martes, 8 de octubre de 2013

El alcalde de Juárez y ella: sobreviviente de las balas (de los policías municipales de Julián Leyzaola)




El guarura bien cuadradote, de los que se creen bien chingones. La empuja. Le cierra el paso. Y ella se traga el terror que sabe a balas: de las autoridades. Teto Murguía (PRI) surge entre la multitud. Como si fuera una estrella de música norteña. El alcalde saliente de Juaritos sonríe a sus seguidores que le aclaman con cartelones: "Gracias por las despensas", "Teto te queremos". A unos pasitos de subirse al escenario del gimnasio del Colegio de Bachilleres para mostrar lo más chidote de los tres años de su gobierno.

Ella lo intenta: que él la vea, que le atienda un tantito. No quiere sus saludotes. Se apoya en un bastón: para poder caminar con una pierna que va perdiendo movilidad desde la noche del 24 de mayo en la que el alcalde inauguraba el monumento de la Equis para cambiar la imagen de violencia de Juárez y en la que surgió la realidad: casi la matan los policías municipales. No se inquieta ante el escolta. Está acostumbrada a lo peor: a las balas de las fuerzas de seguridad incrustadas en su matriz sintiendo cómo le era arrebatado el bebito que esperaba: no podrá tener más hijos.    http://juarezenlasombra.blogspot.com/2013/05/angel-damian-el-nino-que-no-nacio-o.html



María de los Angeles Morales siente que ahora es su última oportunidad para exigirle justicia a su alcalde,  el empresario Teto Murguía y a su suboordinado, Julián Leyzaola. En unas horas concluirán sus mandatos. Desenfunda su coraje y unas cartulinas de color naranja y blanco con las que denuncia el ataque que sufrió de los policías municipales dirigidos por Julián Leyzaola: el ex militar inhabilitado por ocho años para ejercer cargos públicos en el estado de Baja California. Las violaciones de derechos humanos mientras cumplía un cargo similar en Tijuana, le persiguen.

- "Si no baja esos cartelones, se los voy a quitar... y la voy a echar", le amenaza el guardaespaldas.

- "Ella es periodista", le increpa María de los Angeles mirándome.

 Y él me observa.

- Joven, una pregunta. ¿Por qué le va a retirar los cartelones?

No me contesta. Mi grabadora surge a un ladito de su rostro.

E insisto:

- Discúlpeme, me gustaría entender un poquito qué está pasando. Estoy viendo que hay varios cartelones a favor del alcalde ¿Sería tan amable de explicarme por qué va a quitar el único que le exige justicia? ¿por qué está empujando a la señora impedida? ¿está cometiendo algún delito, que yo desconozca?

Ni modo. No me contesta. Pero tampoco cumple con sus advertencias intimidatorias. Pero los guardaespaldas empiezan a rodearme también a mí.

Primero llega el gobernador, no alcanzo a preguntarle. Cuando está pasando el alcalde puedo deslizar mi brazo entre un guarura al que le supero en estatura y situar la grabadora sobre su bocaza:

- Señor alcalde, ¿me permite una pregunta?

- Sí, dígame, dice todo sonriente.

- Usted finaliza mañana su mandato, ¿cómo va a asegurar que se haga justicia en el caso de María de los Ángeles Morales baleada por los policías municipales el día de la inauguración de la Equis?

- No la escucho, no la escucho, no la escucho...

Y el Teto se me va a la carrerorota.

Me despido de María de los Ángeles, que se sienta enfrente del alcade, con sus cartulinas, pero a varios metros de distancia.

"Me da como enojo, coraje, impotencia, tristeza. Mucha tristeza porque siento que no van a hacer nada, que se va a quedar todo así, nada más", dice María de los Angeles, nacida en Irapuato, Guanajuato hace 30 años, que emigró a trabajar en una fábrica maquiladora a los 15 años de edad. 

"A los policías sólo los van a acusar por abuso de la autoridad, los altos mandos bloquearon todo. Por un momento me dio miedo (venir) pero me dije a ver si se atreven de hacerme algo aquí delante de toda la gente. Si algo me pasa, se lo responsabilizo a Teto (alcalde) y al Leyzaola (jefe policía)".





La música de la Sonora Skándalo suena en directo. Son tantos los integrantes que ocupan dos filas de las gradas en la parte superior del gimnasio donde están sentadas familias pobres, desde niños a abuelas. En el escenario, el alcalde con su equipo de gobierno y el gobernador César Duarte, entre otros mandatarios. Abajo, los invitados especiales, la mayoría hombres del mundo empresarial y políticos cercanos al PRI con traje y corbata. Están sentados como viven: en la profunda desigualdad social de esta ciudad de fábricas maquiladoras de capital extranjero donde sólo el 25.3 por ciento de la población no es pobre, según datos de El Colegio de la Frontera Norte (Colef).






El ambiente es de fiesta. Afuera del recinto, está la Banda Jerezana: una de las sorpresotas de la ceremonia de presentación del tercer informe de gobierno con un costo de más de 4.5 millones de pesos de fondos públicos, casi el doble que en el segundo de 2.9 millones.

Las luces se apagan. Y un vídeo de alta definición, como las pelis del cine, comienza a contar los logros de los últimos tres años de gobierno del alcalde Teto Murguía. Lo hace con música de acción, de intriga y éxito.
De las imágenes de horror y violencia se pasan a unas soñadas: donde Juárez se asemeja a la armoniosa Luxemburgo, pero sin el paisaje verde. En esta ciudad de desierto lo más verde en estos años han sido los uniformes de los soldados enviados por el ahora ex presidente Felipe Calderón en su llamada guerra con el narcotráfico que dejó a más de 10 mil 300 personas asesinadas en la impunidad.

En la mayor parte de la publicidad política se destaca la labor de la policía municipal de Julián Leyzaola, donde los agentes son "héroes a los que le debemos los juarenses la tranquilidad que hoy disfrutamos". Eso sí, no hay ninguna alusión a las desapariciones perpetradas por la policía, ni a sus asesinatos, violaciones y otros abusos a la población (joven y pobre). Tampoco, a que la relativa calma ha llegado porque un Cártel, el de Sinaloa, ha ganado la codiciada plaza de Juárez, del paso de las drogas que van llegando desde Colombia para sus consumidores en Estados Unidos.

Los aplausos se hacen interminables cuando Teto, el alcalde, aparece en unas imágenes repartiendo uno de los "400 mil pollos" entregados en Navidad "que llevaron esperanza" a los más pobres.
La política de limosna del PRI continúa con las "8 mil despensas de comida, cobijas para 125 mil personas, pista de hielo durante 45 días".
Cuando le llega el turno a una de las obras emblemáticas del alcalde, el monumento de la Equis -una idea de empresarios realizada con fondos públicos- se expone con detalle el significado del monumento y se obvia el costo total que hace unos meses se estimó que fue de más de 117 millones de pesos mexicanos.

El vídeo continúa y a veces es tan de ciencia ficción que es cuestionado hasta por los llamados acarreados: personas de bajos recursos que han sido llevadas en rutas hasta el informe con la promesa de que conocerían al alcalde, se divertirían con la música y comerían un refrigerio.

"Pues que vaya por mi casa. El drenaje sigue mal y ahí se juntan hierbas, animales. Nos duele la garganta, los drenajes son lo que tenemos problema en la colonia Kilómetro 20.  No más estamos agradecidos con él, pero a ver si un día alguien nos escucha y nos ayuda", dice Juana Angélica Chávez, una trabajadora de una maquila, de 41 años.

También disiente Jorge Carrillo de los logros que el alcalde está mostrando en su tercer informe. A pesar de que se confiesa votante del PRI desde hace diez años, este chófer de ruta asegura que en las calles de su colonia no hay pavimento, sino "terracería" (arena del desierto). Y continúa la mayor parte del informe diciendo  "no es cierto" a cada uno de los llamados éxitos de Teto.



Para cuando comienza con su discurso el alcalde -acompañado de tambores de adolescentes que lanzan porras- la mitad de las gradas están vacías. El ambiente se asemeja al de una función de lucha libre, donde se pelean los aplausos, los gritos. Después, el gobernador. Fin del tercer informe, del gobierno municipal de Teto Murguía. Y los que aún quedan en las gradas superiores salen en estampida a por la última recompensa de la noche: los hot dogs y sodas.




Filas interminables de familias enteras. Huele a comida, gratis. La música de la banda Jerezana suena, pero pocos se animan a bailarla. Primero, a comer. Y los casi veinte integrantes, interpretando sus éxitos, con trajes bien coloridos. A las 11 de la noche, comenzarán a salir las rutas especiales de regreso a sus hogares en una ciudad con un pésimo y casi inexistente transporte público. Muchas de las familias me comentan que perdieron de nuevo todas sus pertenencias por unas horas de lluvia durante tres días: en una ciudad donde tampoco este alcalde ha considerado que es una prioridad tener drenaje pluvial: es mejor que se inunden en las zonas más pobres y después, darles cobijas (y tomarse la foto).




Para entender por qué estas personas tan olvidadas por las autoridades son capaces de hacer presencia en un acto político y estar ovacionando al alcalde,  hay que escuchar al señor Carrillo: "es irse uno a distraer, casi uno no sale de la casa".




Los estacionamientos están llenos: de ruteras. La mayoría de los asistentes han sido acarreados por la secretaría de Desarrollo Social del municipio. Son pasadas las nueve y cuarenta de la noche y me encaramo en mi carro. Unos dos minutos después, nada más llegar a la Avenida Tecnológico me doy cuenta que hay dos trocas que están detrás de mí.  Con sus luces y sirenas. Pienso que son agentes de tránsito y pienso que debería detenerme, pero no sé en dónde.

La troca de atrás casi me choca y no me deja ir ni para la izquierda ni para la derecha. Se mueve al mismo ritmo que yo, que intento salirme de la carretera. Y en esto, la otra troca me intenta rebasar y se pone al lado de mi copiloto, sin rebasarme, acompañándome en el camino. Y veo que son dos unidades de la policía municipal. A la altura del centro Comercial Soriana San Lorenzo puedo ya salirme. La señora que atiende el estacionamiento, ya casi vacío, me pregunta qué onda, qué pasó, si estoy bien. "Estos polis manejan de la patodota", le digo.  Quiero pensar en eso. Se percina y me da las buenas noches. Nos despedimos con una sonrisa tímida.

martes, 24 de septiembre de 2013

Masacre de Loma Blanca: Ellos, en féretros: de casita en casita. Y las autoridades, como si no pasara nada




Ricardo Vega, en un ataúd, soñaba con ir a la universidad. Le faltaban dos semestres.

Los ataúdes de una niña, tres adolescentes, una mamá y cinco hombres asesinados en la noche del domingo parten para ser enterrados: algunas familias viven la tragedia de Loma Blanca con dos cadáveres. Otra, con cuatro.

Hay dolores que azotan y desgarran. Como en otras masacres: Villas de Salvárcar, hace tres años. Lo nuevo: otras víctimas y la indiferencia de las autoridades. Aquí se siente más el abandono. No ha venido ni el alcalde ni el gobernador.
Juárez es una ciudad devastada tras más de 11 mil personas asesinadas durante la llamada guerra contra el narcotráfico del ahora ex presidente Felipe Calderón. Donde las autoridades lanzan mensajes de que la violencia es un tema del pasado. Como las desapariciones de niñas y los feminicidios desde hace veinte años.

Arena blanca. Los vecinos van caminando por el desierto, en caballo o carro en busca de los familiares de los muertos en un paisaje de casas incendiadas o abandonadas. Los patios se han convertido en improvisados velatorios. Algunos se acercan con miedo. Temen a los halcones que vigilan esta zona del tránsito de las drogas que llegan desde Colombia hasta Juárez para cruzar a Estados Unidos. Y a los asesinos.

El poblado de Loma Blanca, azotado por la pobreza, se alza y pide justicia. Son muchos los que se atreven a dar la voz por sus muertos. Como Verónica López, consejera en la escuela técnica Ceciytech 7 en San Isidro, donde estudiaban Luis Alonso Alarcón, de 15 años y  Richy Vega, de 17:

"Ellos pertenecían al equipo de béisbol, siempre se dice lo mismo que probablemente alguno estaba metido (en el narco), son los argumentos que pone la autoridad para no hacer su trabajo".

La principal línea de investigación de la Fiscalía es un ajuste de cuentas entre grupos del crimen organizado, igual que en las masacres de Villas de Salvárcar, Horizontes del Sur y todas las 25 que se han producido en los últimos cinco años en Ciudad Juárez.

Pero hay testigos que afirman que antes de la tragedia patrullas de la Policía Municipal les estuvieron siguiendo en diferentes puntos donde se reunieron los jóvenes. Y los vieron en la escena de los crímenes a los dos minutos de la masacre para después irse.








Richy Vega tenía 17 años hasta la noche del domingo 22 de septiembre que fue asesinado junto a sus amigos. Ahora su mamá María Brígida Pérez, de 45 años, sólo grita: "quiero que me hable, que me diga madre como siempre lo hacía". Su hijo mayor está en un ataúd. Con su uniforme del equipo de béisbol de Los Tigres,  las fotos de sus triunfos y una pelota que su compañeros han firmado.

A la entrada de la casita del joven, van llegando sus compañeros. Como el hogar es pequeño, se turnan para entrar en la salita y compartir los últimos minutos con su amigo, ahora en un ataúd.

"Nosotros ya nos sabemos las mismas respuestas que nos van a dar los policías, pero la verdadera historia sólo uno la sabe", afirma Eduardo, de 17.

"Richy no andaba mal, era una persona muy buena. El nunca se metía con nadie. Era muy inteligente, muy responsable", dice Tania Galindo, de 17 años.

"No tenía vicios ni nada. Solamente convivía con la familia. Era una persona muy especial, siempre se preocupaba echando la mano al otro", apunta Jesvin Ramírez, de 18.


Alondra (con la foto) fue novia de Richy Vega hasta que lo asesinaron.  En la imagen, con sus amigos a la entrada de la
casita donde está el féretro del joven beisbolista de 17 años de edad.


Camino al poblado de San Isidro, Hilda vela el féretro de su niña Perla Michelle Mancha, de 6 años de edad: los cumplió el 3 de septiembre. Y el de su esposo Martín Mancha, mecánico de profesión,  de 49 años.  Le queda otro hijo y una herida de bala en su cuerpo. Ella se salvó. Calentaba tortillas cuando las ráfagas de las balas le sorprendieron. "Tengo mucho miedo, no me siento segura, no sé si irme a Estados Unidos".

Los familiares llegan en ruta desde varias zonas del estado de Chihuahua. Algunos de los que fueron sus vecinos arriban desde El Paso, Texas adonde huyeron por la inseguridad en el Valle de Juárez. Los grandes ausentes son los padres de Martín y abuelos paternos de la pequeña. El viaje era muy largo y superan los 80 años de edad.

"La violencia nunca se acabó, no puede uno salir a la calle, no sabe ni qué", afirma Miguel, un operario de una fábrica maquiladora y amigo de Martín.





Tres ataúdes llegan a una humilde casa de una familia que perdió en unos segundos a cuatro de sus miembros. Uno tras otro, en el patio: María Mireya Armendáriz Meza tenía 33 años y su hijo Edgar Aarón Acosta Armendáriz, 15. Su sobrino Miguel Antonio Mota Armendáriz, 25.  Gritos. Llanto. El padre de éste, José Hesiquio Mota Ortega, de 45, es velado en Ciudad Juárez por su familia. Estaba separado.

Los primeros vecinos en ser sepultados en el panteón del ejido de San Isidro son Ricardo Richy Vega, de 17 años, con su amigo Luis Alonso Fraire, de 15. Y el tío de éste, Julio César Alarcón, de 36. Todos acompañados de los matachines de los danzantes de la Guadalupana, el grupo al que pertenecía Julio César.





Los velan y entierran ajenos a las pintadas que aparecieron al amanecer en los poblados de Loma Blanca, San Agustín, Guadalupe y Caseta. Algunas, en casas abandonadas:

"Esto es para los culeros de La Línea. Se pasaron de verga en Loma Blanca. La guerra es entre nosotros, no con inocentes. Nosotros no matamos niños ni señoras. Pinches marranos. Att. Gente de Gavino Salas".  Fueron borradas rápidamente por las autoridades.

Gabino Salas "El ingeniero" y presunto miembro del Cártel de Sinaloa que controlaba el tráfico de drogas y armas en El Valle de Juárez murió abatido por el Ejercito Mexicano hace mes y medio, el 8 de agosto, en Praxedis G. Guerrero. La operación fue dirigida por el jefe de la policía municipal de Ciudad Juárez, Julián Leyzaola.

"Puede ser que un grupo ponga los mensajes para presionar al estado, que se acuse a La Línea para que los elimine. Se tiene que investigar, primero que nada", afirma el criminólogo Oscar Máynez.

Loma Blanca llora a sus muertos. El gobernador César Duarte (PRI) y el alcalde saliente Héctor Muguía (PRI), entre otras máximas autoridades, inauguran el nuevo edifico la Comisión Estatal de Derechos Humanos. En una tierra sin derechos: en donde las autoridades no saben preservar el derecho básico a la vida. Como en Loma Blanca.

 "La violencia bajó (este año), no por una estrategia en particular. Ninguna autoridad soporta 20 muertos al día. La violencia no tiene por qué no seguir ocurriendo porque no ha habido estrategias, al igual que con las mujeres desaparecidas", afirma el criminólogo Oscar Máynez.

 "No teníamos la situación de estado de sitio durante cinco años, pero la violencia no se fue en realidad. Lo que pasa es que se estabilizó, se modificó. Ninguna ciudad aguanta 3 mil muertos al año. Si la estrategia principal es hacer declaraciones públicas no tiene por qué desaparecer", apunta.

Hay preguntas con las mismas respuestas, que se suceden con los años: saber por qué los mataron. En una zona con un 97 por ciento de impunidad y con una justicia de chivos expiatorios, lo único que es cierto es que los mataron porque estaban vivos: porque se puede.

lunes, 23 de septiembre de 2013

"Juárez, Chihuahua Vive", dice el gobierno. Hasta que te asesinan: masacre de Loma Blanca (una niña, 3 adolescentes, una mamá y cinco hombres)



Ser el coordinador de las confirmaciones de su iglesia y el béisbol eran las grandes pasiones de Luis Alonso Fraire, de 15 años, huérfano de mamá. En la noche del domingo fue asesinado junto a 9 personas.




Una sonrisa tímida. Para combatir las masacres. El pasado (Villas de Salvárcar, Horizontes del Sur en el 2010 con 15 y 14 asesinatos cada una) y el presente: en Loma Blanca, de nuevo. Diez.

En la radio, el lema del alcalde Héctor Murguía (PRI) a dos semanas de que finalice su mandato: "en tres años de gobierno, (...) tranquilidad, paz. Rescatamos Juárez". Y ella vomita de sus labios:

"Chihuahua vive, sí vive. Vive entre la violencia".



La sangre de una niña de seis años, tres adolescentes, una mamá y cinco hombres huele: a nada chido.  El trofeo del triunfo: en la escena de los diez crímenes. En el solar donde fueron asesinados en la noche de ayer domingo. El equipo de béisbol de Los Cardenales, que siempre perdía, ganó.
Aquella tarde el convivio semanal de los jóvenes y vecinos se celebraba en el terreno que se asoma de la casita del abuelo de Luis Alonso Fraire Alarcón. Un árbol de lila sobrevive con un tronco agujereado por las balas, entre la arena del desierto y los recuerdos del horror: fueron 32 disparos de AK-47.




Angélica Fraire tiene 25 años y ahora, un hermano de 15 años y un tío de 35 por enterrar.

"Me siento triste, devastada. Saber que ya no los voy a volver a ver más. Puros inocentes cayeron".

Para llegar al poblado de Loma Blanca, de casi mil 600 habitantes, hay que manejar unos 40 minutos desde Ciudad Juárez con dirección hacia El Valle. Pasar casas abandonadas como las de los cinco beisbolistas levantados hace unos meses y quemadas por la violencia. Una iglesia fue destruida:  el mismo día de la masacre los vecinos habían organizado una kermés, vendieron antojitos para conseguir fondos para repararla. Autoridad, hay poca: el comisario ejidal Calixto Pérez Mena fue asesinado el 15 de febrero del 2010 a los 64 años de edad en esta población fronteriza con San Elizario, Texas.

"Son rachas que pasan, pero El Valle siempre ha sido el mismo. Todo sigue igual. Siempre estaba así, rachas se viene la violencia y se calma".


Aquí fueron asesinados su hijo y su nieto. Un solar que ve todos los días al salir de su hogar

Escuchó un "ta, ta, ta, ta.... ". Y la voz de su hijo Julio César Alarcón Carrillo, de 35 años de edad, gritándole "papá, papá, papá": hasta que lo asesinaron. El con un andador, por una embolia que sufrió hace dos semanas. Su nieto Luis Alonso Fraire, de 15 años y coordinador de un grupo de confirmación en la iglesia, acababa de salir al jardín de su abuelo donde estaba la fiesta.  Para saludar a su tío: danzante de los matachines Guadalupano, dueño del equipo del béisbol Los Cardenales y encargado de una tienda Modelorama. Y a Richy uno de sus mejores amigos, compañero de juego también en el equipo de béisbol de Los Tigres.

"Cayeron juntitos todos", recuerda Agustín Alarcón, de 75 años, padre y abuelo de dos de los diez asesinados. "Yo no salí y cuando me asomé estaban tirados. Los muchachos cada ocho días festejaban, perdieran o ganaban, hacían su propio convivio cuando no aquí, en otro ranchito. Eran puros chamacos conocidos los que andaban aquí ".

Los agentes de la policía investigadora retiran el trofeo. Los vecinos intentan cubrir con palas las huellas del crimen: para seguir adelante. Un ataúd blanco para Luis Alonso y uno negro para su tío. Los velarán a partir de las doce de la noche en la sala de la casa en la que vivía hasta celebrar el triunfo de Los Cardenales y ser asesinado.

"Mi hermano será enterrado mañana con mi mamá (Genoveva) que falleció hace un año y cuatro meses de enfermedad, le dio un paro (cardíaco). Mi tío, solo. El funeral, en la intimidad, con su mejor amigo, Ricardo Vega (de 17 años). Queremos privacidad, que respeten el dolor. Fueron muy apegados, nos conocemos desde niños. Son hijos de un pueblo en luto. Que se haga justicia".

domingo, 15 de septiembre de 2013

Unos gritan "Viva México", ella grita de coraje: mamá de Fabiola Janeth Valenzuela

Silvia sobrevive entre la duda, una tumba y la esperanza. No sabe si los restos que enterró son los de su hija. Sigue buscándola.

Fuegos artificiales en el televisor. Y su casita de Pradera de los Oasis, húmeda. Calles que son ríos de agua con tres días de lluvias: aquí no existe el drenaje pluvial ni el pavimento, como en el 60 por ciento de Ciudad Juárez. Su cuaderno está seco y lo llena de pensamientos para no ahogarse:

He aquí todos gritando "Viva México" 
y en ese momento
hace tres años mi hija también gritó
para pedir ayuda y su grito
se confundió entre tanto grito de la gente. 
Y siento que gritaba para que alguien le ayudara,
pero nadie la escuchó. 
Es por eso que pienso 
que a mi hija le privaron su vida 
este día 15 de septiembre (del 2010) y hasta el 16 de septiembre
fueron a tirar su cuerpo. 
Hoy se cumplen tres años y yo sigo aquí recordándola 
esperándola con los brazos siempre abiertos. 

@Poema de Silvia Banda. Para su hija Fabiola Janeth Valenzuela: desaparecida en Ciudad Juárez. A los 18 años de edad, el 23 de agosto del 2010. Le entregaron huesos dos años después, el 19 de enero del 2012.
Versión oficial: las autoridades aseguran que la hallaron muerta en la misma semana que le notificaron a Silvia del hallazgo.
Versión más real: una química forense le informó que los restos fueron encontrados el 16 de septiembre del 2010 y que no recibió el primer fragmento para analizar hasta el 17 diciembre del 2011, al año y tres meses.
La Fiscalía Especializada en Atención a Mujeres Víctimas del Delito por Razones de Género no le explica a la mamá de Fabiola Janeth Valenzuela por qué le ocultaron la realidad ni por qué tardaron tres años en darle restos.
No le permitieron ver los huesos que enterró. Silvia sobrevive entre la duda, la tumba y la esperanza de que esté viva. Con la exigencia de la exhumación y un examen de ADN del equipo de antropólogas forenses argentinas para saber si lo que le entregaron las autoridades juarenses es su hija: y dejar de seguir buscándola. O continuar.






Lo que hay en la tele: El Grito, con el que se conmemora el inicio de la Guerra de la Independencia de México de España, en esta ocasión 203 años. Y ella, no quiere escucharlo.
Por el día, pegó pesquisas con la foto de su hija en el recorrido donde se celebra el desfile del 16 septiembre "para que vea la justicia lo que tiene que hacer. Dos personas me dijeron que la vieron, que en los hoteles las tienen. Hay fuga de información en la policía y cuando van, no encuentran nada. Las voy a seguir pegando".

Cuando desapareció, Fabiola Janeth Valenzuela Banda tenía 18 años y un pequeño de casi 4 años. Unas semanas, antes dejó de residir en el hogar de sus padres y cuatro hermanos.

"A lo mejor no le gustaban las reglas de mi casa, se fue a vivir con una señora. Estuvo llegando, le hablaban y se tenía que ir. Por el instante, no sospeché de nada, ahora pienso que la traían como trata de blancas y tengo a mis sospechosos".

Silvia prepara a su familia para ir a la Catedral. Su esposo, operador en una maquila, ha tomado el lunes libre. Se encaraman a la rutera, con tiempo: las carreteras están en construcción por el llamado Plan de Movilidad Urbana y hay hoyos por las tormentas de los últimos tres días. Más el desfile del 16 de septiembre.

Al finalizar la misa, Silvia está aún más triste y se apura para despedirse de su virgencita de Guadalupe situada a un costado del altar. "!Ya vamos a cerrar! ",  dice un señor vestido con una camiseta blanca, que porta lentes. Y ella abraza aún con más ternura una hoja con la foto de su hija Fabiola Janeth que pide "justicia". Hace cinco minutos que la celebración eucarística de las 12 del mediodía ha finalizado.



El hombre comienza a ordenar los arreglos florales que hay debajo del cuadro de la Virgen, insistiendo de nuevo que ya van a cerrar. Silvia reza. Detrás de ella, están otras dos mamás de desaparecidas: la de Diana Rocío Ramírez con un camiseta con la foto de su hija y la de Janeth Paola Soto Betancourth con una manta rosa con los datos de su pequeña. Y yo, intentando tomar una foto.

Lo miro y me parece que es la misma persona que ha ofrecido la misa, ahora sin su sotana verde: el vicario Fernando Valle.  "¿Es usted el sacerdote?".  Y responde: "sí".

La mamá de Fabiola Janeth Valenzuela se quiebra mientras sale de la Catedral.

"Me siento pésimo, no ha dicho ni el nombre de mi hija en la misa. Vine veinte minutos antes para darle  (al sacerdote) el papelito con su nombre. Nadie nos escucha, tal vez voltean a vernos pero no nos ponen atención".


**** Durante la semana exigirá de nuevo la exhumación de los restos que enterró en el panteón de San Rafael y que las autoridades le aseguraron que era su hija. Para calmar la tortura en la que sobrevive.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Entre el dolor de recibir una despensa alimenticia (con productos incomibles) del gobierno porque su hija ha desaparecido o comer menos



Una bolsa de plástico transparente, sin agarraderas. Y en su rostro, tristeza.
Carga en sus brazos un kilo de patatas, tres cajitas de salsa de tomate, dos latas de sardinas, medio litro de aceite y un paquetito de chocolate en polvo.

En su camino a una de las ruteras que tomará para llegar a su casita,  varias señoras se le van acercando y todas con la misma pregunta: "¿dónde dan despensas (alimenticias)?".

Ella les contesta:

"Desgraciadamente, es un programa en el que estamos nosotras, en el que nadie quisiera estar. Se abrió para las víctimas de mujeres ausentes. El requisito para entrar en este programa es tener un reporte de una hija ausente".

Algunas, le dicen "lo siento mucho". Otras le preguntan cómo era su hija, cuándo desapareció, si tiene una foto.




Esta es la segunda semana consecutiva que Lucy, la mamá de Nancy Navarro desaparecida el 13 de julio hace ya más de dos años en la zona centro de Ciudad Juárez (http://juarezenlasombra.blogspot.mx/2011/07/desaparecida-nancy-navarro-18-anos-sin.html) va en busca de la despensa de alimentos básicos que el gobierno les otorga "con mucho pero" en la Secretaría de Fomento Social. Hasta hace quince días, era mensual.  Las mamás van a recibir un taller de nutrición de seis horas para aprender a cómo preparar de diferentes formas las sardinas en lata y la soya.

"Acepto esta despensa porque ya fríamente de todos modos no hacen su trabajo. El gobernador (César Duarte, del PRI) dice que es una ayuda para aminorar el dolor que sentimos. Yo creo que se aminorara si hicieran su trabajo y las encontraran vivas", dice Lucy, que trabaja limpiando casas para poder investigar (sin remuneración) el paradero de su hija, a la vez que atiende a sus tres otros niños y a la pequeña de su hija desaparecida.

A Lucy se le corta su voz. Es una de las pocas veces que la he visto con sus ojos en lágrimas.

 "Me siento súper mal cuando voy (a recoger la despensa). No sé cómo explicarle... como si estuviera conformándome con que no esté mi hija, como si esa fuera mi paga porque mi hija no esté en mi casa. Aunque yo estuviera sin nada pero que tuviera mi hija aquí, sería feliz.
A lo mejor, cuando me van a dar la despensa y me quieren humillar y dar muchas vueltas, de coraje les digo que no es porque nosotras queremos. Pero yo digo que nos merecemos que nuestras hijas no desaparecen y que si desaparecen ellos tienen la responsabilidad de buscarlas".

Cuando llega a su hogar les dice a sus hijos: "desgraciadamente esto que nos están dando es por no tener a Nancy con nosotros". "Mis niños no dicen nada, sólo se quedan serios".

En las despensas que otorga el gobierno a las mamás de desaparecidas hay productos viejos y caducados.

"Según ellos la comida es para que a uno nutra, cómo nos va a nutrir. Está bien fea. La verdad yo soy muy pobre y necesitada pero esta comida no está comible", dice Carmen, mamá de Luz Angélica Mena Flores -desaparecida a los 19 años de edad, el 4 de agosto del 2008- y de cuatro hijos más.

"Me siento como humillada, como me quieren dar eso para tener un pretexto para decir que están ayudando. Si nos van a ayudar, nos ayuden con algo bueno. Se siente uno como usada por ellos".

 Y recuerda el día en que les dieron latas de sardina caducadas y una de las mamás se enfermó y avisó al resto.

"Hice una sopa de arroz que no se podía ni comer porque sabe a cartón... como que la tienen ahí. Son marcas muy feas, que ni las hemos visto. El frijol está muy viejo (y tarda horas en cocinarse) y la sopa de estrellas está toda blanca".

Carmen, que trabaja limpiando casas, está pensando en no ir más a recibir la despensa porque "nos mandan muy lejos, anda uno gastando en ruta y luego para ir y traer esa comida que no sirve, es basura y el trato es muy déspota".


*** Los detalles oficiales de la despensa alimenticia fueron solicitados a la Fiscalía Especializada en Atención a Mujeres Víctimas del Delito por Razones de Género, en concreto a su portavoz en Ciudad Juárez, Alejandro Ruvalcaba, que no los ofreció tras varios días de espera. 

miércoles, 17 de julio de 2013

Todo para poder enterrar a su hija Yanira Fraire Jáquez, de 15 años: y descubre que le dan parte de un hueso de otra desaparecida


Parte I: 31 de mayo

Limpiar más casas, en silencio: para enterrar a su hija. Necesita 10 mil pesos (unos 800 dólares) para la funeraria Perches y 907 (72 dólares) para el panteón San Rafael. Se niega a aceptar la ayuda que ofrece el Estado de Chihuahua a las víctimas de feminicidio: "prefiero pagarlo porque no confío en ellos".
Le muestran los huesos de su pequeña Yanira Fraire Jáquez, que desapareció a los 15 años de edad. También, su ropa. Para acordarse, los escribe en una hojita: el cráneo, las costillas, la mayor parte de los huesos, el 75 por ciento del esqueleto.

Parte II: 17 de julio 

Me tardé para juntar el dinero. La que depende todavía de mí está en la universidad y la chiquita, en la preparatoria. Llamé a la hija que vive en Estados Unidos y vino para ayudarme. El martes liquidé todo.

Me trajeron el ataúd a la funeraria hacia las 2 de la tarde, cuando tenía la misa (funeral) a las 12 del mediodía. Supuestamente la carroza se descompuso. No me lo creí y por eso me puse peor porque yo sabía que a las tres y media de la tarde cerraban el panteón. 

A las 2,20pm lo abrí, le dije al que llevaba a la carroza, ayúdame a abrirlo porque lo voy abrir.
Estaba harta con tantas cosas que yo veía. Me decía que no podía abrirlo hasta que llegara salubridad. A mí me vale! si yo estoy pagando, no el gobierno. Le dije al de la funeraria que me prestara unas tijeras. Me metí para abrirlo yo y mi hija, y el chavo que llevaba la carroza.

En el que él rompió, levanté la tapadera. ¿y esto qué es?, le dije.  Es lo que le pertenece, me contestó. Pues no. Dentro del féretro, había una caja de cartón y estaba teipeada con tape (cinta adhesiva) canela. Ha bía un sobre amarillo vacío y una bolsita de plástico con un pedacito de hueso de cuatro centímetros  y era lo único.


Parte III: 18 de julio 

A las 7 de la mañana me habla Mari García (la mamá de Jessica Leticia Peña, que fue enterrada hace   un año y cinco meses. Me  dice que ella no sabía que era lo mío, que ella lo tenía desde el sábado, que Norma Ledesma -de la organización Justicia para Nuestras Hijas- se lo había confirmado. Tenía la urna con las cenizas en un altar, le había puesto velas. Ella pensaba que era el hueso de cuatro centímetros que había pedido incinerar, pero pesaba un kilo.

El Fiscal Jáuregui me pide perdón, que fue un error de la funeraria. Y lo único que le pregunté es quién dio la orden. El abogado de la funeraria me dijo que todos cometemos errores, que somos humanos... No les creo. Yo cómo puedo asegurarme si los de la Funeraria trabajan para la Fiscalía, yo no lo sabía.

Metí un abogado. No sé con cuántas mamás habrán jugado. Me armo de valor y voy a hacer lo que es correcto, no voy a pelear algo injusto. Voy a demandar a quién sea responsable. Y ahora, en el caso que se encontrara el asesino de mi hija, cómo lo voy a inculpar, sino tengo nada, si me quedé sin pruebas de nada. A mí me dijeron que no se podía incinerar a mi hija, que era un delito, porque era feminicidio y necesitaban las pruebas, y ahora me dan cenizas.

Parte IV: 19 de julio

Ahora sí me pusieron peor, porque no estoy segura que esas cenizas sean las de mi hija. Yo no les creo, porque si me quisieron engañar con eso, y yo sé que esto es irremediable.

La urna es blanca, con un rosalito de color plata. Se la entregó en la tarde del viernes el abogado de la funeraria. Está en una repisa, con una foto de Yanira Fraire Jáquez: que desapareció a los nueve meses de celebrar su quinceañera.

Yanira quería ser médico pediatra. Le fascinaba ayudar. Y entre la que tengo en la universidad, iban a tener un orfelinato para llevar a los niños y ayudarles. Tenía muy bonitos pensamientos. Desapareció el 16 de junio del 2010. Yo estaba trabajando, limpiando una casa y ella se ofreció a ir a Bancomer, en la calle 16 de septiembre y la Avenida Juárez (zona centro), para pagar la colegiatura para la preparatoria. Tomó el camión a las once y media de la mañana. Claro que la pagó, 1.400 pesos ( unos 112 dólares), porque yo saqué un comprobante y vi el vídeo del banco.



Nació hace 45 años en Santa Clara, Durango. Cuando tenía 15 años, emigró a Ciudad Juárez en busca de trabajo en una fábrica maquiladora, pero no tenía la edad requerida y comenzó a limpiar casas. Mari Jáquez tiene cinco hijas, una de ellas víctima de feminicidio, arrojada en el Arroyo del Navajo, en el Valle de Juárez: Yanira Fraire.

Yo pensaba que las desaparecidas se iban a bailar, que andaban de noche, nunca me imaginé que fuera de día cuando se pierde una niña. Como sólo los primeros días dan la nota, pensé que luego ya las encontraban. Nunca pensé que me iba a pasar esto.  Las mamás deben de ser bien listas y astutas. Es un monstruo el que anda.

sábado, 13 de julio de 2013

Sin noticias, desde hace dos años: Nancy Navarro. Desaparecida

En el segundo año de la desaparición de su hija Nancy Navarro, Lucy pegó pesquisas en los edificios abandonados del centro de Ciudad Juárez con la esperanza de encontrarla

No pudo dormir y pensó en un deseo: no tener qué pensar qué hacer para seguir reclamando que las autoridades la busquen y la encuentren con vida. No más estaba dormitando, reflexionando en cómo serían sus vidas si hace dos años su hija Nancy Navarro no hubiera visto un letrero en la tienda Modatelas que solicitaba empleadas. Ella también estaba ahí. Era un martes, 12 de julio de 2011, pasaditas las 5 de la tarde. Nancy, de 18 años, entró a aquel establecimiento de la calle Mina en la zona centro de Ciudad Juárez y le aplazaron para entregar su solicitud al día siguiente, el 13 de julio.
La última vez que la vio fue a las 11 de la mañana. Nancy se despidió de su niña de un año y tres meses, y tomó una ruta cerquita de su hogar en la colonia obrera Francisco I. Madero:
http://juarezenlasombra.blogspot.com/2011/07/desaparecida-nancy-navarro-18-anos-sin.html

Ya era tarde para soñar otro pasado en un presente de incógnitas, reflexionó Lucy sin poder descansar ni un segundo. Quizá su hija hubiera visto tarde o temprano otro letrero para encontrar un trabajo. Como otras adolescentes que han desaparecido en la vigilada zona centro de Juárez en los últimos cuatro años: en una ciudad donde las autoridades intentan enterrar la tragedia sin resolver de las desaparecidas (pobres y bellas) y víctimas de feminicidio de los últimos veinte años en su objetivo de limpiar la mala imagen (y no la realidad) de la ciudad. Pero ellas existen. Y cada año son más: con la indiferencia, la impunidad y la justicia que convierte en culpables a inocentes -los chivos expiatorios- para cerrar casos lo antes posible, cuando la presión de los familiares comienza a peligrar la burbuja de normalidad y hermetismo que se vive en Ciudad Juárez con las desaparecidas. Hasta que te toca.

"En estos dos años he aprendido que no hay justicia, que todo es pura corrupción, que nadie (de las autoridades) va a hacer nada para encontrar a nuestras hijas, que mi única esperanza es seguir manteniendo mi fe en Dios y en la comunidad que diga algo, y por parte de ellos sólo hay puro lavado de cerebro", dice Lucy, de 39 años, la mamá de Nancy Navarro, que trabaja limpiando casas.

Se levantó con el amanecer para preparar engrudo: harina batida en agua caliente. Antes pegaba las pesquisas -con la foto y los datos de su hija- con cinta adhesiva. Pero pronto se dio cuenta que las arrancaban con facilidad. Y con la necesidad descubrió un nuevo método, además, más económico.

Llega a la Catedral y se reúne con dos docenas de mamás y papás que como ella saben lo qué es tener a una hija desaparecida y pueden permitirse dejar horas de su trabajo y pagar el pésimo transporte público de la ciudad. Todos le ayudan a pegar pesquisas desde la Avenida Juárez donde se encuentra uno de los puentes fronterizos que unen Juaritos con el paraíso de seguridad que es El Paso, Texas, hasta los rincones más escondidos. Los postes se han convertido con los años en uno de los lugares más codiciados para colocar la imagen de su Nancita, hay que buscar el milímetro preciso para no tapar el rostro y los datos de otras desaparecidas. Lee la información, apunta los datos, así sabe en muchas ocasiones que una joven más ha desaparecido: hasta que las hojitas son arrancadas, desfigurándoles sus rostros en papel.
El calor, bien feo, casi 40 grados centígrados con ese sol del desierto que quema aún más en el verano.

"Pegamos por varios lugares que nosotros pensamos que pueden tener niñas, en hoteles y cantinas como el Hotel  El Refugio, el Río de Janeiro, el Verde... Se siente impresionante cuando uno llega a esos lugares. En las paredes y en los vidrios de lugares abandonados se pega muy bien".




A las siete horas de empapelar lo que queda del centro de la ciudad con la imagen de su hija mayor, Lucy regresa a su hogar, sin ninguna pista sobre el paradero de Nancy Navarro y sin haber podido comprar un burrito para comer. Tenía el dinero justo para la rutera.

"Yo creo que me siento más fuerte cuando ando con las mamás como que nos apoyamos unas a otras, pero a la vez siento coraje de tener que estar haciendo esto y qué mejor que tener a mi hija en casa. Quito tiempo a mis otros tres hijos y a mi nieta por tener que andar buscándola, ir a juntas y va pasando el tiempo y más coraje siento con las autoridades que no hacen nada... tengo que seguir echándole ganas".

**** Estas son algunas de las entradas que he escrito sobre la desaparición de Nancy Navarro, desde que me contactaron a los dos días de su desaparición, cuando aún las autoridades no habían activado el Protocolo Alba de búsqueda, que tardó diez días: tras una protesta de la familia de la joven. Por si queréis saber más sobre lo qué ocurre cuándo una hija, una mamá desaparece en Ciudad Juárez y la agonía de la espera llega, por ahora, a dos años:  

http://juarezenlasombra.blogspot.com/2011/07/desaparecida-nancy-navarro-18-anos-sin.html

http://juarezenlasombra.blogspot.com/2011/07/buscando-su-hija-nancy-navarro-de-mama.html

http://juarezenlasombra.blogspot.com/2011/08/cumple-14-anos-y-busca-su-hermana-nancy.html

http://juarezenlasombra.blogspot.com/2011/08/una-pista-pero-las-autoridades-no-hacen.html

http://juarezenlasombra.blogspot.com/2012/04/brianita-cumple-dos-anos-de-edad-8.html

http://juarezenlasombra.blogspot.com/2011/10/diario-de-la-espera-de-una-mama-12.html

http://juarezenlasombra.blogspot.com/2012/11/celebra-el-cumpleanos-de-su-hija-pero.html

http://juarezenlasombra.blogspot.com/2011/11/como-ser-abuelita-y-no-derrumbarse-en.html

http://juarezenlasombra.blogspot.com/2011/08/como-sobrevivir-siete-semanas-con-tu.html

http://juarezenlasombra.blogspot.com/2011/09/ella-no-podra-gritar-viva-mexico-en-la.html

http://juarezenlasombra.blogspot.com/2012/01/identificar-prendas-de-cadaveres-para.html