sábado, 6 de abril de 2013

Tres días en bus para encontrarse con su hija desaparecida María Guadalupe de la Cruz Francisco, de 17 años: en huesos





Habla despacio. Toma aire profundo para poder pronunciar unas tres o cuatro palabras seguidas. Es un hombre robusto. Ahora con una hija en un ataúd. Con lo que queda de ella: algunos huesos.

"Vengo desde Cárdenas, Tabasco de enterrar a mi difunto padre, me quedé un rato... para recibir... para recibir la mala noticia de que a mi hija la habían asesinado. Fue el peor golpe que nunca me imaginé recibir, primero mi padre muere de muerte natural y luego mi hija.... "

Llora.

Moisés de la Cruz Guillén tiene 41 años. Es guardia de seguridad: hace cuatro meses perdió su empleo. Está en una funeraria de la colonia Azteca, muy cerquita de la calle donde vive en una casita de un solo cuarto y tres camas para su esposa y cinco hijos. El miércoles supo que su hija desaparecida "desde el 4 de febrero" fue encontrada el 26 de febrero en un terreno baldío situado detrás de la fábrica maquiladora Electrolux. Lo único que quedaba de ella era parte de su esqueleto cubierto aún con algo de tejido lo que hizo posible una identificación más rápida por DNA.

"Me avisó mi mujer por teléfono... Por causa de esa información me cayó como una especie de... me duele  la cabeza... me dio algo y vengo tomando medicinas y fue a partir de ese día que recibí un golpe tan grande".

La Fiscalía le pagó el viaje de regreso a Juárez. En bus. Fueron 4 mil pesos (unos 330 dólares), el doble que un billete de avión. Y tres días de viaje en dos autobuses: uno desde Tabasco a la Ciudad de México y el otro, rumbo a Juárez. El papá de María Guadalupe de la Cruz no había podido regresar antes a su hogar porque en el estado sureño de Tabasco no había podido encontrar chamba para poder pagar su boleto de vuelta. Acaba de arribar.

"Si viera lo que yo quería era llegar y por más que yo quería... Yo digo que cuando las cosas se empeoran y quiere uno llegar se empeoran, aún más".



El ataúd de María Guadalupe de la Cruz Francisco es blanco. Tenía 17 años de edad. Soñaba con estudiar estilismo y le gustaba dibujar, "era alegre, era la única que me hacía relajos (bromas)". Criada en una familia cristiana, donde no se permiten los bailes, tres meses antes de desaparecer se fue a vivir con una vecina y sus dos hijas adolescentes de 14 y 16 años de edad.  Una semana antes de su desaparición, regresó a su hogar. Yadira, su mamá pensaba que había aprendido la lección cuando ella le pidió que si la buscaban, les comentara que no estaba.

"Quería libertad, yo le decía que los bailes no son buenos y ella me decía: 'tu mamá estás loca porque ves mucha televisión´".

Lo dice cargando al menor de sus hijos, una niña de dos años, acariciando el féretro de su hija. De la que recuerda la última vez que la vio:

"Ella salió el 4 de febrero a las 5 de la tarde a poner recarga al celular y ya no regresó. Le hablé porque no llegaba y me dijo que estaba con una amiga. Le estuve marcando y marcando y de repente se me desaparece como si se la hubiera tragado la tierra. Llevaba una blusa rosa, un pantalón de mezclilla negro, unos botines y un calcetín blanco con rayitas como de tenis".

Comenzó a buscarla. Y asegura que el 8 de febrero levantó el reporte de desaparición.

El teléfono sonó el miércoles 3 de marzo. Le llamaban de la Fiscalía. "Me dijeron que me iban a buscar en la casa y me iban a llevar para hacer unos papeles. Y en ese momento me llamó la psicóloga y me dijo que ya la habían encontrado y que con el  ADN que me hicieron coincidía con el de ella".

"Lo más duro es que me hayan quitado a mi hija, pues sí.  Más que nada siento coraje por la muerte de mi hija, por los asesinos que no tienen misericordia que matan sin piedad".


Hace dieciséis años, Yadira y su esposo Moisés emigraron a Ciudad Juárez desde un hermoso pueblo del estado de Veracruz llamado Oteapan, cerca del mar. Llegaron al desierto en busca de trabajo en una fábrica maquiladora. Con la desaparición y el asesinato de su hija, quieren regresar al sur de México. Quieren prevenir que a sus otras hijas les ocurra lo mismo.

"Te voy a decir algo y espero  que estoy no traiga represalias. Aquí el peor caso es que aquí el delincuente tiene más apoyo que una gente normal, y está más protegido por la autoridad que una gente buena que se dedica a trabajar", dice el papá de María Guadalupe de la Cruz.

"Pero primero antes de regresar quisiera que los que hicieron esta maldad recibieran su justo pago, ser castigados por la ley misma, es lo que yo más quisiera en la vida, que su muerte no quedara impune (como el 97% de los crímenes en Juárez), sino que se hiciera justicia"

Unos días previos de que a Yadira, de 39 años, le entregaran un ataúd cerrado con los restos de su hija, tuvo dos sueños, donde su hija le tranquilizaba con un: "Ya no me busques, estoy en un lugar muy especial".
"Entonces eso me da fuerzas de que un día voy a ver a mi hija (en el cielo). Ella no está muerta, le mataron el cuerpo está destruida toda, pero el alma vive".

Mari García, mamá de Jessica Leticia Peña, desaparecida a los 15 años en el centro de Juárez y encontrada
en una fosa clandestina con los restos de doce desaparecidas en el Valle de Juárez, no conocía a Yadira, mamá de María Guadalupe de la Cruz Francisco, de 17 años. Al saber de su tragedia,  esta mamá desempleada tomó dos rutas por casi dos horas para acompañarla.

****ACTUALIZACION: María Guadalupe de la Cruz Francisco, de 17 años de edad, fue enterrada el domingo en la intimidad. Tras celebrar un servicio cristiano, su féretro salió de la humilde funeraria del Carmen III rumbo al panteón de San Rafael. 
En la mañana del lunes, Yadira y su esposo Moisés se dirigieron a la Fiscalía. Querían ver algo de que quedó de su hija, ahora muerta y enterrada, al menos acariciar las ropas que encontraron junto a los huesos que les entregaron en un ataúd cerrado. "Pero nos dijeron que no podían, que era imposible, que podía afectarnos... ¿más de lo que estamos?". 
Con el agente del ministerio público que tiene la carpeta de investigación de su hija, levantaron una denuncia contra de "Lupe", la mujer con la que vivió su hija, detrás de su casita. 
"El domingo que enterramos a mi hija, me sentí mal, y le dije a mi hijo el mayor que me acompañara a la farmacia y una señora que es mamá de las muchachas... me amenazó y me dijo: "ahora sigues tú, guey". 
Y comenzaron a sentir más miedo. A desear huir lo antes posible a Veracruz. Como no tienen dinero para comprar los boletos del bus y comenzar una nueva vida en su estado de origen, pidieron ayuda a la trabajadora social que atiende a víctimas en la Fiscalía. La respuesta fue negativa. 
Ahora sobreviven atrapados  en la ciudad a la que emigraron en busca de trabajo y donde perdieron a su hija. Ahora sin trabajo y sin uno de sus cinco hijos.

2 comentarios:

  1. Que tristeza, qué verguenza que atroz!...Hasta cuando?
    ¿QUE PODEMOS HACER? ¿QUE SE PUEDE HACER?

    Un abrazo enorme y todo el cariño para los papás de María y todas las niñas y muchachas muertes...


    ..Estoy escribiendo esto y parece mentira que ocurra todo esto con total impunidad...

    UN ABRAZO ENORMEE

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  2. Esta es la triste realidad en Cd. Juarez les mando una abrazo a esta familia y mis oraciones espero Que Dios los guarde y puedan tener paz en sus vidas.

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