miércoles, 11 de noviembre de 2009

Soldado tras mi nombre


Pensé que me iba a regañar. Por hablar con los testigos, antes de que dos camiones del Ejército y dos de los Policías Federales llegaran al lugar del asesinato. Pero no. El soldado que se dirigía directamente hacia mí -con un folio y bolígrafo en mano- sólo quería saber mi nombre. El medio para el que trabajaba. Lo que me contaba Pablo Adrián, un joven de 20 años, trabajador de una maquiladora, parecía ajeno a su universo.

Este chavo vio todavía vivo al hombre que se encontraba ahí, tirado en el suelo, en un charco de sangre, al lado de su bicicleta, en la puerta de un casa. En las calles Plan de Ayala y Bolivia, en la colonia obrera El Barreal de Ciudad Juárez. En la tarde del miércoles 11 de noviembre, Pablo Adrián llamó al 060 con la esperanza de que las autoridades llegaran al rescate de aquel hombre. Pero estas tardaron hora y media en llegar, según el testigo. Es más, el chavo vio cómo de un coche verde, un neón sin placas, cuatro jóvenes dispararon cuatro veces con una 25, una pistola. "Se siente bien feo", repetía y repetía el joven.

Al soldado no le gustó nada que no le diera mi nombre. "?Para qué lo quiere?", pregunté. "Tengo que reportar a mis superiores". Le comenté que aunque sus jefes me conocían, no se lo iba a dar porque esta táctica iba en contra de la libertad de prensa.

Estaba cansada. Lo admito. En la mañana un militar se había dedicado a fotografiarme mientras intentaba hacer mi chamba. Seguro que somos un peligro, pensé. Como los sicarios.


*** Seis hombres fueron asesinados el miércoles 11 de noviembre y otros tres resultaron heridos. Al parecer, el Ejército mexicano no pudo obtener los nombres de los sicarios ni para qué Cártel trabajan. Ni sus fotos. Al menos, tienen las mías.

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