lunes, 21 de junio de 2010

Tres semanas sin Sergio Adrián, asesinado por la migra. Y sin las promesas de las autoridades


Hace tres semanas, lloró al verlo así: muerto: debajo del Puente Negro, a un costado del Puente de Santa Fe: que divide y une Ciudad Juárez con El Paso, Tejas.

Un agente de la Patrulla Fronteriza estadounidense le disparó en el Río Bravo, el Grande en Gringolandia. A su hermano menor, Sergio Adrián Hernández Güereca, de 15 años. Su muerte, según la autopsia, fue por laceración encefálica consecutiva producida por un arma de fuego en el rostro. Es decir, por un disparo mortal a distancia relativamente corta.

Seguro que os acordáis del caso. Fue noticia internacional y yo os intenté contar lo que hubo detrás del velatorio, el entierro.

Me atrae saber cuánto dura una noticia. O cuánto la hacemos durar:

Ni tres semanas: hoy es el aniversario de su asesinato, el 7 de junio.

Como las promesas de las autoridades: locales, estatales y federales.

Rosario está en la Subprocuraduría de Justicia del Estado, en Juaritos. No va a pedir justicia. De eso, ya se está encargando un abogado de Houston. Eso no. Pide la carta de antecedentes no penales que las compañías requieren para solicitar trabajo.

El martes pasado se reincorporó a su chamba (ya, ex chamba) como operaria en una fábrica maquiladora de Taiwan que realiza piezas para computadoras. Tras intentar recuperarse del duelo por asesinato de su hermano.

Rosario tiene 25 años, el pelo corto y rubio natural que endulza su cara fuerte, con cicatrices. Rosario tiene tres hijos, de 7, 6 y 2 años. Lo que no tiene es un esposo, un compañero. Lo que tampoco tiene ahora es trabajo.

Lo que ocurrió, según me cuenta, es que se quedó dormida. (Estos días no han sido fáciles, con un hermano menos, asesinado, con la presión de los medios, los políticos...)

En la máquina cayó agotada. La descansaron por dos días y cuando regresó, le anunciaron que estaba despedida.

Le pagaban 720 pesos a la semana: unos 60 dólares.

Un salario normal para una maquila, donde se crea la riqueza del primer mundo, a precios del tercero, en una ciudad que vive al ritmo estadounidense.

De las 12 de la noche a las 7 de la mañana. Bajando por ese cerro, por caminos de arena sin electricidad, hasta tomar la rutera. Pero era chamba: codiciada más aún porque ahora las maquilas están huyendo de la catalogada ciudad más peligrosa del mundo y a nadie, se le ocurre elegir este lugar de todos los lugares del universo para abrir una nueva.

"Estamos bien fregados", me dice Rosario, la hermana de Sergió Adrián.

Cuando la muerte de Sergio Adrián cubrió los espacios informativos de varios países del mundo, llegaron las autoridades. La llamada de un chavo que trabaja para el presidente de México Felipe Calderón (PAN), que después de darles las condolencias les dijo que ahí estaban, "para lo que necesitaran".


Pero del presidente de la llamada guerra contra el narco no saben nada. Ni dejaron un número para localizarlos, para ocasiones como las de ahorita, cuando no tienes ni un peso para dar de comer a tus pequeños. Y del alcalde José Reyes Ferriz (PRI) -que está a punto de dejar su cargo, por las elecciones de próximo 4 de julio- tampoco. Es más, ni la familia sabe que cuatro días después del asesinato el Cabildo aprobó donar una vivienda a Guadalupe, la madre de Sergio Adrián.

"No nos han comunicado (la noticia)", dice la mamá del adolescente asesinado por la migra.

La casa de Guadalupe es un cubículo rectangular de paredes quebradas. Heladora en el invierno e infernal en los veranos de esta ciudad desértica. Aunque el suelo no es de arena, como las calles del cerro de la colonia Plutarco Elías donde vive, está bien jodida.

Ahora incluso un poco más chingada. Porque la refigeradora no marcha. Y la estufa para cocinar tampoco: la sacaron a la calle para tener lugar para velar el cadáver de Sergio Adrián y la arena se incrustó. Mortíferamente.
Luego, Ruth Angélica, otra hermana de Sergio Adrián, se mudó a la casita, con sus dos hijos adolescentes. Le acaban de desalojar de la casa que rentaba por no poder pagar renta. A ella le despidieron de la maquila unos días antes del asesinato de su hermano. Y así en la casa de dos recámaras, están 3 madres solteras y 8 niños. Lo bueno, me dice Rosario, es que cada una tiene una cama, y ahí meten a sus pequeños.

Llamo a Jaime Torres: el vocero del alcalde de Ciudad Juárez que vive en El Paso. Y me dice que sí, que la mamá de Sergio Adrián "tiene casa". Pero que la tienen que acondicionar. Le preguntó dónde va a estar, en qué colonia, cómo es. Y me cuenta que todavía no saben dónde estará la casa.

Desde que mataron a Sergio Adrián, el asesinato de menores se ha disparado. Con los funerales que entierran la esperanza. Sé que no hay relación, pero de 3 a 4 a la semana, no nos libramos. A estos, apenas lo cubrimos: no es igual que te mate una bala gringa que una mexicana, aunque sea con un arma estadounidense. Aunque el dolor debe de ser el mismito, me digo yo. No sé. El de los que se quedan, me parece, que es igual.

49 menores han sido asesinados en lo que llevamos del 2010.

La vida continúa en Juaritos. Con la muerte a todo dar. Que cada día toma más frentes. Y menos años: en sus víctimas.

****En la foto, Rosario con su hermano en un ataúd y en una foto. Para recordar que fue asesinado. Sí, hace 3 semanas.

2 comentarios:

  1. Dicen que el chico era pollero, pero aunque así fuera (que dudo lo haya sido) no es razón para haberle quitado la vida era casi un niño que su vida apenas empezaba. Esto muestra el odio racial que existe en algunas personas estadounidenses por los mexicanos y en general latinos,que má se ha acentuado con la nueva ley de Arizona. Ojalá ese crimen no quede impune, no sé de leyes pero si existe gente que sabe de leyes apoye a la familia para que interponga una denuncia bien elaborada contra ese asesino infernal.

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  2. que molestia Omar8 de julio de 2010, 17:23

    Alguien debe decirles a esos gringos que no son los todo poderosos para andar matando a los mexicanos, a la gente del exterior por su miedo, estupido, primitivo, neardenthal, xenofobia, como se le llame.
    Este joven de 15 años, es el segundo que muere de manera cruel a manos de polícias antimigrantes, sin contar los que han muerto a lo largo de la historia. Se siente tanta impotencia, encabrona.
    Gobierno, danos educación, crea empleos, nadamas.
    Mis condolencias a la familia
    Judith gracias por difundir estas historias. Mi apoyo a tu trabajo, que revela historias que rebasan lo fantástico, de novela tus historias

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