lo más duro ha sido una frase, a eso de las 2 de la tarde, en la calle Palacio de Paquimé. Una señora de unos 45 años y su nieto, de 16 años están en un carro, me dicen varios testigos y las autoridades. Desde el cordón policial, se alcanza a distinguir cristales rotos del automóvil, por las decenas de balazos. Al parecer, hace una hora que fueron asesinados. Un joven, tan alto como yo, se acerca dispuesto a quitarme la cámara que llevo en mis manos y me dice: "?Si fuera tu madre, la grabarías perra?".
La agente municipal Santana, de 35 años de edad, y madre soltera de tres, según me comentó después, se pone enfrente de mí. Enfundada en su chaleco antibalas y avisa a los soldados para que me protejan. "!No hagan nada, por favor! No lleva un arma!", les ruego a las fuerzas del orden.
El chavo, de unos 19 o 20 años, sigue gritándome "perra". Está dispuesto a lanzarse sobre mí y sus amigos lo intentan calmar. Es su madre la que está muerta, me dicen. Y no sé cómo explicarle que le entiendo. Perfectamente. Lo que no entiendo es tanto horror. Por eso, regresé a vivir a mi querida Ciudad Juárez.
Un colega se acerca y me dice que tuve suerte. A él le han puesto un arma en 6 ocasiones, en estos dos últimos años. Una vez pensó que era el final. Y siguió haciendo su chamba, hasta el fin de su turno. Porque quiere seguir creyendo en lo que le enseñaron que era su deber como periodista: en que si no se cuentan estas historias habrá más horror. Impune. Tiene dos hijos.

Regreso a mi casa, entre rejas de seguridad, y sólo quiero reírme. Es mi grito para seguir viva entre la muerte constante, disfrutando de ese instante fantástico que es la vida. Hasta que unas balas acaban contigo. Bajo el imperio de la impunidad.
En mi querida Juaritos miles de disparos han acabado con más de 4.700 vidas desde que comenzó la llamada guerra contra el narcotráfico del presidente Calderón hace casi dos años. Y con Ciudad Juárez.


miércoles, 24 de febrero de 2010

La vida de una ciudad en un cementerio, en una imagen















La primera vez le dolió un chingo. Después, poco a poco se fue acostumbrando: a los niños entre las tumbas. Sus clientes ya no son los pequeños juguetones que en el parque se acercaban a él para comprar unos chicharrones, unos churritos.
Los de ahora son chamaquitos serios: en un horizonte de silencio que estalla en dolor cada vez que los asesinados en las calles de Ciudad Juárez van llegando al Panteón San Rafael. Donde él trabaja ahora.

El es Juan Manuel Leyva y tiene 22 años. El hombre que sigue a sus clientes hasta la tumba. Porque ahora nadie se atreve a arriesgar la vida por ir a un parque.
Y tiene el don de matar el hambre de los más pequeños. Los que asisten al entierro de sus seres queridos.

Lo reconoce, es un buen negocio. Quizá uno de los pocos que no se ha visto obligado a emigrar, y que no tendría éxito al otro lado de los tres puentes fronterizos que separan Ciudad Juárez -la ciudad más violenta del mundo- de El Paso, Tejas, la segunda más segura de EE.UU: al mismo ritmo que los juarenses huyen (unos 150 mil en una ciudad de 1 millón 300 mil, desde que comenzó la llamada guerra contra el narco del presidente de México, Felipe Calderón hace casi dos años y los asesinatos se dispararon a más de 4.700).
Porque la muerte, el negocio, está aquí, en el cementerio. Y en cuatro horas Juan Manuel puede ganar unos 500 pesos (35 dólares). Sin tener que pagar una cuota de extorsión, como otros negocios, que ha convertido a Ciudad Juárez en una ciudad de edificios incendiados, en venta y un tercio de las casas abandonadas. En una ciudad militarizada, con retenes constantes.

Le pregunto al joven qué piensa del llamado nuevo plan del presidente Calderón para reconstruir el tejido social de Ciudad Juárez. Y me contesta con una pregunta:

"?Por qué no reconstruyen el tejido gubernamental?", razona el vendedor del cementerio.

En la foto, Juan Manuel, chambeando. En el paraíso de la muerte impune. Los chicharrones están ricos, según el pequeño. Le mataron a su primo. Y antes a su vecino. A su tio. Al hermano de su mejor amigo.


sábado, 20 de febrero de 2010

El federal con mucha lana (dinero, plata)

El me miraba. Como si quisiera sorprenderme. Sacaba su manojo de billetes al pagar un perfume. Después, repetía el mismo gesto para comprar una cámara fotográfica y unos CDs. Me miraba. Acompañado de otros cinco que hacian lo mismo: lo que nadie hace ahora en Ciudad Juárez: comprar. Son las 6,30 de la tarde del viernes 19 de febrero en una tienda-restaurante Sanborns de Ciudad Juárez. Y el que me me mira es un policía federal. En uniforme y enfundado en sus armas.

Al rato, me sonríe y me pregunta qué estoy leyendo, qué libros me gustan y si quiero acompañarlo para tomar un tequila.

Los federales siguen llenando el recinto. Entran por una de las puertas que comunican uno de los mejores hoteles de la ciudad con Sanborns. Se dirigen a diversos mostradores. A comprar antes de cenar en el restaurante.

Las meseras me cuentan que desde que llegaron al hotel el fin de semana pasado -con el anuncio del presidente Felipe Calderón del arribo de más de 2 mil federales -ahora de inteligencia- dentro de su llamado plan social de reconstrucción para Juárez- no ha faltado chamba. Los federales comen bien y pagan al contado. También me cuentan cómo algunos clientes se sienten inseguros con su presencia y prefieren irse. Del quizá único lugar que parece no haber sido objeto del crimen en acción.

Lo que estoy leyendo, cuando se acerca el federal, es un documento de Javier González Mocken, el encargado de la oficina municipal de Atención y Quejas contra militares y federales. El documento señala que en los últimos meses se han disparado los abusos de los policías federales, al menos de los de la ciudadanía que se atreve a denunciar.

Entre los que se avientan a denunciar en esta ciudad militarizada desde que comenzó hace dos años la llamada guerra contra el narco del presidente Calderón, hay propietarios de carros usados, cantinas, bares, entre otros. La cosa comienza más o menos así, según varios afectados entrevistados. Los federales llegan, sin orden de cateo, para registrar el negocio y al no encontrar droga, les ofrecen plantarles droga. Sí, en su negocio. O pagar una cantidad de dinero, que puede ser semanal o quincenal, según lo prefieran los federales extorsionadores.

No me gusta el tequila. Tampoco acostumbro a fugarme con un desconocido. El federal se queda con las ganas de platicar conmigo. Y yo, con una inmensa duda. Y la imagen de los manojos de pesos. ?En sólo una semana?

*Hoy 9 ¨muertitos¨ más. Llevamos un centenar de asesinatos en este mes de febrero y unos 300 en este 2010. Desde que comenzó la llamada guerra contra el narcotráfico hace casi dos años con más de 8 mil soldados y 2 mil federales, han sido asesinadas más de 4,500 personas en Ciudad Juárez, frontera con El Paso, Tejas.

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miércoles, 17 de febrero de 2010

El peligro de informar lo que el presidente Calderón no quiere: golpes a periodistas





Hoy fue un día de esos que los que te planteas todo. Cómo funciona la política y cómo es la realidad. Y lo ves en unos metros. Con todos los matices de las emociones. Y la injusticia.

A ver si me explico, mis geniales lectores: la política estaba, este miércoles 17 de febrero, en un salón del hotel Camino Real de Ciudad Juárez, donde el presidente de México, Felipe Calderón iba a presentar su llamado plan social para reconstruir esta ciudad, que desde que comenzó su llamada guerra contra el narcotráfico hace casi dos años no sólo han sido asesinadas 4.500 personas bajo el imperio de la impunidad sino que el horror se ha democracrizado a cada uno de los que sobrevivimos en esta ciudad: aquí sólo están a salvo los muertos.
Y no exagero. Esto no es ni Sinaloa, ni Jalisco, ni Veracruz y menos, la fantástica Ciudad de México. Esto es una ciudad en guerra. Cierren los ojos, por un segundo, e imaginen el terror. Con el color verde de los soldados y el negro de los policías federales. Más el difuso del crimen organizado, del común....

Así, en ese ambiente, llegó el presidente Calderón. Empujado por la presión y conmoción que produjo la masacre de los mejores y deportistas 15 estudiantes de la colonia obrera Salvárcar, a los que calificó como pandilleros, como todos los que son asesinados y que sin investigar reciben esa marca o la de ser narcotraficantes. Hasta que tuvo que rectificar.

Lo fantástico de todo es que ahora el presidente estaba dispuesto a escuchar al pueblo. Era su mensaje. Y accedió a que se realizaran mesas de trabajo para que se le presentaran sus conclusiones y propuestas. Y ahí, en ese hotel lleno de invitados selectos (más selectos que los del jueves pasado donde se le coló una madre de dos chicos asesinados, Luz María Dávila y le dijo todo lo que muchos quisieron decirle y no se atreven), comenzó la sesión que duró unas cuatro horas.

Escuchó a todos los que estaban. Incluso al sociólogo Hugo Almada, el representante de la mesa de Seguridad Pública, que le dijo que el Operativo o ahora llamada Operación Coordinada Chihuahua "es un desastre". A los que no pudo escuchar fueron a los representantes de la mesa de derechos humanos, que fueron eliminados de la lista de invitados. Al igual que otros muchos. Con posturas incluso más críticas.

También escuchó a los reporteros que desde el fondo de la sala gritamos que los policías federales estaban golpeando a nuestros compañeros (que estaban cubriendo una manifestación estudiantil en las cercanías del hotel y en la que pedían justicia y su renuncia).

Escuchó y no dijo nada. Ni se disculpó. Ni su equipo me quiso ofrecer una declaración de lo ocurrido. Pero al menos nos dejaron salir. Gritamos porque no había otra: desde que su equipo supo lo que estaba pasando fuera, dos agentes de seguridad no nos dejaban salir del rincontito en donde estábamos y si lo hacíamos no nos dejaban regresar al recinto. Pero ya, enterado el presidente, pudimos salir. Y regresar a hacer nuestra chamba. Esto es libertad de prensa. En Ciudad Juárez, México.

Al salir ya estaba todo calmado. Con decenas de policías federales que observaban a los estudiantes que gritaban su dolor. Y mis compañeros seguían chambeando. Con el micrófono roto, con rasguños en las manos, golpes en su cuerpo. Incluso, no habían perdido la sonrisa en la adversidad. Para mí, son mis héroes, como tantos juarenses. Los agentes comenzaron a golpearles con sus escudos, bates o porras a dos periodistas, y otros que fueron a rescatarlos acabaron con la misma suerte, según me relataron todos los agredidos.
Ellos son de Ciudad Juárez, sus familias viven aquí, y se arriesgan cada día por cubrir una noticia. El peligro está en todo los frentes. Y no os digo por cuánto dinero.. Pero a veces, no ganan más de 500 dólares al mes en una ciudad que vive a precios de Estados Unidos. En general, son súper amables, hospitalarios, como toda la gente que vive en querida Ciudad Juárez que es fantástica. Hay algo en ellos que es único, que no existe en el resto de los mexicanos hasta que llegan a Juaritos... -ah! perdonénme el resto de los mexicanos, que me encanta México-...... ni siquiera en los de la tierra donde yo nací. Quizá ese espíritu de trabajo, de lucha ante la adversidad de vivir en un desierto de inviernos heladores y veranos en los que quisieras salir huyendo. Es la tierra de Pancho Villa. Donde tuvo el campamente el Ejército Libertador y se firmaron los acuerdos de paz de la Revolución Méxicana que este 20 de noviembre cumplirá 100 años, en un ambiente de revolución, donde se dan los ingredientes para que todo explote.

La actitud de mis colegas me emocionó. Son chambeadores hasta las últimas consecuencias. Y optimistas: por necesidad. Los federales preventivos y los agentes del Estado Mayor Presidencial comenzaron a tomarme fotos mientras grababa a mis compañeros, contándome lo que sucedió. Yo respondí de la misma manera. Supongo que ya estoy en alguna lista más. Mi celular también está intervenido: en estos últimos días he notado como al llamarme hay interferencias y cuando me llaman me dicen que hay una especie de ¨click¨ que los conecta antes que conmigo. Ya me he acostumbrado a saludarles a quienes me escuchan en esta democracia mexicana que me pregunto si existe... En fin, cómo pierden su tiempo mientras cada día esta ciudad se muere. No tengo nada que ocultar. No soy narcotraficante. Ni sicaria. Soy una periodista. Pero las muertes en silencio, sin cuestionarse, no hacen tanto daño. A las autoridades. Yo sé que esto que están haciendo atenta contra todo. Incluso, contra mi seguridad. ?Libertad de prensa? No, en mi Juaritos, no existe.

Así comenzaba la sesión del presidente Calderón, su cambio para reconstruir socialmente Ciudad Juárez. Con la madre y la esposa del chivo expiatorio Israel Arzate Meléndez en la manifestación de los estudiantes, que se resisten a que él sea condenado por los crímenes de los estudiantes que él no hizo.

Regresé de la realidad a la política. Al recinto del hotel donde continuaban las presentaciones. Vi a un presidente Calderón cercano, que incluso en el turno de preguntas del público invitado atendió a las familias de la colonia Lomas de Poleo que están viviendo en una prisión, en sus propias casas, desde que la familia Zaragoza, una de las más ricas de la ciudad, descubrió la riqueza estratégica de sus tierras y comenzó a hacerles la vida imposible para despojarles de todo.
Pregunté si me había perdido algo, sobre todo si el presidente Calderón había anunciado lo más esperado, el dinero que destinará para su llamado plan social. Pero no, no me había perdido nada y llegué a tiempo para escuchar al presidente.

Habló y habló, pero no concretó. Habló de nuevas escuelas, de hospitales... pero no especificó qué va a hacer para que estos edificios no estén vacios.. de doctores y maestros que huyen, que piden el traslado a otras zonas del país, desde hace dos años. Desde que comenzó su llamada guerra contra el narco con el Operativo, con las fuerzas federales.

Lo que dejó claro el presidente Calderón es que el Operativo no genero la violencia, sino que vino a responder a una violencia que ya estaba.

Me quedé con muchas dudas. Sobre todo, si el presidente Calderón escuchó al pueblo. Quizá sólo lo oyó. O simplemente, todavía no leyó las estadísticas de los muertos ni de las violaciones constantes de los derechos humanos. Los datos del horror. Lo que me quedó claro es que regresará en dos semanas. Y que todo Juárez estará pendiente de él, esperando soluciones concretas.

Hoy pensé que el mundo se divide en dos : la política y la realidad. Que siempre se puede maquillar. Hasta que no se puede más. Un peligro mortal.

*COPYRIGHT CIUDAD JUAREZ EN LA SOMBRA DEL NARCOTRAFICO. ESTE BLOG NO PODRA SER REPRODUCIDO, TOTAL NI PARCIALMENTE, SIN EL PREVIO PERMISO DE LA AUTORA, JUDITH TORREA. TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS.

lunes, 15 de febrero de 2010

Luz María, regresó hoy a su chamba y Jessica grita la inocencia de su esposo


Esta es la historia de dos mujeres. Unidas por el mismo dolor: de diversos matices. Con las que conversé esta tarde.

En la mañana estuve en las mesas de trabajo previas para concretar el plan social para Ciudad Juárez que anunciará el miércoles el presidente Calderón.

Una, Luz María Dávila, me cuenta que hoy lunes fue su primer día de su chamba, tras el asesinato de sus dos únicos hijos en la masacre estudiantil de la colonia Villas de Salvárcar.

El regreso fue "un poquito difícil. Salí corriendo de la fábrica". Hasta hace 16 días lo hacia con su hijo mayor, Marcos, de 19 años. Ahí los dos unían pieza con pieza para dar forma a las bocinas de los carros.
Al finalizar la jornada laboral, ella se iba para la casa para enchilar a toda su familia con sus deliciosos platillos mexicanos. Y él, para la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, donde estudiaba Relaciones Internacionales. A veces, le alcanzaba el tiempo de poder abrazar a su esposo José Luis Piña, un guardia de seguridad en la misma maquiladora, que tenía el turno de la noche.

Ahora Luz María, esta mujer que acaparó la primera noticia de los medios de información cuando se desahogó su dolor e impotencia delante del presidente Calderón, recibe llamadas de decenas de medios de información de todo el mundo e incluso, el gobernador de Chihuahua José Reyes Baeza la invita personalmente a una reunión para mañana martes a las 11 de la mañana en un hotel de Ciudad Juárez.

"Disculpe pero yo entro a trabajar y no puedo", le contestó Luz María, que gana 700 pesos a la semana, unos 60 dólares.

El dolor por la masacre de Salvárcar se ha convertido en una pesadilla para Jessica Rodríguez, de 23 años, la esposa del Israel Arzate Meléndez, de 24, el presunto sicario convertido en culpable antes de ser juzgado.
Jessica intenta buscar un abogado, pero nadie quiere tomar su caso. "Es algo político ", dice. Está defraudada de la defensa pública ofrecida por el estado Arzate, la abogada Rosa Bailón Payán que tardó más en maquillarse después de una audiencia previa celebrada el pasado miércoles, que en defender a su cliente de las acusaciones del ministerio público.
El esposo de Jessica dice que confesó la autoría de los hechos tras torturas físicas como quitarle una uña o toques eléctricos. Lo que le llevó a aprenderse de memoria lo que los soldados querían fue la amenaza de violar a su esposa y matar a su madre, según la familia.

-"Procuradora Patricia González, ?me permitiría hacerle una pregunta?"

-"Con mucho gusto", me contesta.

-"Israel Arzate Meléndez dice que confesó los crímenes porque lo habían torturado.....?cuál es su respuesta?"

-"Hablamos mejor en mi oficina"

-"?Pero lo torturaron?"

-"No, no hubo torturas".

Un trabajador del establecimiento Del Río, situado en la calle Insurgentes, dice que Israel compró hacia las 11,30 de la noche -la hora cercana a la masacre- unas sodas y doritos, que compartió en una reunión familiar. El vídeo en el que se graban los acontecimientos ya no existe, según Federico de la Vega, el dueño de estos establecimientos y uno de los empresarios más ricos de Ciudad Juárez.

"Se borró a las 36 horas", dice el millonario.

El cajero teme declarar. Teme a las represalias. Como una veintena de vecinos del presunto sicario que no puden creen que aquel hombre tan servicial, trabajador, que prefería quedarse con su familia en lugar de salir, y que bebía jugos de piña en lugar de alcohol, fuera un sicario. También muchos de ellos vieron cómo soldados y hombres vestidos de civiles lo levantaron en una camioneta, la misma que se le acusa de haber robado y de haber cometido la masacre.

Las represalias ya han comenzado. Hoy, el hermano de Jessica, un estudiante de criminología de 19 años de edad, no pudo realizar sus prácticas en el Servicio Médico Forense (Semefo).
"Le quitaron el gafete, el derecho de admisión y le dijeron que ya sabía por qué era", asegura Jessica Rodríguez, la esposa del presunto sicario.

Ayer domingo salió publicado un extenso reportaje sobre la inocencia de Israel Arzate Meléndez en el semanario Emeequis, de la Ciudad de México al universo. Lo escribí yo.

En las mesas de trabajo alcancé a escuchar al Secretario de Educación Lujambio proponer partidos de fútbol entre las escuelas. Lo hizo acompañado de la primera dama Margarita Zavala, el gobernador del estado de Chihuahua y el presidente municipal en una ciudad militarizada donde han muerto más de 4,500 personas desde que comenzó hace casi dos años la llamada guerra contra el narcotráfico del presidente Calderón. Que comenzó a reaccionar tras llamar pandilleros a los mejores estudiantes y deportistas de la colonia obrera de Salvárcar asesinados en la masacre estudiantil.
El ambiente que se siente en esta ciudad de edificios incendiados por no pagar extorsiones, un tercio de las casas abandonadas y con unos 150 mil -del millón 300 mil de habitantes- que han huido al interior de México o a EE.UU por la violencia, es de un cóctel a punto de explotar.

Luz María Dávila pide justicia. También para el esposo de Jessica Rodríguez, el que según las autoridades mató a sus hijos.
"Es un chivo expiatorio para callarnos la voz", dice Dávila, la mamá de Marcos y José Luis.
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viernes, 12 de febrero de 2010

Al desnudo: lo que nadie contó de la visita del presidente Calderón a Juaritos






























Os voy a contar lo que hubo detrás de la visita de hoy jueves, 11 de febrero, del presidente de México Felipe Calderón a Ciudad Juárez.

Lo que supe y nadie contó. Por ahora.

Como todos sabéis, el presidente Calderón pensaba reunirse con las familias de las 15 personas asesinadas el 30 de enero en la colonia obrera Villas de Salvárcar. Las que justificó su muerte al tratarse, según él, de pandilleros.
Y sí, fueron al final 15 los muertos y no 16 (no me equivoco. Lo que pasa es que las autoridades se confundieron y ese día también fue asesinada una chava de 13 años de edad, pero en otro lugar, y la incluyeron en esta lista, hasta que rectificaron con las preguntas de los medios).

Una de las familias, la formada por Luz María Dávila y su esposo José Luis Piña, no acudió a la cita formal con el presidente. No querían que la reunión se celebrara a puerta cerrada, como las dos anteriores con el presidente municipal José Reyes Ferriz -en la que les ofreció una visa láser estadounidense y dinero para su mudanza -. O con el secretario de gobernación Fernando Gómez Mont, donde a la lista de ofrecimientos se sumó la de los botones de pánico, las despensas de comida y los celulares sin saldo. "No vendemos la sangre de mis dos niños", me comentó Luz María.

En Casa Amiga - el centro que eligió el presidente Calderón la víspera de su visita para realizar la reunión- se encontraron con una gran sorpresa una hora antes de la llegada del presidente. Todo el personal, incluido la directora, fueron encerrados en la cocina. Por tres horas, según varias de las empleadas de Casa Amiga. En su "secuestro", como lo calificaron ellas, estuvieron acompañadas por un soldado dentro de la cocina y otro fuera, que se aseguraba que sólo salieran para ir al baño.

En la reunión, de unas dos horas, las familias estuvieron el presidente Calderón y su esposa, el gobernador de Chihuahua Reyes Baeza con su señora y el presidente municipal de Ciudad Juárez sin su mujer. El presidente de México y su esposa se sentaron en sillas cercanas a los familiares. Y se disculparon del error de haber confundido a los estudiantes con pandilleros: como si la vida de los que son pandilleros, porque las autoridades no hacen su chamba, no valiera nada.

"Dejaron a las familias muy indefensas", se quejó una de los miembros del equipo de Casa Amiga, que atiende gratuitamente a víctimas de la violencia. "Lloraban, les suplicaban justicia", añade, en lo poco que pudo escuchar.

El personal de Casa Amiga discutió con los altos mandos militares que decidieron hacer la reunión a puerta cerrada, sin la prensa, sino también encerrarlas en la cocina. Pero ellos, argumentaron que eran instrucciones del presidente de México.
Y obligadas, fueron secuestradas en su propia casa, que no recibe ni un peso del gobierno federal.

Las familias que estuvieron en la reunión no quisieron comentar nada de lo acontecido. Se quedaron calladas. Y con el rostro de temor.

Estoy segura que esta situación no hubiera pasado si Esther Chávez Cano, su fundadora, hubiera estado viva. Les hubiera dejado en la calle. A Calderón y todas sus promesas. En silencio.


* Después de Casa Amiga, el presidente Calderón se dirigió al Centro de Convenciones Cibeles, el más lujoso de la ciudad, para presentar -en una renión abierta para la prensa- su plan social: "Todos somos Juárez, reconstruyamos la ciudad" ante un selecto grupo de unos 400 juarenses. Desde que comenzó su llamada guerra contra el narcotráfico hace 23 meses, han sido asesinadas más de 4.500 personas y se han disparado las extorsiones, los secuestros y los robos en una ciudad militarizada, de retenes constantes.

Hasta ahí pudieron colarse los padres de la universitaria Mónica Janet Alanis Esparza, desaparecida desde el 26 de marzo del pasado año. Unos doce representantes de los medios de comunicación comenzamos a entrevistar a la mamá, a Olga Esparza pero, al segundo, los voceros de diversas autoridades del estado acudieron con su personal de seguridad para empujarnos hacia la puerta de entrada del salón, mientras decían que Calderón ya había llegado, y que entráramos al recinto. Todavía faltaban dos horas para que el presidente estuviera en el Centro de Convenciones Cibeles, ya que se atrasó.


*Tuvieron sólo dos hijos. "Para darles lo mejor". Eso fue lo que decidieron Luz María Dávila y su esposo José Luis Piña, un guardia de seguridad, que trabajan en la misma fábrica maquiladora. En la misma en la que trabajaba, por las mañanas su hijo mayor, Marcos, de 19 años para después ir a la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez donde estudiaba Relaciones Internacionales. El otro, José Luis, de 16 años, estaba en la preparatoria y trabajó hasta unos días antes como empacador en un supermercado, hasta que se quedó sin chamba porque ya era demasiado mayor como para ayudar a poner la compra en bolsas.

Ahora "lo mejor" , para este matrimonio, es buscar justicia. A los verdaderos culpables. Y que nunca más nadie muera en Ciudad Juárez, que se pueda vivir en paz en la ciudad que les dio todo desde que emigraron a los 19 años de edad desde la Ciudad de México.

El día en que el presidente Calderón vino a Juárez, su esposo fue a la chamba y Luz María consiguió entrar a la reunión del selecto grupo de invitados. Le acompañaba su hermana mayor, Patricia, que tras trabajar toda la noche en una maquiladora, se unió a Luz María, una mujer tímida y estricta con sus hijos, ya asesinados, según reconoce.

El resto, lo sabéis. Me imagino. Porque se convirtió en la noticia principal de la mayoría de los medios mexicanos:

Cuando el presidente Calderón comenzó a dar su discurso, Luz María y su hermana se levantaron, con varias activistas y le dieron la espalda. A pesar de que el personal del presidente se acercaba para ordernarles que se sentaran. A las dos horas de las intervenciones, Luz María sintió que debía de desahorgarse, decirle al presidente todo lo que muchos juarenses no pueden decirle, según me contó después. Y esa mujer pequeña de estatura, se levantó de su asiento, forcejeó con seguridad y llegó a plantarse enfrente del presidente Calderón y de su esposa, Margarita cuando el público estaba aplaudiendo la intervención del gobernador del estado de Chihuahua.

"Discúlpeme, señor presidente, pero no le doy la mano porque usted no es mi amigo. Yo no le puedo dar la bienvenida proque para mí uste no es bienvenido", le reclamó bajo la mirada atónita de la pareja presidencial.

"Y El Ferriz (alcalde) y el Baeza (gobernador) siempre dicen lo mismo, pero no hacen nada señor presidente, y yo no tengo justicia, tengo muertos a mis dos hijos, quiero que se ponga en mi lugar...", continuó haciendo gestos con sus manos, moviéndose unos pasos de un lado a otro.

La madre le exigió una disculpa pública: "No es justo que mis muchachitos estaban en una fiesta y los mataron, quiero que usted se disculpe por lo que dijo, que eran unos pandilleros. !Es mentira! Uno estaba en la prepa y otro en la universidad, no estaban en la calle, estudiaban y trabajaban".

"Porque aquí hace dos años se están cometiendo asesinatos, se están cometiendo muchas coss y nadie hace algo. Y yo sólo quiero que se haga justicia, y no sólo para mis dos niños, sino para todos".

El presidente, sentado, le dijo: "por supuesto". Pero para la madre no fue suficiente. "!No me diga por supuesto, !haga algo!!!. Si a usted le hubieran matado a un hijo, usted debajo de las piedras buscaba al asesino, pero como yo no tengo los recursos, no los puerdo buscar.... ".

Algunos miembros del auditorio, aplaudieron mientras se dirigía a su asiento y comenzó a llorar. Y era abrazada por varias activistas. La esposa del presidente se levantó de su asiento y la siguió. Luz María abandonó la sala, se desmayó por unos segundos, y tras recuperar fuerzas se unió al grupo de estudiantes que estaban siendo agredidos por las fuerzas federales a unos 500 metros del recinto.
Minutos antes de que Luz María comenzara a increpar al presidente de México, el secretario de gobernación salió al encuentro de los estudiantes, por órdenes de Calderón y tras tres interrupciones del público en el que se le advertía que no podían estar celebrando esta reunión con la represión que estaban recibiendo los estudiantes, que pedían estar presentes en este encuentro.

Cuando algunos medios intentamos ir tras el secretario, varios agentes de seguridad situados en la puerta de la sala, nos impidieron salir del recinto.

*Acudí a la manifestación de los estudiantes cuando Luz María finalizó su discurso. Y tras discutir de nuevo con los agentes, para que me dejaran salir. Ahí me encontré con tres personas que decían haber sido secuestradas en un callejón por las fuerzas federales, por unas tres horas. Estas habían acudido al rescate de los estudiantes, cuando recibieron mensajes de texto pidiendo auxilio por las golpizas de las fuerzas federales. Las tres personas eran: dos visitadores de derechos humanos, Carlos Gutiérrez y Luz Elena Mears. Y un pastor cristiano: Juan Badillo, de la iglesia Viento Recio.

Los cerca de 50 estudiantes estaba sitiados por los policias federales y con un tanque de los soldados que les apuntaba. Muchos de ellos presentaban heridas y rasguños en su cuerpo, y uno se había quedado sin lentes porque lo incrustaron en el suelo. Algunos de ellos intentaban explicarle al secretario Gómez Mont que el ejército debía de marcharse, que desde que está habían sido asesinados 14 estudiantes y profesores universitarios, entre los miles. Y que desde su presencia no se podía vivir en Ciudad Juárez.

El secretario de gobernación fue despedido por los estudiantes a gritos de: "!Asesino!"
En cambio, cuando el presidente Calderón entró a la sala de Cibeles para exponer su plan social, fue recibido con la música de "Bésame mucho", para después entonar el himno mexicano que comienza así: "Mexicanos al grito de guerra...".

martes, 9 de febrero de 2010

?Teatro o realidad? La masacre que movilizó al Secretario de Gobernación de México


Estoy cansada. Son las 10,30 de la noche del lunes y acaba de terminar una conferencia del Secretario de Gobernación de México, Fernando Gómez Mont. No me cansan las más de 12 horas que los periodistas hemos estado esperándolo de pie en la antesala del Centro Cibeles, el más lujoso de Ciudad Juárez. Deseando que nadie abriera la puerta para no helarnos.

Lo que me cansa son los porqués. Y la falta de respuestas. Como siempre. El teatro político a costa de más de 4.500 muertos en Ciudad Juárez, desde que comenzó la llamada guerra contra el narcotráfico del presidente Calderón (en Juárez, con el Operativo Conjunto Chihuahua, ahora llamado Operación Coordinada). Algunas de las cerca de 500 personas que se reunieron con él en grupos de trabajo afirman que su cara es de preocupación. Aunque dudan si es por Juárez o por el futuro político del PAN y el legado del presidente Calderón.

-"?Por qué cree que a pesar del Operativo no ha cesado la violencia?"

-"Esta es una pregunta compleja que no se puede responder en una rueda de prensa, que requiere de la participación de todos los sectores de la sociedad", responde el Secretario.

Y se levanta de su mesa, dejando al alcalde José Reyes Ferriz y al gobernador del estado de Chihuahua en su sitio.

Lunes 8 de febrero. De 9,40 de la mañana a 11,30:

Ahí estaba. En la misma calle de la masacre estudiantil. Diez días después. Dispuesto a convencer a los padres asesinados de que el presidente de México, Felipe Calderón, estaba arrepentido de lo que dijo sobre sus hijos asesinados. Ya saben, que eran pandilleros. Y así justificar su muerte. Como si la vida de los que no tuvieron oportunidades de educación, de futuro -porque las autoridades no hicieron su chamba- no valiera nada.
Al parecer, según el Secretario, el presidente recibió mala información desde su visita oficial en Japón.

Y ellos, los padres, queriendo decirle de todo. Pero sin poder hacerlo. Porque la visita del Secretario de Gobernación Fernando Gómez Mont fue, según varios familiares, para callarles la voz. Para que las autoridades hablaran y las familias cerraran su clamor de justicia, que ha llevado a conmocionar a la comunidad internacional.

-"Si ustedes no pueden, pidan ayuda a los países extranjeros", dijo una mamá.

Y el Secretario de Gobernación, según los padres, les dijo que no, qué cómo iban a pedir ayuda al extranjero porque ellos iban a solucionarlo todo.

-"Así digan no me van a devolver a mis hijos", afirmó otra.

La reunión, que duró cerca de dos horas, fue la primera parada del Secretario tras aterrizar en Ciudad Juárez. Según Jorge Vázquez, el secretario del alcalde, este encuentro fue pedido por el presidente Calderón.


Son las 10 de la noche y comienza la rueda de prensa programada para las 8: anuncian que el presidente llegará el jueves, con tres secretarios (Educación, Salud y Sedesol) para lanzar un plan social de Juárez. No especifica si habrá alguna garantía para que se cumpla, para que cuando acabe un político de su cargo se continúe con los programas que él aprobó.

*Estamos rodeados de militares, federales y empleados municipales que se han lanzado a limpiar las calles. Mientras otros intentan limpiar sus muertos. Bajo el imperio de la impunidad que da el poder. En una ciudad militarizada.

Las energías son siniestras. Se siente terror. En la sala.

domingo, 7 de febrero de 2010

Alcalde de Juárez ofrece a las familias de la masacre una visa láser para emigrar a EE.UU y el dinero para el traslado


EXCLUSIVA
Primero declaró al mundo que sus hijos eran unos pandilleros. Y que por eso, habían muerto. Ahora, el alcalde de Ciudad Juárez, les ofrece a las familias una visa láser para que emigren a EE.UU y dinero para la mudanza, también para el interior de México.

(Para los que no vivis en la frontera: la visa láser, que cuesta 125 dólares, es una visa que las autoridades estadounidenses conceden a los habitantes de la frontera mexicana para que puedan cruzar a EE.UU por un máximo de 30 días consecutivos).

El artífice de la llamada guerra contra el narco, el presidente Felipe Calderón, declaró desde Japón lo mismo. Pero las cosas, al parecer, no salieron como esperaban. Y las familias se unieron para gritar justicia y limpiar el nombre de sus hijos, manchado por las autoridades mexicanas de los tres niveles. Ahora no los quieren en Juárez.

Domingo 7 de febrero. 4,30pm: Fuertes medidas de seguridad. En la calle de la masacre. La primera visita, de incógnito, del alcalde José Reyes Ferriz (PRI) a las familias de la masacre de estudiantes del pasado sábado 30 de enero, les ofreció el pase para que ya no estén en Ciudad Juárez, según varias familias de los afectados que denunciaron hoy esta situación a "Ciudad Juárez, en la sombra del narcotráfico".

"Quieren acallar nuestra voz y no vamos a permitirlo. Queremos justicia, queremos que el presidente Calderón pida disculpas a Juárez y renuncie, porque desde que llegó al poder no se puede vivir en la ciudad", dijo una madre de los 15, y no 16 estudiantes (ahora las autoridades rectifican el número de estudiantes muertos, porque sumaron el de una adolescente de 13 años ejecuatada en otro suceso el mismo día).

Una de las familias afectadas aceptó el dinero y huyó para el interior de México. El resto se reunirá mañana lunes, en una casa de los afectados, con el gobernador de Chihuhua, José Reyes Baeza, el alcalde y un representante del presidente Calderón, que quizá sea Fernando Gómez Mont.

Tras la reunión las autoridades celebrarán oficialmente el traspaso de poderes del estado de Chihuahua, desde la capital (Chihuahua) a Ciudad Juárez. Es decir, que el gobernador vivirá en Ciudad Juárez, o quizá en El Paso, Tejas, como el alcalde.

*Pienso en el pasado y me acuerdo de las tácticas que empleó el gobierno con las madres de las víctimas para desunirlas. A ellas nunca les pidió, sutilmente, irse de Ciudad Juárez. Para que no sigan armando la revolución por la justicia. Y la presión nacional e internacional se termine. Veremos si Calderón lo consigue.

sábado, 6 de febrero de 2010

Una semana después de la masacre estudiantil







Hoy sábado 6 de febrero, una semana después de la masacre estudiantil en Ciudad Juárez, os escribo siguiendo una promesa. Se la hice a Dolores Torres hace unas horas en la misma calle de la matanza. De 84 años de edad. Madre de una hija y de dos nietos: que no pueden dormir. Desde que escucharon los balazos. Y vieron a sus vecinos muertos.

Nunca me habían pedido esto. Lo hizo tomando mis manos y llorando:

-"Usted como prensa es el cuarto poder. No deje que Juárez desaparezca, se lo pido por favor. Mi hija va a huir pero yo me pienso que dar aquí. Es mi patria y no la voy a abandonar, menos ahora cuando más me necesita. El silencio provoca injusticia, sólo los muertos se quedan en silencio. Y moriré con el espíritu de lucha de mis familiares, revolucionarios con Pancho Villa".

Y Dolores lo dice en el patio de su hogar, colindante con las tres casas donde fueron acribilladas 28 personas y 15, no 16 (las autoridades acaban de rectificar que se confundieron con uno de los muertos de aquel mismo día en otro suceso, una adolescente de 13 años) que murieron. Me lo pide bajo la mirada de dos camionetas de la Cipol, los oficiales policiacos estatales, que al verme que sacaba mi grabadora para entrevistar a Dolores, se han acercado dos de ellos (Esparza y Guerrero) para preguntarme mi nombre y el medio en el que trabajo.

Ella vio cómo mataron a su vecino de enfrente, que salió a buscar a su hijo (ahora herido) cuando comenzó a escuchar los disparos. Con ella permanece la mirada de uno de los adolescentes con 18 tiros en su cuerpo: "Me acerqué y lo abracé y me dijo: "hable con mi mamá".

También vio que las ambulancias no llegaron hasta hora y media después de la masacre. A pesar de que la clínica del seguro social se encuentra a 5 minutos en carro de la calle. Y vio cómo los militares, federales y policias se presentaron 40 minutos después de la masacre. A pesar de que la estación de policia Bitácora, convertida en un campamento militar está a unos 7 minutos del lugar y la ciudad se ha convertido en retenes constantes de los militares dentro de la llamada guerra contra el narcotráfico del presidente Felipe Calderón.
La calle Villas del Portal está sola. A pesar de que es sábado y que el sol brilla con fuerza bajo un azul poderoso. De repente, tres mujeres surgen entre la soledad. Una de ellas lleva una enorme biblia en sus manos. La otra, una más pequeña. Y la tercera, un botecito de color verde con aceite. Y comienzan a acercarse a cada una de las casas de la matanza. Rezan, las ungen en el aceite. Para después continuar con el resto de la calle. "No tenemos miedo, confiamos en el señor", afirma Alicia Guerrero, de 55 años y madre de 4 hijos.

La calle Villas del Portal es un fantasma de horror con casas que se van abandonando por los vecinos. Por ahora, son 8. Muchos de ellos están en otras partes de la ciudad con amigos y familiares hasta que puedan conseguir dinero para huir al interior de México. "Los conocía desde niños, los mejores estudiantes, deportistas, buenos hijos que ayudaban a sus padres, que estudiaban y trabajaban. No eran pandilleros ni narcos como el presidente Calderón quiere hacer creer ", dice uno de los vecinos, que prefiere no dar su nombre por temor a represalias.

Son la 1 de la tarde. La colonia comienza a ser tomada por los militares y los federales. La toma se produce unos diez minutos después de que los vecinos se reúnan en una asamblea pública en el parque de la Colonia Villas de Salvárcar, a unas dos cuadras de la matanza. Los vecinos están organizando una serie de acciones para defender a su colonia. Acuerdan que no dejarán que se instalen casillas electorales para votar hasta que se haga justicia, las fuerzas federales dejen la ciudad y el presidente de México renuncie. También, dicen que lanzarán como candidato a alcalde a una de las madres de las víctimas y como ediles a los adolescentes muertos ¨para que no ser rían más del pueblo¨. El próximo sábado se manifestarán en uno de lo puentes internacionales, que unen Ciudad Juárez, la ciudad más peligrosa del mundo desde hace dos años, con El Paso, Tejas, la segunda más segura de EE.UU.

Tres madres se abrazan. Sin que de su rostro salga una lágrima. Estas las dejan para la noche, cuando se encierran en sus casas y encuentran la soledad.
Llevan tres carteles: "Calderón asesino de estudiantes" "Pedimos justicia para los estudiantes caídos ", "Pedimos ayuda a los países extranjeros ".

"No vamos a dejar Ciudad Juárez. Vamos a luchar por nuestros hijos muertos y los vivos", dice Luz María Dávila, madre Marcos Piña, de 19 años y José Luis, de 16, los dos únicos hijos que esta trabajadora de una maquiladora quiso tener con su esposo para darles un mejor futuro.
Y lo consiguió. Hasta que los mataron. Marcos era estudiante de Relaciones Internacionales en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, por las tardes. Por el día, era un trabajador en la misma maquiladora donde trabajan sus padres. En la madrugada estudiaba en la casa. En el fin de semana, jugaba a béisbol.
En el mismo momento que murió fue un pandillero. Como el resto de los chicos que estaban en una fiesta donde no se encontró ni una botella de alcohol y era supervisada por una madre, que se debate entre la vida y la muerte.
Su hermano José Luis estudiaba la prepa y trabajaba desde los 13 años de edad en un supermercado.
Se conviertieron en pandilleros sin investigar, y según el presidente Calderón, el alcalde José Reyes Ferriz y al gobernador José Reyes Baeza.


*Hoy fueron asesinadas 9 personas en Ciudad Juárez. Estas ya pasaron a la lista de las personas asesinadas por tener vínculos con el narcotráfico. El ambiente que se respira en Ciudad Juárez es de revolución o de temor que lleva a huir. Desde que el presidente Calderón comenzó su llamada guerra contra el narcotráfico hace 23 meses, los crímenes, extorsiones, secuestros y robos se dispararon en Ciudad Juárez. Por ahora, son más de 4.500 asesinados. Bajo el imperio de la impunidad y, en muchos casos, la justicia de los chivos expiatorios. En esta ciudad fronteriza de 1 millón 300 mil habitantes hay unos 10 mil niños huérfanos por esta guerra. Según datos extra oficiales, unas 150 mil personas han huido de Juaritos hacia el interior de México o a Estados Unidos.

miércoles, 3 de febrero de 2010

Niños enterrando a niños





No sé cómo empezar a contaros lo que viví hoy miércoles 3 de febrero. Quizá con algunas imágenes. Las que tomé en el panteón de San Rafael de Ciudad Juárez.

El enterrador Manuel Cano, de 40 años de edad, tampoco tiene palabras. Son sus ojos llenos de lágrimas los que dibujan su sentir. Como el cielo de Juárez que hoy dejó de ser de azul intenso para convertirse en un gris feroz con una intensa lluvia durante casi todo el día.

Y Cano ha visto muchos ataúdes. Más de 6 mil. Pero éstos han sido los más duros de su década en el cementerio.

"Ciudad Juárez está masacrada. Es una ciudad fantasma. Ya no hay futuro", comenta mientras va a cerrar otra tumba de las 7 situadas en hilera.

Y Cano continúa, echando tierra a las tumbas que el mismo cavó. Mientras escucha gritos como: "Chuy, presente!!!!!! "Te queremos!!!!! "A la bin, a la ban...Chuy, Chuy y nadie más". Y otros gritos. Los de las otras seis tumbas.

Jesús Armando Segovia "Chuy" tenía 15 años. Aunque en su cruz blanca le pusieron dos años más. Por sus calificaciones, era un excelente estudiante y deportista. Para las autoridades, un miembro más de una pandilla. Para muchos, esta es la manera de justificar lo que no se quiere investigar conforme a la ley. Cuando la presión social y política es la que mueve las decisiones. Igual que con los feminicidios. O peor tras más de 16 años de impunidad y de un sistema de justicia fallido.

El era uno de los 16 chavos que fueron ejecutados el sábado en una fiesta estudiantil, y uno de los siete que fueron despedidos en la misma calle, en la misma iglesia, en el mismo cementerio. Eran vecinos.

Sus amigos los entierran. Son niños enterrando a otros niños. Tienen entre 13 y 19 años, más o menos como los ejecutados, convertidos tras su muerte en pandilleros y narcotraficantes. Están más cerca de la niñez, por su inocencia, que de la adolescencia: por la forma en la que visten, su educación, parecían ser la poca luz de la colonia obrera Salvárcar, donde la mayoría de los residentes trabajan en las fábricas maquiladoras. Pero la esperanza fue masacrada. En una ciudad militarizada.

*Al cementerio no acudió ninguna autoridad. Tampoco a la misa funeral. Minutos antes de que el cortejo fúnebre se dirigiera hasta la iglesia, el gobernador del estado de Chihuahua, José Reyes Baeza llegó a las casas de las víctimas para expresar sus condolencias a las familas.

Estas le esperaron con cartelones. Pidendo justicia.

"Usted tiene guardaespaldas que le protegen pero nosotros no tenemos ni dinero para comprar un arma y defendernos", le increpó Patricia Dávila, la tía de dos hermanos asesinados, mientras el gobernador huía del lugar.

Os dejo con más imágenes. El presidente Calderón, artífice de su llamada guerra contra el narcotráfico, está de viaje oficial en Japón. En Ciudad Juárez piensan que está en China. Su versión de la masacre aquí suena a chino. Calderón afirma que el ataque fue cometido ¨probablemente por otro grupo con el que, es una de las hipótesis, tenía cierta rivalidad".

*La guerra ficticia contra el narcotráfico del presidente Felipe Calderón ha dejado en Ciudad Juárez más de 4.500 muertos desde que comenzó hace 23 meses y unos 10 mil niños huérfanos. Las extorsiones, secuestros y robos son cotidianos en una ciudad militarizada. Se estima que unas 150 mil personas han huido de esta ciudad de 1 millón 300 mil habitantes. La ciudad ha suspendido sus pobres partidas de infraestructura y ayuda social para pagar a los 8 mil militares y unos 3 mil federales enviados por el presidente de México. Desde la guerra de Calderón el peligro en Ciudad Juárez está en estar vivo.

*COPYRIGHT CIUDAD JUAREZ EN LA SOMBRA DEL NARCOTRAFICO. ESTE BLOG NO PODRA SER REPRODUCIDO, TOTAL NI PARCIALMENTE, SIN EL PREVIO PERMISO DE LA AUTORA, JUDITH TORREA. TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS.

Una calle, un velatorio: de dos hermanos, dos primos, 16 chavos




Acabo de tomar un café. Rodeada de cadáveres. Nada más llegar a mi Juaritos en la tarde de hoy martes.
En Nueva York, donde me encontraba por unos días disfrutando de mi anterior vida, lo primero que hice fue perderme por el Metropolitan Museum. Y me invitaron a una fiesta de unos ricachones que se pusieron hasta la madre de cocaína. Buenas gentes, a su modo: dieron no sé cuánto dinero para el terremoto de Haití.

Pero a ellos no los mataron. Los muertos los pone Ciudad Juárez: más de 4.400 desde que comenzara hace 22 meses la llamada guerra contra el narcotráfico del presidente Calderón con el Ejército.

Luz María Dávila está con sus dos únicos hijos. En un ataúd. Su casita está a unos metros de donde fueron ejecutadas el sábado 16 personas durante una fiesta estudiantil. Primero está José Luis Piña, de 16 años y después, Marcos de 19 y estudiante de Relaciones Internacionales en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez. Los amigos y familiares permanecen en la calle: no hay lugar para velarlos en la casita en la que vive con los 700 pesos (unos 50 dólares) semanales que gana en una de las fábricas maquiladoras que crean la riqueza del primer mundo.

El mismo paisaje se repite a la entrada de tres casas de los jóvenes: botes de basura convertidos en calentadores de leña, sillas que forman corros interminables. Mensajes en cartulina de impotencia. Que piden justicia. Y café en un termo, para sobrevivir a la larga y fria noche.

Los militares, enviados por el presidente Felipe Calderón en su llamada guerra contra el narcotráfico, pasean por la calle de esta colonia obrera Salvárcar. Ahora están aquí. Con los muertos.
Pero el día en que estos estaba vivos, no llegaron. Algunos expertos se preguntan cómo un comando armado de cinco vehículos pudo cortar las calles y realizar su masacre sin que ninguna de las fuerzas federales los vieran.

-"Le pedimos ayuda al extranjero porque no creemos que el detenido sea el culpable", me dice Patricia, la tía de los dos hermanos.

(Las autoridades presentaron esta tarde al ¨sicario¨, que confesó con pelos y señales en directo, a un agente del ministerio público, por qué los mataron y cómo, mientras los periodistas asistían calladitos a la ceremonia. Nunca, que yo recuerde, había habido antes tanta interacción, en directo, con el presunto inculpado. Pero ahora la presión es mucha: Juaritos vuelve con fuerza a estar en cada rincón del universo).

-"Nos da coraje que se diga eso, que estaban en el narco. Es falso, lo que quieren es dar el carpetazo y olvidar todo, como siempre", agrega la tía.

El universitario José Luis Aguilar, de 19 años, descansa junto a su primo Horacio Alberto Soto, de 16 años y estudiante de la prepa. Las paredes de la casita están empapeladas de fotos de los dos, abrazados. Hay una que destaca en medio de todas. Es la de un chico jugando a béisbol.

-"Es mi hijo, José Luis ", dice este chófer de autobuses que prefiere mantener su nombre en el anonimato. "El no quería ir a la fiesta porque tenía un partido de béisbol y tenía que madrugar mucho. Vinieron los amigos y dijo que regresaría en 20 minutos. Pero nunca regresó".

Los disparos los escuchó su padre, mientras intentaba conciliar el sueño. Desde el sábado ya no duerme. Sólo piensa en los porqués. Y en cómo huir. Como tantos juarenses.